viernes, 15 de abril de 2011

Y... las mujeres de Nuevo León también participaron en la guerra de Independencia.

En esta labor que nos hemos hechado a cuestas, de rescatar el mayor número posible de nombres, apodos, o relaciones con alguno de los Insurgentes, que en este mundo machista solo se han documentado las participaciones masculinas durante la guerra por la Independencia de México, siendo que la guerra se hizo a la par, hombres y mujeres participando activamente por la emancipación. Agregaré que también hubo ninos, más allá del mejor conocido de todos, Narciso Mendoza, el llamado "niño artillero" fueron muchos que, siguiendo a sus padres participaron, de algún modo en este episodio de la historia nacional.

Lo que hoy nos ocupa lo encontré en un particular libro publicado en Monterrey en la modalidad de comic, en donde se da cuenta de una episodio no del todo conocido, es decir, no muy difundido que, como sucede con buena parte de los capítulos de historia nacional, se quedan como referentes locales, siendo que su importancia es nacional. Lo que leí fue esto: "Este fue el caso de 70 mujeres -cuyos nombres desconocemos- que el 16 de julio de 1813 se enfrentaron a los realistas en el río Pilón, todas eran "sirvientas y cocineras" y las que no murieron fueron seriamente castigadas". Esta historia nos remite a lo sucedido en Monterrey días antes, cuando hubo un enfrentamiento entre Insurgentes y realistas en donde destaca, como punto referente, la activa participación del héroe tamaulipeco Bernardo Gutiérrez de Lara.

En Monterrey sucede que, luego de ese enfrentamiento el aparentemente único cañón existente y que pertenecía al lado realista, es tomado por los Insurgentes y llevado fuera de allí, rumbo a un paraje denominado La Chorreada, lugar en el cual, aparecen estas que bien podríamos catalogar como las amazonas neoleonesas. Era la mañana del día 16 de julio de 1813, los realistas llevaban dos semanas persiguiendo a los insurrectos que, aunque en retirada, cada vez eran más. Uno de los espías avisó al teniente Vivero, al mando realista, sobre la salida de Pesquería rumbo a La Chorreada, de José de Herrera, su alférez auxiliar, Perales y Policarpo Verástegui, todos ellos asignados por Gutiérrez de Lara para incursionar en el Nuevo Reino de León y Coahuila; se menciona que también el Indio Doroteo los acompañaba. El coronel Timoteo Montañez fue notificado y decidieron ir tras ellos. Al mediodía fueron divisados por el rumbo de La Chorreada, a las orillas del río Pilón. Habían colocado allí el cañón que Leandro de la Cruz había capturado durante la incursión en Monterrey; la caballería se dividió en cuatro y al centro había muchos de a pié, resguardando el cañón. Fue entonces que aparecieron con una bandera roja muchas mujeres, se dice que setenta. La mayoría montadas a caballo y todas armadas. La abanderada se adelantó y arengó a los realistas con voz tan fuerte que, dicen, retumbó en la cañada diciendo: "Hermanos y compatriotas, únanse a las fuerzas americanas, no sean ingratos con quienes luchamos por salvar a la patria!".

Montanio las atacó ferozmente, la batalla fue descarnada, pudiendo los realistas llegar a la punta de la loma y recuperar el cañón. Las mujeres gritaban ensordecedoramente, peleaban valientemente infundiendo miedo a sus enemigos, parecían unas verdaderas amazonas, valientes y disididas. Muchas cayeron luchando y otras fueron capturadas. la batalla se prolongó por casi tres horas con resultado favorable a los realistas y un saldo trágico: 52 muertos y 25 prisioneros. 177 caballos y 73 monturas fueron confiscadas y el cañón fue tomado, de nueva cuenta, por los realistas.

Tocará a las futuras generaciones de mexicanos seguir navegando más a profundidad en el tema de la participación de las mujeres en la Independencia, con el fin de ir recuperando más historias de su participación, más nombres y apellidos, apodos también, pero dejar de seguir mencionando que era la esposa, concubina o amasia de alguien de que, por ser del género masculino, se sabe su nombre. Las mujeres valientes tienen y han tenido nombre, démoslo a conocer.




Fuente:

Espinosa Morales, Lydia. Episodios de la Independencia en Nuevo Reino de León. Fondo Editorial Nuevo León. Monterrey, 2010.




Enlaces:

Para entender mejor esta historia, te recomiendo entrar en el siguiente sitio:

jueves, 14 de abril de 2011

Martínez de García Rojas, Nava y Covarrubias, tres mujeres en la Independencia.

