lunes, 5 de julio de 2010

San Juan Xalpa, municipio de San Felipe del Progreso, Estado de México. Cabeza número 49

Era el 27 de septiembre cuando la tropa Insurgente atravesó los llanos de San Juan Xalpa localizado entre San Felipe del Progreso e Ixtlahuaca, no lejos de allí a menos de dos leguas se localizaba la hacienda de Tepetitlán, docenas de ranchos serían atravesados por los ochenta mil revolucionarios.


Esta vez quisiera compartir contigo como fue que di con esta Cabeza de Águila. En buena medida nos da una idea de lo que es el México real, el del 2010. Como te lo comenté, llegué a San Felipe del Obraje ya de noche, razón por la cual las fotografías de esa Cabeza tienen un tinte de misterio, eso debido a que se ubica en la parte poniente de la población y no tenía idea de en donde me encontraba, la día siguiente, ya con luz, pude ver lo que hay en la ciudad de San Felipe del Progreso y fue como pude localizar, luego de preguntar a docenas de personas en la calle, si habían visto más estelas de Cabeza de Águila en las cercanías, supe que había una en San Juan Xalpa.


Pregunté que si podría llegar caminando allí, me dijeron sí, está aquí bien cerca, así que, hacia allá me enfilé, estaba cayendo la tarde, caminé uno, dos, tres kilómetros y no veía la comunidad. Pasé por un templo, muy ornamentado al estilo que se usa en el estado de México, con una especie de arco triunfal, de arco florido en la fachada, luego, más adelante encontré otro, uno en mitad de un campo de labranza, el color intenso de la barda del atrio contrastaba fuertemente con el color ocre de la tierra, el frío se sentía ya y no encontraba ninguna Cabeza de Águila. Decidí quedarme una noche más en San Felipe a fin de localizar la Cabeza en Xalpa.


Al día siguiente, muy temprano, pregunté nuevamente sobre las ubicaciones de las estelas. La mayoría me decía que no sabía de ellas. Hubo alguien que me preguntó que para que las buscaba y le conté sobre este sitio. Ah, me dijo, como tratándome de aconsejar. Es que usted solo hace la pregunta y ya. Y aquí todos están ya muy escamados, uno nunca sabe que es lo que busca la gente, y cuando se aproximan con cualquier pregunta, más bien nos da temor, por eso no respondemos o solo decimos no para no seguir hablando.


Triste realidad, pensé. Estamos ya en el punto en el que no hay confianza de nadie para nadie, en donde no sabemos si las intenciones son buenas o malas, eso no es privativo del Estado de México, lo es casi en todo el país pues, en este año del Bicentenario el temor se siente por todos lados. Temor a ser asaltado, especialmente. Igual como sucedió hace cien años, cuando los bandidos y asalta caminos se multiplicaban por la geografía nacional, o hace ciento cincuenta años, en mitad del siglo XIX cuando algunos incluso llegaron a formar parte del registro de leyendas de nuestro país.


Finalmente llegué al lugar donde se ubica la Cabeza de Águila en San Juan Xalpa, en verdad impresionante. Hasta ahora ha sido la que mayor impacto me ha producido, verla en mitad de un campo recién labrado, en un cruce de caminos que lo que no tiene son vehículos que transitan, en una comunidad rural que está esparcida en una buena cantidad de kilómetros cuadrados.


El día apenas levantaba todavía quedaba un poco, muy poco, de neblina, del gris estábamos pasando a los colores tan característicos del campo. El silencio era abrumador, pocas aves, un rebuznido a lo lejos… me senté allí mismo en el campo, sintiendo la tierra un poco húmeda. Me dejé absorber por el momento, por la sutil, frágil y cándida belleza de un día que comienza en una zona donde la pobreza salta a la vista.


Por aquí pasó el ejército Insurgente, por aquí se libró una batalla cuando la guerra de la Reforma. Seguramente hubo algún levantamiento durante la Revolución, solo que, aquí las cosas siguen igual. Es la mera zona mazahua, es el lugar en donde se usan los reglamentos de “usos y costumbres”, algo alcancé a ver en la delegación, una discusión sobre no se que cosa… vi que el tiempo y los hechos solo han pasado y no han dejado mucho.


Vi también otra cosa que ya sabemos o que, estamos tan acostumbrado a ello que, cuando lo vemos no le ponemos mucha atención. Que por el rumbo que sea, por cualquier parte del país por donde pasamos vemos una belleza tal que, definitivamente, somos afortunados y bendecidos por la abundancia que la naturaleza nos dio.




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