miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cuquío, Jalisco. Cabeza número 141

Notamos una cosa curiosa en la Cabeza de Águila ubicada en Cuquío, Jalisco, en donde se ve la escultura remozada, seguramente a consecuencia del Bicentenario, en donde, contrario a lo establecido en el diseño original, en el que la linea diagonal de la base da hacia la la parte trasera de la cabeza, esto con el fin de mantener la armonía, fue alterada, quizá notaron que estaba mal colocada y decidieron girarla. En la fotografía que más adelante encontrarás, se ve cual era el diseño original de la estela. Curiosidades del Bicentenario...


Esta es la casa donde se dice que durmió el cura don Miguel Hidalgo, en la parte alta aparece la placa en mármol que, durante los festejos del Centenario, se mandaron colocar en distintos puntos de la Ruta de Hidalgo en donde se identificaban los sitios más relevantes de su paso.


Este es el interior de la casa en Cuquío en donde se dice, pernoctó el cura Hidalgo, descanso más que merecido luego de la derrota en el Puente de Calderón.



El padre Hidalgo arriba a Cuquío el 17 de enero de 1811 con sus compañeros en desgracia por la noche de ese día, encontrándose con la sorpresa de que "la iglesia tiene la puerta principal muy inmediata al camino y por esos se advirtió gran movimiento como de una solemne función: se preguntó su objeto, y se le dijo: que era una rogación a Dios por la vida del señor Hidalgo, porque ya sabían la pérdida de la guerra en Calderón; pero ignoraban la suerte del Generalísimo con cuyo nombre era conocido el Sr. Hidalgo, muy reconocido a semejante acto dejó recado al señor Cura del pueblo diciendo que no le avisaran, porque hallándose en el altar y en un acto tan solemne y santo, no era prudente distraerlo; y además, que iba de prisa y no podía perder momento". (1)

"Este viernes, regresa Hidalgo a Guadalajara, con su mermado ejército, en compañía de Joaquín Arias e Ignacio Camargo. De allí se traslada a Cuquío donde tras de desmontar del caballo, en un descanso, les dice a las personas que allí encuentra: "¡Desgracias, desgracias; pero no hay cuidado, que pronto nos veremos!" pide de almorzar unos huevos, que se le sirven, y antes de media hora se retira en compañía de sus compañeros [sic] y otra porción de insurgentes que mientras duró el almuerzo han ido llegando en pelotones, tomando el camino a Zacatecas. Ese mismo día, como a las cinco de la tarde, llega Allende, con otro contingente de insurrectos, entre ellos Marroquín. El Capitán general trae herido el muslo . Viene con sombrero de falda y cotón de gamuza picada". (2)

Fuentes:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.

2.- Martínez Álvarez, José Antonio. Miguel Hidalgo, marcha de la libertad. Consejo Consultivo Editorial del Bajío. Celaya, 2008.

Lo que sucedió a Calleja y el Ejército Realista luego de la batalla de Calderón


Eran las cuatro de la tarde, y el ejército realista, después de seis horas de combate en que varias veces estuvo a punto de ser completamente destrozado, acampaba vencedor sobre las posiciones de los independientes, apoderándose de ochenta y seis cañones, de varias banderas y de gran cantidad de armas, municiones y perterechos. La caballería persiguió a los fugitivos; el viejo conde de la Cadena, despechado por las derrotas que habían sufrido aquel día, se lanzó también en seguimiento de los dispersos pero llevado por su arrojo demasiado lejos, se vio de repente rodeado de enemigos y sucumbió lucahndo como bueno; y al día siguiente se encontró su cadáver lejos del campo de batalla y cubierto de heridas.