Quiza sea que debido al Bicentenario más pequenas biografías de mujeres participantes en el movimiento de emancipación de México están siendo anadidas a los listados que dan cuenta de ello, como es el caso de la nueva Enciclopedia a la que tenemos acceso a través de la Internet: es en Wikipedia que encontramos los siguientes datos:


María Luisa Martínez de García Rojas (1870-1817). Nació en Erongarícuaro, Michoacán. Heroína insurgente. Su esposo fue el C. Esteban García Rojas, que fabricaba jaranas (instrumento parecido a la guitarra). Sus actividades dentro de la población de Erongarícuaro fueron las del comercio, pues, además de la fabricación de jaranas, tenían una tienda de abarrotes, además de que poseían tierras que cultivaban. Sirvió a los insurgentes comunicándoles los movimientos de las tropas virreinales, por lo que se la encarceló y se la multó en varias ocasiones. Como no podía pagar la última fuerte multa, fue condenada a ser fusilada.


En el pueblo todos eran chaquetas, es decir, partidarios de los realistas; pero ella, amantísima del bando contrario. Servía de corazón a los guerrilleros insurgentes; con actividad les proporcionaba noticias oportunas, víveres, recursos, y les enviaba además comunicaciones de los jefes superiores, con quienes sostenía continuada correspondencia. Un día fue sorprendido por don Pedro Celestino Negrete el correo de la Martínez, que era portador de cartas dirigidas al guerrillero Tomás Pacheco. Luisa Martínez huyó; pero fue perseguida, hecha prisionera y encapillada. Para recobrar la libertad, tuvo que pagar dos mil pesos y prometer no volver a comunicarse con los patriotas.


Mas no escarmentó en lo sucesivo. Tres veces más se la persiguió, se la encarceló y se la multó hasta que al fin no pudo satisfacer la cantidad de cuatro mil pesos que le exigía don Pedro Celestino Negrete, y fue fusilada por orden de éste en uno de los ángulos del cementerio de la parroquia de Erongarícuaro, en el año de 1817.


Poco antes de morir, dirigiéndose a Negrete, le dijo:


«¿Por qué tan obstinada persecución contra mí? Tengo derecho a hacer cuanto pueda en favor de mi patria, porque soy mexicana. No creo cometer ninguna falta con mi conducta, sino cumplir con mi deber."


Negrete permaneció inflexible, y Luisa Martínez cayó atravesada por las balas de los realistas. (1)


Antonia Nava es un personaje de la Independencia de México. Se supone que nació en el actual estado de Guerrero, en el año de 1780; y que debió morir en 1822, sin conocerse a ciencia cierta el sitio de su fallecimiento ni la causa. Nava fue esposa del militar insurgente Nicolás Catalán, que participó en la guerra junto a José María Morelos y Pavón hasta su muerte. Por permanecer siempre al lado de su esposo, fue conocida por su tropa como La Generala. Durante el sitio de Jaleaca, los insurgentes estaban desabastecidos de provisiones, razón por la cual Nicolás Bravo ordenó el sacrificio de algunos soldados con el propósito de ahorrar provisiones. Correspondió a Catalán la ejecución de la orden. Antes de que su esposo ejecutara a ningún soldado, Nava y Catalina González se propusieron para ser fusiladas, de esta forma la dirigencia insurgente se desistió de la orden. Catalán fue muerto en Jaleaca. Antonia Nava fue llevada ante Morelos por la tropa. Aunque el Generalísimo insurgente quiso consolarla, Nava se negó y dijo que no estaba ahí para llorar, sino para entregar a sus hijos como soldados. El nombre de Antonia Nava está inscrito con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro, sede del Congreso de la Unión de México. (2)


Petra Covarrubias, esposa del Coronel Pedro Regalado Llamas que fue un Insurgente colimense que mantuvo la Insurgencia por la Independencia en Colima. Nació en la Villa de Colima el 18 de mayo de 1787. Regalado Llamas, junto con su sobrino Manuel Llamas, se incorporaron a la lucha por la independencia el 30 de septiemre de 1810. Combatieron a los realistas en el territorio de Colima y fueron conocidos como "Los Regalado". El 17 de mayo de 1813 cuidó a las tropas del general José María Morelos, enviando víveres al sargento Manuel Llamas y la mitad de sus fusileros al cuartel general de Maquilí. Pedro fue pasado por las armas en Colima el 14 de marzo de 1814, dejando viuda a su esposa Petra Covarrubias. Fue enterrado por el presbítero Joaquín Ortega en la Parroquia de Colima.


Fuente:


1.- http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Luisa_Mart%C3%ADnez_de_Garc%C3%ADa_Rojas



Manuela Rojas de Taboada, detenida junto con su marido y su hijo en Acatita de Baján.

