miércoles, 5 de octubre de 2011

La memoria gráfica de Gustavo F. Silva en la Ruta de Hidalgo.

De Luis F. Silva no sé mucho, pero gracias a él, muchas de las dudas que tenía sobre la Ruta de Hidalgo fueron despejadas. Fue este fotógrafo michoacano quien junto con el historiador Luis Castillo Ledón recorrió, dicen ellos, 12mil kilómetros, yo más bien creo que 3mil, para recabar, por primera vez en la historia de México, la memoria gráfica del recorrido que siguió el Padre de la Patria. No tengo el dato de su nacimiento, quizá fue en 1880. En 1907 es cuando realizan el viaje y sus tomas fueron hechas en lo que para entonces seguía estando de moda: el daguerrotipo, o al menos eso fue lo se trató de difundir, ya que el proyecto fue concebido por el entonces Ministerio de Instrucción Pública, para que, en las Escuelas de México, los niños vieran a través de esa magia que causaba el daguerrotipo, los lugares por donde el Padre de la Patria pasó. A continuación veremos unas de las tomas realizadas por Gustavo F. Silva, las cuales tomé del sitio electrónico de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Celaya, Guanajuato. Por este balcón fue donde el cura Hidalgo aventó monedas para conseguir "adictos a la Insurgencia"

Toluca, Estado de México. Aquí fue donde durmió luego de que corrió el rumor de que don Miguel Hidalgo estaba repartiendo los bienes de la Hacienda de San Nicolás.

Cuando el río Lerma era caudaloso, los cruces eran de vital importancia, uno de ellos se realizó en este puente, el de San Bartolo, antes de entrar en Toluca.

Cuajimalpa fue el punto más cercano a donde los Insurgentes llegaron en la víspera de Todos Santos, pero el cura Hidalgo decidió dar marcha atrás.

Aculco fue el lugar de la derrota que marcó la separación definitiva entre Hidalgo y Allende.

El Puente de Calderón fue la estocada final para esta primera etapa del movimiento de insurrección.

La Hacienda de Santa María, en el actual Coahuila, días antes del prendimento en Acatita de Baján.

Nota: La razón por la cual estoy usando esta vez la marca El Bable, se debe a que el blog de donde se desprende este ejercicio que estas viendo ahora "Cabezas de Águila", el día de hoy está llegando a su artículo número 1000.

lunes, 3 de octubre de 2011

Los buenos, los malos y los siniestros: El Padre Torres

450.- De éste personaje habíamos dado ya una breve semblanza. Esta muy ligado a la historia de la zona sur del Bajío en el capítulo de la Independencia, era un sacerdote católico que fue sacerdote porque no tuvo otra opción, no fue devoción la suya. Fue también incendiario, en el sentido literal de la palabra ya que fue quien prendió fuego al templo agustino de San Pablo en Yuriria. Malamente se le confunde con José Antonio Torres, el amo; ya que ambos llevan el mismo nombre: José Antonio Torres, pero la diferencia, amén de sus acciones, eran los apodos, uno, el bueno: el Amo; el otro, el siniestro: el Padre. Leyendo una de las varias traducciones que se han hecho a la obra del norteamericano William Davis Robinson, la de Virginia Gueda, encontramos lo siguiente:

Habían nombrado para el supremo mando militar a un sacerdote llamado don José Antonio Torres, que había sido elevado a rango de mariscal de campo. Durante las primeras etapas de su carrera, Torres dio algunas muestras de valor; pero apenas alcanzó el poder mostró tener el carácter de un demonio. Era cruel, vengativo y codicioso, sin perdonar ni a patriotas ni a realistas para satisfacer sus pasiones. De la manera más arbitraria impuso tributos a todos los hombres de fortuna que se hallaban dentro de la zona que dominaba y continuó tratando con tales indignidades a los criollos en quienes veía la más mínima posibilidad de encontrar oposición a sus designios, que muchos de los que se habían quedado se vieron obligados, a su pesar, a huir con los realistas en busca de protección.

