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lunes, 12 de agosto de 2019

La toma de Oaxaca por Morelos

  La toma de Oaxaca marcó una época crítica para la dominación española en México. "Tenemos en Oaxaca, -escribía Morelos á Bayon- una provincia que vale por un reino, custodiada de mares por oriente y poniente, y por montañas por el sur en la raja de Guatemala, y por el norte en las "Mixtecas". Y cierto que no eran exageradas las apreciaciones del bravo campeón, pues que la provincia que acababan de conquistar sus armas vencedoras, era fecunda en recursos de toda especie. Pero más que en los resultados inmediatos que este triunfo produjo á la causa de la independencia, fijémonos en la posición ventajosa que hizo adquirir á los ejércitos independientes.

  Situado Morelos en Oaxaca, podía considerarse como en el centro de un inmenso campo atrincherado por la naturaleza misma, y cuyos dos extremos se apoyaban en los países impenetrables por la aspereza del suelo y condición del clima; países que forman el declive de la cordillera Central inicia ambas costas, presentando un frente con pocas y difíciles entradas, por las cuales podía á su elección desembocar con todas sus fuerzas sobre el punto que más le conviniese. Amenazaba desde allí, como desde un centro formidable, á las villas de Orizaba y Córdova y á la carretera de Veracruz, situada hacia el norte, á la provincia de Puebla, y á los valles de Cuautla y Cuernavaca hacia el noroeste. El Sur, en toda su vasta y abrasada extensión desde Tehuantepec hasta los mortíferos pantanos de Colima, estaba en poder de los independientes, pues que las fuerzas realistas que al principiar el año de 1813 se hallaban cercanas á la Costa grande, fueron empujadas desde Jamiltepec hasta Acapulco por el valor, la bizarría y la pericia de los Bravos. Agreguemos que todo el norte de la provincia de Veracruz, reconocía á los jefes independientes que allí habían alzado su gloriosa bandera.

  Tal fue el resultado de la toma de Oaxaca, y remontándonos al origen, tal el fruto de la determinación de Morelos al situarse en Tehuacán, pues que de ahí partió para posesionarse tan felizmente de la antigua Antequera.

  Los enemigos de la independencia, al confesar estos grandiosos resultados, han pretendido en vano amenguar el mérito de Morelos, atribuyéndolos á mero efecto de la casualidad, y á los errores de los jefes realistas á quienes hubo de combatir. ¡La casualidad! pues qué ¿el acaso puede disponer solo una serie de operaciones militares eslabonadas y conexas entre sí de tal manera, que las unas parecen ser la consecuencia de las otras? La casualidad, sosteniendo por tanto tiempo lo que es obra del genio, acabaría por convencer á los detractores de Morelos, que la ciega influencia del acaso se ejercía en todo el orden moral! No: ceda la calumnia á la luminosa é incontrovertible verdad, que le queda á Morelos inmarcesible gloria, aun cuando se admitiera la intervención de la ciega fortuna en sus admirables combinaciones. Y ni siquiera puede amenguarse su mérito aduciendo los errores cometidos por los jefes encargados de combatirle, pues que para aprovecharse de los errores ajenos son precisos un tino y un acierto que no pueden proceder más que del juicio y de la reflexión.

   El virrey entre tanto, dice el historiador Alamán, obligado a resguardar una larga línea sin poder cubrir todos los puntos amenazados, hubiera tenido que perder sucesivamente unos tras de los otros; y una vez ocupadas las villas, Tehuacán, Tepeaca, Cuautla y Cuernavaca, se habrían encontrad o en muy difícil posición Puebla y México; y si para su defensa hubiera tenido el gobierno que llamar las tropas que tenía empleadas en otros lugares, como lo hizo cuando Hidalgo se aproximaba á México, y cuando tuvo que reunir sus fuerzas para el sitio de Cuautla, la revolución hubiera hecho rápidos progresos en los puntos que hubieran quedando desguarnecidos, y el triunfo de ésta podía tenerse por seguro. Morelos conocía la importancia de su posición; y en su correspondencia con Rayón, se le ve indeciso sobre el plan que debía seguir para sacar de ello la mayor ventaja.

  Presentaronsele por aquellos días (Enero de 1813) dos individuos del cabildo de Tlaxcala, con una exposición que "le decidió á mandar á Montaño á ocupar aquella ciudad, mientras podía marchar á ella él mismo, lo que por entonces le impedía el acabar do hacerse dueño de la costa del Sur, vencido el obstáculo de Jamiltepec. Ocupada Tlaxcala, creía seguro posesionarse de Puebla y aun de México, para cuyo fin invitaba á Rayón, para que unido con sus compañeros de la junta, llamase la atención por el lado de Toluca, para que no cayesen sobre él todas las fuerzas del gobierno, como había sucedido en el sitio de Cuautla; ó si esto no podía verificarse, se inclinaba á dirigirse á las villas de Orizaba y Córdova.

  Indeciso entre estos diversos planes, acabó por adoptar otro enteramente diverso, y que no podía producirle ventaja alguna, abandonando el teatro de sus recientes triunfos para trasladarse al punto más remoto y por entonces, menos importante del vasto territorio que dominaba, con el fin de proseguir por sí mismo el sitio de Acapulco: empresa lenta, de dudoso éxito, y que aun obtenido el resultado que se proponía, en nada ó en muy poco contribuía al objeto importante de sus miras, no pudiendo de ningún modo compensar la adquisición de aquel puerto, el tiempo que era menester para lograrla, dando á su enemigo el que necesitaba para reunir fuerzas, y combinar mejor sus planes para la siguiente campaña.

  Juzgada hoy la expedición de Morelos á Acapulco en 1813, debe considerarse indudablemente como un fatal error que acarreó en lo sucesivo grandes desastres al caudillo y á la causa do la independencia. Pero esta falta no autoriza á sus detractores, para atribuir á la casualidad la larga y brillante serie de sus anteriores victorias, en el curso de 1811 y 1812.

  Además, coloquémonos por un momento en aquella época, hagamos un esfuerzo y pongámonos en lugar de los hombres de ese tiempo; revistamos por un momento sus preocupaciones, sus falsas ideas respecto de muchos hechos, sus apreciaciones erróneas—culpa, no de su escaso mérito, sino de la poca instrucción que concedía á los hijos del país una dominación suspicaz, brutal y estúpida—y entonces, y solo entonces podremos apreciar con estricta justicia muchos de los actos de nuestros héroes.

  Morelos, al recibir su nombramiento de coronel en Charo, de manos de Hidalgo, recibió también del generalísimo el encargo especial de apoderarse del puerto y fortaleza de Acapulco, y ya hemos visto que su primera campaña, al terminar el año de 1810 y durante los primeros meses del siguiente, no tuvo otro objeto que cumplir las instrucciones del jefe de la revolución. Los escasos elementos de guerra no le concedieron entonces el triunfo; pero una vez fuerte y dueño de Oaxaca, creyó que era llegado el momento de ejecutar las ordenes de Hidalgo, cuya memoria fue siempre en nuestro héroe objeto de un culto constante. Pero hay más en abono de Morelos: entraba en sus planes poseer aquel punto como elemento muy necesario para sus miras; y si le daba la importancia que no tenía, era nacida su creencia de errores que no estaba en su mano evitar. En una carta que escribió desde Yanhuitlán al intendente Ayala, están expresadas sus ideas y revelados los cálculos que le indujeron á marchar sobre Acapulco por segunda vez.

