jueves, 11 de febrero de 2016

De lo ocurrido dos días antes de la toma de Granaditas

   Te contaba en el artículo anterior de la gran duda que tengo (o ligero desagrado) a que sea celebrada como la fiesta cívica más grande de Guanajuato la del 28 de Septiembre, fiesta que recuerda la "heróica" toma de Granaditas. Hace tiempo, al igual que la mayoría de los mexicanos, al respecto sabía lo del Pípila, la loza que cargó en la espalda, la untada de brea en la puerta, la quema de la misma y la entrada de la turba al interior de la Alhóndiga. Pero, en 2010, cuando leí detalles de lo sucedido realmente ese día, el panorama que vi fue otro. Muy distante de ser una cosa heroica y más bien un asalto, un abuso, un exceso y luego una borrachera con el consiguiente atraco a todos y a todo. Los recelos acumulados durante décadas, como en olla exprés, estallaron ese día y los acontecimientos fueron algo que, creo, dista mucho de la heroicidad. Esto es lo sucedido el 26 de septiembre, dos días antes de la toma de la alhóndiga.

  "Este acontecimiento tan inesperado puso a toda la ciudad en el mayor conflicto por ver el desamparo en que había quedado, reduciendo a un solo punto la defensa; y esto movió al señor alférez real don Fernando Pérez Marañón, a citar un acuerdo que debía presidir el señor intendente, lo que se verificó la tarde del 26 [de septiembre de 1810] en la misma alhóndiga. El citado señor alférez real fue el primero que habló en aquella junta, manifestándole al señor intendente el desconsuelo en que se hallaba toda aquella ciudad por haberse retirado su señoría a aquel punto con toda la tropa, de que resultaba quedar el lugar en un total desamparo, incapaz de defenderse en caso de algún asalto; a lo que contestó el señor Riaño que le había sido indispensable tomar aquel partido, atendiendo a la poca gente que tenía de guarnición, por lo que había elegido aquel lugar por más fuerte, por ser todo de cuartón y bóveda para poderse mantener en él custodiando los reales intereses, hasta morir al lado de ellos como lo tenía de obligación, y que el vecindario se defendiera como pudiera, con lo que terminó el acuerdo y el señor intendente siguió dirigiendo sus obras, tapando por dentro con calicanto una de las dos puertas de aquel edificio, y haciendo preparativos para la defensa con pólvora, balas, y un género de bombas que se inventaron con los frascos de hierro en que viene envasado el azogue en caldo, los que llenos de pólvora y apretados los tornillos, se les hizo un pequeño agujero para ponerles una mecha y arrojarlos a su tiempo a los enemigos, cuyos cascos hechos pedazos al reventar hicieron el mayor estrago.

   Los días siguientes se emplearon en acabar de abastecer el fuerte de algunas cosas que faltaban, y en recoger los más de los caudales de los europeos, quienes creyéndose allí enteramente seguros, metieron cuanto pudieron de dinero, barras de plata, alhajas preciosas, las mercaderías más finas de sus cajones, baúles de ropa, alhajas de oro y diamantes, y cuanto tenían de más valor en sus casas; de modo que en más de treinta salas de bóveda que tiene en su interior aquel edificio, siendo éstas de bastante extensión, casi no se podía entrar a ellas por la multitud de cosas que allí se guardaron, de manera que no bajaría de cinco millones a lo que ascendía el valor de lo encerrado en aquella fábrica. Lo del rey se dice sería como medio millón de pesos en plata y oro acuñado y sin acuñar y setecientos quintales de azogue en caldo. Otras piezas se hallaban llenas de todo género de víveres los que con la provisión de agua del aljibe, mucho maíz y 25 molenderas que también se introdujeron fincaban una cierta esperanza de mantener por muchos días aquel fuerte, sin reflejar que se halla circundado de alturas indefensas, como son el cerro de Cuarto, el del Venado, la azotea de Belén y otras casas que hacen infructuosa la defensa, como lo acreditó la experiencia.

