domingo, 10 de marzo de 2019

Una carta del cura de Guanajuato Br. D. Antonio Lavarrieta, 1810

   Ha sido un poco larga mi ausencia en la actualización de artículos, notas, apuntes, sobre la Guerra de Independencia en su etapa inicial, esta vez, como me encuentro trabajando en un texto que habla precisamente del tiempo que va del Grito de Dolores (16-IX-1810) al Sitio de Cuautla (19-II-1812) aprovecho para transcribir algunos documentos que creo son interesantes y que me están sirviendo de referencia a mi trabajo.

  En este caso se trata de una carta que el Cura y Juez Eclesiástico de la ciudad de Guanajuato envía a Calleja haciéndole notar de la confusión que hubo al considerarlo del bando Realista y saqueada su casa cuando ocurrieron los sucesos de Granaditas en septiembre y la Toma de Guanajuato en Noviembre de 1810:

Villa de León, 19 de diciembre de 1810.

Señor general de los ejércitos españoles de pacificación

  El doctor don Antonio Lavarrieta, cura y juez eclesiástico de Guanajuato, ante vuestra señoría con todo el acatamiento debido a su alta representación y a las augustas funciones que ejerce, digo: que la reconquista que vuestra señoría hizo en dicha ciudad, sacándola de la opresión en que la tenían los insurgentes, me cogió en Valladolid, a donde me llevó el deseo de conservar mi casa, condenada al saqueo y la rapiña, porque mi hermano político don Domingo Torices es europeo, y se le supuso arbitrariamente que militaba bajo los estandartes de vuestra señoría.

La certeza de este motivo la acreditan la carta que manifiesto a vuestra señoría y la certificación del señor conde de Sierra Gorda y gobernador actual de la diócesis, y fuera de esto es público y notorio.

Noticioso yo en Valladolid de que vuestra señoría me había buscado en Guanajuato, y que allí se habían hecho informes siniestros de mi conducta por personas que o tratan de levantar su fortuna sobre ruinas ajenas o que quieren vengar resentimientos privados y manados del gobierno que allí he tenido, o que fiscalmente tratan de hacer la corte a los altos personajes con denuncias y murmuraciones, determiné venirme a presentar a vuestra señoría para que residenciara mi manejo y desenvolverle las miras y fines que me había propuesto en acercarme de continuo a los insurgentes, cosas que ni antes ni a todos se podrían revelar sin hacerla perder su eficacia.

Llegué en efecto antes ayer y supe lo mal impresionado que vuestra señoría estaba; resolví por último presentarle esta representación después que hable con vuestra señoría y le explique por mayor todo el misterio de mi conducta.

Vuelvo a confesar a vuestra señoría con toda la franqueza de un hombre de bien, que en obsequio de la humanidad y por obviar atentados que la ultrajaban, me abocaba de continuo con los insurgentes, tal vez hablaba en idioma y al parecer me conducía como ellos, porque con esa moneda creía negociar o comprar garantías para los europeos, sus familias y muchos americanos que la adulación y la intriga daban por reos.

A esto se agrega el poco espíritu que yo tengo, que hacía temer mil peligros a cada paso y no hallar otro asilo que el de la lisonja.

Confieso que el tribunal de la fidelidad nada de esto me indemniza; porque defecto, cobardía, toda neutralidad, y lo que es más, el no ser partidario abierto de la buena causa, es un crimen; pero un crimen de flaqueza y no de designio o premeditación.

Persuadido de ello, no trato ya de vindicarme sino de acogerme a la real clemencia, impetrando como impetro el real indulto, que vuestra señoría ha publicado a nombre de nuestro piadosísimo rey el señor don Fernando VII ofreciendo otorgar en manos de vuestra señoría el juramento de fidelidad más circunstanciado y solemne, por el que me obligaré de buena voluntad a despreciar todo temor y declararles una guerra abierta a estos insurgentes enemigos de la patria y de la religión;

Y por último a compensar cuanto pueda con nuevos servicios al Estado la tal cual mancha que hubiere contraído, procurando mantener en paz y fidelidad el pueblo de Guanajuato que ha sido a mi cuidado, e inspirarles a mis compatriotas ideas de fidelidad.