Bajo los pretextos más frívolos mandó ajusticiar a varias personas de quienes se sospechaba le eran hostiles o que podrían convertirse en sus rivales. La envidia era el rasgo predominante de su carácter; tampoco le importaban los sacrificios que debían realizar para liberarse de quien esperaba oposición. A pesar de sus propensiones viciosas y de sus rasgos viles, poseía la buena cualidad de una adhesión sincera a la causa de la república. Hacia los españoles guardaba una antipatía invencible. Desdeñó las muchas insinuaciones que se le hicieron para atraerlo al partido realista, y ni las ofertas de rango o de dinero pudieron introducirlo a dudar de su determinación. La siguiente anécdota exhibirá con más claridad su enemistad hacia los gachupines y demostrará que cuando su patriotismo estaba involucrado no valían ni los mismos lazos de parentesco.

En cierta ocasión, dos de sus hermanos más jóvenes cayeron en manos de los realistas. Fueron obligados a escribirle diciéndole de que sus vidas dependían de que Torres abrazara la causa del rey y que, de no hacerlo serían fusilados. A esta súplica dio la siguiente respuesta: La proposición de los realistas ha servido tan solo para provocarme mi indignación. Si el enemigo no los fusila, tened cuidado de caer algún día en mi poder, pues en tal caso recibiréis por mi mano la muerte que no os dieron los realistas por haberos atrevido a colocar vuestras vidas en un plano de igualdad con el interés de vuestro país y por proponerme condiciones tan deshonestas".

Torres tenía bajo su mando una extensión inmensa de territorio que dividió, como en el antiguo sistema feudal, en distritos o comandancias. Era un rasgo prominente de su política el escoger para el gobierno de estos distritos a hombres cuya enorme ignorancia los sometía a su voluntad y los convertía en sujetos apropiados para promover sus proyectos de dominio absoluto. Estos comandantes seguían el ejemplo puesto por Torres y dirigían principalmente su atención a sus placeres personales. Sin un gobierno capaz de poner obediencia, se vieron sin control sobre sus procedimientos y actuaron de acuerdo con sus propios deseos en sus respectivas comandancias.

Consideraban que las rentas del estado no pertenecían al público sino que eran de su propiedad personal y que hacían un favor a la república cuando algunos de los fondos se empleaban en su servicio. Las fuerezas que levantaban eran tan solo las que juzgaban necesarias ya ellas se les enseñaba a considerar a los comandantes como a sus dueños cuyas ordenes solamente debían obedecer.

Los paisanos eran vistos como siervos carentes de cualquier privilegio a los que se tenía derecho de dañar y la soldadesca podía hacerlo sus víctimas con impunidad. Cada comandanate se convirtió, en su distrito, en un tirano en pequeño; los intereses del país no eran ya vistos como los objetivos primordiales sino que fueron sustituidos por una dedicación a la autocomplacencia, mientras que el objeto y fin principal de sus esfuerzos fue el preservar la buena voluntad del sultán Torres. Este por su parte, era un experto en las artes necesarias para conseguir la buena opinión de estos hombres. Torres apostaba y bebía con ellos y tomaba parte en carreras y en peleas de gallos, en cuya ciencia era extremadamente hábil, hasta que los participantes se quedaban sin dinero. En suma, mientras los comandantes actuaran de acuerdo con sus instrucciones nada averiguaba ni le importaba cuál era su conducta.

Por lo tanto no fue extraordinario el que Torres, después de haber sido nombrado comandante en jefe, mantuviera un poder absoluto y se obedecieran sus ordenes de inmediato y sin reservas. Si estas hubieran emanado de un hombre famoso por su conducta correcta y honrada no hubieran sido vistas con mayor temor ni reverencia. Su cuartel se hallaba en la parte superior de la montaña de los Remedios que fortificó a costa, y ruina, de muchas de las familias que vivían al rededor de su base.

Allí, rodeado de mujeres y de todos los lujos que brindaba la región, se tornó indolente y caprichoso, emitiendo los más arbitrarios decretos y, como un semi dios, desde su elevado sitial sonreía al ver los efectos que causaban sus imperiosos mandatos en los fieles americanos que lo apoyaban. En el apogeo de su gloria se le veía rodeado de sicofantes y de mujeres que cantaban canciones del peor gusto en su honor, mientras Torres, recostado en un lecho y abanicado por una mano delicada, escuchaba con embeleso la adulación más burda y prorrumpía en ruidosas carcajadas provocadas por la satisfacción que sentía.