  Es indispensable, decía Morelos á Ayala, que tengamos cuanto antes un puerto, pues de su posesión obtendremos inmensas ventajas. El francés ya está en Cádiz, pero tan gastado, que no se repone en dos años que nos faltan, y entonces ya lo esperaremos en Veracruz. El inglés europeo me escribe como proponiéndome que ayudará, si nos obligamos á pagarles los millones que le deben los gachupines comerciantes de México, Veracruz y Cádiz. El anglo-americano me lía escrito á favor, pero me han interceptado los pliegos; y estoy al abrir comunicación con él y será puramente de comercio, á feria de grana y otros efectos por fusiles, pues no tenemos necesidad de obligar á la nación apagar dependencias viejas, ilegítimamente contraídas y á favor de nuestros enemigos. Ya estamos en predicamento firme: Oaxaca es el pie de la conquista del reino: Acapulco es una de las puertas que debemos adquirir y cuidar como segunda después de Veracruz; pues aunque la tercera es San Blas, adquiridas las dos primeras ríase V. S. de la tercera. De suerte que una apreciación errónea, pero de ningún modo el acaso ni la falta de un plan militar, le impulsó á la conquista de Acapulco.

  Morelos salió de Oaxaca el 7 de Febrero de 1813, habiéndole precedido dos días los generales Galeana y Matamoros al frente de sus respectivas divisiones. En Yanhuitlán, punto de la provincia de Oaxaca sobre el camino de Huajuápan, quedó de observación el segundo de estos jefes por orden de Morelos, continuando éste su marcha con la división que estaba á sus inmediatas órdenes unida á la del intrépido Galeana.  


Fuente:

Eduardo L. Gallo, Editor. Biografías de los personajes notables dese ante de la Conquista hasta nuestros días. Tomo IV. Imprenta de I. Cumplido, México. 1874. pp 99-105

sábado, 10 de agosto de 2019

La participación de Oaxaca en los primeros años de la Guerra de Independencia

   Quizá el pasaje del Sitio de Cuautla, especialmente su inicio, con la participación de Narciso Mendoza, el Niño Artillero, sea la página más conocida del movimiento de insurrección por la zona sur de México, esto aunado a la presencia del Generalísimo Morelos; es por eso que ahora, que camino por las calles de la ciudad de Oaxaca y veo las placas que recuerdan la participación de oaxaqueños en el movimiento libertario, me obliga a saber más del tema, razón por la cual comparto el siguiente texto:

   No debemos olvidar entre los héroes de aquel día al teniente-coronel Guadalupe Victoria, quien doce años más tarde fue el primer presidente de la República mexicana. En tanto que los demás jefes independientes, Matamoros, Galeana, Mier y Terán y Bravo, se cubrían de gloria asaltando y tomando las fuertes posiciones de los realistas, Victoria, que atacaba por el lado del Juego de pelota, defendido por profundo foso, se vio detenido por un horrible fuego, que le dirigía el enemigo desde las troneras de aquel edificio. Llegaban hasta Victoria los alegres repiques de Santo Domingo y el Carmen, anunciándole que sus compañeros de armas habían penetrado hasta el centro de Oaxaca; ardía de impaciencia y animaba á sus soldados que retrocedían ante aquel fuego espantoso á que servían de blanco de repente Victoria arroja su acero hasta donde se hallaban los españoles, y gritándoles: "Va mi espada en prenda; voy por ella”, se echa al foso, y pasándolo á nado llega á la opuesta orilla envuelto en el humo de las descargas. Momentos después era dueño de la fortificación enemiga.

   A la una de la tarde había concluido el combate, y Morelos, que durante todo el asalto se expuso con temerario valor á los tiros de los defensores, entró á la ciudad vencida al ruido marcial de las dianas, y de las entusiastas aclamaciones que lanzaban sus soldados. Cuatro horas de sangrienta lucha costó la toma de Oaxaca, cuyos defensores cayeron todos prisioneros en manos de los independientes. Régules, el cruel sitiador de Huajuápan, fue aprehendido por el general Matamoros en el interior del convento del Carmen; igual suerte corrieron á pocas leguas de la ciudad, el teniente-general González Saravia y el brigadier Bonavia, que fueron conducidos á la ciudad por el coronel Montano, y fusilados, lo mismo que Régules, en el mismo lugar en que fueron inmolados los patriotas López y Armenta, primeros mártires que tuvo en Oaxaca la causa de la independencia.

Después de estas crueles ejecuciones, sobre todo la de González Saravia, hombre valiente, honrado y de magnánimo corazón, después de esta orden de Morelos, que apenas bastan á disculpar la efervescencia y los odios de aquellos tiempos de sangre, siguió el saqueo á que se entregaron los soldados vencedores desnudos, hambrientos, agobiados por la miseria, aquellos hombres, después de haber regado con su sangre los parapetos de la ciudad, se hallaron de súbito en medio de la abundancia; y nadie, ni el mismo Morelos, que se esforzó en contener el desorden, pudo evitar el saqueo que se prolongó por varios días. No justificamos estos excesos; pero los comprendemos inevitables en aquella época, y los consideramos como una venganza cruel, pero necesaria, de los oprimidos que vieron entonces rendidos á sus pies á los inexorables opresores de la patria. La guerra de independencia fue la explosión de muchos dolores concentrados en el alma de un pueblo, y si no todos sus actos fueron conformes á los principios de la justicia, sí se dirigieron á alcanzar la libertad de la patria. Nosotros, descendientes de aquellos hombres, no tenemos el derecho de censurar los errores de los que nos dieron el suelo que hoy pisamos, y sobre el cual ruedan las cunas de nuestros hijos.

  Pero si los vencidos sufrieron entonces todo el rigor de la adversa fortuna, la victoria de los independientes enjugó también muchas lágrimas y dio término á crueles dolores. 

   Henchidas estaban las cárceles de Oaxaca, á la entrada de Morelos, de presos políticos, víctimas en su mayor parte de la suspicacia de los españoles; allí los había hacinado desde mucho tiempo atrás; allí sufrieron espantosos martirios. Momentos antes de la completa derrota de los realistas, sus carceleros hicieron fuego por las puertas de las celdillas, y algunos de los presos quedaron heridos. La victoriosa espada de Morelos rompió al fin sus cadenas; y no satisfecho con esto mandó demoler los calabozos en que habían gemido por tanto tiempo las víctimas de la tiranía española.

  Cumplido este acto de reparación y de justicia, se dedicó Morelos á organizar la administración del país que habían conquistado sus armas triunfantes. Convocó al pueblo á una junta, y en ella se eligió al Sr. José María Murguía para el cargo de intendente de toda la provincia de Oaxaca; estableció una gran maestranza en el convento de la Concepción, y puso al frente de ella al distinguido oficial Mier y Terán; acopió gran número de armas, é hizo componer todo el armamento de sus divisiones; vistió á sus soldados, que en su mayor parte estaban casi desnudos; levantó dos regimientos provinciales, uno de infantería y otro de caballería; fundó un periódico llamado el Correo del Sur, cuya redacción confió al Sr. Manuel de Herrera; arregló la acuñación de moneda, y dictó otras muchas disposiciones que indican su actividad infatigable, y revelan el genio de aquel hombre extraordinario.

   Quiso rendir un homenaje público de gratitud á la memoria de López, Armenta y Tinoco, primeras víctimas de la independencia en Oaxaca, y al efecto ordenó la exhumación de sus restos para darles honrosa sepultura en la catedral. Celebró con fiestas solemnes el juramento de obediencia á la Junta suprema nacional de Zítácuaro, de la cual era miembro, y que entonces debía considerarse como el centro de unión de todos los jefes que combatían por la independencia, asistiendo Morelos á las funciones que tuvieron lugar por ese motivo con el uniforme y distintivos de capitán general, grado que le había conferido por aquella época ese mismo gobierno de Zítácuaro.

  En los últimos días de Diciembre de 1812, año glorioso para Morelos y que éste cerró tan felizmente con la brillante toma de Oaxaca, salieron los Bravos de la ciudad con orden de batir á diversos jefes realistas, situados en la zona que se extiende al oriente de Acapulco. Esta expedición fue llevada á cabo con el mayor éxito, y limpió de enemigos todo aquel territorio, obligándoles á guarecerse en el puerto y fortaleza de San Diego.


