jueves, 9 de septiembre de 2010

San Pedro Puruátiro, municipio de Huaniqueo, Michoacán. Cabeza número 104

Ahora si me toca seguir la Ruta de Hidalgo pero a pié. Llegué a esta hermosa parte de Michoacán en donde, efectivamente hay servicio público de transporte pero es escaso y cuando terminé la visita de Teremendo tendría que esperar más de cuatro horas para continuar al siguiente punto así que decidí hacerlo a pie, hacia allá nos iremos ahora, a San Pedro Puruátiro.


Lo primero que vi., saliendo de Teremendo y enfilando rumbo a Puruátiro fue “la alberca” una hoya que me dio la sensación de tener el mismo origen que las “Luminarias” de Valle de Santiago pues aquí, al igual que allá, son zonas volcánicas. La diferencia estaba en que la alberca de Teremendo estaba llena de agua.


Fueron pocos los kilómetros que recorrí pues alguien en una camioneta se detuvo y me dio un “aventón” hacia el pueblo de San Pedro Puruátiro y me dejó precisamente frente a la Cabeza de Águila, la cual está en un ángulo de la Plaza Principal del pequeño poblado.


En las cercanías hay varios balnearios, pues el agua abunda, son varias las poblaciones que usan la palabra Purua, que en purépecha significa agua y, aprovechando este espléndido paisaje conozcamos un poco más de la lengua de los antiguos tarascos: “El tarasco es un idioma rico, sonoro y fácil para expresarse, por los cual lo aprendieron los misioneros pronto, para explicar los asuntos religiosos, se oye muy bien el canto por la armonía de sus combinaciones silábicas. La canción llamada "flor de canela" es muy antiguo por su belleza melódica se utiliza en las "canacuas" que es una danza ritual y quien la baila se le llama "Guananchecha".


Para la formación de los nombres del lugar, los Tarascos usaban el elemento radical, que daba el significado exacto a la palabra, enseguida colocamos la terminación que no era por capricho sino que venía a completar, no solamente la fonética sino ideológicamente la palabra.


Así la terminación: "RO", significa donde hay o abunda aquello por ejemplo: Amecuaro que viene de amecua, que es un lindero; Apundaro que viene de Apunda, (laguna) y ro donde hay una laguna.

La terminación "Eo o Io" además de significar lugar de, "indicaba que aquellas localidades eran pequeñas, de escasos habitantes o de poca importancia como COEN (EO), Nur (io), Huaniqu (eo), Atapan (eo) y Cuitz (eo), etc.

La terminación "AN" significaba un lugar, cabecera de señorío o habitación del cacique que gobernaba aquel contorno, como: Tzintzuntz (an), Uruap (an), Patamb (an), Taret (an), etc.


En la actualidad el P´urhépecha se ha mezclado mucho con el castellano, pues en Michoacán tenemos palabras de uso diario, que proceden de dicho idioma.

Así decimos: "conchure" por encogido, "corunda" por tamal o pan de maíz, "chacuaco" le llamamos al tubo por donde sale el humo, "charape" al licor fermentado y endulzado del pulque, "charanda" quiere decir tierra colorada es el licor típico de Michoacán, aunque también se conoce al licor fermentado de la caña de azúcar, "chancharra" es una hormiga, "chiquigüite" es un canasto, "chocho"- grillo, "ecuaro" sembradío pequeño, "guancipo" es un aro para sentar una hoya en el piso, "paranguas" piedras que se utilizan para asentar una hoya en un fogón, "uchepo" tamal de elote tierno, "gorupo"- insecto, "sotaco"- chaparro, "saracatas"- basura, etcétera, y otras muchas que no se usan sólo en Michoacán, sino en todo el país". (1)


Así pues, luego de la lección de la legua purépecha sabemos que Puruátiro quiere decir “nacimiento del agua” o “donde nace el agua”


Fuentes:

1.- Portal de los Municipios de Michoacán.

http://www.municipiosmich.gob.mx/coeneo/municipio/historia/origenes.php

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Teremendo, municipio de Morelia, Michoacán. Cabeza número 103

Larga fue la jornada del día 17 de noviembre de 1810. La salida del ejército Insurgente con Hidalgo a la cabeza cruzó varios poblados de Michoacán luego de dejar Valladolid. Continuó por Itzícuaro, Cuto y Coro llegando antes de caer el sol a Teremendo, población de indios tarasco que guardaban sus ancestrales costumbres.


Teremendo con ese fuerte carácter que imprimen las poblaciones indígenas sigue aun en la actualidad siendo habitado principalmente por descendientes purépecha, aun se habla la lengua y dentro de sus vestigios encontramos en pie la huatapera, el edificio que, desde que don Vasco de Quiroga se estableció en Michoacán, fue designado como hospital de indios.


Hemos visto cuan importante fue la estancia de don Miguel Hidalgo en Valladolid y de los agravios de que fueron objeto los españoles, pero hubo algo más que sucedió durante esa estancia, la respuesta que el cura de Dolores diera al edicto de Excomunión que sobre él pesaba.


