domingo, 20 de abril de 2014

El día que se quisieron requisar los caballos en México: El bando del virrey Venegas

   Ésta, por demás curiosa, disposición fue proclamada por Bando el 1º de Febrero de 1812, tiempo en el que, especialmente en El Bajío, región de Guanajuato y, principalmente, en Salamanca y sus al rededores, el movimiento de insurrección lo encabezaba Albino García. De él se dice que tenía una habilidad sorprendente para manejar el caballo a pesar de eso que ahora nombramos como "discapacidad", razón por la cual su apodo de "El Manco", aunemos a ello la habilidad de Albino García en el manejo de la reata y la agilidad de su caballo llamado “el Cabro” le hizo famoso en la región y era perseguido al ser considerado como la amenaza más fuerte en el Bajío. Es lo más seguro que el virrey Venegas sabía de ello y proclama por bando algo que nos dice del temor que había en el gobierno virreinal por los levantamientos de los varios Insurgentes que revolucionaban en distintos puntos.

   "Acabándose de publicar este decreto (se refiere a las Cortes de Cádiz) este decreto que hará siempre honor a las Cortes españolas de 1812, el virrey Venegas expidió un bando original que también se publicó en San Luis (Potosí) con gran aparato. En él dispuso establecer una junta llamada de "Requisición de caballos" en todas las poblaciones del virreinato

   A esta junta debían presentar todos los vecinos de las ciudades, pueblos, haciendas y ranchos, todos los caballos útiles e inútiles que tuvieran para pagárselos por su legítimo valor en el concepto de que no lo hicieran en el plazo de ocho días sufrirían la pena de comiso del caballo y serían además multados el el cuádruplo del valor del animal. Presentarían las sillas y aparejos de montar para que si a la Real Hacienda, los dependientes  de la Acordada y los de Correos, podrían usar caballos pero siendo nada más uno por cada individuo.

   "Los que por enfermedad o alguna otra causa justísima necesitaren montar, previa la averiguación correspondiente, se les permitiría también que tuvieran un solo caballo, pero siempre que este por muy bueno o por muy malo no conveniese para el ejército. Se prevenía a los subdelegados que todos los caballos que les fueran presentados los remitieran a la junta de la capital con expresión de sus dueños y pasados los ocho días del recibo de este bando, un testimonio que acreditara no haber quedado caballo alguno en toda la jurisdicción, y por último, que toda persona que pasados quince días de haberse fijado este bando en las esquinas llevare caballo, sería arcabuceado irremisiblemente por este solo hecho, si no acreditaba, brevísimamente ante una comisión militar, la licencia del virrey, de la respectiva junta, o de algún comandante de división o destacamento.

   "No dice la crónica si este ingenioso bando se cumplió en todas sus partes; pero si así fue, quisiéramos haber visto la caballada que su excelencia reuniría en la capital del virreinato. Puede ser que a los dos días se haya visto en el apuro del que se sacó la rifa del Elefante." (1)


Si te interesa ver el Bando completo, entra aquí.

Fuente:

1.- Muro, Manuel. Historia de San Luis Potosí. Tomo I. Imprenta, Litografía y Encuadernación de M. Esquivel y Cía. San Luis Potosí, 1910. pp. 135-137

sábado, 5 de abril de 2014

19 de Julio de 1823: El inicio del culto oficial a los héroes de la Independencia.

   Hay quien me ha alegado que no le ve ninguna importancia a las referencias históricas, que es una pérdida de tiempo, que de nada sirve. Regularmente hacen mención de lo que ocurre en los Estados Unidos en donde, dicen, han borrado su memoria histórica y solo ven adelante. Lo he oído una y otra vez. Mi posición es la misma, esa fase ya difundida de que "no conocer la historia es no saber hacia donde se va" o algo parecido. En esas bases, el documento que apenas encuentro y que va relacionado al culto que hay en México por los restos de los héroes de la Independencia me parece revelador, pues, si lo analizamos artículo por artículo, veremos que todo eso que es "normal" en nuestros días, tiene ya casi dos siglos de haberse implementado: monumentos, altares, fechas memorables, nombres escritos con letras de oro, pensiones para los familiares, en fin, te invito a lo leas con atención:

Decreto. Declaración en honor de los primeros héroes libertadores de la nación, y los que los siguieron.