Fuente:

Eduardo L. Gallo, Editor. Biografías de los personajes notables dese ante de la Conquista hasta nuestros días. Tomo IV. Imprenta de I. Cumplido, México. 1874. pp 95-99

viernes, 13 de abril de 2018

El Acta de la villa de Salamanca: El rechazo a la Constitución de Apatzingán

   Fue en Apatzingán que se emitió la Constitución de 1814, oficialmente nombrado como Decreto Constitucional para la libertad de la América Mexicana y en algún momento se hizo jurar por los ayuntamientos de distintas poblaciones, entre ellas la villa de Salamanca y al no haber sido el Ayuntamiento precisamente, sino un grupo de rebeldes, en una sesión de cabildo se anula tal juramento tachado de inmoral y más calificativos que veremos a continuación:

  En la villa de Salamanca a dos de agosto de 1815: el muy ilustre cabildo, justicia y regimiento, compuesto de los Sres. Presidente Teniente Coronel D. Manuel de Yruela Zamora, comandante militar y político de ella y su jurisdicción, Regidores D. Vicente Martínez de Parra, Alcalde Ordinario de segundo voto en turno, alguacil mayor D. José Tomás Machuca y D. Plácido Soldevilla, con asistencia de D. José Bernardo Barriga, procurador general provisionalmente nombrado por ausencia del propietario, estando juntos y congregados en la sala capitular de sus acuerdos, presente asimismo el señor cura párroco de éste partido, Dr. D. José María Cenón, y los vecinos principales así eclesiásticos como militares y seglares para dar cumplimiento al superior bando publicado en la Corte de México a 24 de mayo del corriente año, se hizo a todos presente, y siendo exhortados a que manifestasen sus sentir sobre la insolente y execrable constitución firmada por once rebeldes, que aseguran ser depositarios de la voluntad general de las provincias de este reino, dijeron: que no han dado jamás sus poderes ni directa ni indirectamente a los pérfidos, obstinados rebeldes, cuya temeraria y muy atrevida constitución, no menos que sus infames, escandalosos, sacrílegos papeles, contrarios en un todo a las sagradas protestas que intentan osadamente destruir, han visto con horror y con la más justa indignación, admirando los criminales excesos a que se han llegado los pérfidos desnaturalizados rebeldes, que han sido y serán por todos los siglos el objeto de execración y del horror aun de las más incultas generaciones. y no pudiendo reprimir los leales sentimientos de su alma, explicaron con el mayor entusiasmo y con las más sensibles demostraciones su constante fidelidad a nuestro augusto y muy amado soberano el Sr. D. Fernando VII (Q.D.G) en cuya defensa protestaron derramar hasta la última gota de su sangre, con la cual hicieran lavar el negro horror que han echado los siempre detestables traidores sobre esta América Septentrional, ejemplar purísimo de fidelidad con el dilatado espacio de casi trescientos años. Últimamente dijeron que todo cuanto han expuesto lo aseguran bajo la sagrada religión del juramento. En cuyo testimonio lo firmaron conmigo considerando que los individuos que actualmente hay en este muy ilustre ayuntamiento y el citado señor cura párroco con su clero, haciendo lo que yo por mi y nombre de la oficialidad y vecinos de esta villa, actuando por receptoría con dos testigos de asistencia aceptados y jurados en forma a falta de escribano público o real que no lo hay en los términos prevenidos por decreto. De todo doy fe.

Manuel de Yruela Zamora, Vicente Martínez de Parra, José Tomás Machuca, Plácido Soldevilla, José Bernardo Barriga, Dr. José María Cenón, Br. Ignacio Muñoz Ahumada, Br. Francisco Pablo Castañeda. Lic. Manuel Procopio Alvis. De asistencia: José María Alvarado y José Vicente Texeda.

Fuente:

Gaceta del Gobierno de México. Sábado 13 de enero de 1816, Tomo VII, No. 848, pp. 46-47

sábado, 5 de septiembre de 2015

Morelos, su estrategia militar: Genialidad innata

   Es casi imposible evitar las comparaciones dado que ellos son, en buena medida, los pilares donde el episodio histórico de la guerra de Independencia se asienta. En este artículo en el que nuevamente nos apoyamos en lo escrito por el historiador Chávez Orozco, aparece esa comparación que nos confirma la razón por la cual Morelos recibe, independientemente del título de Siervo de la Nación, el de Generalísimo, razón más que clara al ver en esa balanza que el juicio de la historia hace, y medir en ella la estrategia de la mucha o poca gente acompañando a los caudillos. Recordamos que, el enfilar Hidalgo rumbo a Toluca, el contingente se calcula entre los 80 y 100 mil. Una “bola” que se volvió difícil de controlar, entre otras cosas, por las distintas lenguas que se hablaban y las instrucciones eran menester de ser traducidas y no siempre se lograba. Otomí, mazahua, purépecha, nahua, algo de pame, era lo que se hablaba. Y la complicación era mayor al alimentar a tan numeroso grupo, provocando con esto los asaltos y saqueos a las haciendas por las que iban pasando. La genialidad militar innata en Morelos queda de manifiesta al organizar sus movimientos y reclutar a sus seguidores, esto es justo lo que veremos a continuación. Eran los días previos al Sito de Cuautla.

  “El ejército de Morelos, tal como se nos presenta en los días del sito de Cuautla, era el resultado de una intensa e inteligente labor de organización, tanto más genial  cuanto que, quien la había llevado a cabo era un individuo del todo ajeno a las actividades militares. A Morelos se le ha ensalzado mucho por sus victorias resonantes, pero, en realidad, nadie ha advertido hasta ahora que esas victorias tienen su principal explicación en el buen juicio con que supo dar una organización adecuada y sui géneris a sus tropas.

   Antes de ser cura, Morelos había sido arriero, y con su recua había recorrido en todas direcciones las provincias de Michoacán, Guanajuato y México. Había vivido una vida de acción en contacto con la naturaleza y en comercio constante e íntimo con los hombres de lucha. De aquella tomó la fortaleza y la serenidad y de estos la astucia y un maravilloso don para elegir a sus colaboradores. Las elecciones que de estos hizo Morelos completos aciertos, casi geniales: los hermanos Galeana, los Bravo, Ayala, matamoros son verdaderos hallazgos propios de una perspicacia infalible. Tal parece que Morelos, en lugar de buscar multitudes que quisiesen seguir en su empresas, buscaba a los representativos de cada región que atravesaba para que ellos, con mejor conocimiento, eligiesen a loa más aptos para la lucha, cerca de la costa del pacífico, cuando empezaba apenas su carrera de gloria, acertó a descubrir los hermanos Galeana y con ellos arrastró a los negros, ese mural ante el cual se estrellaron las disciplinadas tropas de calleja en el memorable asalto a Cuautla del 19 de febrero. Lo mismo hizo en Chilapa, a donde residía la familia bravo, a quien logró atraerse, y así sucesivamente, hasta quedar rodeado de un grupo de personalidades que, si individualmente no valían tanto como él, reunidas y sujetas a su influjo de caudillo genial, eran capaces de realizar empresas imposibles. Jamás despreció Morelos la ayuda de nadie que algo valiera. Como entonces la fabricación de la pólvora por ser un monopolio del Estado era casi desconocida, desechando todo escrúpulo tomó a su servicio al aventurero norteamericano Pedro Elías Bean para que dirigiese su fabricación en Chilpancingo.

