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viernes, 23 de enero de 2015

1537, el primer levantamiento que hubo en México contra los españoles.

   Mucho se haba, de un tiempo para acá, de la tercera raíz mexicana, la que vino del África. Algo se ha difundido de esa parte de la historia de nuestro país, los asociamos con la costa de Guerrero o de Oaxaca y algo de la costa de Veracruz. En lo personal, cuando comencé a estudiar los libros parroquiales de Salamanca, Guanajuato, me sorprendió ver uno, otro y otro más, registros en donde se asienta que el mulato, la mayoría, era libre o esclavo de algún español que moraba en la zona. De ese modo comprobamos que no sólo en las costas de México hubo la influencia negra, sino que fue a lo largo y ancho del territorio Novohispano. Encuentro en el México a través de los siglos que el primer levantamiento que hubo en Nueva España, apenas dos años después de instalado el Virreinato, en septiembre de 1537 hubo levantamiento de negros que, en calidad de esclavos habían sido traídos a las plantaciones de Veracruz, este fue un antecedente aun más antiguo de aquel encabezado por Yanga.

   "El número de negros era ya crecido en Nueva España cuando llegó a ella el Virrey don Antonio de Mendoza, tanto porque los asientos se habían extendido con facilidad, cuanto porque se había hecho en esta horrible mercancía el contrabando en gran escala, abusando, los que tenían el asiento, para introducir mayor número que los que el permitido, y trayéndose negros por los que no tenían derecho de introducirlos y desembarcándoles en las costas seguros de burlar siempre la poca vigilancia de los oficiales reales. Los negros, en México, calculando sin duda su número, la debilidad relativa de las fuerzas de la colonia y con la esperanza de contar en todo caso con el auxilio de los indios, conspiraron secretamente para levantarse contra los españoles apoderándose de la tierra y a este fin eligieron entre ellos un rey y prepararon armas para la sublevación.

    "El 24 de septiembre de 1537, uno de los negros conjurados denunció la conspiración al virrey; envió éste, comprendiendo la inmensa gravedad del peligro, espías para tener seguridad de la denuncia; descubrieron estos espías todo lo que Mendoza deseaba saber, y en la misma noche el escogido para rey y los principales de la conjuración fueron aprehendidos, y despacháronse correos a todos los pueblos y minas en que había negros, encargando mucha vigilancia a las autoridades. Confesaron los negros aprehendidos denunciando a muchos de sus cómplices, y espantado don Antonio de Mendoza consumó, como todos los gobernantes que obran bajo el impulso del terror, un acto horrible de crueldad, más que de energía y de justicia, mandando matar a multitud de aquellos hombres.

    "El que estaba reconocido como monarca por los negros y algunos otros, fueron descuartizados o "hechos cuartos" en México, y se enviaron otros a los pueblos y a las minas para que allí sufriesen igual suplicio sirviendo de escarmiento a los demás esclavos. No es posible  saber el número de los negros descuartizados en México; pero deben haber sido muchos, porque solamente a las minas de Amatepec mandó el virrey a Francisco Vázquez de Coronado a que llevase veinticuatro que se hicieron cuartos allí. Los indios aprehendieron a cuatro negros y una negra que habían huido de México y los mataron por instrucciones que llevaban de Mendoza, y con objeto de que los cadáveres no se corrompiesen mientras los traían a presentar al virrey, los salaron como hacían con la carne de res para conservarla. El temor a los negros que se apoderó de don Antonio de Mendoza por este acontecimiento, se descubre en la carta que escribió al rey el 20 de diciembre de 1537 y en las providencias que tomó inmediatamente". (1)

Día llegará en que todo en México entendamos que son tres y no dos, las raíces de nuestra nación.

Fuente:

1.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo V. Editorial Cumbre. México, 1976. pp.17-18

lunes, 5 de enero de 2015

El levantamiento de Topia, uno de los primeros movimientos de insurrección en México.

    Sobre estos acontecimientos nunca había oído nada, ahora que he dedicado más tiempo a leer uno de los clásicos de la Historia de México, encuentro en sus páginas este pasaje no del todo difundido, de lo que por esos rumbos sucedió casi al finalizar el siglo XVI, lo cual lo coloca a la cabeza, o tal vez el segundo o tercer movimiento de insurrección, luego del de Acualmeztli en los rumbos del hoy Estado de Hidalgo y el de Tenamaztle por Nochistlán, en Zacatecas y antes del de Yanga, en el actual Estado de Veracurz. Topia se localiza en el Estado de Durango, metido en la Sierra Madre Occidental, y allí ocurrió que...