Fue la persecución activa y sangrienta, y aquél enorme ejército, cuyos jefes principales tomaron la dirección de Aguascalientes y Zacatecas, acuchillados sin piedad por la cabllería, iban dejando tras sí un reguero de muertos. Tal fue la Batalla de Puente de Calderón, que demostró una vez más la superioridad del orden y la disciplina respecto del número, "triste y tardío desengaño, dice un historiador [José María Luis Mora] pero muy útil a los que habían tomado por su centa la causa de la patria, que en lo sucesivo procuraron organizar sus fuerzas de otro modo y lograron prolongar la resistencia por diez años hasta el triunfo final que vino en 1821". Considerable fue la pérdida de los independientes en esta memorable batalla, auqnue no llega a expresarse en ningún documentooficial el número de muertos y heridos que en ella tuvieron; la de los realistas según las noticias más seguras, ascendió a quinientos de unos y otros, contándose entre las primeras el conde de la Cadena, como hemos dicho ya, y entre los segundos el general Emparán y el capitán don Gabriel Martínez, comandante del escuadrón de dragones de España. Unos y otros, indpendientes y realistas, pelaron ese día con igual bravura, y si al cabo la fortuna favoreció a los soldados veteranos, que de nada carecían y cuyo equipo y armamento eran brillantes, no fue sino a costa de inmensos esfuerzos; y más de una vez se vieron en peligro de ser destrozados; como lo dijo el mismo Calleja al virrey en un oficio reservado que lo dirigió al día siguiente de la batala. Proponía, además el brigadier español que se concediese a sus soldados un distintivo honorífico por las acciones en que habían combatido (el gobeirno español concedió poco después a los individuos del ejército del centro un escudo por premiode su valor en Aculco, Guanajuato y Calderón, Fernando VII agració a Calleja, cuando éte volvio a España, con el título de conde de Calderón). Y en esta ocasión se expresaba Calleja en los siguientes términos: "Este vasto reino pesa domasiado sobre una metrópoli cuya subsistencia vacila: sus naturales y aun los mismos europeos están convencidos de las ventajas que les restarían de un gobierno independiente; y si la insurrección absurda de Hidalgo se hubera apoyado sobre esta base, me parece, según obsrvo, que hubiera sufrido muy poca oposición".

"Nadie ignora que la falta de numeraria la ocasiona la península; que la escacéz y alto precio de los efectos es un resultado precios de espculaciones mercantiles que pasan por muchas manos y que los premios y recompensas que tanto se escasean en la Colonia, se prodigan en la metrópoli".

"En este estado, si no se acude prontamente al remedio, puede no tenerse; y contrayéndome al ejército, me parece de absoluta necesidad que por ahroa se les distinga con un escudo que en su orla exprese sucintamente las tres acciones que han libertado la América exceptuando unicamente de esta gracia al jefe, oficial o soldado que notoriamente se haya conducido mal, y colocándole al lado izquierdo del pecho..."

"Es menester acudir al remedio, y sococar las quejas en su orígen; y ya que haya dificultad en acordar premios y recompensas efectivas y útiles, no haya a lo menos en conceder distinciones de pura imaginación. Un laurel en la antigua Roma le produjo más victorias que hojas pendían de sus ramas. El ejército es el único apoyo con que contamos, y él es únciamente el que nos ha de salvar. Los pueblos no entran sino por la fuerza de sus deberes".

Calleja se mantuvo sobre el campo de batalla hasta el 20 de enero en que ocupó el pueblo de San Pedro inmediato a Guadalajara, donde se le presentaron los ministros de la Audiencia, el Ayuntamiento, el Cabildo Eclesíastico, los prelados de las religiones y los doctores de la Unviersidad protestando fidelidad acendrada al gobierno virreinal, los unos por lisonjear al vencedor del momento, y los otros por tener realmente vinculados sus intereses con los de la dominación española. No se engañó, empero, el suspicaz Calleja con aquellas ardientes demostraciones de adhesión, y aunque a todos contestó con templanza, escibiría ese mismo día a Venegas: "Aquí se me han presentado, después del medio día que llegué, los miembros de las corporaciones civiles y eclesiásticas con señales del mismo vivo reconocimiento al ejército que los ha libertado de la opresión en que vivían y del amor y fidelidad a su legítimo gobierno. He hecho entender a todos, en nombre de V.E., sus beneficios mirar y aunque no estoy seguro de la sinceridad de las expresiones de todos, he creído necesario usar del lenguaje de la benignidad para inspirar confianza".

Al día siguiente hizo su entrada en Guadalajara dirigiéndose desde luego a la catedral, donde se cantó el Te Deum acostumbrado. Tres horas depués llegó al frente de sus tropas el brigadier José de la Cruz, quién, después del combate de Urepetiro, ( Batalla de Urepetiro), forzó sus marchas para unirse al ejército del centro sin haberlo logrado antes de la batalla de Calderón. No obstante ser Calleja menos antiguo que Cruz en el grado de brigadier, quedó al mando en jefe de los cuerpos del ejército, acordándose luego que mientras el primero permanecía en Guadalajara arreglando el gobierno de la provincia, el segundo marcharía en breve sobre San Bals a fin de arrancarle el poder a los independientes. (1)

Todo el texto aterior fue extraído del libro México a través de los siglos. Hay un párrafo que me llama muchísimo la atención, ese donde Calleja dice de los acaparadores en la metrópoli, es decir, en la ciudad de México y, me hace reflexionar en que, han pasado doscientos años y las cosas no han cambiado en mucho...