   No era partidario Morelos de los ejércitos constituidos por multitudes inmensas que con tanta dificultad se controlan y disciplinan. Escarmentado con los grandes desastres que sufrieron los primeros caudillos de la independencia, procuró que los números de sus tropas no dificultaran las maniobras, ni excediera de aquel que puede dirigir un hombre auxiliado de escasos colaboradores. Pero lo que caracterizó sobre todo al ejército de Morelos, fue su organización, basada, más que en principios exclusivamente militares, en el conocimiento profundo que tenía de las circunstancias sociales que prevalecían en el país, en aquella época. Sabía Morelos que la masa indígena, para ser controlada, necesitaba ser dirigida por ciertos individuos dotados de determinadas características. Más claramente: Morelos se había dado cuenta de la organización cacical que subsistía aun entonces en la Nueva España, y comprendió que adueñándose de la voluntad de los caciques, fácil le sería atraerse incondicionalmente a los indígenas. Porque era tal la inercia de aquella gente, que para hacerla obrar eficazmente, es decir, siempre controlada, era necesario recurrir a individuos de un gran prestigio moral, fundado en la costumbre y quizás hasta en una antiquísima tradición. Para nosotros los Galeanas, Ayala, los Bravo, etc., no eran otra cosa que caciques si se tiene en cuenta su deshago económico más o menos grande y que para llegar a esa situación se necesitaba entonces de esa preeminencia social. De ahí que la gente de la costa siempre haya estado a las órdenes de los Galeana y no tolerase nunca la autoridad de los Bravo, y recíprocamente: la gente de Chilpancingo no podía sufrir que los Galeana los mandasen.

   No tuvo Morelos ocasión de contar entre sus generales a ninguno que hubiese servido al ejército colonial. Sus colaboradores fueron gentes del campo para quienes el arte de la guerra era un misterio impenetrable. No obstante, por una intuición genial, Morelos pudo descubrir el más grande de sus secretos: la disciplina. Precisamente en esto se diferenció el ejército de Morelos de las masas informes acaudilladas por hidalgo. No el número, sino la buena calidad de sus tropas, era lo que perseguía este caudillo tan sensato cuya ponderación espiritual es y será un constante ejemplo digno de imitarse. No se quiere decir que su ejército haya logrado la perfección ideal, pues esto es imposible; ni Morelos era tan torpe para que quiera a todo trance alcanzarla. Comprendía que cierta tolerancia era necesaria para aquellos hombres que eran un volcán de pasiones largamente contenidas por la cruel coacción colonial. No podía impedir a sus soldados los pequeños robos, pues recibían sus haberes con suma irregularidad, pero si prohibía terminantemente los saqueos de las poblaciones y haciendas, pues esto, en lugar de beneficiar al soldado lo perjudicaba a la postre por el desperdicio que entraña esa manera de proveerse". (1)

Fuente:

1.- Chávez Orozco, Luis. El Sito de Cuautla. Instituto de Cultura de Morelos. Cuernavaca, 2012. pp.27-31

viernes, 4 de septiembre de 2015

Una entrada triunfal de Calleja a la ciudad de México

   Estaba por concluir el mes de enero de 1812, el general Calleja llevaba quince meses de combatiendo el movimiento de insurrección (por cierto, luego prohibiría el uso en todo documento de la palabra insurrección como insurgente) y se lamentaba de su estado de salud, al entrar a Toluca, el 27 de enero, escribe: “sin otra novedad que la de un sumo cansancio”. Y no era para menos, la batalla de Aculco, seguida a la de Calderón, su repliegue a San Luis Potosí para luego incursionar por el norte de Michoacán le acumulaban el cansancio teniendo la idea de que fuera reemplazado en el mando del ejército realista y acudir a la ciudad de México en busca de un médico que le revisara y, sobre todo, de un descanso, esto lo manifiesta como “la incomodidad que padecía en su salud”. Comenzó a correr el rumor de que su salud estaba quebrantada, eran, -así lo calificó- “murmuraciones y hablillas despreciables”. Así que, decide continuar al frente del ejército.

   “Mientras esta polémica se dirimía entre la Suprema autoridad y el militar de más prestigio de la Colonia, las partidas Insurgentes destacadas desde Cuautla se aproximaban a México por el sureste, haciendo que los realistas de la provincia de Chalco se replegasen. La misma ciudad de Chalco, Ayotla, Tlalmanalco, los Reyes, Amecameca, Ozumba y, en fin, todos los innumerables pueblos indígenas de aquel rumbo habían caído en poder de los Insurgentes.

  Tan inminente llegó a ser el peligro que el virrey, dos horas después de haber comunicado a Calleja que Irizarril lo sustituiría , se vio en la necesidad de ordenarle a aquel se reconcentrase, lo más rápidamente posible a la capital. Calleja salió de Toluca con el ejército del Centro a las tres de la tarde del día 3 de febrero; llegó a Lerma a las once de la noche de ese mismo día, y al amanecer del cuatro iba marchando con rumbo a Cuajimalpa, a donde entró a las 3 de la tarde. En esta venta dio un descanso a sus tropas, por haberle dicho el virrey que no eran necesario que forzase la marcha, y el 5 de febrero, a medo día, entró a la capital de la Nueva España".

   Era la primera vez que ante las miradas curiosas de los habitantes de México se presentaba el espectáculo de un ejército en regla, así la población, que por estar de fiesta andaba toda fuera de sus casas celebrando el día de S. Felipe de Jesús, patrono de la ciudad, acudió en masa a recibirlo. Unos realistas querían conocer de cerca al paladín más esforzado de su causa; los otros, los afiliados a la revolución, trataban de calcular la fuerza que iba a oponerse a Morelos, en quien cifraban las mayores esperanzas para la realización de sus anhelos.

  Calleja fue regiamente agasajado por la población española de México. “Calleja- dice Alamán- se hospedó en la casa del Conde de Casa Rul, en la que fueron continuos los convites y obsequios concurriendo a la mesa los jefes del ejército y todas las personas distinguidas de la ciudad y en ella se ensalzaron en los brindis en prosa y verso las victorias del ejército y las hazañas del general, cuyo mérito se calificó superior al de Fabio Máximo y otros capitanes de la antigüedad”.

   El Virrey Venegas, que todo lo veía, no tardó en percatarse de que en aquellas circunstancias, tan favorables para Calleja, desempeñaba él un papel demasiado secundario, y que solo con grandes riesgos, que no se atrevía a afrontar, podría despojar del mando del ejército al festejado general. Prefirió, pues, un avenimiento, que calleja se apresuró a aceptar, y ambos quedaron, aparentemente, en la mejor armonía". (1)

Fuente:

1.- Chávez Orozco, Luis. El Sito de Cuautla. Instituto de Cultura de Morelos. Cuernavaca, 2012. pp.13-15. Edición original de 1931, reeditada en el Centenario del Sitio de Cuautla en 2012.

miércoles, 26 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 12ª Parte

   Creo prudente hacer una aclaración. El libro que estoy transcribiendo fue publicado en 1825, he adecuado la ortografía en algunas palabras, cambiar casi siempre la g por la j, cosa habitual en la época el usarlas de modo distinto a como nosotros lo hacemos en la actualidad. Hay algo que hasta ahora, luego de 12 partes, he logrado entender. Se trata de la forma de escribir, con símbolo la cantidad de miles, es decir en lugar de anotar, por ejemplo, 1000 hombres, lo hacían así: 1c, como una especie de símbolo de centavos. Pensé que se refería a "ciento" pero ahora me doy cuenta que es "mil", es por eso que en las 10 partes anteriores de esta relación habrá que verificar bien si se refiere a cientos o miles en algunos casos, eso lo haré cuando me sea posible.

  "Y responde.  A la décima séptima que dice. Diga: A dónde se dirigía desde Huétamo: con qué número de gente, de armas salió de allí: que gavillas debían agregársele: cuáles eran sus planes y proyectos en el paraje donde esperaba situarse: con que investidura o carácter los iba a ejecutar, y cómo lo adquirió." Dijo: Que salió de Uruapan por Ario, Huetamo, Cutzamala, Tlalchapa, Poliuhtla, Pesoapan, y toda la orilla derecha del Mescala con hombres poco más o menos; 500 de ellos armados de fusil, y el resto paisanos y pasajeros con algunos de todas armas. Su objeto fue conducir al congreso que también lo acompañaba, y el declarante iba de comisionado y director de las marchas para situarlo en Tehuacán, Zongolica, Zacatlán o Nautlingo que era donde habían determinado hacer mansión. En el camino se le agregaron algunas cortas partidas, pero estas se volvieron a sus respectivas demarcaciones.