Hinchado de vanagloria y regocijándose en ella, a menudo exclamaba: "yo soy jefe de todos el mundo". Tal era el carácter del jefe d los revolucionarios en las Provincias Occidentales... (1)

En la última fotografía vemos de lo poco que quedó en el incendio provocado por el Padre José Antonio Torres en el recinto agustino que "por el proceder tan brutal de Iturbide tanto en Yuriria como en Salvatierra, y por el hecho de que siempre que llegaba a Yuriria se hospedaba en el Convento; aunque siempre lo encontrba abandonado pues el cura Quintana se remontaba al cerro, temeroso de este troglodita, el jefe de una partida que se decía insurgente, y que era el Cura Cooperador de Huanímaro, don Antonio Torres, en el año de 1814, llegó a Yuriria y dando rienda suelta a sus instintos de priómano, quemó el Templo y convento por ser el alojamiento ocasional de don Agustín de Iturbide, constituyendo este acto de vandalismo un descalabro irreparable para la ciudad". (2)

Fuente:

1.- Robinson, William Davis. Memoiras de la Revolución Mexicana. Traducción de Virginia Gueda. UNAM. México, 2003.

2.- Guzmán Cíntora, J. Jesús. Yuririapúndaro. B. Costa-Amic, Editor. México, 1978.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Y... ¿cuántos Miguel Hidalgo hubo?


Los puristas de la historia dirán que hay uno y solo uno, parafraseando a la magnífica compañía hotelera internacional One&Only, pero no, no fue así. Ahora que tenemos los actuales sistemas de comunicación, esas "redes sociales" nos hemos ido dando cuenta que los homónimos son montones de cada uno de los nombres que podamos imaginar. Eso es actualmente y eso fue, también hace doscientos años (un Bicentenario) y más. Veamos.

Gazeta de México, 1800.- En la librería de la misma oficina se hallará el "Compendio Histórico Sacro-profano, teológico, dogmático y filosófico-Christiano, que acaba de dar a luz su autor el R.P. Mro. Fr. Miguel Hidalgo de la Orden de Predicadores, para instrucción de los jóvenes, y en gran manera útil y deleitable a todo género de personas: su precio cinco pesos pasta.

Evidentemente que este no es don Miguel Hidalgo y Costilla, aunque hay algunos ilusos que siguen dando por hecho que fue él quien escribió este libro. Recordemos una cosa: don Miguel era secular, es decir, no pertenecía a orden alguna. y el del libro se marca claramente que es un Dominico, pues dice "de la Orden de los Predicadores". (1)

Tenemos uno más, en este caso no se dice ser Miguel pero sí un Hidalgo y Costilla. Para ello debemos recordar que Hidalgo, de la familia de don Miguel que anduvieran en la guerra de Independencia tenemos a su hermano Mariano que lo siguió hasta el mismísimo cadalso. Otro más que peleó del lado de los realistas y que estuviera al cargo del destacamento en Pénjamo y por último un sobrino, Ignacio, que corrió la misma suerte que Mariano y don Miguel pero que, siendo sacerdote, fue ejecutado no en Chihuahua sino en Durango. Pues bien:

HIDALGO Y COSTILLA.- Resulta en verdad sorprendente, ya que no tenemos antecedentes de este personaje de apellidos del iniciador de la lucha, leer el siguiente comunicado realista, incierto Gazeta de México y que dice a la letra: "Acaponeta 6 de noviembre de 1811- El Sr. Cor. D. Pedro Villaescusa, comandante de una división de tropas de Provincias Internas, envió una partida de tropa a castigar la jurisdicción rebelde de Malo, y creyendo los de Acaponeta que su división era para los de aquel pueblo, determinaron y ejecutaron sus vecinos el heroico lance de aprehender a los cabecillas principales que se decían coroneles, nombrados Hidalgo y Costilla, silva, fundidor de cañones, José Miguel López, que se había titulado secretario, y otros tres de los más perversos, que fueron pasados por las armas de orden de dicho jefe: irritados los rebeldes de este acontecimiento amenazaron destruir el pueblo,pero socorrido este por 150 hombres a cargo del Tte. D. Benito Espinoza, con quien se unieron los fieles conductores de los citados reos, fue este valiente desafiado por el cabecilla principal Cesilio Rodríguez (en otro comunicado se nombre Cesilio González) y supo su constancia resisitir el día 6 del corriente un sangriento combate en Acaponeta, desde las ocho de la mañana hasta las cuatro treinta de la tarde, en que ya conocieron los malvados difícil su empresa y desistieron de ella retirándose entre bastante pérdidas entre muertos y heridos, y de nuestra parte sólo hubo uno de los primeros y tres segundos, bien que a las orillas del pueblo saquearon y quemaron varias casas, perteneciendo con ellas en el fuego una mujer, dos hombres y un niño: la voz común era de que los rebeldes ascendía a dos mil, y esta multitud cedió al corto número de poco más de 200 valientes. (Gac. de Méx., 5 de marzo, 1812.) (2)

Fuentes:

1.- Valdéz, Manuel Antonio. Gazetas de México. Compendio de noticias de Nueva España de los años 1800 y 1801. Imprenta de don Mariano Zúñiga y Ontiveros.

2.- Miquel i Verguis. Diccionario de Insurgentes. Editorial Porrúa. México, 1992.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Vómito negro, una amenaza al iniciar el siglo XIX.

El vómito negro fue, desde la llegada de los españoles a la Nueva España un azote, ellos, que vinieron a infectar a las poblaciones nativas con viruela y sarampión, no pudieron tolerar lo que llamaron "vómito negro". Se le conoció también como Plaga Americana. "La fiebre amarilla ha sido una fuente de epidemias devastadoras en el pasado. Soldados franceses fueron atacados por fiebre amarilla durante la Revolución Haitiana de 1802, en donde más de la mitad de la milicia murió por razón de la enfermedad". Efectivamente, el vómito negro no era otra cosa que eso ahora conocido como Fiebre Amarilla.

Es así como, una década antes de que comenzara el movimiento de insurrección, en La Gazeta de México aparece esta:

Receta excelente y confirmada contra la enfermedad del Vómito negro, sacada del Diario de Madrid de nueve de Julio de 1789.

. Doce onzas de suero de leche destilado, una dragma de espiritu de nitro dulce, y tres onzas de jarave de borraja, todo mezclado.
. Esta bebida tomada en tres veces, de dos en dos horas, o de quatro en quatro, según la urgencia del mal, y repetida segunda vez en tres tomas de seis en seis horas cada una es la que cura dicho afecto y en caso de ser muy obstinado, para mayor seguridad se repetirá tercera vez, tomando cada dosis de ocho en ocho horas.
. Se ha incertado esta receta en la Gazeta de Guatemala del lunes 11 de Agosto de este año; y segun en ella se apunta, son innumerables los individios que ha curado cone ste espécifico su autor el Dr. Don Domingo Arandiga en el espacio de veinte años. Por tanto ha parecido reproducir la noticia en esta a beneficio de la humanidad doliente de aquel achaque.

Fuente:

Gazetas de México, compendio de noticias de Nueva España de los años 1800 y 1801. D. Manuel Antonio Valdés. Imprenta de Don Mariano de Zúñiga y Ontiveros. México. Tomo X, Número 26, del 4 de noviembre de 1800.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La víspera de San Miguel.

No me cansaré nunca de referirme a don Miguel Hidalgo como el "cura bribón", pienso que es la más justa descripción en tan solo dos palabras de su muy interesante personalidad. A nuestro Padre de la Patria fue Ignacio Allende quién lo nombró así y él, Allende lo conoció muy bien, tanto en los toros, como en las jugadas, como en las comidas y, seguramente compartió, al menos, un festejo en una noche como la de hoy, 28 de septiembre en la que, se dice, es cuando "el diablo anda suelto".

