jueves, 17 de febrero de 2011

Hacienda de Las Cruces, municipio de Moctezuma, San Luis Potosí. Cabeza número 164

En la plaza ubicada frente a la Parroquia de San Jerónimo se localiza la Cabeza de Aguila de la ex hacienda de Cruces, en el actual municipio de Moctezuma, localidad que anteriormente se llamó San Jerónimo de La Hedionda. En la foto, al centro, vemos al Lic. Rafael Reyes Cronista Vitalicio de Moctezuma, San Luis Potosí autor del siguiente texto:

"El domingo 10 de febrero llegó a la hacienda de Cruces el maltrecho ejército Insurgente que se dirige hacia Tierra Adentro, lo componen 1,200 combatientes que avanzan encabezados por Ignacio Allende, Miguel Hidalgo, Ignacio López Rayón, Mariano Abasolo y Rafael Iriarte, entre otros. En el conglomerado humano vienen familias, mujeres y niños, arrastran la derrota del Puente de Calderón, con la frente en alto pero su talante se asemeja al de los atenienses después dela guerra del Peloponeso. Desde que dejaron la ciudad de Zacatecas el 5 de febrero, han avanzado 24 leguas en 5 jornadas. La caravana está compuesta de carruajes, unas carretas prevenidas con forraje y grandes recipientes de agua , varios cañones y mucha caballería. El calor era infernal a la hora que llegó lo que quedaba del derrotado ejército Insurgente a esta hacienda situada en terminos de La Hedionda, a 5 leguas de la cabecera.


"La Hedionda cumplió el pasado 18 de diciembre, 258 años de existencia. Según un censo del 6 de agosto de 173, recogido por don Ambrosio de Sagarzurieta Garcìa Galvarro y Viana, titular de la Fiscalía de lo Civil de la Audiencia de la Nueva Galicia, "la cabecera del pueblo de La Hedionda tiene 2 mil 442 almas, y con los que habitan en los 64 ranchos y haciendas de su jurisdicción, componen su total de 8 mil 100 vecinos." El reloj de sol de piedra cantera marcaba las doce horas con cincuenta minutos cuando arribaron los Insurgenes a la hacienda de Las Cruces. La noche anterior en el ojo de agua de Santa María había sido tan severamente fría que calaba los huesos, por lo que quemó todo el forraje que traía la caballada, urgía reponerlo y la hacienda algua guardaba, rastrojo viejo, pero útil para la adversa situación de la insurgencia. Además se reclamaba remudar a las bestias y saciar el hambre y la sed de las huestes independentistas.


Los aposenteros habían pasado por aquí dos días antes y la gente ya los esperaba. El administrador es el capitán realista Juan Nepomuceno de Oviedo que anda en campaña de 180 dependientes a los que llamaron "Los Tamarindos", por el color gamuza de sus vestidos, pero el encargado, su hermano Eugenio, y los dependientes de confianza habían puesto pies en polvorosa hacia la Hacienda de Espíritu Santo, Jurisdicción de Pinos, resguardada por un piquete realista a la expectativa. El cura Hidalgo no viene en la comitiva principal, viene en un brioso caballo negro a la retaguardia, desdeñado y casi "a fuerzas". Se rumora que ya no tiene el mando y que está degradado, lo acompañan los "señores del degüello" Viente Loya y Agustín Marroquín, y se refrescó el cuerpo ajado en el ojo de agua termal de Las Cruces.

Don Pablo José Calvillo, capellán del ejército Insurgente ya no viene con ellos y, sabrá Dios quién ofició la misa dominical, porque clérigos sí traen. El capitán general Juan Aldama, estuvo bromeando toda la tarde con los soldados, tiene un genio alegre y parece llevarse bien con todos. Ese carácter festivo del caudillo hace menos pesado el desaliento y el miedo que muchos arrastran y que no lo dicen. Gélida era la noche de nueva cuenta y calentándose con fogatas vieron el gran cometa cruzar en la noche despertándoles una gran inquietud y los peores augurios. A Nicolás Quilty Valois, contador de las Cajas Reales de Zacatecas que viene prisionero, se le cimbró toda su francesa humanidad esperando lo peor.

Es apenas el primer trecho de los terregosos y suelos secos del altiplano, la primera incursión de la cansina travesía por el desierto potosino y la desconfianza y el tiento campean entre ellos. No hay animosidad de "la buena". En los albores del siglo XVIII Las Cruces y Bocas pertenecían al marqués Rivas Cacho y a partir de 1725, al doctor José de Torres y Vergara, abogado de la Real Audiencia de México, ambas conforman una obra pía, un patronato laico creado por éste".

Agradecemos enormemente al Licenciado Rafael Reyes Gómez, por su valiosa colaboración.

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