   El día 26 salieron fugitivos de esta ciudad muchos europeos que se mostraban los más valerosos, entre ellos don Modesto de Villa, don José González, don Juan Ortiz, don Juan Portegueda, don Pedro de la Riva, don Juan Zamora, y otros que desaparecieron del fuerte, infundiendo su fuga bastante desaliento en todos los vecinos de esta ciudad, de modo que ya no hubo quien asistiera a las avanzadas de Santa Rosa y Villalpando; pues de ochenta personas que las componían, sólo quedaron de seis a ocho. Al mismo tiempo cesó el entusiasmo de la plebe, diciendo públicamente en las vinaterías y plazas, que ellos no se metían en nada, y se advertía de la oración a las diez de la noche gente baja sentada en las banquetas de la plaza, diciendo, que allí esperaban el saqueo, para ver si les tocaba alguna cosa.

   El día 27 por la tarde se abrieron las puertas del castillo y salió el señor intendente marchando con su gente hasta la plaza mayor, donde la mandó formar en batalla; ésta se componía de cosa de trescientos hombres poco más; la primera y tercera fila de soldados del batallón con sus fusiles y banderas, y la de en medio toda de europeos en diversos trajes, y a los lados dos compañías de 35 hombres de caballería comandados por los capitanes don Joaquín Peláez y don José Castilla, tan mal montados los más de los soldados que los caballos ni hacían al freno, y eran muy ruines y flacos que sin remuda sufrieron las patrullas de las noches antecedentes. Los más de los soldados y europeos quedaron de guarnición en la alhóndiga.

   El viernes 28 de septiembre día terrible y memorable para esta ciudad a las once de la mañana llegaron a la trinchera de la cuesta que sube de la calle de Belén a la alhóndiga don Mariano Abasolo y don Ignacio Camargo, el primero con divisa de coronel y el segundo de teniente coronel acompañados de dos dragones y dos criados con lanzas, y entregaron allí un oficio que traían del cura Hidalgo para el señor Riaño, quien mandó decir por medio de su teniente letrado, que era necesario esperasen la respuesta por tener que consultar antes de darla, lo que oído por Abasolo se marchó inmediatamente, dejando a Camargo que aguardase la respuesta, y antes de que se la dieran, pidió licencia para entrar en el fuerte porque tenía que hablar en lo verbal, la que se le concedió, y desde la trinchera se le condujo con los ojos vendados a usanza de guerra, hasta que llegó a la pieza donde debía estar. Allí se le quitó la venda y estuvo en conversación con el teniente letrado, don Francisco Iriarte, don Miguel Arizmendi y otros individuos en cuya compañía se le sirvió la sopa, y se mantuvo conversando hasta que se le despachó.

   Ínterin pasaba esto, hizo juntar el señor intendente a todos los europeos y oficiales de tropa, y mandó que en voz alta se le leyese el oficio, que acababa de recibir, el cual en sustancia decía “que el numeroso ejército que comandaba lo había aclamado en los campos de Celaya por capitán general de América, y que aquella ciudad con su ayuntamiento lo había reconocido por tal, y se hallaba bastantemente autorizado para proclamar la independencia que tenía meditada; pero que siéndole de obstáculo los europeos le era indispensable recoger a los que existían en este reino y confiscar sus bienes, y así le prevenía que se diese por arrestado con todos los que le acompañaban, a quienes trataría con el decoro correspondiente y de lo contrario entraría con su numeroso ejército a sangre y fuego, y sufrirían el rigor de prisioneros de guerra, firmando Miguel Hidalgo capitán general de América.” Al pie de dicho oficio le decía al señor intendente “que la amistad y buena ley que le había profesado le hacía ofrecerle un asilo para su familia, en caso adverso.”

   Acabado de leer el oficio dijo el señor intendente “Señores ya ustedes han oído lo que dice el cura Hidalgo; este señor trae mucha gente, cuyo número ignoramos, como también si trae artillería, en cuyo caso, es imposible defendernos. Yo no tengo temor, pues estoy pronto a perder la vida en compañía de ustedes pero no quiero crean que intento sacrificarlos a mis particulares ideas. Ustedes me dirán las suyas que estoy pronto a seguirlas.”