   "Con no pocas inquietudes presentóse para el gobierno español en México, el principio del siglo XVII. El desacertado empeño del conde de Monterrey, por reunir en pueblos y congregaciones a los indios que vivían dispersos en las montañas y la codicia de los hacendados que pretendían apoderarse de las tierras poseídas y cultivadas por estos indios, agitaban peligrosamente los ánimos de los naturales del país, y muchos españoles, y entre ellos varios religiosos, escribieron al rey Felipe III manifestándole cuan peligrosos camino era aquel que había adoptado el Conde de Monterrey, del que si no se apartaba dejando vivir libremente a los indios, se originarían grandes trastornos en la colonia. Por otra parte, en la provincia de Nueva Galicia, el empeño de descubrir y explotar las minas de plata, había llevado a muchos españoles a Topia, y los malos tratamientos que sufrían por estos los naturales causó una sublevación, que aunque poco importante en el año de 1600, ya en el siguiente había tomado tan grandes y temibles proporciones, que necesario fue enviar consta los sublevados algunas tropas españolas. La provincia de Topia, refiere el padre Hernando de Santarén, jesuita, en una carta que escribió a su provincia, tomó su nombre, según la tradición conservada entre los naturales, de una india llamada Topia que se convirtió en estatua de piedra.

   "El primer español que hizo entrada a esa provincia fue don Francisco de Ibarra, quien sentó sus reales en el valle de Topia, considerado como cabeza de aquellas serranías, y el primer misionero que llegó allí a predicar el cristianismo fue el jesuita Gonzalo de Tapia en 1592. La parte del territorio conocido por provincia de Topia era, según dice el padre Santerén, una serranía que corre "de Norte a Sur del Nuevo México hasta Guadalajara; tiene de ancho más de cuarenta leguas, y en medio y riñón de ellas, están poblados el día de hoy estos acaxees y de esta sierra, como de más alto tienen principio muchos poderosísimos ríos que corren al Poniente y entran en la mar del Sur, y otros que corren al Oriente, y van a pasar al mar del Norte, acabándose algunos como el río de las Nasas, el de Papatzquiaro y el de los Ahorcados en la laguna grande, donde está la misión que la Compañía tiene en las Parras".  La Audiencia de Nueva Galicia envió contra los sublevados de Topia al capitán Canela, portugués, con dos compañías de soldados y órdenes para castigar severamente a los indios; pero por ese tiempo hacía la visita de su diócesis el nuevo obispo de Guadalajara don Alonso de la Mota, y como aun no se había erigido el obispado de la Nueva Vizcaya, la provincia de Topia correspondía a la Nueva Galicia, y el obispo Mota quiso probar con los insurrectos el medio del convencimiento y blandura para hacerles volver al orden, proponiendo al capitán Canelas suspender las hostilidades, y le dejase entrar al país insurreccionado; opúsose a esto el capitán, alegando las ordenes del presidente de la Audiencia, doctor don Santiago de Vera, y además el peligro que iba a correr el obispo.

   "Don Alonso de Mota insistió y envió a los indios dos mensajeros invitándolos a darse la paz, ofreciéndoles el perdón y remitiéndoles como prendas de aquel ofrecimiento su mitra y su anillo pastoral. Recibieron los sublevados la embajada, conservaron en su poder la mitra y el anillo y aplazaron la respuesta definitiva, en cuya espera quedaron el obispo y el capitán Canela. Pasaron así varios días, y mirando el capitán que no se alcanzaba resolución, determinó atacar a los insurrectos y se puso en marcha para sorprenderlos. De improviso vieron aparecer los indios las tropas españolas cuando menos las esperaban, y bien porque se creyeran perdidos o porque tenían ya intención de darse de paz, en vez de combatir o dispersarse huyendo, colocaron sobre una asta la mitra del obispo, y llevándola como un estandarte salieron todos a encontrar pacíficamente a los españoles. El obispo Mota, que acompañaba la expedición, habló entonces a los indios en su idioma y terminó así aquella sublevación, que pudo haber sido tan prolongada y de tan terribles consecuencias". (1)


Fuentes:

Alegre, Francisco Xavier. Historia de la Compañía de Jesús. Tomo I. p394

Mota Padilla, Matías. Historia de la Nueva Galicia. Cap. XLIX, N. 2