Julio 19 de 1823.
   El soberano congreso mexicano, que jamás ha visto con indiferencia los sacrificios que los buenos patriotas han prestado á la nacion en todas las épocas para sostener su independecia y libertad, ha tenido á bien decretar:

1.- Se declarán bueno y meritos los servicios hechos á la patria en los once primeros años de la guerra de independencia.

2.- En consecuencia, puede alegarse para solicitar y obtener empleos, y los demas beneficios con que el estado recompensa el mérito de los buenos patriotas.

3.- Para que estos servicios sean atendidos y premiados por el supremo poder ejecutivo, se justificará con certificaciones de gefes conocidos y acreditaciones en aquella época, ó por otros medios auténticos que hagan fé en juicio. Los gefes, sobre ser responsables de la verdad y justicia de lo que dijeren, expresarán en sus certificaciones si el pretende obtuvo ó nó despacho de gobierno reconocido.

4.- El artículo anterior tiene lugar respecto de aquellos individuos, que aunque no estuvieron en el campo de batalla, ofrecieron sus servicios en las prisiones, acreditando que el motivo de ellas fué sostener la independencia de la nacion sin complicacion en otros delitos.

5.- No son comprendidos en los artículos anteriores, los que despues de haber contribuido á la independencia y libertad de la patria, se indultaron y prestaron servicios de cualquier clase á la causa de España, sino en el caso de haber intervenido extraordinarias circunstancias, cuya calificacion se deja al celo y prudencia del supremo poder ejecutivo.

6.- Asimismo, no pudiéndose designar específicamente los premios con que deben recompensarse los mencionados servicios, se le deja la facultad de proporcionarse aquellos con éstos, es uso de la justicia distributiva inherente á sus atribuciones.

7.- A los individuos que siguieron la carrera militar, y quisieron continuarla, les declará el grado á que los juzgue acreedores, teniendo en consideracion sus servicios, los empleos que obtuvieron, si fueron provistos por los Sres. Hidalgo, Allende, junta de Zitácuaro, gobierno de Chilpantzingo y de Jaujilla, el número de tropa que mandaron, y principalmente su aptitud y conducta.

8.- A los que conforme al artículo anterior se les declare grado militar, ó lo tengan por concedido, se les contará para sus retiros y antigüedad, el tiempo que sirvieron en la época de que se habla, y el doble de campaña.

9.- Si los ameritos en la expresada época no aspiren á empleo alguno, civil ó militar, ó si el supremo poder ejecutivo no los creyere aptos para los que soliciten, los tendrá presentes en el repartimiento de tierras valdías que decretare el congreso.

10.- A las mugeres, hijos y padres de los militares que hayan muerto, y cuyos servicios obtengan del supremo poder ejecutivo la declaracion de buenos y meritorios, les asignará el mismo una pension, que disfrutarán conforme á los reglamentos del montepío militar; guardando en esto el órden de preferencia que hasta aquí se ha observado con los parientes de los individuos del ejército.

11.- Serán tambien pensionadas las mugeres, hijos y padres de los empleados civiles que hayan muerto, y cuyos servicios obtengan la declaracion que expresa el artículo anterior, sirviendo de regla para los que gocen de ellas las establecidas para el montepío de oficinas.

12.- A los inutilizados en campaña, y cuyos servicios se califiquen tambien de buenos y meritorios, se les asignarán las pensiones concedidas por las leyes á los inválidos.

13.- El congreso declara beneméritos de la patria en grado heróico, á los Sres. D. Miguel Hidalgo, D. Ignacio Allende, D. Juan Aldama, D. Mariano Abasolo, D. José María Morelos, D. Mariano Matamoros, D. Leonardo y D. Miguel Barvo, D. Hermenegildo Galena, D. José Mariano Jimenez, D. Francisco Xavier Mina, D. Pedro Moreno y D. Víctor Rosales: sus padres, mugeres é hijos, y asimismno las hermanas de los Sres. Allende, Morelos, Hidalgo y Matamoros, gozarán de la pension que les señalará el supremo poder ejecutivo, conforme á los extraordinarios servicios que prestaron, guardándose el órden de preferencia que previene en el artículo 10.

14.- Y respecto á que el honor mismo de la patria reclama el desagravio de las cenizas de los héroes consagrados á su defensa, se exhumarán las de los beneméritos en grado heróico, que señala el artículo anterior, y serán depositadas en una caja que se conducirá á esta capital, cuya llave se custodiará en el archivo del congreso.