   Un profundo silencio siguió a esta peroración, los más pensaban rendirse considerando la poca fuerza con que contaban; otros se hallaban con el corazón atravesado de pena en consideración a sus familias que habían dejado expuestas en la ciudad, pero temían ser los primeros en levantar la voz, hasta que lo hizo don Bernardo del Castillo, diciendo “no señor no hay que rendirse, vencer o morir” y oído por los demás, siguieron su dictamen y el señor intendente luego que estuvo satisfecho de la voluntad de todos se salió a contestar diciendo continuamente ¡Ah, ah, pobres de mis hijos los de Guanajuato!. Con la mayor entereza respondió el oficio al señor Hidalgo diciendo “que no reconocía más capitán general de la América que al excelentísimo señor virrey don Francisco Javier de Venegas, ni podía admitir otra reforma en el gobierno que la que se hiciese en las próximas Cortes que estaban para verificarse, y que en esta virtud estaba dispuesto a defenderse hasta lo último con los valerosos soldados que lo acompañaban”, firmando con tal serenidad como si despachara su correo ordinario. Al pie del oficio le contesta la carta particular al señor Hidalgo diciéndole “que la diferencia en modos de pensar no le impedía darle las gracias por su oferta y admitirla en caso necesario.”

    Despachado con esto a Camargo, comenzó el señor intendente a dar sus disposiciones para recibir al enemigo, colocó tropa en la trinchera y el resto con los europeos, parte en la plazoleta de fuera de la alhóndiga y parte en la azotea donde se puso bandera de guerra; las dos compañías de caballería se hallaban formadas dentro de las trincheras para defenderlas; se proveyó de cartuchos y demás necesarios, tomando la tropa un corto refresco; algunos sacerdotes y religiosos confesaban al que quería y todo estaba listo pero tanto en las alturas como alrededor del fuerte no se veía más que la plebe sentada como quien aguarda alguna diversión. (1)

Fuente:

J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. No. 157 - Tomo II. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007

martes, 9 de febrero de 2016

De lo ocurrido en Guanajuato tres días antes del 16 de septiembre de 1810

    Si no eres de Guanajuato o has estado allí en septiembre no sabrás que hay una conmemoración más grande aun que el Grito del 15 o el desfile del 16. Se trata de la ceremonia de Renovación del Fuego de la Libertad, que se realiza el 28 de septiembre día del aniversario de la toma de Granaditas, de hecho el 28 de cada mes -tengo entendido- se hace una ceremonia a la que asisten algunas escuelas primarias de determinados municipios del estado de Guanajuato, pero ese día, en septiembre la ciudad se paraliza pues mucho se ha ensalzado (o exaltado) lo ocurrido en la toma como acto heroico, pero, al leer lo sucedido en los reportes de la época nos deja más bien un mal sabor de boca. Entiendo que, por ejemplo, en París se celebra con gran alegría el 14 de Julio la Toma de la Bastilla, y nadie recuerda de los horrores ocurridos allí, algo similar (creo) ocurre con la fiesta del 28 de septiembre en Guanajuato.

  Esto que a continuación transcribo, es la primera parte de la Relación de lo ocurrido en Guanajuato desde el 13 de septiembre hasta el 11 de diciembre de 1810. Documento emitido en Guanajuato el 11 de diciembre de 1810.

   "El jueves 13 de septiembre de 1810, se dio la noticia al señor don Juan Antonio de Riaño, intendente de esta capital, por don Francisco Bustamante capitán del batallón de ella, de que el cura de Dolores don Miguel Hidalgo, asociado de los capitanes del Regimiento de la Reina don Ignacio Allende, don Juan Aldama y don Mariano Abasolo, tenían formada una conspiración para sorprender la noche del 1º de octubre a todos los europeos avecindados en esta ciudad, apoderándose de sus caudales, y que para esto se habían coligado con los sargentos de este batallón Juan Morales, Fernando Rosas, e Ignacio Domínguez, y con el tambor mayor José María Garrido, a fin de que estos ganasen a los soldados que estaban de guardia y ayudasen en la empresa. No quiso el referido señor intendente creer a primera vista semejante denuncia, hasta que por el citado Bustamante se le hicieron ver documentos que justificaban su aserto, además que Garrido se delató voluntariamente, manifestando 70 pesos que había recibido para el proyecto. Luego que el señor Riaño estuvo satisfecho de la verdad del caso mandó a Garrido fuese a Dolores y le trajese una noticia individual de las disposiciones del cura Hidalgo, conminándolo con pena de la vida si no desempeñaba bien el encargo.