Durante su estancia en Valladolid, Hidalgo “redacta un manifiesto en contestación al edicto promulgado por el Santo Oficio en el cual se le hacen diversos cargos, particularmente el de herejía, disponiendo sea leído en todas las iglesias, en él destruye los cargos que se le imputan y a la vez justifica las causas que provocaron la proclamación de la independencia; diafaniza en la réplica que hace al edicto en referencia su profesión de fe católica; destituye uno por uno los cargo que, la inquisición le formula; ataca a los españoles dando a conocer los medios de que se valen para conservar el dominio que tienen sobre las riquezas del suelo mexicano y finalmente hace un llamado a todos los americanos (nacidos en la Nueva España), exhortándolos a “romper los lazos de ignominia con que están ligados desde hace muchos años y que para conseguirlo, se necesita unirse y ver como amigos a todos aquellos enemigos de las prerrogativas del mexicano”.


“Pide también la integración de un Congreso de Representantes de todas las ciudades, villas y lugares de la Nueva España, que tenga como objeto principal:


Conservar nuestra religión.

Dictar leyes que beneficien al pueblo

Que destierren la pobreza

Que evite la extracción del dinero de nuestro suelo

Que fomenten las artes y las industrias y

Que impulsen el uso y la producción de las tierras del País.


Por ultimo convoca a una junta de Oficiales para organizar un nuevo ejército.” (1)


El cura Hidalgo pasó la noche en esta comunidad, en la casa ya casi en ruinas que se ubica en el que actualmente se denomina Portal Melchor Ocampo en el número 23. Se dice que la casa era propiedad de Tiburcio Delgado, para luego pasar a manos de Cipriano Tapia, quien la heredara a su hijo, Ernesto Tapia.


Y es en Teremendo que encontramos a un personaje más que participó en la lucha de Independencia, que fuera olvidado por la historia y que ahora, debido a los festejos del Bicentenario está siendo rescatado, el padre José Guadalupe Salto.


Para leer más sobre el padre Salto, entra aquí:


http://www.lajornadamichoacan.com.mx/2008/05/11/index.php?section=cultura&article=014n1cul


Fuentes:


1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Editorial Lápiz y Papel de México. México, 1960




martes, 7 de septiembre de 2010

Coro Grande, municipio de Morelia, Michoacán. Cabeza número 102

Como te lo he venido contando, no dispongo de auto para hacer el recorrido de la Ruta de Hidalgo, lo hago a pie, de aventón en taxi, colectivo y camión. La zona en donde nos encontramos ahora es poco transitada, es, como se ve en las fotografías, plena época de lluvias, las cuales son abundantes en esta parte de Michoacán y, como el camión por motivos de tiempo no entra al pueblo de Coro Grande, no tuve la oportunidad de comprobar si existe o no la estela de Cabeza de Águila que, según la ruta, debe existir aquí.


Ese 17 de noviembre, muy temprano por la mañana inició la salida de los Insurgentes encabezados por Hidalgo solamente, pasaron por las haciendas de Itzíquaro, Cuto y ahora se encontraban en Coro. El paso de Hidalgo y su nuevamente nutrido grupo de seguidores, esta vez, con una buena cantidad de caballos, por ende, exigencias mayores para abastecerse de alimentos para los humanos y las bestias.


Mientras tanto el Santo Oficio de la Inquisición de México seguía preparando la acusación en contra de Miguel Hidalgo en los que incluía lo siguientes delitos:


Hereje

Apóstata de nuestra sagrada religión

Ateísta

Materialista

Deísta

Libertino

Sedicioso

Cismático

Judaizante

Luterano

Calvinista

Reo de lesa majestad divina y humana

Blasfemo

Enemigo implacable del Cristianismo y del Estado

Seductor protervo

Lascivo

Hipócrita

Astuto

Traidor al Rey y a la Patria

Pertinaz

Contumaz

Rebelde al Santo Oficio (2)


Su paso por Coro seguramente fue breve, faltaba aun más por cruzar de esta denominada zona “neo volcánica”, la cabalgata seguía enfilando rumbo norte, para llegar a Teremendo.


Fuentes:


1.- Barrera Bassols, Jacinto. Pesquisa sobre un estandarte. INAH. México, 2010



lunes, 6 de septiembre de 2010

Cuto de la Esperanza, municipio de Morelia, Michoacán. Cabeza 101

En los últimos artículos hemos visto algunos pasajes intensos que forman parte de la real historia del movimiento Insurgente y no de la historia oficial en la que todo se idealiza. Hoy nos olvidamos de todo el anecdotario histórico y nos detenemos en esta escala de la Ruta de Hidalgo, en la estela número 94, de acuerdo a mi conteo en el pueblo de Cuto de la Esperanza, un lugar de extraordinaria tranquilidad y belleza, así como en escalas anteriores, esta vez no habrá texto y solamente gustaremos del lugar.












domingo, 5 de septiembre de 2010

Itzícuaro, municipio de Morelia, Michoacán. Cabeza 100

La dirección tomada por Hidalgo y su, ahora si lo podemos decir así, cabalgata fue rumbo poniente, hacia la hacienda de Itzícuaro, por cierto, lugar cercano a los cerros de Batea y Molcajete, donde fuera la ejecución de los españoles, es decir el degüello. Y hacia allá enfilamos, fue un poco complicado pues no mucha gente conoce esta población, preguntando en la calle de Morelia, encontré finalmente un cristiano que me indicó como llegar, pero… ¿a cuál? Me preguntó. ¿Cuál? Dije, yo. Si, hay varios Itzícuaros, ¿a cual va usted?