15.- El terreno donde estas víctimas fueron sacrificados fueron sacrificadas se cerrará con verjas, se adornará con árboles, y en su centro se levatará una sencilla pirámide que recuerde á la posteridad el nombre de sus primeros libertadores.

16.- Los ayuntamientos respectivos cuidarán, bajo la inspeccion de sus diputaciones provinciales, del cumplimiento de los prevenido en el artículo anterior, pudiendo sacar los gastos de sus fondos, de propios y arbitrios.

17.- El de Cuatla Amilpas, bajo la inspeccion de la de México, hará que en su plaza principal, se erija una columna que recuerde su memorable sitio.

18.- La caja que encierre los venerables restos de los héroes expresados, se trasladará á esta catedral el 17 del próximo Setiembre, con toda la publicidad y pompa dignas de un acto tan solemne, en la que se celebrará un oficio de difuntos con oracion fúnebre.

19.- Una diputacion del congreso autorizará la traslacion.

20.- El supremo poder ejecutivo, la diputacion provicional, el ayuntamiento, el estado mayor general de los ejércitos, y todas las autoridades eclesiásticas, militares y políticas residentes en esta capital, asistirán á solemnizar el acto.

21.- Las tropas de la guarnicion harán los honores que previene la ordenanza para los capitanes generales con mando en gefe, y que fallecen en plaza.

22.- En la catedral se levantará un sepulcro, en que se depositará la caja con la inscripcion que proponga la universidad y apruebe el gobierno.

23.- La diputacion del congreso recogerá la llave y la entregará al congreso en sesion pública.

24.- El presidente anunciará que la nacion ha acordado por medio de sus representantes, que se escriban con letras de oro, en el salon de Cortes, los nombres de estos héroes que se sacrificaron por la independencia y libertad nacional.

Fuente:

Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República. Ordenada por los licenciados Manuel Dublán y José María Lozano.

http://www.biblioweb.dgsca.unam.mx/dublanylozano/

Tomado de: Biblioteca Garay. 500 Años de Documentos.

jueves, 3 de abril de 2014

La estela de San Jerónimo Araceo, ¡recuperada! Municipio de Valle de Santiago, Guanajuato.

    Estamos ante un caso que bien merece la atención. Ocurrió en el municipio de Valle de Santiago del Estado de Guanajuato. De sobra sale decir que en Guanajuato siempre se han celebrado los festejos patrios desde su implementación, pues siendo el estado en donde comenzó el movimiento de insurrección, es cosa común que los guanajuatenses desde niños escuchen sobre estos acontecimientos. Las escuelas hacen nutridas festividades y, muchas de ellas asisten cada 28 de septiembre a la capital del estado para la ceremonia de la Renovación del Fuego que es un festival que paraliza la ciudad. Sin embargo por estos rumbos ocurrió que, dicen, en una noche de Año Nuevo, al calor de las copas, unos vándalos colocaron petardos en la estela de la Ruta de Hidalgo y la desintegraron.

   Todo esto ocurrió en 2006 o 2007, no se exactamente cuando. La primera vez que, pasando por la carretera que va de Salamanca a Morelia, justo a la entrada del rancho de San Jerónimo vi el monumento, es decir, la base, con algunas varillas saliendo del pedestal, me pareció increíble que en un camino tan transitado, en una ciudad tan tradicionalista como lo es Valle de Santiago, hayan permitido que una cosa así sucediera. Y así se quedó por varios años.

   En una segunda pasada que dí por allí, me bajé del camión y tomé varias fotos, vi que habían pedazos de la cabeza, quizá se hubieran podido recoger todos y armarla cual rompecabezas pero nadie, es decir, la autoridad municipal de ese tiempo hizo nada. En mayo de 2009 publiqué un artículo en el que denunciaba esto que era un verdadero atentado contra el patrimonio cultural e histórico de los mexicanos, lo puedes ver aquí; muchos de los lectores externaron su indignación. Llegó el 2010 y en Guanajuato había una Comisión para los festejos del Bicentenario, se repusieron varias estelas, se colocaron otros en donde nunca existieron, incluso se agregó una al programa original de 260 monumentos, en San Felipe Torresmochas, pero de la de San Jerónimo nadie se acordó.

   Y sucedió que, luego de cuatro años de haberse conmemorado el Bicentenario, finalmente las autoridades municipales hicieron caso de la importancia que estos monumentos representan y la estela fue restaurada. Se mandó hacer una copia fiel de la original, se repelló la base que, sea por la intemperie que por los vándalos, estaba y un poco dañada, se colocó la nueva Cabeza de Águila que apunta hacia el sur, hacia Valladolid, pues para allá continuaba la Ruta de Hidalgo que, dentro de los festejos del Sesquicentenario del inicio de la Guerra de Independencia, fueron colocados a lo largo de 10 estados.