Los sujetos que mandaban inmediatamente esta división eran el mariscal Nicolás Bravo, Lobato, Paez, Carbajal, e Irrigaray. Los vocales que componían el congreso eran Sotero Castañeda, Alas, Sesma el viejo, y González. Los del tribunal de justicia eran el Lic. Ponce, Martínez, y Castro, y los de gobierno el que declara y Cumplido, porque Liceaga como ya ha expresado se fue con licencia temporal, también venían los secretarios de este Arriaga, y Benitez, y del de justicia Berméo y Calvo. Hasta el paraje entre los pueblos de Tezmalaca y Cuetzala, que fue donde se aprehendió el declarante y sufrió una derrota su gente con la dispersión de estos vocales, no se le reunió partida alguna; pero sí esperaba por orden que el gobierno les había mandado, que habían de salir a recibirle, y sostenerle en el paso del rio las divisiones de Sesma que estaba en Chilacayoapan, la de Guerrero que estaba en las inmediaciones de Tlapa, y ,1ª de Terán que se hallaba por Tehuacán, con 300 hombres cada uno; pero ignora el motivo porque no cumplieron con aquella orden. Según los estados de fuerza que vio de Sesma, Guerrero y Osorno, tiene el primero 500 fusiles, y como 200 hombres: Guerrero tiene 300 costeños, y mucha indiada, y Osorno tiene fusiles y como 200 hombres. De Terán y Victoria, aunque no ha visto los estados, les regula 700 fusiles, y 1.500 hombres al primero, y a Victoria fusiles y hombres; igual motivo tiene para no saber la fuerza de Rayón; pero infiere que con Epitacio, Pascasio, Vargas y Hernández podrá ascender a 1.200 fusiles con 2.500 hombres.

   Que todos estos reconocen a la Junta y obedecen al Supremo Gobierno de que es uno de los vocales el declarante; por cuyo motivo y el de acercarse a la costa, resolvió el congreso situarse entre aquellos puntos, y aproximarse a saber el resultado del cura Herrera que fue enviado a los Estados Unidos con 28;000 pesos para que negociase con aquel gobierno si les mandaba gente y armas para conseguir su independencia, y en el caso de no conseguir nada hacer lo propio en Caracas, Londres o, en otros países donde pudiera conseguir algo; pues al efecto se le asignaron 40,000 pesos de sueldo anuales, y estaban dando providencias para remitirle paulatinamente más dinero. Se ignora en que parase se halla en el día el citado Herrera, su secretario Zarate, el capellán Pons ex-provincial del orden de Santo Domingo, y Juan Nepomuceno Almonte que se decía adivino del que declara, y unos diez oficiales que pidió al congreso Álvarez de Toledo desde New Orleans. (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp

martes, 25 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 11ª Parte

  Me resulta interesante ver que el Generalísimo Morelos tenía una visión y alcance muy distinto al del cura Hidalgo, quizá él, Hidalgo, era una especie de bon vivant a diferencia de Morelos que vivió en carne propia una infancia nada cómoda y una adolescencia difícil. Nada de fiestas, nada de sociedad, nada de francés, de violín y piano, de saraos, de relaciones de alto nivel, de vida apasionada con matices de libertino, nada de representaciones teatrales, de corridas de toros y jugadas de cartas. Hasta donde se, la vida de Morelos fue difícil, y eso lo demuestra sus escaramuzas, su ruta por zonas verdaderamente difíciles de andar y controlar. Ahora entiendo aquello que Napoleón dijo de Morelos. En esta décima parte veremos lo ocurrido en el retorno del caudillo a Valladolid.

  "Y responde: a la décima quinta pregunta que dice.... Diga el influjo, representación y relaciones que conservó después en el llamado Congreso Mexicano, y el origen y fundamento de sus desavenencias con los individuos de él....

   Dijo: Que la representación y relaciones que conservó después de que en Tlacotepec reasumió el congreso el poder ejecutivo, solo fue de un vocal y capitán general de las armas, sin embargo de no tener a su mando más que su escolta compuesta de 150 hombres, porque el congreso determinó en Tlacotepec, Axuchitlan, Tlalchapa, Guayameo y Huetamo de los 100 hombres que reunió en el primero, y de las demás tropas y armas que habían estado hasta entonces al mando del que declara; cuyo principio fue sin duda origen y fundamento de las desazones con los individuos del congreso, porque este determinaba (en concepto del que declara) con poco acierto de las tropas. A pesar de que supo en Tlacotepec el 23 de febrero de 1814, que una partida de tropas reales venia en su solicitud, un día antes que llegase no salió de aquel pueblo como lo hicieron los vocales del congreso, hasta que a aquellas no las tuvo muy inmediatas, y por lo mismo, consultando a que solo tenía 70 hombres de su escolta, y 300 desarmados, se resolvió á no aguardar la división del rey que tenía a la vista, y se retiró por los parajes que ha dicho al principio de esta pregunta, perdiendo todo su equipaje, sello, imprenta y remonta con algunos muertos.

  "A la pregunta décima sexta que dice... Diga en qué estado dejó las cosas del Sur de Valladolid cuando se vino de Huetamo: bajo que especie de gobierno quedaron: cuantos cabecillas existen por aquella parte: sus fuerzas y designios, y lo que sepa de Cos, Liceaga y demás vocales que no le acompañaron.... 

   Dijo: Que cuando salió de Uruapan para Huétamo el 29 de septiembre último, lo hizo no solo con el Supremo Congreso Mexicano, sino también con los vocales del gobierno y los del Supremo Tribunal de Justicia, dejando en la provincia de Valladolid una junta subalterna compuesta de los vocales Muñiz, Lic. Ayala, Domingo Roxas, José Pagola, y Felipe Carbajal, con facultad de gobernar por las tres corporaciones, y dar cuenta a estas en el paraje donde se situasen. Que los cabecillas que quedaron por aquella provincia son, Pablo Galeana con 200 hombres en Tlalchapa: Ávila en Acalpica con 300: González en Apatzingán con 200: Vargas por los Reyes con 500: Hermosillo en el Ramblás cerca de Zamora con 400: Rosales en los Altos de Ibarra con 300: el P. Correa en Dolores con 500: el Padre Torres por Pénjamo con cerca de 800: Yarza en Zacapo con 600: Carbajal en Paztcuaro y Uruapan con 400; todos los cuales están sujetos a la Junta Soberana de Valladolid, así como también a Ramón Rayón le sucede lo mismo desde Cóporo, cuyas fuerzas ignora por haberse negado este a dar los estados de ellas. Los designios de los cabecillas que ha relacionado no son otros más que los de estar a la defensiva, y con el proyecto de fortificarse en lugares a propósito, como son Yarza en la laguna de Zacapo: Carbajal en Chimilpa: el P. Torres en su departamento, y Rayón en un cerro contiguo a Sultepec llamado Huatepec. Que a Cos lo dejó preso en Atijo a su marcha el día 15 de octubre, y Liceaga pidió licencia por tres meses desde Huétamo para el Bajío con protesta que hizo de reunirse en el paraje que se situase la junta o el congreso. Que Verdusco se retiró hace un año, y después de que se juró la Constitución en Apatzingán porque concluyó su tiempo de vocal, y no fue electo nuevamente para nada. Que con motivo de la salida para la provincia de Puebla del que declara, se retiraron desde Uruapan los vocales Lic. Sánchez y el Lic. Arias, y pidieron licencia temporal el Dr. Argandar, el Lic. Izazága y Villaseñor con el fin de incorporarse después". (1)

Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp.

lunes, 24 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 10ª Parte

   Destreza, pericia, conocimiento, habilidad... los calificativos se van acumulando, son muchos, todos engloban la personalidad de José María Morelos y Pavón, personaje crucial en la guerra de Independencia que, gracias a él, hubo una continuidad en el movimiento de insurrección. Insurrección, palabra prohibida por Calleja, de ese tamaño era la problemática de la época y es Calleja, si estuviéramos en una representación teatral, el personaje antagónico, el que está detrás de Hidalgo hasta lograr su captura, juicio y ejecución. Satisfecha esa inquietud, va por la segunda: la captura de Morelos. Entramos ahora en la pregunta trece y catorce del interrogatorio al cura de Carácuaro:

   Y responde a la décima tercia que dice.... ¿Cuál fue el plan de sus operaciones cuando en octubre de 1813 se presentó con Matamoros en la provincia de Puebla, de qué fuerzas de infantería y caballería disponía, y motivos que le decidieron a emprender su marcha a Valladolid; si fue por temor del ejército real que se acercaba a Tepecuacuilco, o por considerar fácil la toma de aquella ciudad con los auxilios que se prometía de ella, expresando si estaba en comunicación con algunos de sus habitantes, y quienes sean.... 

   Dijo: Que en "octubre de 1813 se hallaba el que declara en Chilpancingo, y Matamoros había ido a auxiliar a Bravo que estaba sitiado, de cuyas resultas, y de haber salido Bravo de aquel punto donde estuvo exiliado, determinó Matamoros con sus fuerzas hacer una tentativa sobre el convoy que venía de Orizaba para Puebla, al cual derrotó en S. Agustín del Palmar. A estos dos individuos mandó el exponente en el propio mes de octubre, que se dirigieran con toda la gente que pudieran reunir para Tepcuacuilco, en donde recibirían sus. Órdenes referentes a la marcha que había intentado hacer a Valladolid; y habiendo llegado aquellos al referido Tepecuacuilco, les previno por medio de Galeana que se dirigiesen por Telolóapan á Tlalchapa, donde se reunirían con el que declara. El objeto del que expone aunque fue el de acercarse a Valladolid, no lo comunicó a los suyos, y sí solo les previno a Matamoros y Bravo que viniesen a Tepecuacuilco con el fin de atacar a las tropas del rey que mandaba allí Moreno Daoix; pero como estas se retiraron, no tuvo ya aquella necesidad, y de consiguiente les previno que se le reuniesen a donde llegó el que responde por el camino de Tlacotepec, Tetela, Teznapa, habiendo precedido el echar al rio en Mezcala 3 culebrinas de a cuatro en balsas para facilitar la sierra que intermedia por donde estas no podían pasar. El acercarse a Valladolid tenía por objeto la toma de aquella ciudad, la que no creyó difícil respecto a su corta guarnición de 800 hombres, y a los conocimientos que tenia del lugar de su nacimiento. Que no tuvo para esto ninguna comunicación con los habitantes de aquella ciudad porque aquellos las hacían directamente con Muñiz, quien se las trasladaba al declarante, al mismo tiempo que Verdusco y Liceaga le instaban a que se acercase a aquella ciudad, por ser la más propia para la residencia del congreso.

  Y responde a la décima cuarta pregunta que dice.... Refiera lo ocurrido en las acciones de Valladolid y Puruaránta donde se retiró después: su marcha hasta Coyuca y Tlacotepec: derrotas que sufrió, y orden de quien fueron degollados o fusilados los miserables prisioneros que existían en su poder, y en qué número.... 

Dijo: Que en el pueblo de Cutzamala se reunió con Matamoros, Bravo y Galeana a principios de diciembre de 1813, y habiendo hecho alto solo un día marcharon para Huetamo, Tacámbaro y Tiripitío, y en este intermedio se le reunieron Muñiz, Arias, Ortiz y Vargas: que el todo componía un grueso de 5.700 hombres de infantería y caballería con 30 cañones de todos calibres; y habiéndose acercado á Valladolid el 23 por la mañana, le intimó la rendición al comandante de las armas, a los cabildos eclesiástico y secular, prefijando el término de que ahora no hace memoria, en cuyo intermedio de horas mandó a Galeana que se situase en las lomas del Zapote, y este se precipitó y rompió sus fuegos antes de haberse concluido el término de la intimación; pero en este particular tiene alguna duda de si fue así o no; lo cierto es que emprendió el ataque por el puesto fortificado de la garita del Zapote, al mismo tiempo que el que declara llamó la atención del enemigo por el llano de Santa Catalina; de cuya operación que duró toda la tarde del día siguiente, la noche de este, y la mañana del 25, resultó una derrota general con pérdida de mucha gente, 27 cañones, porción considerable de fusiles, y muchas municiones. El que declara se retiró a la hacienda de Chupio, y allí reunió los restos que le habían quedado de Valladolid; de allí marchó a la hacienda de Puruarán con intención de pasarse a Uruapan, lo que no verificó por acabar de reunir allí algunos dispersos, y una partida de 700 hombres que traía D. Ramón Rayón de Zitácuaro, la que en efecto llegó, y con ella compuso un grueso de 300 hombres, inclusos 2.200 de infantería con 23 cañones. En esta hacienda se mantuvo cuatro días, y porque supo dos antes del 5 de enero en que fue la acción (de Puruarán) que las tropas del rey al mando del brigadier Llano se le acercaban, dispuso hacer un parapeto de piedra para esperarlo. 

   La acción duró poco tiempo, y su resultado aunque el declarante estaba a tres leguas de allí, fue nueva derrota, dejando 22 o 23 cañones, porción muy considerable de fusiles, mucha pérdida de gente entre muertos y prisioneros, y todas las municiones. La retirada la hizo por Coyuca, Axuchitlan y Tlacotepec con solo su escolta, y como hombres con 500 fusiles que se le fueron reuniendo, no solo de los dispersos de Puruarán, sino también de Valladolid. Allí solo estuvo ocho días, después de los cuales retrocedió por Coronilla a internarse a Acapulco por la sierra madre, a donde llegó a principios de marzo. En Tlacotepec acordó con el congreso y a consecuencia sentenció a muerte los 203 prisioneros europeos que tenía en Tecpan y Zacatula; los mismos que propuso el declarante al gobierno de esta capital por la vida de su segundo Matamoros que fue hecho prisionero en Puruarán; advirtiendo que aquella sentencia la pronunció luego que supo que en Valladolid había sido pasado por las armas el expresado Matamoros; y la ejecución de aquellos europeos la verificaron Pablo Galeana, Mongoy, y Brizuela en las inmediaciones de Acapulco, Tecpan, Coahuayutla, Zacatula, y Axuchitlan, unos fusilados y otros degollados, según después supo. (1)

Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp

viernes, 21 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 9ª Parte

   A diferencia de Hidalgo, Morelos no aceptó el que se le llamara Su Alteza, de ello da cuenta en esta doceava pregunta del interrogatorio. Cuenta, además, de la formación del Congreso de Anáhuac o Congreso de Chilpancingo del 14 de septiembre de 1814 y de cómo fue que recibió el título de Siervo de la Nación con que ha pasado, junto con el de Generalísimo, a la historia patria.

   Y responde a la duodécima pregunta que dice: “Diga cómo se formó el congreso de Chilpancingo; que causas le motivaron a su erección: de qué modo obtuvo el poder supremo: que fines se propuso su política al titularse Siervo de la Nación: que formalidades se practicaron para esto, y para el nombramiento de vocales: si estos o Morelos mismo, recibieron poderes o instrucciones de esta u otras capitales del reino, o de algunos individuos particulares de ellas, y que fue lo que se trató y estableció allí para el régimen y dirección del gobierno que se proponía crear...." 