Protesto a vuestra señoría que mi corazón siempre ha estado por el gobierno, que sobre el despotismo y opresión de los insurgentes pudieron haberme hecho declinar un algo las ideas de humanidad que me propuse seguir.

Sírvase vuestra señoría pues en virtud de sus viceregias facultades declararme indultado, ad-cautelam aceptar el juramento y oferta que le hago, y en seguida mandarme dar mi certificado en los términos que a vuestra señoría le parezca para mi futuro resguardo.—

Por tanto.—

A vuestra señoría suplico se sirva otorgarme esta gracia, por la que quedaré eternamente reconocido.—

Antonio Lavarrieta.—

Villa de León, diciembre 18 de 1810.—

Admito las protestas que el convencimiento y razón arrancan del suplicante; declaro en su favor el indulto, y en su consecuencia, otorgado el juramento que ofrece y que prestará en mis manos, restitúyasele a su curato, en que espera el gobierno que desmentirá con hechos, con palabras y por todos los medios que caben en su corazón sincero, las malas impresiones que ha hecho en el público su conducta; y denle para su resguardo copia certificada de este escrito y mi decreto.—

Calleja.

Don Bernardo Hernández Villamil, teniente coronel graduado de caballería y primer ayudante general del ejército del centro.—

Certifico: que habiéndose presentado a las 10 1/2 de la mañana de este día en el alojamiento del señor general de este ejército, brigadier don Félix Calleja el doctor don Antonio Lavarrieta, cura y juez eclesiástico de la ciudad de Guanajuato, a efecto de prestar el juramento que expresa el anterior decreto, lo verificó en manos de su señoría y a presencia del señor conde de la Cadena, del cura y juez eclesiástico de esta villa don Tiburcio Camilla, y del de Silao don Gregorio Bustillos, jurando in verbo sacerdotis.

Defender abiertamente y sin disimulo, los derechos del trono, la paz de los pueblos y la observancia de las leyes patrias; predicar, persuadir y exhortar a sus feligreses a que las defiendan igualmente, haciéndoles conocer los males en que envuelven al reino los sediciosos, y manifestándoles los errores, injusticias y crímenes de que se han cubierto;

Expresando además que no sólo procuraría convertir al pueblo en favor de la justa causa, siendo uno de sus principales promovedores hasta perder la vida, si necesario fuere, sino que respondía de su fidelidad; cuyas protestas repitió varias veces; todas las cuales fueron admitidas por el citado señor general, de cuya orden pongo el presente documento para los

efectos correspondientes.—

Villa de León, diciembre 19 de 1810.—

Bernardo Villamil.—

Es copia. (Ver nota 1)

Fuente:

J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

Versión digitalizada por la UNAM: http://www.pim.unam.mx/catalogos/juanhdzc.html

Nota 1. Este documento y el anterior no figuran en su lugar respectivo, porque su adquisición ha sido hasta la fecha, enero de 1879, pero al formarse el índice cronológico de las piezas que forman la colección, lo citáremos en el lugar que le toca.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Estela 51, San Juan Coajomulco, Estado de México, ¡Encontrada!

  Por suerte la lista de las estelas que me faltan por documentar es cada vez más corta, de las 5 pendientes en el Estado de México, una de ellas, fue localizada por un lector, David Juárez, a quien le agradezco enormemente su colaboración, así pues, quedan 4 más por ser localizadas para que, luego de 8 años de haber comenzado esta recopilación sepamos bien a bien cuáles siguen en pie.

  Las 4 que faltan son, tres de ellas, en el municipio de Toluca: # 60.- Hacienda de la Puerta, # 61.- Santa Cruz Atzcapotzaltongo, 62.- San Juan de la Cruz; y la #  73.- San Pedro Atlapulco, municipio de Ocoyoacac.


domingo, 2 de septiembre de 2018

Imágenes de Miguel Hidalgo y Costilla -parte 23-

526.- Caratula de la partitura del vals Hidalgo, 1896.