    Este, digamos, marcaje, de la Ruta fue concebido por Jaime Torres Bodet, acaso el más brillante de los Secretarios de Educación que han habido en México, persona distinguida que llegó a ocupar la dirección de la UNESCO, la oficina de las Naciones Unidas para la Educación y Cultura. Se eligió el proyecto del escultor Tomás Chavez Morado, guanajuatense, nacido en Sialo, para que su idea de México, plasmada en la cabeza de un águila fuera el emblema de la ruta.

   Fueron, pues, 260 las estelas colocadas desde Dolores Hidalgo, donde se dio el "Grito de Independencia", hasta Chihuahua, en donde fue fusilado el Padre de la Patria. En Valle de Santiago se colocó una estela, la que era la número 25, marcando el camino que siguieron los Insurgentes luego de la toma de Granaditas rumbo a Acámbaro. Una segunda estela se colocó, la número 99, en San Jerónimo, misma que fue destrozada y que ahora ha sido repuesta. Si te interesa ver los 260 puntos que conforman la Ruta de Hidalgo, entra aquí.

   Y fue ayer, 2 de abril de 2014 que las autoridades municipales de Valle de Santiago nos regresan, este monumento como debe estar, bien puesto, bien colocado, en el lugar en donde hace más de cincuenta años, en base a los estudios que hasta entonces se habían realizado sobre la ruta que siguió don Miguel Hidalgo, se decidió incluir en la ruta. Muy bien por Valle de Santiago. Muy bien por todos los vallenses que toman conciencia de la importancia patrimonial de todos los mexicanos.





miércoles, 2 de abril de 2014

De cuando los restos de Hidalgo estaban en la Catedral Metropolitana.

    La idea de este blog fue, originalmente, realizar el recorrido de la Ruta de Hidalgo que, de acuerdo a lo estudiado en 1960, cuando el Sesquicentenario del inicio de la guerra de Independencia, dio por resultado la creación de la Estela coronada con una Cabeza de Águila, creado por el artista plástico José Chávez Morado, el recorrido lo pude hacer, 75% físicamente, el resto a través de todo lo que me fue posible, especialmente usando la tecnología que nos ofrece Google Maps. De allí me surgió una inquietud, más bien dos, una, documentar todos los monumentos que al Padre de la Patria se le han levantado en México, la otra, hacer el recorrido que, por un lado la cabeza del cura Hidalgo, por otra el resto de su cuerpo, siguió por ya dos siglos.

   Sabemos bien que, luego de ser fusilado, un indio tarahumara, al que le pagaron 30 pesos, cortó la cabeza de Hidalgo y fue colocada en una caja con sal. La escena macabra incluía otra caja, quizá otras cajas, en donde estaban otras tres cabezas, las de Allende, Jiménez y Aladama, serían enviadas a Guanajuato para "el escarmiento de otros".

   Comenzaba el año de 1821, el inminente triunfo del ejercito libertario era más que notorio, una de las primeras decisiones que se tomaron fue la de dar cristiana sepultura a esas cabezas, pasaron así al cementerio de San Sebastián, luego serían llevadas a la ciudad de México, en donde, unidas a sus cuerpos, en todo caso a los restos que había de ellos, fueron colocadas en un nicho, solo que, se revolvieron con los del último virrey de Nueva España, Juan de O'donojú. Él no fue en realidad Virrey, su cargo era el de  Jefe político superior de la provincia de Nueva España, desembarcó en Veracruz el 3 de agosto de 1821, veinte días después llegaba a Córdoba para firmar los tratados, antecedente a la Consumación de la Independencia de México.

    "El 8 de octubre de 1821, mientras se encontraba en Ciudad de México, Juan O'Donojú murió de forma súbita a la edad de 59 años, diagnosticado de pleuresía, aunque también se dijo que pudo haber sido envenenado. Fue sepultado con honores de virrey en la catedral de México". (1) Luego todo caería en el olvido, hasta que, casi por concluir el siglo XIX, un reporter, como se le conocía a los periodistas en ese tiempo, descubre los huesos revueltos y olvidados de los héroes.

   Serían entonces trasladados y exhibidos en uno de los altares laterales de la Catedral Metropolitana, el dedicado a San José.