Otra de las mujeres detenidas en Acatita de Baján junto con todo el ejército Insurgente fue donia Manuela de Rojas y Taboada, esposa de don Mariano Abasolo, el que se dice fue héroe forzado de nuestra Independencia ya que él no comulgaba con muchas de las ideas y por la amistad que mantenía con Allende fue que participó en la lucha armada. Criollos de buena fortuna Manuela y Mariano mantenían una estrecha relación. Ambos eran jóvenes, 27 contaba él en 1810; 24 eran los anios que tenía Manuela. Tuvieron un hijo: Manuel Abasolo Rojas. Los tres fueron hechos prisioneros ese 21 de marzo de 1811 y conducidos a Chihuahua.


"En el saqueo y matanzas de los europeos no solamente no tuvo Abasolo parte alguna, sino que él mismo sufrió grave pérdida, habiéndole obligado Hidalgo en Celaya a entregar una suma considerable perteneciente a la testamentaría de su suegro D; Antonio Taboada, que estaba depositada en el convento del Carmen, y tomado D. Ignacio Aldama en S. Miguel una existencia de maiz de la misma pertenencia; en Guadalajara y otros puntos puso en salvo a mas de cien europeos, entre ellos al brigadier Abarca, sacándolos de la prision y ocultándolos, prevaliéndose para ello de su empleo, en virtud del cual daba órden a las guardias para que los dejasen salir en su compañía, y deseoso siempre de apartarse de la revolucion, desde el Saltillo escribió al general Calleja solicitando el indulto, que se le habia ofrecido por medio de su esposa Doña Manuela de Rojas y Taboada.


Esta ejemplar señora, modelo de una mujer varonil y amante de su marido, se habia quedado en S. Miguel cuando aquel partió para Valladolid con D. Juan Aldama, que como hemos visto, despues de la toma de Guanajuato se separó de Hidalgo en S. Felipe, para ir por su órden a recoger gente en los pueblos del otro lado de la sierra. Al acercarse Flon a S. Miguel, la Sra. de Abasolo se retiró a Celaya con su madre política y las cuñadas de Allende, y de allí pasaron a Valladolid, de donde siguieron a Hidalgo a Guadalajara. En esta ciudad hizo mil esfuerzos por el influjo y estimacion que disfrutaba, para salvar a cuantos europeos pudo del degüello a que Hidalgo los habia condenado.


Habiendo entrado allí Calleja, obtuvo pasaporte de este general el 13 de Febrero, con el objeto de seguir a su marido y apartarlo de la revolucion, y con este mismo fin le escribió desde S. Luis dos cartas llenas de ternura y afecto, pero con noble espíritu y posponiendo su cariño a lo que exige el honor, exponiéndole la peligrosa posicion en que se hallaba, le dice que hubiera podido tolerar que muriese en una accion, pero con afrenta no. Autorizada con nuevo pasaporte de Calleja, expedido en su marcha a S. Luis en la hacienda de la Laguna en 27 de Febrero, continuó su viaje al Saltillo, en donde habiéndose hecho sospechoso a Allende el objeto de su venida, le prohibió que saliese de su casa y que manifestase a nadie los indultos impresos que habia traido, e hizo vigilar de mas cerca la conducta de Abasolo. Acompañó a este la constante Da. Manuela y fue aprehendida con él en Bajan, así como tambien su suegra e hijos, y con ambos emprendió nuevo y dilatado viaje a Chihuahua, en donde no omitió diligencia para salvar la vida de su marido.


Abasolo fue llevado a Cadiz, donde murió en el castillo de Santa Catarina; su excelente esposa reunió algunos recursos de los bienes que le quedaban, y siguió a su marido al otro lado de los mares, acompañándole en su prision, aliviándole en cuanto pudo las angustias de esta, y cuando lo dejó enterrado, regresó a su patria, en donde sin omitir muchos actos de beneficencia en favor de los perseguidos, se dedicó a la educacion de su hijo D. Rafael, que vive retirado en sus fincas, de cuyo manejo se ocupa. Matrona verdaderamente admirable, digno modelo de esposas y madres, y ornamento de un sexo, cuyas virtudes hicieron tanto honor al carácter mexicano, en aquellas angustiadas circunstancias". (1)