Fuentes:

1.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo V. Editorial Cumbre. México, 1984

Enlaces:

La correspondencia que sostuvo Calleja con el virrey Venegas se puede consultra completa, junto con muchos más documentos en la monumental obra de Juan E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la historia de la guerra de indpendencia de México de 1808 a 1821. Originalmente publicada a mediados del siglo XIX y que ahora digitalizó la UNAM, la puedes ver aquí:

martes, 9 de noviembre de 2010

Estado de Jalisco, Cabezas número 137, 138, 139 y 140


Mapa del rancho de San Joaquín de las Calabazas, municipio de Acatic, Jalisco. Data de 1896. Colaboración de Sergio A. Cárdenas.


Jueves 17 de Enero de 1810. Mientras los franciscanos aseguran que Hidalgo volvió a Guadalajara al sobrevenir la malhadada derrota de Calderón, otros niegan tal hecho por considerar ilógico su retorno, en virtud de que cada jefe opta por el rumbo que mayor seguridad personal le ofrece el momento supremo, en tales casos, conjetúrase que volver a la ciudad tapatía era tanto como encajonarse o pretender ocupar puntos ya en poder de las fuerzas enemigas, sin duda alguna, siendo aun más peligrosa y aventurada tal idea cuando las tropas Insurgentes habían perdido la moral y mucho del armamento que poseían antes de la infausta acción y, en esos casos, solo se piensa en salvar distancias ya sea para reorganizarse o por protección personal.

Más bien se cree que la aseveración de los franciscanos en la cual se funda el ilustre historiógrafo tapatío Lic. Luis Pérez Verdía, se confunde con los que manifestan otros investigadores con todos los visos de veracidad "que fue Abasolo, quien volvió a la referida ciudad, ya anocheciendo y que para ocultar la derrota ordenó echar a vuelo las campanas del triunfo".

Don Lucas Alamán da como ruta seguida por el cura Hidalgo, después del desastre: Guadalajara, Zapotlanejo, Tepatitlán, Aguascalientes, Pabellón y Zacatecas.

El Licenciado Jorge Gurría Lacorix, señala: Puente de Calderón, Guadalajara, San Cristóbal de la Barranca, Tecatán, Cuquío, Yahualica, Nochistán, Teocaltiche, Tequexquite, Encarnación, Peñuelas y Aguascalientes.

Amaya, opina que pasó por: Ixtlahuacán del Río, rumbo a Cuquío, continuando a Yahualica, Teocaltiche; prosigue a Moyahua y Juchipila. El itinerario también ha sido desechado a exepción de Cuquío, Moyahua y Juchipila, en virtud de que, se le hace pasar por Aguascalientes, población que tocó Hidalgo, según testimonios aportados por el Dr. Avilés Solares, Topete del Valle y J. T. Vela Salas, en sus respectivos apunts históricos de gran valía para la historia de México.

Los ilustres historiógrafos: Luis Pérez Verdía, Luis Páez Brotchie, Luis Castillo Ledón y el Dr. José Avilés Solares se inclinan por el siguiente peregrinar: Vado de San Cristóbal, La Silleta, Estanzuela, Mezquital del Oro, Moyahua, Juchipila, San José de los Osotes, Apozol, Jalpa, Calvillo, San José de Gracia y Hacienda de San Blas del Pabellón.

El docto profesor José T. Vela Salas, Inspector Federal de Educación por muchos años en Aguascalientes y originario de la propia entidad, manifiesta que el recorrido del párroco de Dolores fue por: Cuquío, Apozol, Jalpa, San Pedro, Teocaltichito, San Jacinto, Tecongo, La Presa, La Mora, Cerro Blanco, Valle de Huajúcar, San José de Gracia, Hacienda de Pabellón, Arámbula, Ojo de Agua, Rincón de Romos, Escaleras, Cerro, Rosas, Laguna de Piedras y Chiquihuitillo.

Finalmente el erudito profesor Alejandro Topete del Valle, afirma que no regresó a Guadalajara y señala la siguiente ruta, manifestando que el cura Hidalgo, transcurrido el tiempo indispensble para reponerse del agobio que causara la desventurada acción bélica de Calderón, observa, acompañado de un grupo de personas (23) desde una loma a su ejército en desbandada, así como el camino a Guadalajara, diciendo al grupo que lo rodea: "Quien nos hubiera dicho ayer a estas horas lo que habríamos de ser hoy; a la vista tenemos un gran libro que no hemos tenido tiempo de estudiar por nuestros precipitados movimientos. Muy cara nos ha salido esta experiencia, pero ellos nos guiará, ¡Adelante, adelante, compañeros!" y luego montando a caballo emprende la marcha con rumbo a Cuquío, con su reducida comitiva, sin recursos económicos ni materiales, pasando previamente por Manatán. El propio profesor Topete del Valle asegura que de haber retornado a la Perla de Occidente hubiera cometido un acto temerario e imprudente, colocándose en situación comprometida, fácil de ser copado en virtud de que los puntos por donde debía pasar, ya estaban en poder de las fuerzas enemigas.