   Ínterin esto se verificaba comisionó al sargento mayor don Diego Berzabal, para la prisión de los sargentos cómplices, la cual se verificó la madrugada del 14 de septiembre sin percibir el público la causa de ella; y examinados por el comisionado confesaron de liso en llano todo el hecho. Volvió Garrido de su expedición, y dio parte de que el cura Hidalgo tomaba con eficacia las medidas para verificar su proyecto en el día citado, lo que oído por el señor intendente, mandó se le pusiese en la prisión que a los demás para que no sospechasen su delación. Inmediatamente libró orden al subdelegado de San Miguel el Grande, para que aprendiesen a los capitanes Allende y Aldama, y que con la mayor violencia pasase al pueblo de Dolores e hiciese lo mismo con el cura Hidalgo y don Mariano Abasolo. Al mismo tiempo encargó a don Francisco Iriarte, que casualmente se iba a la villa de San Felipe inmediata al pueblo de Dolores, que observase los movimientos del cura y le diese parte de la más ligera novedad.

   El martes 18 de septiembre, día en que Guanajuato se hallaba lleno de consternación y sentimiento, por haberse enterrado al virtuoso y benéfico europeo don Martín de la Riva, al acabarse sus funerales a las 11 1/2 de la mañana, llegó un expreso mandado por Iriarte, el que daba parte al señor intendente, que habiendo interceptado el capitán Allende la orden que su señoría mandaba al subdelegado de San Miguel el Grande que queda referida, se fue a Dolores donde llegó el día 15 a las 12 de la noche, conferenciando con el cura Hidalgo se levantó éste, y con 5 hombres voluntarios y 5 forzados comenzó su empresa, prendiendo a 7 europeos de Dolores, incluso el padre sacristán, confiscando y repartiendo sus bienes, lo mismo hicieron en San Felipe el día 16 caminando con todos los presos para la villa de San Miguel donde había ejecutado lo mismo, de donde por momentos con multitud de gentes que se le habían asociado debía venir a esta capital.

   Sorprendido con la noticia el señor intendente mandó tocar generala, se juntó el batallón que estaba sobre las armas, y casi todo el vecindario así europeos como americanos, y un gran número de plebe. Al mismo tiempo se veían correr hombres a caballo y a pie por todas direcciones; se cerraron las puertas de las casas. La comunidad de San Diego se presentó en la puerta del templo enarbolando un Santo Cristo. Las plazas quedaron solas y todo causaba el mayor horror y confusión. Cerciorado el público del hecho, se le advirtió el mayor empeño de entrar en acción con los enemigos, los que según el general entusiasmo si entran aquel día hubieran perecido sin remedio; y se aseguraba estaban a tres leguas de esta ciudad. A las 2 de la tarde mandó el señor intendente juntar en las Casas Reales a los prelados de las religiones, eclesiásticos y vecinos distinguidos, exhortándolos y noticiándoles estos hechos, asegurándoles que le parecían muy bastas y fundadas las medidas del cura, y temía con fundamento que dentro de 6 horas sería su cabeza el escarnio del pueblo".

  “En la tarde se condujeron maderas cerrando las bocacalles principales, con trincheras y fosos, poniendo a los vecinos sobre las armas, estableciendo patrullas de a caballo, mandando avanzadas de 40 hombres a Santa Rosa, Villalpando y Marfil, puntos por donde se temía la invasión. El jueves 20 a la una de la mañana se tocó generala, por haber dado parte la avanzada de Marfil de que se descubría gente enemiga, y se puso la ciudad en movimiento, aunque se advirtió no reinaba ya el entusiasmo que el primer día, pero se atribuyó a lo incómodo de la hora, y este movimiento duró hasta las 2 1/2 de la mañana en que llegó nuevo parte, diciendo no haber nada, y que la causa fue dos balazos que se le antojó tirar al cura de Marfil. Seis días se mantuvo este género de fortificación guardándose una vigorosa disciplina en la guarnición, como en la mejor plaza de armas.