"Abasolo fue conducido a la fortaleza de Santa Catalina y la joven mexicana, perdida en la ciudad de Cádiz, el "Puerto de las Américas", volvió a picar piedra, es decir, a suplicar y sollozar y del tal manera lo hizo que le permitieron acompanar a su marido a la prisión. 'Era esta ilustre mexicana, dice el doctor Mora, de una familia rica y principal del pueblo de Chamacuero (estado de Guanajuato) y había casado un anio antes de empezar la insurrección con Abasolo". Muy joven era y reveladora de una decisión notable. La joven insumisa, valerosa y llena de amores y decisiones profundas, estuvo en la fortaleza-prisión de Santa Catalina (Castillo de Santa Catalina (Cádiz) hasta la muerte de su marido en 1819. Allí, dice el doctor Mora (y se reproduce a la letra en la página 218 del tercer tomo de México a través de los siglos, repito que es obra o tomos imprescindibles) "permanecieron en miseria y desamparo que los americanos aliviaban algunas veces como podían hasta que en 1819 Abasolo murió en prisión y la senora se restituyó a su patria". Restituidos sus bienes con la Independencia, Manuela Taboada desapareció de la memoria colectiva de los mexicanos". (2)


Fuente:


1.- Alaman, Lucas. Historia de Méjico. Biblioteca Virtual Antorcha. http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/revolucion_hidalgo/8_1.html


2.- Alponte, Juan María. Foros de discusión histórica Paralax. http://foros.paralax.com.mx/discus/messages/590/103701.html?1197228611

Algunos de los Clérigos detenidos en Acatita de Baján

Estos son apenas cuatro nombres de la lista de más de veinte Clérigos y Sacerdotes que empañaban al cura Hidalgo en su movimiento de insurrección y que fueron detenidos en Acatita de Baján y remitidos a Durango para ser enjuiciados, algunos de ellos conseguirían el indulto, otros prisión perpetua y algunos más fusilados el 17 de julio de 1812 en la hacienda de San Juan de Dios en Durango.


José Francisco OLMEDO. Presbítero que desempeñaba el cargo de vicario en San Miguel el Grande en 1810 al producirse el movimiento insurgente tomó las armas en favor de la rebeldía y siguió las diversas vicisitudes del ejército de Hidalgo hasta caer prisionero en Acatita de Baján el 21 de marzo, junto con el grueso del ejército independentista. En el camino de Chihuahua fue separado del grupo por disposición del gobernador de Texas, junto con unos eclesiásticos y frailes y conducido a Durango, en donde fue procesado. Ignoramos a que pena se le condenó ya que tan solo conocemos un documento suyo, agregado a la causa de fray Gregorio de la Concepción, de mucha importancia, pues demuestra que no sufrió el castigo de muerte a que fueron condenados algunos eclesiásticos que siguieron a Hidalgo y cayeron también prisioneros en Acatita. Ese documento firmando en Durango fue el 23 de diciembre de 1812.


Nicolás de NAVA. Sacerdote que intervino en la lucha que en propósito de la independencia inició don Miguel Hidalgo en 1810. Era domiciliario de la diócesis de Guadalajara y cayó prisionero en Acatita. Muchos autores, en historias generales, y lo que es más raro, en ensayos monográficos, señalan su muerte en el fusilamiento habido el 17 de julio de 1812, en la hacienda de San Juan de Dios en las proximidades de Durango, dato erróneo, ya que vivía en prisión, el 23 de diciembre del mismo año en la cárcel de San Francisco de la ciudad mencionada, desde donde mandaba la solicitud de indulto.... no se sabe más de su vida.


Antonio RUIZ. Se le traslado a Parras y después a Durango, algunos afirman que fue uno de los eclesiásticos fusilados en la hacienda de San Juan de Dios el 17 de julio de 1812, pero por los documentos que forman la causa seguida a fray Gregorio de la Concepción, se viene en conocimiento que se le instruía proceso en 1813, como del estudio de fray Gregorio, se deduce que este era el reo más comprometido y salvó su vida, fácil es colegir que las cargos contra Antonio Ruiz escribía al gobernador intendente que la causa más grave era la del carmelita fray Gregorio.


Ignacio HIDALGO. Sobrino del prócer, del cura y de don Mariano, que había acompañado a sus tíos desde el principio de la revolución, pues con ellos vivía en Dolores, como era clérigo, fue enviado a Durango, donde se le fusiló hasta un año y meses después, el 12 de julio de 1812, en compañía del padre Balleza y de otros eclesiásticos. Ninguna razón ni motivo hubo para el fusilamiento, que fue una crueldad inutil de Bonavía, pues no consta que cometiese don Ignacio ningún hecho delictuoso ni tuviese cargo alguno en la revolución; acompañaba a don Miguel como lo acompañaba las señoras de su familia y de las de otros generales.

miércoles, 13 de abril de 2011

Indalecio Allende y Antonia Herrera, personajes que participaron en la Guerra de Independencia


La lista de las mujeres que participaron en la guerra de Independencia de México ha ido creciendo al tiempo que hemos ido recorriendo la Ruta de Hidalgo en este espacio electrónico. El día de hoy estamos ante un personaje del cual no se sabe mucho, como sucede en la mayoría de los casos en donde se hace referencia de una mujer, en donde sabemos en ocasiones solo su nombre y algún dato adicional, en otras, que es la mayoría solo nos llegamos a enterar de su apodo o su nombre de pila.