 Son muchos los artículos que he publicado sobre los restos de Hidalgo, allí doy cuenta de todos los traslados que de los restos se han hecho, si te interesa leerlos, verás un poco más abajo la etiqueta que dice RESTOS, pulsa allí y los podrás ver todos.

Fuentes:

1.- Wikipedia.

Las fotografías que aparecen aquí, las he tomado del libro: Reseña histórica y descriptiva de la ciudad de México. Jesús Galindo y Villa. Imprenta de Francisco Díaz de León. México, 1901. pp.136-143.


jueves, 27 de marzo de 2014

Si algo no tenía el Cura Hidalgo era ser anciano como se ha dicho infinidad de veces. Un comparativo de edades.

    Desde hace años, cuando se comenzó a idealizar al "Cura de Dolores", al "Padre de la Patria", al "Inmortal Hidalgo", alguien por ahí se hizo la idea y, peor aun la difundió, de que Hidalgo era un anciano, de allí surge ese mito del Anciano de Dolores, como en ocasiones se le llegó a nombrar o, en todo caso, como la idea que se hizo en torno a la figura de Hidalgo. Quizá esa idea surge cuando se le da el título de Padre de la Patria y, como padre que era, se pensó que era un anciano, solo que, una persona que tiene 57 años no es precisamente un anciano. En la actualidad las etapas de la vida de un hombre se dividen en tres, esa llamada vejez, se le conoce por el (casi) poético nombre de "tercera edad" y comienza a los 65 años por lo tanto Hidalgo no era un anciano. 

    Es en esa base que hago este ejercicio, con la idea de que, una vez bajados del pedestal, de la imagen de bronce y vistos ellos, los Héroes de la Independencia como hombres de carne y hueso, hagamos un comparativo de edades para darnos cuenta de que en el movimiento de insurrección, lo que menos hubo, fue ancianidad. 

Nombre:                              Nacimiento-muerte            Años cumplidos en 1810.

Miguel Hidalgo y Costilla           1753-1811                                57
Félix María Calleja                      1753-1828                                57
Juan Antonio Riaño                    1757-1810                                53
Miguel Domínguez                      1756-1830                                54
José Antonio Torres, El Amo    1760-1812                                50
Hermenegildo Galeana              1762-1814                                52
Leonardo Bravo                          1764-1812                                46
José María Morelos y Pavón     1765-1815                                45
Ignacio Allende                            1769-1811                               41

Mariano Matamoros                  1770-1814                                    40
Ignacio López Rayón                 1773-1832                                    37
Josefa Ortiz de Domínguez       1773-1829                                    37
Juan Aldama                               1774-1811                                    36
Albino García Ramos                 1774-1812                                    36
Pedro Moreno                             1775-1817                                    35
Víctor Rosales                             1776-1811                                    34
Mariano Jiménez                        1781-1811                                    29

Vicente Guerrero                        1782-1831                                        28
Mariano Abasolo                        1783-1816                                        27
Agustín de Iturbide                      1783-1824                                        27
Guadalupe Victoria                     1786-1843                                       24
Nicolás Bravo                              1786-1854                                       24
Andrés Quintana Roo                 1787-1851                                       23
Leona Vicario                              1789-1842                                       21
Francisco Javier Mina                 1789-1817                                      21

  Las imágenes que acompañan este artículo las tomé del libro de Pedro González, Apuntes históricos de la ciudad de Dolores Hidalgo, Imprenta Económica, Celaya, 1891.

martes, 25 de marzo de 2014

Estela de la Ruta de Hidalgo 194 ¡Encontrada!, Ex hacienda Agua Nueva, Coahuila.

    Nuevamente, gracias a un lector de Cabezas de Águila, podemos decir ¡Cabeza encontrada!, en este caso la correspondiente a la Ex Hacienda de Agua Nueva en el municipio de Saltillo, Coahuila; se trata de la estela número 194 del conteo que yo llevo. Será bueno aclarar que, originalmente, al organizar la Ruta de Hidalgo, me basé en lo escrito por el Prof. Jiménez de la Rosa, que no es una publicación oficial del Sesquicentenario, como quiera, es lo más aproximado al trazo de la ruta, por lo que este número que yo asigno es el más próximo a lo que pudiera ser la realidad.