   El lunes 24 del mismo amaneció la ciudad sin las trincheras y cegados los fosos, cosa que se extrañó demasiado hasta que se tuvo noticia de que la noche anterior, había dispuesto el señor intendente, hacerse fuerte en la nueva y hermosísima alhóndiga de Granaditas, situada en la entrada principal de esta ciudad, en una pequeña altura, lo cual verificó dicho señor retirándose a ella, y llevándose consigo cuanto existía en la Real Tesorería de plata y oro acuñado, en barras, azogue en caldo, bulas, papel sellado, archivo, incluso el de la ciudad, y cuantos utensilios existían en aquella real casa, con la Caja de Provincia, que contenía los caudales de propios, y bienes de comunidad, señalando una pieza donde asistiesen los ministros de Real Hacienda y demás oficiales. Hecho esto mandó construir tres trincheras en las tres calles principales que conducen a dicha alhóndiga, con maderas de encino y fosos en que se trabajaba con la mayor actividad, dejando una especie de plazoleta que circundaba a la misma alhóndiga.

   Hizo entrar en ella al batallón de infantería, dos compañías de Dragones del Príncipe que vinieron de Silao, la mayor parte de los europeos y muchos americanos decentes, todos armados, con lo que se creyó seguro de poderse mantener por muchos días hasta que le llegase alguno de los auxilios que había pedido con expresos al excelentísimo señor virrey de México y al señor comandante de brigada don Félix Calleja, y para sostenerse en caso de sitio, acopió todo género de víveres capaz de mantener por tres o cuatro meses a 500 personas que compondrían la guarnición del fuerte”. (1)


Fuente:

1.- J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. No. 157 - Tomo II. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007

domingo, 7 de febrero de 2016

Miguel Hidalgo y Costilla, sus monumentos, -19-

426.- Comenzamos esta decimonovena parte de la serie de "monumentos" que igual incluye pinturas que bustos que viñetas, con una de los tantos dibujos para colorear con la imagen del Padre de la Patria, digamos que estas son con fines didácticos.

427.- Me parece extraño este monumento, en el sentido de que representa al  Padre de la Patria justo en el momento de su ejecución, se localiza en Chihuahua, Chihuahua.

428.- Un Hidalgo en versión electrónica, en la portada del libro de Tejupilco, Nido de Águilas.

429.- Hidalgo en un mural de Cuernavaca.

430.- Una placa con el busto de Hidalgo en Chihuahua, Chihuahua.

431.- Una "estampita" que usan en las escuelas primarias, con la imagen de don Miguel Hidalgo.

432.- Hace ya tiempo que encontré esta imagen, pero no recuerdo a qué sitio corresponde.

433.- Un busto de Hidalgo creo que en Meoqui, Chihuahua.

434.- Este monumento a Hidalgo se localiza en Salamanca, ya lo había incluido en el conteo, pero esta vez la imagen apunta a la placa robada recientemente.

435.- Creo que también es en Meoqui, no estoy del todo seguro.

436.- Un caballero Hidalgo en cera, visto en Lagos de Moreno, Jalisco.

437.- El problema que tengo ahora es que, como ya son menos frecuentes los nuevos monumentos, dibujos o pinturas del cura de Dolores, las acumulo y olvido, de dónde provienen.

438.- Un Hidalgo integrado a una caricatura de Porfirio Díaz en El Hijo del Ahuizote.

439.- Este dibujo lo encontré en un libro que pretende hacer más cercana la historia a los estudiantes de primaria.

440.- Un Hidalgo bajo proceso de impresión tipo "comic".

441.- La viñeta la encontré publicada en un periódico del norte del país, La Vanguardia.

442.- Viñeta del Cura Hidalgo, a caballo, de sombrero y con el estandarte.

443.- Un Miguel Hidalgo en cera, ya no está en exhibición, era del Museo Hidalgo en Salamanca.

444.- Un Hidalgo napoleónico... por lo de la mano.

445.- Monumento a Miguel Hidalgo en Colima, Colima.

446.- Una especie de parafraseo (de imágenes) con el "Grito" de Munch.

447.- El más irreverente de los Hidalgos es el que personifica Alejandro Calva en la serie de comedia televisiva "Drunk History".

448.- La irreverencia no tiene límites...

449.- También en Salamanca, este dibujo (arte urbano) en la pared de la Escuela Pemex.

450.- Me abstengo de todo comentario.

viernes, 5 de febrero de 2016

Las Estelas de la Ruta de Hidalgo nunca colocadas entre Burras y Marfil.