  Respondió: Que el motivo de haberse formado el congreso de Chilpancingo, dimanó de que estando encontrados los vocales de la Junta Suprema (instalada en la villa de Zitácuaro) Rayón, Líceaga, y Verdusco, estos le pedían cada uno de por sí armas y gente para perseguirse mutuamente, y como que el declarante advirtió que de esta oposición habían de resultar forzosamente malas consecuencias a la causa general que defendía, les propuso que para evitar semejantes desórdenes se erigiese una junta general, en donde a pluralidad de votos se acordaría lo conveniente, habiéndoles dejado a su arbitrio el lugar donde aquella se debería reunir: convinieron en que fuese en el expresado Chilpancingo, de cuyas resultas la erigieron en ciudad con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción (actual Chilpancingo de los Bravo). Formado el congreso, y reunidos los vocales lo fueron Verdusco representante por Michoacán: Andrés Quintana Roo por Yucatán: Herrera por Tecpan: Ignacio Rayón por Guadalajara: Manuel Sabino Crespo por Oaxaca: Carlos María de Bustamante por México: José María Liceaga por Guanajuato, y el que declara por el Nuevo Reino de León. Trataron en su primera acta de aumentar el número de vocales para que la pluralidad de este compensara los que pudieran resultar adictos a los desavenidos Rayón, Verdusco, y Liceaga. En efecto nombraron nuevamente a José María Cos por Zacatecas: a Murguía por una provincia que no se acuerda.

   La segunda acta que celebraron  dimanó de que el declarante les propuso que eligiesen un individuo para el supremo poder ejecutivo que lo tuviera en depósito mientras se erigía una corporación, y de aquí resultó electo el que declara con este cargo por todos los votos; y aunque lo renunció en el acto, insistieron los vocales en su votación, y a consecuencia determinó que el poder judicial quedara reasumido en el congreso hasta tanto se verificara la corporación expresada. A consecuencia de todo lo expuesto, pidió a los vocales que en lo sucesivo se había de titular Siervo de la Nación, porque este le pareció más a propósito que el otro retumbante, y también contribuyó un algo su moderación por la cual resistió igualmente el título de Alteza que acordaron ser el que le pertenecía durante el tiempo que obtuviera el cargo; y a pesar de ello le mandaron a Chupio que así se debía nombrar, como en efecto se lo han seguido dando.

   De todos los vocales referidos solo había dos propietarios que lo fueron Crespo por Oaxaca, y Herrera por Tecpan: a estos les mandaron o dieron los votos de parroquias los interesados; y aunque ignora si les fueron las instrucciones correspondientes, como también loe sujetos que firmaron aquellos, infiere que acaso les mandarían uno y otro. Las demás provincias que representaban los otros vocales ya expuestos, ignora el declarante, y aun cree de positivo, que no mandaron más que algunos poderes para la votación, como fueron los curas de los lugares ocupados por los revolucionarios; pero de instrucciones mandadas, no tiene el más mínimo antecedente. Que el principal punto que trató el congreso, fue el de que se hiciese una constitución provisional de independencia, para lo cual comisionó a Quintana, Bustamante y Herrera, que les formaron la que han dado a luz el día 23 o 24 de octubre del año de 1814 en el pueblo de Apatzingán". (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp.27-28

jueves, 20 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 8ª Parte

   Estamos ya en la octava parte del interrogatorio que se le hizo a José María Morelos previo a su ejecución, en buena medida, este interrogatorio era requisito indispensable para hacerle los cargos de sedición –entre otros- motivo suficiente para mandarlo al cadalso. En esta parte relata lo acontecido en Oaxaca una vez comenzado el año de 1813 así como los preparativos para la toma del “Castillo”, como denominaban entonces al Fuerte de San Diego en Acapulco que era el objetivo marcado por el cura Hidalgo para la insurrección de Morelos en el sur de la Nueva España.

  Y responde a la undécima que dice.... ¿Diga lo ocurrido en el sitio y toma de Acapulco: que gente perdió allí, y si obró con inteligencia con el gobernador D. Pablo Antonio Veles, u otras personas del castillo que expresara, manifestando el motivo de la diferente conducta que siguió allí cumpliendo la capitulación... 

   Dijo: Que salió de Oaxaca el día 9 de febrero de 1813 con 300 hombres, porque en aquella ciudad dejó 100 a las órdenes de Rocha, y los 100 restantes de la fuerza que introdujo los había despachado antes por pertenecer a las partidas sueltas de D. Eugenio Montaño Sánchez y demás que concurrieron a aquella acción. Tomó el camino de Yanhuitlan en donde dejó a Matamoros con 1.500 hombres, y con el resto marchó por Tlaxiaco, Zacatepec, Ometepec, la Palizada, y a las cercanías de Acapulco sin que en este tránsito tuviera particular novedad, a pesar de que el comandante de las tropas reales recuerda que estaba en las inmediaciones de la Palizada se le hubiera presentado. Que el día 6 de abril del mismo año (de 1813) dio principio a sus fuegos contra el castillo quien se los correspondía diariamente; y después de ocho o nueve días que tardó para tomar la población, habiendo despreciado al gobernador del castillo D. Pedro Vélez la intimación que le hizo el día 6 para que se rindiera, con las expresiones de que solo los bárbaros capitulaban, prosiguió sus fuegos en correspondencia de los del castillo; pero advierte, que junto con la respuesta expresada que Vélez le mandó por oficio, también recibid dentro de este un papelito sin firma, pero de la misma letra de Vélez que a la letra decía.... Políticas y acertadas medidas le harán llegar a V. al fin que desea. Ningún aprecio hizo el declarante ni su secretario Rosains de estas expresiones, y a consecuencia continuó no solo bloqueando el castillo, sino que emprendió hacer una mina por el padrastro que deforma aquella fortaleza por el lado de la población; cuya obra empezó en el mes de mayo y la siguió sin lograr avanzarla más que hasta faltarle cien vara s para llegar a la contra escarpa del foso. 

 En este intermedio, y en el que pasó hasta el 17 de agosto, tuvo varias contestaciones por escribo, y aun verbales con los del castillo; entendiéndose las primeras directamente con el gobernador, y las segundas que las hicieron Rosains y Velasco con un oficial que no conoció, ni sabe cómo se llama, excepto una sola vez que contestó Reguera que estaba dentro del castillo con el capitán del que declara Mongoy. Esto solo se redujo a que Reguera pidió que fuera a hablar otro de mayor graduación, y a pocos días mandó el exponente al canónigo Velasco, quien por haber salido ya Reguera por el mar para la Palizada, contestó con el oficial que lleva citado, y no sabe cómo se llama; pero así esta contestación como las demás que en diversas veces se hicieron como ha expuesto, por ser dirigidas a que se capitulase, las despreció Vélez, y el oficial asegurando que estaban dispuestos a defended. Últimamente por un movimiento que hizo Galeana de cercar el castillo con alguna infantería la noche del 17 de agosto, resultó que al día siguiente dijesen desde el castillo que tenían que hablar, y entonces fue cuando se trató de la capitulación en los términos que expondrá.... Aquí se suspendió la declaración por ser las nueve y cuarto de la noche, y se continuó al día siguiente 30 de noviembre en la ciudadela.