Antonia Herrera pasa a la historia de México por haber participado activamente en el movimiento de insurrección, de sus actos poco se sabe pero está presente en un momento crucial, el 21 de marzo de 1811 justo en Acatita de Baján ya que se dice, viajaba en el séptimo de los carros aprehendidos, donde viajaba junto a su marido y su hijo, es decir, junto a Ignacio e Indalecio.

"La mujer que acompañaba a Allende todas partes muy probablemente era la madre de su hijo Indalecio: Antonia Herrera. Al respecto cabe recordar lo dicho por Arteaga, Benito A. El héroe olvidado: razgos biográficos de don Igancio Allende. México. SEDENA. 1993, p. 21 "a la edad de 22 o 23 años amó con verdadera pasión a una señorita cuyo nombre omito, en la que tuvo un hijo por nombre Indalecio, y sin duda, se habría casado con ella; pero don José María Unzaga, a quien respetaba como padre, se lo impidió constantemente y tuvo que prescindir, aunque muy a su pesar, de pretensiones y limitándose a recoger a dicho su hijo, que reconoció públicamente".(1)

De Ignacio Allende sabemos que nació en 1769, hijo de don Domingo Narciso de Allende y Mariana Unzaga de Fuentes y que cuando contaba los 23 años fue cuando nació Indalecio, esto nos indica entonces que fue en 1792 el nacimiento de Indalecio, consecuentemente para 1811 él, Indalecio, contaba con 17 años.

Fue en abril de 1802 cuando Ignacio Allende casa formal y cristianamente con María de la Luz Agustina de las Fuentes, joven viuda de don Benito Manuel Aldama, todos vecinos de la villa de San Miguel el Grande. A los seis meses muere María de la Luz quedando Ignacio Allende viudo pero, de él leemos que "se caracterizó de aventurero, había tenido antes de casarse varios hijos naturales, aunque no fue desobligado, pues tal parece que estuvo al pendiente de ellos, y jamás negó su paternidad. El primer hijo fue Indalecio, a quien tuvo con doña Antonia Herrera, y posteriormente con otras dos señoras tuvo a Juana Allende y José Guadalupe Allende". (2)


Recuerdo haber oído una vez un comentario por parte del Cronista de Salamanca, Juan José Rodríguez que el ya finado Cronista de San Miguel Allende le comentó en una ocasión que una de las mujeres con quién Allende había tenido descendencia era originaria de Salamanca, Guanajuato, pero no estaba corroborado el dato. Sería interesante saber si se trataba, efectivamente de Antonia Herrera. Tarea por demás difícil pues son pocos los datos que de ella tenemos y, pensando que fue la madre de Juana o de José Guadalupe o de una cuarta hija, de nombre Mariana, la cosa se complica aun más pues desconocemos de ellas hasta el nombre.

Partiendo de la idea de que en ese siglo XIX que apenas llevaba su primera década el modo de pensar y de actuar era muy diferente al actual, me llama sobre manera un pasaje que, sobre Indalecio, nos relata Pedro García, uno de los pocos, sino el único que dejó testimonio escrito de su participación al principio de la guerra de Independencia; el cual me deja la duda si fue una acción imprudente por parte de Allende el haberle regalado un brioso corcel a un joven de tan solo 17 años o, efectivamente, la casta la había sacado en pleno y de ahí que ostentara el grado que en el ejército Insurgente se le dio:

"Hubo un incidente, pequeño al parecer, pero que dio motivo a un rompimiento antes de tiempo y que impidió altas determinaciones muy necesarias. Es el caso que habían regalado a Indalecio, hijo de Allende, un bello caballo, que quiso montar aquel día (17 de enero de 1811, Batalla del Puente de Calderón) para entrar en batalla, y como el referido Indalecio tuviera que ir a comunicar una orden de Allende al general Arias, que mandaba la derecha, se dirigió por el frente de la línea: se alborotó el caballo, que era bastante fogoso y además duro de boca, y como había de tomar por otra dirección, lo hizo por el frente que ocupaba el enemigo. Advirtiendo de esta ocurrencia el jefe del centro, destacó inmediatamente diez hombres de caballería que fueran en su alcance; estos lograron hacer volver el animal en dirección opuesta, pero fue preciso acercarse mucho a la línea enemiga, que estando ya preparada, sólo esperaba una oportunidad para romper sus fuegos. Creyó desde luego que aquellos diez hombres, en una carrera precipitada, podía bien ser un ardid para llamar la atención por aquel rumbo, así fue que hubo algunos disparos de fusil y otros de cañón que no hicieron daño alguno". (3)