527.- El monumento a Hidalgo en Pachuca.

528.- Proyecto de escultura de Miguel Hidalgo de los Hermanos Islas.

529.- Obra de teatro en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato.

530.- Una de las tantas viñetas publicadas en 1960 en las que aparece Hidalgo.

531.- Hidalgo en la tequilera Corralejo.

532.- Portada del Almanaque de 1883.

533.- Otra viñeta.

534.- Alguien por ahí reconocerá los trazos del pintor...

535.- Un hidalgo niño idealizado.

536.- Monumento a Hidalgo en Aculco, Estado de México.

537.- Uno de los tantos dibujos del rostro idealizado del Padre de la Patria.

538.- Monumento a Hidalgo en San Luis Potosí, SLP.

539.-

540.- El monumento a Hidalgo que había en la plaza de Guadalupe en Guadalajara, Jal.

541.- Otro Hidalgo en Corralejo.

542.- Uno más en Corralejo.

543.- Dibujo de Miguel Hidalgo aproximándolo más a la realidad, pues ya no vemos en reflejada aquella idea del "venerable anciano".

544.- Un Museo, que más bien es una exposición en el rancho de Corralejo, dedicado a Hidalgo.

545.- Un Hidalgo idealizado, más aún su estandarte.

546.- Póster del 250 aniversario del nacimiento de Hidalgo.

547.- Póster del Sindicato de la Educación (SNTE) en ocasión del 250 aniversario de Hidalgo.

548.- La imagen de Hidalgo en el logotipo del Parador Turístico.

549.- Portada de un libro publicado en 1953 en ocasión del Bicentenario del natalicio de Hidalgo.

550.- El monumento a Hidalgo en Apaseo el Grande, Guanajuato en su ubicación original.

martes, 12 de junio de 2018

El uniforme militar del generalísimo Miguel Hidalgo.

     Había transcurrido poco más de un mes desde el Grito de Dolores cuando se formaliza el Ejército Insurgente, los hechos se dan en Acámbaro; dentro de la formación se incluyó el diseño de uniformes, cosa que me sorprende al ver que al ya Generalísimo Hidalgo se le había confeccionado un uniforme. La descripción de las divisas las hace Diego García Conde quien fue testigo de los hechos pues pocos días antes había sido hecho prisionero junto con Merino y Diego Rul. Ya liberado, en Guanajuato envía un informe al virrey Venegas el 12 de diciembre de 1810, el cual dice:

 “Luego conocimos que el ejército marchaba al día siguiente y que nos dejaba allí [en Acámbaro] para salir con él, sin embargo de haber pedido lo contrario, para podernos curar de las heridas, pero no se nos concedió.
  Volvimos a Acámbaro haciendo mansión en los pueblos de Indaparapeo y Zinapécuaro, y allí se hizo la gran promoción nombrando al cura de generalísimo; a Allende de capitán general; al padre Balleza, a Jiménez, a Arias y a Aldama de tenientes generales de campo, con cuyo motivo hubo misa de gracias y Te Deum con repiques y salvas, y después se pasó una revista al ejército, reducida a formar regimientos de a 1 000 hombres de a pie y de a caballo, y pasaban de 80 000.
  Los nuevamente ascendidos se pusieron sus uniformes y divisas, siendo el de Hidalgo un vestido azul con collarín, vuelta y solapa encarnada, con un bordado de labor muy menuda de plata y oro, un tahalí negro también bordado, y todos los cabos dorados, con una imagen grande de Nuestra Señora de Guadalupe de oro, colgada en el pecho.
  El de Allende, como capitán general, era una chaqueta de paño azul con collarín, vuelta y solapa encarnada, galón de plata en todas las costuras, y un cordón en cada hombro que dando vuelta en círculo, se juntaban por debajo del brazo en un botón y borla colgando hasta medio muslo: los tenientes generales con el mismo uniforme, solo llevaban un cordón a la derecha y los mariscales de campos a la izquierda.
  Los brigadieres, a más de los tres galones de coronel, un bordado muy angostito; y todos los demás la misma divisa de nuestro uso.
  A todo el que presentaba mil hombres, lo hacían coronel y tenía tres pesos diarios: igual sueldo disfrutaban el capitán de caballería: el soldado de a caballo un peso diario, y cuatro reales el indio de a pie: los generales y mariscales de campo me decían que no tenían sueldo alguno, y que antes bien habían gastado todos sus intereses; pero lo cierto es que triunfaban y gastaban cuanto querían, como que en los saqueos cogían anticipadamente lo mejor.
  Salimos el día inmediato para Maravatío, y de allí para la hacienda de Tepetongo, y a poco de haber salido de esta población hubo una alarma, diciendo que los gachupines se iban apareciendo en la loma inmediata, con cuyo motivo se hizo avanzar el ejército, que según el desorden en que marchaba siempre, y la gran cola que hacía, esta operación era de muchas horas, pues los indios iban cargando a sus hijos, carneros y cuartos de res, y es de advertir que de los saqueos que hacían, se llevaban las puertas, mesas, sillas, y hasta las vigas sobre sus hombros.
  Se llegó a nosotros el general Balleza y nos hizo atar a los cuatro que íbamos en el coche, a pesar de que los dragones de escolta se resistieron a hacerlo, y hasta lloraron al tiempo de ejecutarlo.
  El motivo de este trastorno no fue otro, que dos europeos escapados de una hacienda que vieron correr, los que ya cogidos se apaciguó el alboroto y nos desataron.
  Después hicimos las jornadas a la hacienda de La Jordana, Ixtlahuaca y Toluca sin novedad particular, más de la corriente de los insultos y gritería continua de la indiada.
  A la salida de esta ciudad, donde nos quedamos con el padre Balleza, después de haber marchado el ejército empezó la plebe a saquear la casa de un europeo, la que atacada por su guardia fue acosada y encerrada en el cementerio de la parroquia, desde donde el citado Balleza empezó a predicar contra los gachupines diciéndoles que no habían hecho más que quitarles el pan de las manos; pero pronto serían los indios dueños de todo; que ellos no trabajaban ni se exponían con otras ideas; pero que no por eso debían saquear las fincas ni las casas, cuyos productos se repartirán después con igualdad; que Nuestra Señora de Guadalupe era la protectora de su causa, y que ya que la había comenzado felizmente, con la misma felicidad la concluiría: les tiraba puñados de medios de cuando en cuando, alternándolos con las voces de mueran los gachupines, de suerte que juntó multitud de plebe, y se marchó con su guardia dejándonos a su discreción , pues solo teníamos una corta compañía de escolta repartida en dos coches, muy distantes uno del otro, y amenazados por los insultos y gritería de ser despedazados.
  Allí me tomaron los indios de su cuenta, empeñados en que yo era el general Calleja, y así se me amontonaban, diciéndose unos a otros: mira al descolorido y descalabrado, es el bribón de Calleja; ¡ah perro! Ahora no te has de escapar, y otras insolencias mucho mayores, que obligaron a la guardia a desengañarlos de que yo no era el que pensaban.

Fuente:

Documento Nu,. 19, Lib. 2, Cap. 3, fol. 296 en los anexos de Lucas Alamán, Historia de Méjico, Tomo I, Segunda Edición, Editorial Jus, México, 1968. pp. 375-390

martes, 22 de mayo de 2018

1680, la rebelión de Popé en el Nuevo México.