   Hace seis años, en estos días me encontraba inmerso en la búsqueda de documentos, mapas, relatos, libros y todo aquello que me fuera iluminando en saber el camino seguido por Hidalgo al frente del ejército Insurgente, la primera semana del recorrido, que fue de Dolores a Salamanca me fue fácil de entender pues el rumbo me era familiar, lo complicado comenzó una vez pasando de Irapuato unos, de Temascatío otros, por ajuntarse en Jaripitío y enfilar rumbo al real de minas de Santa Fe de Guanajuato. Llegando a Burras, en el pasaje conocido en la Historia de México como la Intimación (por cierto, la escuela rural que se instaló en lo que fuera la casa grande de la Hacienda lleva ese nombre). La ruta que continuó luego de Burras en ese momento me fue complicada, pues eran rumbos prácticamente desconocidos, como quiera continué con las publicaciones. Ahora encuentro un mapa del que fue el Camino Real, no en 1810 sino en 1850 que me confirma el derrotero seguido.

   Se dice que el 19 de Septiembre, tres días después del inicio del movimiento de insurrección, ese día salen de San Miguel el Grande, llegan a Chamacuero, pasan la noche allí, van rumbo a Celaya y algunos autores establecen que el día 20 pasan por el pueblo de San Juan de la Vega, la hacienda de Santa Rita, y dan un rodeo debido a la crecida que había dado el río de La Laja, pasando por Apaseo (el Grande), entrando a Celaya al día siguiente, 21 de Septiembre. en donde permanecen dos noches unos, tres otros. El 23 salen unos (otros lo harán al día siguiente), pasando por el rancho del Guaje, el molino de Sarabia, llegando a Salamanca. 

  Era septiembre, mes en el que regularmente las lluvias eran abundantes, seguramente la Charca estaba crecida, impidiendo el paso regular hacia Irapuato, es así como el contingente sale el 25 (unos, otros lo harán el 26) rumbo a Temascatío para de allí doblar rumbo a Irapuato, pasarán dos noches en la congregación, luego se unirán a los que se quedaron en el camino más allá de Temascatío, por el rumbo de Jaripitío (actual Aldama) en donde todos se unirán para llegar a la Hacienda de Burras. Algunos autores insisten en que se desviaron a Silao, cosa que no creo debido a la pérdida de tiempo que representaba moverse al poniente para luego seguir al oriente, lo más seguro fue que, debido a que la noticia del levantamiento ya era conocida por todo el Bajío, muchos quisieron adherirse a los insurrectos, quizá los de Cuerámaro, Romita y Silao lo hicieron, pero el contingente Insurgente estaba ya acantonado en Burras, amanecía el 28 de Septiembre cuando ocurre el pasaje de la "intimidación", que no era otra cosa que la advertencia que hacía Hidalgo a su amigo, ahora enemigo, Riaño de que de no rendirse tomaría la ciudad.

  Si me seguiste en este espacio en 2010, cuando recorrimos punto por punto la Ruta de Hidalgo, recordarás que lo hice en base al libro del Prof. Felipe Jiménez de la Rosa, él establece que de Burras continuó a la Venta de la Purísima (Estela No. 19), lo cual concuerda claramente con lo anotado en el mapa, pero vemos que había otra venta más, la de San Cayetano, quizá esa fue colocada luego de la Independencia, no lo sé. En el mapa el camino sigue por Santiaguillo (Estela No. 20), El Pedregal, Puentecillas (Estela No. 21), Cuevas y El Pulque. Es allí en el Estanco del Pulque en donde el Prof. de la Rosa establece otro sitio en donde se colocaría (hipotéticamente) una estela de Cabeza de Águila más, la número 22; el profesor marca un punto más que no vemos en el mapa: El Retiro, que tal vez sea ese que vemos como Capilla de San Miguel, esa sería la Estela número 23. La siguiente estela sería colocada (de nuevo, hipotéticamente) en Marfil (Estela No. 24), luego en La Yerbabuena que en la actualidad es un barrio dentro de la ciudad de Guanajuato que correspondería a la Estela número 25 del proyecto de 1960.

