viernes, 12 de junio de 2015

Las Hidalguinas y las Hidalguianas en la Guerra de Independencia

   Cae en mis manos, por mera casualidad, una de las publicaciones especiales del Bicentenario, la de diciembre de 2009 de la Revista Proceso, las cuales, en su momento, por falta de presupuesto, no me fueron posibles adquirir, pero la suerte es buena y encuentro en las páginas de este número un concepto que me llamó poderosamente la atención: Hidalguina.

   De pronto lo cambia la autora por el de Hidalguiana, que al final es lo mismo, "alguien afecto a". Debemos de sumarlo al de Seductora y al de Adicta, palabras, por cierto, que fueron ya aclaradas y que no debemos darle ese enfoque que se le da en la actualidad a lo que es la seducción y la adicción. Hidalguina, me parece interesante y poderoso lo que la palabra encierra y está asociado a la participación de las mujeres en la Independencia de México. Extraigo lo que la autora comenta, de seguro te causará el mismo impacto que a mi el saber de estas Hidalguinas e Hidalguianas:

  “No hay memoria alguna de estas mujeres en México. ¿Dónde quedó el recuerdo de ellas? ¿Por qué no recordamos a las “hidalguianas”, las que siguieron a Hidalgo, al Padre de la Patria, excepto por dos figuras, Leona Vicario y Josefa Ortiz de Domínguez? ¿Por qué no hay lugar para ellas en el panteón de mitologías nacionales? ¿Por qué, en cambio, tenemos tan presentes a las Adelitas, sombras fieles de sus compañeros?

   “En Tuxpan, en la costa del Golfo de México, en el estado de Veracruz, el 30 de julio de 1811, Ana Villegas fue ejecutada. Su crimen fue instigar a la insurrección de Chicontepec en el mismo estado de Veracruz, algunos kilómetros tierra adentro y asolo pocos al sur de Hidalgo, en el territorio conocido como la Huasteca. El cura de la parroquia del puerto de Santa María Tuxpan escribió: “… yo di sepultura al cadáver adulto de Anna Villegas, insurgente; recibió los santos sacramentos de penitencia y extremaunción y le levanté la excomunión en que estaba incusa por sectaria, hidalguiana y cabecilla”. En su contra declaró su propio hijo, de 22 años de edad también prisionero, quien “por traidor tenía todo embargado”. Él juró ser inocente y acusó a su madre de ser “seductora de indios”, propagadora de la causa de Hidalgo. También la culpó de cooperar con y por la insurrección". (1)

Fuente:

1.- Carmen Bullosa. Las Insurgentes. Proceso Bi-Centenario Fascículo 9. México, Diciembre, 2009, pp. 27-35

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