   La fotografía de esta Estela me la hace llegar Isaac Franco, me comenta que está en lo que ahora es la plaza pública de esa comunidad, que era la pila de la hacienda y que la hacienda está en ruinas. La escultura se encuentra en buen estado, pero no tiene el pedestal completo, como oficialmente debería estar, sino solo un, digamos, túmulo de apenas un metro de altura. Recuerdo que en otros puntos de Coahuila sucede igual, como en Ramos Arizpe y Tanque de Vacas.



   


sábado, 15 de marzo de 2014

Monumento a Guadalupe Victoria en la ciudad de México. Y lo que fuera el Panteón de Santa Paula.

 319.- Marco este monumento con el número 319 porque aun no siendo dedicado a Hidalgo, él aparece al lado izquierdo; se trata de un curioso monumento al que fuera el primer presidente de México: Guadalupe Victoria. Se localiza a espaldas del templo de Santa María la Redonda, sitio en el que, hace tiempo, se localizaba el Panteón de Santa Paula. Ahora ese panteón es en parte banqueta, andador, parque y lateral del Paseo de la Reforma Norte. Allí fue sepultado originalmente José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, más conocido como Guadalupe Victoria; bueno, eso dicen, y que es la razón por la cual decidieron colocar allí el monumento, para recordar que allí, por breve tiempo, descansaron sus restos. Pero hay un detalle, las biografías de Victoria no dicen que estuviera sepultado allí, más aun, leyendo la descripción que sobre ese campo florido hizo Manuel Rivera Cambas, menciona solamente el dato, anecdótico, de que allí fue sepultada con honores la pierna de Antonio López de Santa Anna, no menciona nada del primer presidente de México. Creo que estamos ante un caso más de desconocimiento de la vida de los personajes de la Independencia y sus monumentos.

   "Desde épocas lejanas fue mal recibida la práctica de sepultar cadáveres dentro de las poblaciones y de los templos, con perjuicio de la salubridad pública; pero solamente se consiguió que los cadáveres sacados de los hospitales y otros de pobres, fueran enterrados en sitios algo distantes del centro de la población; los gobiernos simularon la transgresión de las prescripciones higiénicas, hasta que en 1842, órdenes terminantes arreglaron el establecimiento de cementerios en la capital y en los Estados. El panteón de Santa Paula, en el verdadero sentido de la palabra, fue construido después de los de San Fernando y San Diego. Este panteón, situado en el mismo lugar donde antes estaba el campo santo de Santa María la Redonda, fue uno de los de más nombradía en esta capital.

  Establecido el cementerio de Santa Paula por el Arzobispo D. Alonso Núñez de Haro y Peralta, fue propiedad del Hospital de San Andrés para que allí se enterrara a los infelices que fallecieron en el establecimiento. Entonces era simplemente un campo rodeado de muro, con una pequeña capilla para los sufragios que se quisieran hacer por los difuntos; la yerba crecía sobre los sepulcros abandonados y si algunas personas notables elegían aquel campo para morada, era para mostrar humildad. Hasta 1836 fue declarado cementerio general con el título de Santa Paula, poniéndose de acuerdo el Ayuntamiento y el vicario capitular; comenzó a servir al público el 19 de noviembre de aquel año y se ejecutaron algunas obras para hacer el lugar propio para su destino y digno de la capital, queriendo formar un panteón; las obras empezaron en marzo de 1837 y siendo vasto el proyecto no se terminaron.

   "Ya desde el siglo pasado se había dedicado solemnemente el cementerio o campo santo del camposanto con la capilla situada en su centro para servir al hospital de San Andrés, el paraje escogido para ese campo santo se llamaba de Santa Paula y estaba fuera de la acequia madre y de poblado. La mañana del 25 de febrero de 1786 se dirigió a este sitio su Illma. acompañado de varios canónigo, y en la puerta lo esperaban con cruz, ciriales y acetre, el examinador del Arzobispado, D. Juan Rodríguez Gallardo, el rector de la Universidad y el cura de Santa María la Redonda, sus vicarios y otros muchos sacerdotes; el señor Arzobispo vestido de medio pontifical asistidos por varios eclesiásticos con capas pluviales, bendijo solemnemente la capilla y después el cementerio, con arreglo a lo dispuesto por el pontifical romano; después de la bendición cantó la misa solemne el capellán D. Isidoro J. Blanco. A esta función asistieron porción de personas distinguidas y gran número de individuos del pueblo.