Pedro García vuelve a mencionar la presencia de Indalecio hasta el crucial día del prendimento en donde narra la manera en que es asesinado practicamente a quemarropa, siendo sus padres, don Ignacio Allende y Antonia Herrera testigos de tan trágico acontecimiento. Sobre sus medios hermanos no tenemos muchos datos, solo se menciona como punto de referencia el lugar donde una hija de Allende vivía en la ciudad de México: "Doña Josefa (Ortíz de Domínguez) muere de pleuresía, en la calle segunda del Indio Triste, el dos de marzo de 1829 y fue sepultada, a petición suya, en la Iglesia de Santa Catalina, donde residía una hija de Ignacio Allende, de madre desconocida". (4) Quizá se está refiriendo a Juana María, quién en 1869 se dirige al entonces presidente Benito Juárez solicitándole le sea pagada la pensión de 60 pesos mensuales que le fue otorgada el 11 de noviembre de 1868 por decreto y que a la fecha no se le había entregado nada, en la carta la hija de Allende menciona su avanzada edad y los achaques que está padeciendo, comentando que le queda poco tiempo de vida y al parecer, estaba en gran necesidad. (5)

Otro hijo varón fue José Guadalupe, de él sabemos que participó en la guerra de intervención pero no más. Finalmente encontramos que Allende tuvo una hija más, de madre desconocida, ella se llamó Mariana Allende, casa en 1815 con Francisco Lojero en el pueblo de Dolores, Guanajuato. Ella lleva el nombre de su abuela y de su tía.

Se dice que Ignacio Allende fue el quinto de los hijos del matrimonio Allende Unzaga, pero tenemos los datos que lo muestran como el cuarto: 1.- José de la Luz, nacido en 1763; 2.- María Josefa en 1765; Domingo José en 1766; José Ignacio en 1769; María Manuela en 1770 y Mariana en 1772.

"Así la caravana en la que venían los Insurgentes fue emboscada y los miembros de los carruajes que integraban el convoy fueron amarrados y hechos prisioneros. En el sexto coche venía Allende, con su mujer, su hijo y otros acompanantes". (6) "Esto sucedió con el general Arias y el hijo de Allende, Indalecio, que iban juntos. Este joven tan resuelto y tan valiente, no pudo sufrir semejante intimación. Por de pronto creyó ser una chanza, como algunas veces había sucedido, más luego que salió de su error tomó una pistola y desde dentro dirigió un tiro al soldado que más se acercaba, en consecuencia de lo cual los veinte soldados dirigieron sus tiros a la caja del coche, dando por resultado la muerte de Indalecio y el romper una pierna al general Arias, que al fin murió en la noche". (7)


Con motivo del Bicentenario, el Gobierno del Estado de Nuevo León publicó un libro en el que rescata los personajes que en ese estado participaron en la guerra por la independencia. Lydia Espinosa Morales cuenta de una mujer que luego de cantar amenamente en Saltillo a los Insurgentes, la invitaron a que continuara con ellos para que, en esos momentos tan tensos que vivían les alegrara las tardes con su canto, la mujer aceptó y siguió con el grupo en uno de los carros que serían detenidos en Acatita de Baján. Me surge la duda si esta mujer es la que se dice viajaba junto a Allende y no lo era Antonia Herrera. (8)
.

Fuentes:


1.- Flores, Imer B. Las proclamas y proezas de los primeros caudillos de la Independencia: la causa de Ignacio Allende, y los casos de Juan Aldama y José Mariano Jiménez. Biblioteca Jurídica. org

2.- Semanario Chopper de Guanajuato. Efemérides de Guanajuato, 9 al 15 de abril. Sito Electrónico.

3.- García, Pedro. Con el cura Hidalgo en la guerra de Independencia. SEP/FCE. México, 1982

4.- Orozco Sosa, Gabriela. Vencedores y vencidos, lo que no se cuenta de los personajes de la historia de México. Quarzo. México, 2002.

5.- Carta dirigida al presidente Juárez. 500 años de México en documentos. Sitio Electrónico Biblioteca TV.


6.- Flores, Imer B, op cit

7.- García, Pedro. op cit . 8.- Espinosa Morales, Lydia. Episodios de la Independencia en el Nuevo Reino de León. Fondo Editorial Nuevo León. Monterrey, 2010.

Miguel Hidalgo y Costilla, judaizante.

Una de las muchas acusaciones que don Miguel Hidalgo tuvo que enfrentar durante su juicio en Chihuahua fue la de Judaizante, término que define a la persona que se dice ser Católica pero practica el judaísmo. Esta específica acusación llevó a prolongar en varios meses el juicio que si bien ya se le había abierto en la Inquisición, se extendería aun más una vez que fuera conducido a la prisión en la mencionada ciudad.