  En 2010, dentro de las celebraciones del Bicentenario, fueron colocadas algunas Estelas, réplicas un poco (mucho) malas de la original creada por Chávez Morado, una de ellas en Melaldo, que es la que vemos en la imagen, otra más en San Felipe, ambas no estaban contempladas en el proyecto original. Fueron repuestas la de la Alhóndiga y una más en dónde estaba el destacamento del Ejéricto del Príncipe, en donde estuvo la unidad habitacional conocida como Rentas del Estado, y ahora está, entre otras cosas un restaurante Vip's.  Pero del derrotero entre Burras y Marfil, al parecer, no lo tomaron en cuenta.


viernes, 22 de enero de 2016

Miguel Hidalgo, el hacendado asediado.

   De las muchas facetas que hay en torno a la persona del Cura Hidalgo, hay una que está fuera de la iglesia o de los colegios (sacerdote o maestro) y  lo pone en su carácter de hacendado y empresario pues él, junto a su hermano Manuel, compraron tres haciendas en la jurisdicción de Taxiamora, actual Ciudad Hidalgo, Michoacán; se ha dicho que fue debido a los problemas de liquidez que tenía con ellas y a la implementación de los vales reales que, para salvar su patrimonio, se lanza -dicen por ahí- a la guerra y que muchos de los que lo siguieron lo hicieron porque estaban bajo lo misma problemática. El tema va dando muchos giros y para tener al menos una ligera idea, de cuáles eran los problemas que había un par de décadas antes del inicio de la guerra, encontramos esto: (La imagen la tomé a la entrada de Ciudad Hidalgo, no me bajé allí por los rumores de "estar caliente" la zona.)

Irimbo, 6 de agosto de 1795.

  En el pueblo de Irimbo a seis días del mes de agosto de mil setecientos noventa y cinco, (Ver Nota 1) ante don Rafael Velázquez, teniente y Justicia de este partido con superior autorización en el título que se escribió conforme el señor Ignacio Guerrero Manzanares, subdelegado de Justicia de la jurisdicción de Zitácuaro y con aprobación de su majestad (Dios lo guarde) los autos que se levantaron con testigos de asistencia a falta de escribano, según derechos que se presentan, y su tenor es el siguiente:

  Don Luis Gonzaga Correa, administrador de correos de Tuxpam y arrendatario de la hacienda de Santa Rosa Jaripeo en esta jurisdicción por el licenciado don Miguel Hidalgo, cura y juez eclesiástico del pueblo de los Dolores.

  Dueño de la expresada hacienda, cuyo poder debidamente presento y por el ocurso a que haya más lugar en derecho, ante usted parezco y digo: que en el Archivo del cargo de usted existe un compromiso otorgado por los naturales del pueblo de Irimbo y don Matías de Rivas y Solar en el año de mil setecientos cincuenta relativo a la estabilidad o permanencia del curso de las aguas necesarias a las labores del potrero de San Nicolás y altos de Santa Rosa, de cuyo compromiso la integridad de usted se ha de servir mandar se me dé testimonio para los ocursos que más convengan.

Por tanto:

  A usted suplico mandar proveer como llevo pedido, que es de justicia, juro en forma lo necesario.
Luis Gonzaga Correa
[Rúbrica]
[Fuente: RAPE, Aspectos, pp. 145-146.]

Notas:

1. 6 de agosto de 1795, Irimbo. "Este documento se localiza en un cuadro que se conserva en la sala de cabildo del H. Ayuntamiento de Irimbo, Michoacán. Debemos a la amabilidad de los señores Manuel y Roberto Villegas el haber podido transcribirlo." [RAPE]

2. RAPE: Aspectos de la vida preinsurgente de Hidalgo (Hacendado, litigante y administrador).

Fuente:

Miguel Hidalgo y Costilla. Documentos de su vida 1750-1813. 4 Tomos. Investigación, recopilación, transcripción, edición y notas: Felipe I. Echenique March y Alberto Cue García. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, primera edición. 2009. Volumen I: 1750-1799. 662 pp.


martes, 19 de enero de 2016

De la curiosa celebración del 16 de septiembre de 1840

   Comento una vez más lo difícil que se ha vuelto el encontrar nuevos datos que pueda incluir en este blog que está dedicado, bien lo sabes, a los monumentos de la Ruta de Hidalgo, colocados durante el Sesquicentenario en 1960 para marcar el camino que siguió el cura Hidalgo con la información que en ese año en el que se conmemoraban los 150 años del inicio de la guerra de Indpendencia se contaba. La ruta fue luego corregida en ocasión del Bicentenario pues nuevas investigaciones dieron luz a ciertos tramos de los que no se tenía certeza, como el de Aculco, antes y después de la derrota del 7 de noviembre. El posterior a la otra derrota, la de Calderón, sigue cubierta con el halo del misterio, quizá para el próximo bicentenario, el de 2021, se logre aclarar el derrotero seguido. Pero no me he limitado a lo que es propiamente la ruta, hemos abundado en rescatar datos de la participación de la mujer en el movimiento así como de esa curiosa (¿o extraña?) filia que tenemos sobre los huesos y cenizas de los héroes. Además de curiosidades acontecidas durante la guerra.