  La capilla fue titulada del Salvador, tuvo de largo diez y seis varas y ocho de ancho con igual número de alto; adornábala un retablo y mesa de altar para decir misa, se habían hecho treinta y cinco sepulturas por si algunas personas pudientes tenían la humildad de mandarse enterrar en ellas. El cementerio midió al principio doscientas setenta varas de largo y ciento cuarenta y una de ancho, dimensiones que después crecieron considerablemente; sus paredes eran de cal y canto, de cinco varas de altura y se construyeron dos habitaciones para los sepultureros. Con la campana que estaba en la capilla era llamado el vicario de la Parroquia de Santa María, cada vez que llevaba el carro cadáveres del hospital, siendo de notar que esos cadáveres eran conducidos solamente por la noche; a la luz de las linternas verificábanse las exequias en la forma debida y al oír el toque de la campana, todos hacían sufragios por aquellos a quienes se les tributaban las últimas ceremonias". 

  "El panteón de Santa Paula ocupaba una superficie de treinta y siete mil quinientas varas cuadradas, su forma era de un paralelogramo, cuyos dos lados mayores están de Oriente a Poniente; tenía dos entradas, la principal hacia el Oriente y la otra en el costado del Sur. La compra del terreno y la construcción de la capilla, costaron cerca de quince mil pesos, pagados por el señor Arzobispo. Ese panteón, llamado también campo de San Andrés, fue el más amplio de la capital durante muchos años, y no ha acabado de ser destruido sino hasta el año pasado de 1881, aunque no se enterraba allí hacia diez años, con motivo de la aplicación de las leyes de reforma.

  La construcción de los nichos se extendía en gran parte del perímetro, pero quedaba un lado en que nada se había formado. Los nichos o sepulcros estaban colocados en tres órdenes horizontales debajo de un portal techado por vigas y sostenido por columnas de cantería, formando un tránsito para que el sitio pudiera visitarse con comodidad; el número de nichos llegó a mil seiscientos sesenta y cinco; en junio de 1858 quedó casi destruido el panteón, a consecuencia del temblor. En un grande osario eran encerrados los restos extraídos de los nichos arrendados.

   "Una de las ocasiones en que sirvió mucho aquel panteón, fue en la invasión del Cólera en el año de 1850, cuya epidemia duró en la capital setenta y nueve días, desde el 17 de mayo al 2 de agosto, hubo treinta mil seiscientos treinta casos y fallecieron siete mil seiscientos de los atacados, siendo por término medio noventa y ocho los fallecimientos diarios en ciento setenta y nueve casos que acontecían poco más o menos. El cólera comenzó por cinco casos, ascendió hasta seiscientos treinta y uno en el trigésimo segundo día y en el último se dieron otros cuatro. A esa epidemia no se le puede señalar con exactitud el día que comenzara, pues desde el 28 de abril se enfermó de ella en la calle de Venero Josefa Huidobro y el día cuatro en la calle de la Buena Muerte Antonio Tovar; se siguieron otros muchos casos, siendo de notar que la epidemia comenzó a desarrollarse por el Oriente de la capital; del 10 al 30 de junio llegaron a morir diariamente doscientas personas, y el 24 de ese mes, día de mayor mortandad, fallecieron doscientos noventa y ocho.

  Para enterrar tanto cadáver, se abrían anchas fosas que en la noche eran cerradas, dejando en el interior la multitud de cadáveres, además de los que eran depositados en las gavetas y sepulcros en el gran patio. Cuando fue destruido el panteón, se temió que aun quedaran miasmas y que la terrible fiebre del cólera volviera a aparecer, pero felizmente no ha sido así. Ese panteón estuvo de moda durante muchos años, allí eran enterrados los vecinos más notables, en su centro se elevaba una bonita capilla que aun se conserva en pie; los pilares situados frente a la puerta principal, tenían esculpidos los caracteres y signos de la muerte: canillas, calaveras, esqueletos y también signos de la iglesia, como tiaras, cruces, hisopos y otros, todo lo cual impresionaba mucho al penetrar en aquel recinto de la muerte.

  "El panteón de Santa Paula estaba rodeado de altas tapias y de una ancha acequia, sobre la cual había un puente de madera que servía para la entrada; al penetrar seguía una calzada enlosada con balaustrados de mampostería a uno y otro lado, con hileras de naranjos, rosales, mirasoles, jazmines y violetas, y en el fondo aparecía la capilla mortuoria. Al rededor del cementerio había una extensa galería en cuyo fondo estaban los nichos de los muertos, cada uno cubierto con una lápida de mármol o metal, en que estaban escritos epitafios y poesías con letras de oro, plata y esmalte. Allí durmieron silenciosamente por largo tiempo varias generaciones reunidas, agrupadas, convertidas en polvo.