Luego de que conté la historia de las estelas de Cabeza de Águila y ante el desconocimiento de lo que les contaba a mis interlocutores, enfilé al primer Itzícuaro, más conocido como San Juanito y no encontré nada, lo bueno fue que topé con una persona, ya anciana, que me dijo exactamente en donde se encontraba el Itzícuaro que yo buscaba, donde hubo una hacienda, así que, con lluvia pertinaz y luego de varios autobuses y el embotellamiento causado por la construcción del distribuidor vial poniente, llegué a lo que fue la Hacienda de Itzícuaro y sí, allí estaba el Águila.


Solo que no es el águila original, es una copia, igual a la que vimos en Indaparapeo, la que no guarda las proporciones adecuadas y que es una burda, muy burda copia de la diseñada por el maestro Chávez Morado. Como quiera, fue repuesta y colocada en el lugar debido solo que… está mal colocada pues apunta al oriente, es decir, hacia Morelia y si vemos lo esencial de la historia, Hidalgo salió de Morelia, no iba a Morelia, por lo tanto debería no estar apuntando rumbo poniente, sino más bien rumbo norte que es a donde continuaron su camino.


Si comenzamos a sacar deducciones y contamos la cantidad de caballos que llevaban a su salida de Morelia, es evidente pensar la cantidad de kilos, toneladas, para ser más precisos, de granos que se requerirían para alimentar a estos cuadrúpedos, por lo tanto, una rica hacienda con grandes trojes era necesaria en el camino para encontrar el abastecimiento necesario para que los caballos aguantaran el recorrido hasta Guadalajara y los puntos intermedios.


Era 17 de noviembre, al menos la gran mayoría de los historiadores, que no coinciden con la fecha de llegada de Hidalgo a Valladolid, si lo hacen con la fecha de salida, el día 17. Recién se había levantado la cosecha de maíz, ya había pasado un buen mes de ello, por lo tanto las desgranadoras estuvieron trabajando con afán, las trojes estaban llenas del grano, base del sustento humano y, ¿Por qué no decirlo? animal también. Así que las trojes de Itzícuaro seguramente fueron arrasadas.


En los últimos artículos de éste blog hemos hecho mucho énfasis al asunto religioso, una vez más lo haré, para ello me apoyo en Fernando Benítez: “Hidalgo, seguido de un puñado entró a Valladolid secretamente, cansado, abatido y hecho jirones. La ciudad permanecía fiel al antiguo rector de su máximo colegio e Hidalgo logró levantar un nuevo ejército, rehacerse y responder a los cargos de sus enemigos”.


Un manifiesto suyo donde contestaba los cargos de la inquisición fue leído en las iglesias: “Me veo en la triste necesidad –principiaba diciendo- de satisfacer a las gentes sobre un punto que nunca creí me pudiese tildar, ni menos declarárseme sospechoso para mis compatriotas. Hablo de la cosa más interesante, más sagrada y para mí la mas amable: de la religión santa, de la fe sobrenatural que recibí en el bautismo”.


“os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni un ápice de la creencia de la Santa Iglesia Católica; jamás he dudado de ninguna de sus verdades, siempre he estado íntimamente convencido de la infalibilidad de sus dogmas, y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada uno de ellos”


Era inútil que Hidalgo, un creyente convencido y un teólogo eminente, tratara de quitarse el sambenito de hereje que le colgaban tan injustamente los prelados de la Iglesia, convirtiendo un delito de orden político en uno religioso, porque en la lucha entre explotadores y explotados –y nuestra época sabe mucho de eso- se empleaban injurias, calumnias y mentiras bajo los disfraces más respetables.


La Iglesia excomulgaba y vejaba a un modesto cura de la Colonia por el crimen de querer libertarla pero no excomulgaba en España a los traidores que seguían al hermano de Bonaparte, según advertía Hidalgo en la nota humorística con la cual terminaba su manifiesto: “entre las resmas de proclamas que nos han venido de la península –decía- , desde la irrupción en ella de los franceses no se leerá una cuartilla de papel que contenga, ni aun indicada, excomunión de algún prelado de aquella partes, contra los que abracen la causa de Pepe Botella, sin que nadie dude de sus ejércitos y Constitución venían a destruir el cristianismo en España”.


El 17 de noviembre abandonó el refugio de Valladolid con siete mil jinetes y 240 infantes y emprendió el viaje a Guadalajara… (1)


Fuentes:


1.- Benítez, Fernando. La ruta de la libertad. Editorial Offset. México, 1982