   Una fuente que de pronto nos da información es la llamada novela costumbrista, esas publicaciones tan socorridas en el siglo XIX en el que se ensalzaron grandemente las hazañas de los héroes, como en Gil Gómez el insurgente de Juan Díaz Covarrubias, o publicaciones de carácter autobiográfico como Con el cura Hidalgo en la guerra de Independencia de Pedro García. Hubo también diarios, como el de José Xavier Argomaniz; en todos ellos se abonan pasajes que nos ayudan a un mejor entendimiento de lo ocurrido a lo largo de los once años que duró el movimiento insurgente. Y lo que hoy nos ocupa es apenas un párrafo que extraigo de una novela, de las breves, que se escribieron en el siglo XIX. se trata de Chucho el Ninfo, nombre por demás curioso, como curiosa es su historia, y es allí en donde encuentro esto:

   "El 16 de Setiembre del año de 1840, á eso de las siete de la noche, las calles de la Merced ostentaban mayor número de faroles en sus balcones y puertas, no precisamente porque en aquel día se celebrase el trigésimo aniversario de nuestra independencia, sino porque en ese mismo día había comenzado el novenario de Nuestra Señora de la Merced, y este acontecimiento solía entonces conmover más á los fieles que todas las glorias de la patria". (1)

  Contundente es, sin lugar a dudas, lo que el autor del Ninfo, de seudónimo Facundo, eso que nos dice del glorioso XXX Aniversario. Hay que anotar que esa es una novela, no es una recapitulación de los hechos, pero esas novelas siempre se basaban en acontecimientos de la época.

  Y cabe también aclarar que las fotos que acompañan a esta nota son de lo que pude ver del convento de la Merced hace poco más de un año que anduve por ahí.

Fuente:

1.- Facundo. Historia de Chucho el Ninfo. Ignacio Cumplido, editor e impresor. México, 1871. p.11

viernes, 25 de diciembre de 2015

Una estatua de José María Morelos vandalizada

   "El 18 de julio de 1953, el presidente de la república, Adolfo Ruiz Cortines, le donó al Gobierno del Estado de Morelos un predio que se ubica en el kilómetro 46.960 de la autopista México-Cuernavaca, justo en los límites con el Distrito Federal, en donde se colocó un grandioso monumento de piedra de don José María Morelos y Pavón, obra de Everardo Hernández. La escultura de Morelos medía unos 7 metros de alto, estaba de pie, con su brazo derecho extendido y señalando con su dedo índice a la entidad que lleva su nombre. La obra fue inaugurada por el presidente de la república y por el gobernador del estado, Rodolfo López de Nava, el 15 de septiembre de 1954.  Esta  obra fue demolida y sustituida en 1986 por una escultura ecuestre de Morelos, realizada en bronce por los artistas Ernesto Tamariz, Artemio Silva y Eduardo Tamariz. Esta fue  inaugurada por el presidente Miguel de la Madrid." (Tomado de Diario de Morelos.)

  Esta era la estatua original, la cual fue sustituida por la que vemos en la primera fotografía pero ocurrió que, en diciembre de 2012 la estatua ecuestre fue robada ¿cómo es posible que una estatua de bronces sea robada y más aun cuando se localiza en una de las autopistas de mayor tránsito vehicular en México?

   Pues sí, esto fue lo que ocurrió, las patas del caballo fueron cortadas y derribado el cuerpo de la estatua, esto con el fin de fundir el metal y venderlo. Un acto de vandalismo que a la fecha no ha sido sancionado, ni tampoco ha sido rescatado el monumento. Se antoja increíble, pero sí, esto ocurrió. Para leer más al respecto, entra aquí.