  "Entre los sepulcros notables, se desprendía un catafalco gótico con sus ventanas ojivas, con agujetas delgadas y primorosas; otro monumento notable fue el que se levantó para guardar la pierna que el General Santa Anna perdió en las calles de Veracruz, combatiendo a los franceses, resto que fue extraído en el siguiente año cuando la revolución sopló en sentido contrario a la fortuna de aquel general; una columna blanca y esbelta se levantaba sobre el sepulcro.

   "El panteón de Santa Paula, por su ubicación, constituía para los vecinos de la capital un amago y un peligro para la salubridad pública; las emanaciones constantes, principalmente del rumbo del Norte, envenenaban el aire que siendo reinante en México, sin duda causaba males de trascendencia. El terreno del cementerio de Santa Paula, con el transcurso del tiempo, con la inmensa cantidad de cadáveres allí sepultados y por la costumbre de poner cal y cisco en los ataúdes, se había transformado en un misto muy poroso y los miasmas se escapaban libremente a través de la tierra infecta y húmeda, volviendo corrupto el aire que bañaba a la capital; el panteón había sido clausurado varias veces, aunque de hecho continuó sirviendo durante muchos años; pero en 1871 se mandó que fuera definitiva la clausura, y que los panteones quedaran solamente al sur, cerrándose también entonces el de Los Ángeles.

  "Desde esta época quedó para siempre abolido en el Distrito Federal el sistema de nichos en los cementerios y panteones, porque la ciencia demostró que los gases que se desprenden de los cadáveres en los nichos no sufren la alteración que los de los sepultados en la tierra, sino que, escapándose por los intersticios se mezclan con el aire o por la ley de capilaridad traspasa los líquidos en los materiales con que se construyen los nichos. Los existentes no fueron destruidos desde luego, sino que se resolvió esperar por lo menos cinco años tiempo que fue aun mayor para el de Santa Paula.

   "Este panteón que se quiso fuese un adorno de la capital, llegó a ser una obra ruinosa, incompleta, no se notaba allí vigilancia ni cuidado, creciendo la yerba en el suelo como en inculto campo; tenía un aspecto de repugnante desolación, desconsolador y repulsivo; la fachada, aunque menos vulgar, daba a una calle sucia, atravesada con una zanja de aguas corrompidas y verdosas. Tal era nuestro panteón principal  hasta hace pocos años, y hoy no queda ya más que escombros, ruinas sobre las cuales van a levantarse edificios y a pasar una calle que ya se está abriendo". (1)

   Pero... ¿estuvieron los restos de Guadalupe Victoria en el Panteón de Santa Paula, según lo informó en una nota el periódico Excélsior? Al parecer no, pues en las biografías consultadas de este personaje, se indica que estuvo enterrado en Perote, Veracruz, lugar en donde murió, luego trasladados sus restos a Puebla para luego ser enviados a México, para la Rotonda de los Hombres Ilustres y de allí pasar a la Columna de la Independencia. Carmen Saucedo Zarco, en una síntesis sobre los restos de los héroes de la Independencia publicada en el portal del INEHRM, no menciona que hayan estado depositados en Santa Paula, en cambio dice que los de Leona Vicario sí estuvieron allí.

   "Guadalupe Victoria, 57 años, criollo. Murió de apoplejía el 21 de marzo de 1843 en el Fuerte de San Carlos en Perote, Veracruz, donde fue enterrado en su capilla. El Diccionario Porrúa señala que en 1863 sus restos fueron trasladados a Puebla por el general Alejandro García, sin embargo, se trataba únicamente de los ojos y la lengua que estaban en la capilla, en 1923, sus restos fueron exhumados de la capilla del Fuerte de Perote y trasladados a la ciudad de México, donde recibieron homenaje tanto militar como en la Cámara de Diputados; se sepultó en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en donde fue exhumado en septiembre de 1925 para ser llevado al Monumento a la Independencia". (2)

Fuente:

1.-  Rivera Cambas, Manuel. México pintoresco, artístico y monumental. Tomo II. Imprenta de la Reforma. México, 1882. p.67-70

2.- Saucedo Zarco, Carmen.Apuntes para una historia de los restos mortales de los héroes de la Independencia. Mayo, 2010.