Se dice que el apellido Hidalgo, como lo fue también Costilla, tenían relación a los judíos conversos que llegaron a la Nueva España, mucho hemos leído de la relación genealógica de don Miguel Hidalgo con el conquistador Villasenor y Orozco, pero poco sobre esta teoría, misma que desarrolla Juan Martínez de la Serna en su libro, publicado recién en el 2010 en Aguascalientes Hidalgo el Sefardita. (1)

Al leer las muy interesantes conclusiones a las que llega el maestro Martínez de la Serna en torno a las prácticas nada Católicas de don Miguel, aproximándolo más a la tradición Sefardí, vemos que, en cierto modo y, un poco veladamente, Castillo Ledón había dado cuenta de ello al exponer en el capítulo XVIII de su obra titulada Hidalgo, el héore lo sucedido en aquella Semana Santa de 1800 cuando el cura de Taxiamora, Antonio Lecuona, lugar donde don Miguel tenía una de sus haciendas, emite en amena reunión sus pensamientos en torno a temas más bien prohibidos en la época:

"Termina la Semana Santa, y el primer día de Pascua de Resurrección, domingo 14 de abril, se hallaban reunidos, conversando, todos los clérigos huéspedes del cura Lecuona, este inclusive, Hidalgo toma una "Historia Sagrada del padre Fleury y con su carácter chancista y travieso se pone a comentarla, haciendo alarde de su talento de expositor, de comentador, de erudito en teología, de maestro, deseoso por otra parte, de probar el saber del padre Estrada y de inquietar a los demás. Asienta que Dios no castigaba en este mundo con penas temporales y que el gobierno de la Iglesia estaba manejado por hombres ignorantes de los cuales uno había canonizado a Gregorio VII, tan nocivo por su falta de ciencia, que acaso estaría en el infierno. Los frailes Huesca y Estrada, llamándolo aparte, a la principal afirmación del cura de San Felipe, arguyen los mercedarios que sí castigaba Dios con penas temporales y que ese era artículo de fe. Hidalgo replica que no es de fe, que solo era propio de la Ley Antigua castigar con plagas; y aunque le contestaron con texto de la Epístola de San Pablo, él no se da por convencido".

Será bueno analizar lo que Castillo Ledón dice. Según él, Hidalgo refiere a ese que canonizó a Gregorio VII, es decir, hace mención de Benedicto XIII quién en 1726, ya casi al finalizar ese ano, entre el 27 y 31 de diciembre, canoniza además a: San Juan de la Cruz, San Luis Gonzaga, San Juan Nepomuceno, San Estanislao Kotska, San Wenceslao y San Francisco Solano. Consecuentemente don Miguel Hidalgo sabía a profundidad la historia de la Iglesia Católica y del Vaticano, pues Gregorio VII fue quien hizo descender a sus más bajos niveles a la Iglesia y se generaron posiciones que buscaban simplemente el poder, las cuales generaron alianzas estratégicas con el poder civil. Continua Castillo Ledón:

"Al día siguiente, estando todos en la mesa, a la hora de la comida, quiere seguir de broma y ejercer la facultad jesuita de razonar sobre puntos de religión. A pregunta que hace fray Joaquín de Huesca a fray Manuel de Estrada sobre sí se había convertido el judío guatemalteco Rafael Crisanto Gil Rodríguez, que estaba en la Inquisición, Estrada contesta que sí, e Hidalgo interviene diciendo: "Habrá sido de boca". "Por qué?" Inquiere Huesca. "Porque ningún judío que piense con juicio se puede convertir", responde Hidalgo, dando a entender qué quien en tiene bien arraigadas sus creencias no es capaz de renunciar a ellas, y menos por presión".

"Luego, animada la disputa, hace una serie de atrevidas afirmaciones, como que en el texto original de la Sagrada Escritura no constaba la venida del Mesías; que las palabras de Isaías, Ecce virgo, et pariet, contienen un error pues en el texto hebreo no existe la voz virgo equivalente a virgen, sino la voz corrupta que significaba mujer impura: que la Biblia se estudiaba de rodillas, debiéndose estudiar "con libertad de entendimiento", para discurrir lo que nos pareciera, sin temor a la Inquisición; que el acto carnal no era pecado, sino una función natural; que la Eucaristía no se conoció en los términos que hoy la ensena la Iglesia, hasta mediados del siglo III, y que también hasta entonces no se conoció la confesión auricular; que la Epístola de San Pablo que predica la Eucaristía era apócrifa, y toda la doctrina sobre este Sacramento, mal entendida; que San Judas en su epístola aparecía como un ignorante, especialmente en aquellas palabras con que concluye: 'Los pecadores son como las nubes sin agua" pues ?dónde se ha visto nubes que no contengan agua?". (2)

1800, 18111, 2011, todo esto siempre en abril, siempre antes, durante o después de la Semana Santa. Semana Santa que, en este caso, sería la última que don Miguel Hidalgo viviría y, la duda me sigue asaltando ?la habrá vivido o no? ?habrá participado de alguna celebración aun encadenado?