   Morelos continuó… Que la capitulación que hizo con el comandante del castillo de Acapulco D. Pedro Vélez fue en los mismos términos, y bajo de las propias condiciones que expresan los papeles públicos que sobre aquel particular se imprimieron en esta capital, respecto a que Vélez trajo una copia firmada de ambos que se supone suya la que se dio a este público, y el declarante hizo lo mismo en Oaxaca en la imprenta que allí había. Que cumplió todos los particulares que asentaron, principalmente aquellos que tenían correlación con la libertad de los europeos, en darles escolta hasta ponerlos a la orilla del río Mezcala. Que el motivo que tuvo para cumplir con la capitulación de Acapulco, fue porque su comandante Vélez no le faltó en nada de lo estipulado hasta la entrega del castillo; muy al contrario de lo que en Taxco acaeció con el fusilado García Ríos y otros individuos como expresó en la quinta pregunta: advierte que en el castillo de Acapulco encontró 33 cajones de municiones de cañón y fusil, con los víveres de todas clases, que computa el que declara que podría tener para un mes la gente que lo guarnecía. Esta llegaba al número de 200 hombres poco más o menos con artillería etc.; y aunque los más por estar enfermos pidieron pase para Tiztancinco, los demás quedaron sirviendo con sus respectivas armas en el citado castillo. En este tomó igualmente 90 y pico de cañones de todos calibres, y 280 fusiles, entrando en este número algunos que pertenecían al depósito. También se entregaron allí 2 morteros, uno reventado, y el otro bueno, con 2 o 3 bombas.  (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp.23-26

miércoles, 19 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 7ª Parte

   Morelos deja Cuautla, se dirige a Tehuacán, pasando por las inmediaciones de las barrancas de Acutzingo, para luego llegar a Orizaba, con esto lo que vemos es que era un magnífico jinete, pues sea en esa zona en los límites de los actuales estados de Puebla y Veracruz que lo recorrido por la Tierra Caliente michoacana, y buena parte de la sierra guerrerense, solamente alguien que tuviera excelentes cualidades en el control del caballo lo podría hacer con la destreza que presumo tenía José María Morelos. Seguirá hacia Oaxaca, sitio en el que permanecerá por algún tiempo. A esta Ruta de Morelos se conoce como la segunda parte de la Segunda Campaña, aparece en color verde en el mapa.

 Y responde a la novena pregunta y dice:

   (Refiero igualmente todo lo que ocurrió en el ataque y toma de Oaxaca, que causas le obligaron a preferir esta expedición, no obstante la fuerza que allí había y la del ejército real que a las órdenes del brigadier Olazabal llegó a situarse en Tehuacán, que cantidades de dinero, armas y efectos encontró, y si obró de inteligencia con los habitantes de la misma ciudad nombrando los principales…) Dijo: Que habiendo dejado en Orizaba una corta guarnición al mando de Rocha, emprendió su marcha el día 31 para Tehuacán con 800 hombres y a las ocho leguas se encontró en las cumbres de Acutzingo con una división de tropas al mando de Águila, y en aquel paraje se emprendió mudamente una acción de la que resultó que el declarante perdió 4 o 5 cañones, como 40 hombres, y algunas armas, y por parte de las tropas hubo muy poca pérdida. Siguió su marcha para Tehuacán, donde entró al día siguiente con 500 hombres poco más o menos supuesta la pérdida referida, y la dispersión que tuvo el resto de su gente. En Tehuacán permaneció una semana, en la cual se le reunió Matamoros con 2.500 hombres de todas armas, que unidos a los 500 que el declarante introdujo, y 200 que estaban allí de antemano con Miguel Bravo, formaba un grueso de 5000 que consideró necesarios para la expedición de Oaxaca. Con estos, y 40 cañones de todos calibres con sus respectivas municiones, emprendió la marcha para aquella ciudad, sin que en las jornadas que hizo hasta el día 25 de mismo noviembre (1812) hubiera tenido el menor encuentro, a excepción de unas cortas escaramuzas con las avanzadas de Oaxaca. Se acercó a esta ciudad el día 24, cuya noche pasó en una hacienda (llamada Viguería) distante tres leguas, desde la cual puso un correo intimando al comandante de las armas de ella la rendición en el término de tres horas. 

 Marchó desde la hacienda la mañana del 25 de noviembre para acercarse a saber la resolución de la plaza; y no habiendo recibido respuesta, pasadas dos horas más del término que le prefijó, rompió sus fuegos a las once de la misma mañana, y dispuso el ataque, dividiendo en seis trozos su gente con el objeto de que dos cortasen la retirada: Uno que atacase el fortín de la Soledad: otro, que entrase por calle real: otro, que quedó custodiando los pertrechos y retaguardia, y el último de reserva a las órdenes del que declara. En este estado tomaron su dirección los comandantes de los referidos trozos; y habiendo tomado D. Ramón Sesma el fortín que fue el punto que le dedicó, avanzaron los demás sobre la ciudad, y el grueso de Matamoros y Galeana que iban por el camino á tomar la calle del Marquesado, apoderaron de la ciudad después de solo dos horas de fuego; en tales términos que a las dos de la tarde ya el declarante estaba en la plaza mayor, y a las tres comiendo en la casa de un europeo llamado D. Simón Gutiérrez de Villegas. A corto rato le presentaron al declarante hecho prisionero al comandante Regules, y a los dos o tres días hicieron lo mismo con el teniente general Sarabia, Bonavia y Aristi, con la circunstancia de que el Sr. Sarabia estuvo oculto estos días en la ciudad, y en el que le cogieron fue por haber salido oculto disfrazado con una sábana. 

 También les sucedió lo mismo en esos propios días a unos 200 y más europeos, unos sanos, y otros heridos, a estos los mandó al hospital; y a los otros con los 4 prisioneros referidos, los puso en la cárcel con sus guardias necesarias. Se interesaron por la vida de todos los europeos el canónigo Moreno su maestro, algunos otros individuos de aquel clero y las familias de aquellos que las tenía por estos respetos les concedió aquella gracia a los 200 y mas que ya ha dicho, confinados para Zacatula, a unos 30 que le pareció que le podrían dañar en lo sucesivo, y a los demás los dejó en la propia ciudad bajo las respectivas fianzas, porque unos eran viejos; porque otros creyó que no le harían perjuicio sin mando; y porque con la muerte de todos no iba a conseguir ninguna ventaja; no sucedió así con el Sr. Sarabia, Regules, Bonavia y Aristi: con un muchacho guatemalteco criado de dicho Sr. Sarabia; porque a pesar de los empeños de su maestro, y de algunos de aquel Clero, y de los ruegos y súplicas de las familias, principalmente de la del Sr. Bonavia, los mandó fusilar en dos parajes de la propia Oaxaca, previo el tiempo necesario para disponerse en la capilla que les concedió. También hizo como 300 americanos prisioneros, de los cuales se agregaron a sus armas los que consideró útiles, toda la artillería que había en la Ciudad que fueron como 60 cañones con 100 fusiles poco más o menos que quedaron en su poder, sin agregar otra igual cantidad de esta arma que cogieron por todas aquellas inmediaciones basta Tehuantepec las partidas que destacó para atacar los puntos fortificados por las tronas del rey. 

 Desde Chilapa escribió el declarante a su maestro el canónigo D. Jacinto Moreno uno de los días del mes de septiembre de 1811, comunicándole las ideas que tenía de acercarse con su gente a aquella ciudad y aunque este le contestó, que le tenía lástima por verlo metido en el partido de la rebelión, nada le dijo sobre que se acercase o no; esta contestación la recibió el declarante en Tlapa en noviembre del mismo año; y aunque desde allí propio le repitió otra carta al expresado su maestro, no le volvió a contestar este. Sin otro antecedente y no más que por las noticias que iba adquiriendo en las marchas que hizo desde Tehuacán para Oaxaca, emprendió  esta marcha, sin que para ello hubiese tenido de ningún otro individuo la más mínima contestación e inteligencia con el que declara.

   Y responde a la décima pregunta que dice.... ¿Si precedió capitulación para la toma de Oaxaca, cuál fue, si la cumplió, y si a pesar de ella mandó fusilar a los Sres. Sarabia, Bonavia, Regules, y otros de las tropas del rey expresando su número.... Dijo: Que con lo que ha expuesto en la anterior satisface los particulares que comprende esta; asegurando nuevamente que no hubo capitulación, y sí solo la intimación referida. (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825. pp.20-23