Don Miguel Hidalgo llevó varios nombres en su registro, lo conocemos por el de Miguel, pues nació el 8 de mayo, cuando San Miguel se apareció y, según la tradición antigua, uno llevaría el nombre del santo que se venera el día del nacimiento. Llevaba también el nombre de Gregorio, quizá sea porque muy cerca de Corralejo, donde don Cristóbal, su padre, vivió por muchos años hay un cerro, una hacienda y una capilla que está dedicada a ese santo, Doctor de la Iglesia, cuya festividad es el 3 de septiembre, Antonio era el siguiente nombre, en franca referencia al santo más reconocido en la Iglesia universal, cuya fiesta es el 13 de junio; quizá doña Ana María Gallaga era fiel devota de San Antonio de Padua y por eso su primogénito llevaba ese nombre. Por último Ignacio era el otro nombre que portaba, Ignacio de Loyola, el que recordamos cada 31 de julio, fundador de la Compañía de Jesús. Será bueno recordar que uno de los primeros grandes viajes que debe hacer Miguel Hidalgo es cuando, los Jesuitas son expulsados de la Nueva España, y él estaba en un colegio jesuita que tuvo que cerrar sus puertas por este motivo.

Pero es hoy, 28 de septiembre la noche en que, posiblemente el diablo se suelte, pues mañana, 29 de septiembre, San Miguel estará muy ocupado, pues es su celebración. Así que, si don Miguel Hidalgo llevaba cuatro nombres, seguro que tenía cuatro fiestas por ser el "día de su santo" solo que, a San Miguel se le celebra dos veces y él, el cura de Dolores, dado a los fandangos, tenía cinco pretextos para festejarse.

Pero hubo un 28 de septiembre que de seguro no festejó, ese fue el de 1810, pues fue el día en que se dio uno de los más sangrientos enfrentamientos entre Realistas e Insurgentes, de hecho, fue el primero de los que hubo a lo largo de once años, ese 28 de septiembre de 1810 fue la toma de Granaditas.

Hay muchas maneras de ver la Historia, una que he encontrado, a sabiendas que durante la colonia, esos tres siglos la vida giraba en torno a la religión, por lo tanto, la Historia vista desde el punto de vista de las tradiciones religiosas nos da otro aspecto de los acontecimientos.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Torre Eiffel... ¿en la Ruta de Hidalgo?

Efectivamente, lo de hoy lo debemos poner en interrogantes: ¿en la Ruta de Hidalgo?, efectivamente, sí. Hay una réplica de la Torre Eiffel en Gómez Palacio, estado de Durango, colocada hace no mucho tiempo en ocasión del centenario de la fundación de la ciudad.

Fue en el Rancho de San Sebastián en donde pasó el cura Hidalgo en su calidad de rehén hacia su prisión en Chihuahua, allí se colocó la Cabeza de Águila número 228 cuando, en 1960, en ocasión de los festejos del Sesquicentenario del inicio de la Independencia se ideó esta Ruta de la Libertad marcada con 260 Cabezas de Águila. La que vemos se ubica en la explanada de la presidencia municipal del que, desde hace más de un siglo es la ciudad de Gómez Palacio, en Durango.

Creo que todos sabemos quién fue Gustave Eiffel, pero pocos sabemos (independientemente de los duranguenses) quién fue don Francisco Gómez Palacio y Bravo (1824-1886), pues bien él fue un escritor, jurisconsulto y Gobernador del Estado de Durango, declarado Benemérito del Estado por la Legislatura local de Octubre de 1887. Para saber más de este personaje, entra aquí.


sábado, 24 de septiembre de 2011

De la ex hacienda de Anhelo a la Loma del Prendimento en Coahuila.

Fue el 18 de marzo de 1811 cuando Hidalgo, que ya no estaba al mando del ejército Insurgente, sino lo era Allende, pasó por la Hacienda de Anhelo, aquí se marcó, aunque no existe la estela, con la Cabeza de Águila número 191. Esto de a inexistencia de la estela lo estamos corroborando gracias a la gentileza del profesor Juan de Dios Lozano quien hizo un recorrido en esta parte oriente del estado de Coahuila y ahora nos comparte sus experiencias.