.


Fuentes:


1.- Martínez de la Serna, Juan. Hidalgo, el sefardita. Edición del autor. Aguascalientes, 2010.

2.- Castillo Ledón, Luis. Hidalgo, el héroe. Biblioteca virtual http://www.hispanistas.org/

viernes, 8 de abril de 2011

Algunos de los detenidos en Acatita de Baján, primera parte

Ramón, Juan Ignacio. Fue aprehendido el 21 de marzo de 1811 en Acatita por las fuerzas de Elizondo y fusilado en Chihuahua el 6 de junio. En la relación de su muerte se le asigna el grado de capitán y se dice era veterano de Lampazos. En algún texto figura con el grado de Brigadier. Se adhirió al movimiento insurgente en Monterrey, siendo el primer militar fronterizo que abrazó la causa de la Independencia.


León, Pedro. Mayor del ejército Insurgente, fue aprehendido en Acatita el 21 de marzo de 1811 por Elizondo. Debió tener papel bastante importante, ya que Hidalgo lo cita en su declaración, aunque no se acuerde el grado que tenía. Fue fusilado en Chihuahua el 6 de junio de 1811.


Solís, José. Intendente general en el ejército Insurgente de Hidalgo. Fue hecho prisionero con el grueso del ejército Insurgente y con caudillos del mismo, el 21 de marzo de 1811. Juzgado y condenado a muerte, fue fusilado en Chihuahua e 27 de junio de 1811. En algún texto de Hernández y Dávalos, figura con el nombre de pila de Manuel Ignacio.


Pérez, Trinidad. Trasladado a Chihuahua y juzgado, resultó condenado a muerte y ejecutado. Tenía entre los Insurgentes el grado de Alférez.


Ramón, Ventura. Fue capitán del ejército independentista, pasado por las armas en Chihuahua, según consta en acta del 2 de agosto de 1811. Se le confiscaron todos sus bienes.


Morrión J., Plácido. Fue conducido a Chihuahua, juzgado y condenado a muerte. El día 2 de agosto consta haber sido ejecutado.


Molano, Andrés. Intervino en los primeros meses de la lucha por la Independencia, alcanzando el grado de Coronel. En Chihuahua, en donde se le abrió causa, resultó sentenciado el 27 de julio de 1811, a presidio perpetuo ultramarino y a la confiscación de sus bienes.


Medina, Carlos. Franciscano residente en el convento de su orden en San Luis Potosí. Se decidió por la causa insurgente y en marzo de 1811, etaba a las órdenes de Mariano Jiménez. Fue hecho prisionero por Elizondo en Monclova el 17 de marzo y trasladado a Durango. Murió fusilado en la Hacienda de San Juan de Dios en unión de Mariano Balleza, Ignacio Hidalgo y Muños, fray Bernardo Conde y Pedro Bustamante. En el proceso instruído contra fray Gregorio de la Concepción éste dio, en su primera declaración, estos detalles acerca de fray Carlos Medina: "También conoció a fray Carlos Mediana en Matehuala y supo que había llegado a verse con Jiménez en solicitud del indulto para ciertos europeos, que efectivamente consiguió, según le dijeron varios de los solados, y aun el declarante vio que uno de dichos indultados dio las gracais a Jiménez, estando éste almorzando con varios oficiales, sin que después supiese como fue a quedarse Medina en el ejército ni en que clase". Medina declaró en la causa contra fray Gregorio de la Concepción el 14 de julio de 1812 o sea, 3 días antes del fusilamiento; la declaración resultó favorable a fray Gregorio.


Belán, Antonio. Sacerdote insurgente que intervino en los primeros tiempos de la lucha. Fue hecho prisionero con el grueso del ejército independentista cuando este se retiraba a los Estados Unidos. La detención en Acatita el 21 de marzo de 1811 por Elizondo, fue llevado junto con otros clérigos a Parras y después a Durango por disposición expresa del gobernador de Texas. Condenado a muerte y pasado por las armas en la Hacienda de San Juan de Dios el 17 de julio de 1812.




Fuente:



Miquel i Vergés. Diccionario de Insurgentes. Editorial Porrúa. México 1982.