  Pensando que en el silgo XVII el territorio conocido como Nuevo México formaba parte de la Nueva España, será interesante incluir entre los alzados y alzamientos anteriores al grito de Hidalgo al líder del pueblo Tewa, Popé o Po'pay:

  "La rebelión o revuelta de los indios, o rebelión de Popé de 1680 fue una rebelión de gran parte de los indios pueblo bajo el mando del caudillo Popé contra los españoles, colonizadores en la provincia de Santa Fe de Nuevo México, en el actual estado estadounidense de Nuevo México.​ La rebelión se cobró la vida de 400 españoles y obligó al abandono de sus casas, tierras y posesiones a más de 2.000 colonos. Doce años más tarde los españoles regresaron y fueron capaces de re-asentarse en Nuevo México con leve oposición". (Wikipedia)

lunes, 7 de mayo de 2018

Salamanca, escenario de incontables enfrentamientos durante la guerra de Independencia

  La parte norte del municipio de Salamanca y, en general todo el territorio municipal fue escenario de los enfrentamientos de realistas e insurgentes. En el siguiente documento veremos que la hacienda de Temascatío, propiedad de la familia Bustamante de Guanajuato, había sido seleccionado como centro de operaciones. Se mencionan otras haciendas de la región, próximas a ella, como la de San José de Mendoza, hacia el oriente de Temascatío y la de Santa Anna de Cruces al sur-oriente. La falda de la sierra que se menciona en el parte es la de Codornices.

Oficio del Señor Coronel y comandante general Don Antonio Linares.

Excelentísimo Señor:


Manifestándome el teniente coronel graduado del regimiento del Príncipe, don Esuebio Moreno en el adjunto parte los felices resultados que se están logrando con los nuevos destacamentos y correrías incesantes  que hacen las tropas en debido cumplimiento de las inviolables órdenes de V.E., tengo la satisfacción de dirigirlo original a las superiores manos de V.E. para su debido conocimiento. 

Manifiesta dicho jefe sus correrías continuas con bastante fruto, y lo que es más se va observando en todas las gentes de los pueblos y haciendas bastante entusiasmo para defenderse de los restos de la canalla revolucionaria y dar prueba a favor de la inocente causa del Rey nuestro Señor.

En estas circunstancias llevando delante el justificado sistema de V.E. quisiera que mereciese la superior aprobación de V.E., que el Señor coronel D. Anastacio Bustamante se colocase en el pueblo de S. Juan de la Vega con solo 200 Dragones del regimiento de S. Luis, cuya fuerza es más que suficiente para que en combinación con las tropas de Querétaro coadyuve al exterminio de las gavillas de Jalapa y facilite la apertura del camino de Celaya hasta San Miguel el Grande con el auxilio del destacamento de Chamacuero que está al tránsito de aquella villa. De este modo lograré que esta hermosa partida se empleé en objeto que la merezca, pues en el día hallándose la jurisdicción del Valle de Santiago con el gran apoyo de las tropas de Puruándiro y los nuevos destacamentos de Pantoja y Pueblo Nuevo, solo resta la organización de sus haciendas que se puede lograr con ahorro de mucha tropa comenzando  por las principales o por aquellas que por sí solas pueden defenderse con solo que se les auxilie con alguna tropa por término corto que necesiten para fortificarse.

  Bajo este principio he organizado la hacienda de Temascatío donde he reunido más de mil familias, y bien pronto organizaré la de Cruces y Mendoza con la misma tropa, tanto porque estoy de acuerdo con el dueño de ella como porque logra también los auxilios de Temascatío.

  Todo lo que siendo dirigido a establecer una línea impenetrable a la falda de la sierra para colocar dentro de ella todas las familias que se hallan por la parte de arriba como la justificación de V.E. me tiene prevenido, espero de su notoria previsión se sirva aprobármelo, pues de este modo sin causar extorsiones ni vejaciones como lo exige la causa pública y lo desea el infatigable celo de V.E. caminaré rápidamente a la deseada paz. Sin que hacienda ni rancho alguno no quede alarmado, y en la actitud debida de que son todos verdaderos defensores de la quietud pública y de los derechos inconclusos de nuestro amado Soberano.

  Dios guarde a V.E. muchos años. Salamanca, octubre 15 de 1819. -Excmo. Sr. Antonio de Linares. -Excmo. Sr. Virrey Conde del Venadito.

Fuente:

Gaceta del Gobierno de México. Del sábado 6 de noviembre de 1819. México. Tomo X, No. 150, pp. 1167-1168.