Vemos ahora la iglesia de la hacienda que, se dice, estuvo dedicada a San José pero, si vemos el nombre completo de la hacienda San Pedro y San Pablo de Anhelo, es a estos dos apóstoles a quienes debería estar dedicado el templo, solo que, si consideramos que el patrono general de la Nueva España fue San José, me hace pensar que, efectivamente estuvo dedicado a él. Sea una cosa o la otra, si nos asentamos en la fecha del calendario, él, Hidalgo, pasó aquí la noche del 18 de marzo, que era la víspera a una de las festividades religiosas más importantes y día de guardar, el de San José.

El templo, como lo comenta el profesor Lozano, está un poco deteriorado, aunque vemos que en su interior hay orden y limpieza. Se dice que aquí el cura Hidalgo "ofició su última misa"... aunque esa frase la hemos oído desde que llegó a la Hacienda de la Erre en las inmediaciones de Dolores, al mediodía del 16 de septiembre de 1810 y que allí "ofició su última misa". Eso se dice en Aculco, se dice en Valladolid, se dice en Guadalajara, en fin, eso se dice a lo largo de la Ruta de Hidalgo.

Lo cierto es que don Miguel Hidalgo ni siquiera el día 15 de septiembre, día de Nuestra Señora de los Dolores, ofició su misa en la parroquia de Dolores; es decir, sería la fiesta patronal, solo que, esa segunda festividad a la advocación mariana de Los Dolores, fue creada luego de 1810, la fiesta patronal en Dolores era el viernes anterior al Domingo de Ramos. El asunto es que, el cura Hidalgo a lo largo de la ruta no ofició nunca misa alguna.

Luego de atravesar buena parte del desierto coahuilense, me cuenta el profesor Juan de Dios, vieron, en algunos ejidos las estelas de Cabeza de Águila, no en muy buenas condiciones pero allí están, si bien no todas, algunas de ellas. La meta era llegar a la Loma del Prendimento, sitio que así se conoce por ser el punto en donde el traidor de Ignacio Elizondo les puso la trampa y tomó como rehenes a casi mil de los que integraban el contingente. Recordemos que allí murió el hijo de Allende, Indalecio y que quedó herido de gravedad Joaquín Arias, al día siguiente moriría.

En esta interesante fotografía vemos como aun en el 2011 (como debe de ser) se continuaron con los festejos del Bicentenario, en este caso en la zona de Acatita de Baján, en la cual también se colocó, en el ejido de ese nombre, la Cabeza de Águila número 197.

Y Juan de Dios, junto con sus amigos, llegaron a la meta: el obelisco que marca el punto en donde fueron sorprendidos los Insurgentes. Oficialmente se llama Loma del Prendimento, pero popularmente se conoce el rumbo como El Monumento a Hidalgo.

Este obelisco fue levantado en 1953, cuando se conmemoró El Año de Hidalgo, aquél que diera luego pie a la trágica y cómica leyenda, o ley, de la ya institucionalizada frase. En la placa leemos:

Padre Hidalgo:

Hasta este sitio en que caíste prisionero el 21 de marzo de 1811 junto con los que iniciaron contigo la independencia de México las generaciones coahuilenses vienen a rendirte el testimonio de su imperecedera gratitud. Ilumina nuestro pensamiento con tu ejemplo y fortalece nuestra conducta con el fervor de tu alma para que seamos dignos del suelo que tu ennobleciste con el sacrificio de tu vida.

Loma del Prendimento
21 de marzo de 1953
AÑO DE HIDALGO.

Para recorrer la Ruta de Hidalgo necesitamos además de muchas ganas, energía y positivismo. A lo largo de ella iremos encontrando cientos de cosas a cual más interesante una de la otra. La Ruta de Hidalgo es, indudablemente, un patrimonio de todos los que nacimos en esta nación.


Con mi agradecimiento al Profesor Juan de Dios Lozano Pérez por habernos compartido las fotografías de ésta parte de la Ruta de Hidalgo.