Además debe considerarse que como propósito principal de todos los jefes, era el de alejarse al norte encontrándose en circunstancias tan apremiantes como se encontraban, con mayor razón trataría de salvar en el menor tiempo posible, la mayor distancia por los caminos más seguros a fin de ponerse cuanto antes al amparo y protección de núcleos amigos, pensando seguramente en Aguascalientes, por encontrarse allí José Rafael Iriarte o se el cabo Leyton, tratando siempre de mantener contacto con las serranías por razones de seguridad, asilo y refugio en caso de emergencia.

La prisa que tenía, la comitiva en derrota, queda evidenciada con el ejemplo elocuente que dio a sus compañeros el gran sacerdote, quien bajándose de la cabalgadura para dar descanso a su bestia dijo: "este es el mejor modo de remudar en estos lances". De Calderón pasa por: Manatán, Rancho de San Agustín de las Calabazas, Tepetates, Tepeposco, Cuquío, Las Cruces y Tebaida.

Cuenta la tradición que a la llegada al Rancho de San Agustín de las Calabazas, encontraron como único sustento, unos cuantos aguacates que al ser repartidos, tan sólo uno tocó al párroco de Dolores, haciendo tales elogios del fruto que saboreaba, llegado a compararlo por su exquisitez con las ricas viandas que tomara en la cocina de San Felipe Torresmochas y en Dolores, lo cual causó regocijo entre el grupo de fugitivos que la segía, continuando con mucho ánimo su camino a: Tepetates, Tepeposco y Cuquío.

Arribando a este último poblado ya entrada la noche donde recibieron una impresión bastante satisfactoria según lo describe don Pedro García y que muy amenamente refiere el profesor Topete del Valle, en su estudo denominado "Ruta seguida por el padre Hidalgo", que tuvo la gentileza de enviar al que esto escribe.

Conclusión:

Cabeza número 137 debería estar en Manatán o Tacatán, Jalisco

Cabeza número 138 debería estar en Las Calabazas, Jalisco

Cabeza número 139 debería estar en Tepetates, Jalisco

Cabeza número 140 debería estar en Tepeposco, Jalisco

Fuente:


Todo lo aquí escrito ha sido tomado del libro Ruta de Hidalgo 1810-1811, del profesor Felipe Jiménez de la Rosa, editado por Lápiz y Papel de México en la ciudad de México, 1960.

Las estelas de Cabeza de Águila posteriores a la derrota en Calderón


Vista de Guadalajara a principios del siglo XIX, por alguno de esos caminos seguiría el derrotado ejército Insurgente siguiendo, unos, a Hidalgo, otros, a Allende

Como lo hemos visto a lo largo del recorrido, hay zonas en la ruta que llevó el cura Hidalgo en donde se vuelve muy complicado ubicarlas, esto es debido a que no hay un registro exacto o, en todo caso, no se ha estudiado a profundidad el recorrido, paso a paso que el ejército Insurgente llevó. Eso lo vimos desde un principio, cuando, el día 27 de Septiembre estando en la Hacienda de Burras, se marcaron lugares como Venta de la Purísima, Puentecillas, Estanco del Pulque, El Retiro, Marfil y la Yerbabuena como sitio en donde se debió haber puesto una estela. Este "debió" lo tomo en la base del ya citado libro que, si bien, no es oficial, es el único al que he tenido acceso en donde se marca una a una la ruta llevada en 1810-1811.

Entre la Batalla del Monte de las Cruces el 30 de octubre de 1810 y la derrota en Aculco el 7 de noviembre, vuelve a presentarse un discrepancia en la ruta y en el lugar en donde, supuestamente se instalaron las estelas. Luego del único sitio en Querétaro donde debería haber una estela, Amealco, la ruta que el profesor Jiménez de la Rosa establece, son una serie de comunidades en donde no existen Cabezas de Aguila, sin embargo las ennumera. Esto es desde la entrada que hace a la Intendencia de Guanajuato por Molino de Caballero hasta Celaya, pasando por Santa Margarita, Salitrillo, Coroneo y la Hacienda de Juan Martín. En Celaya hace poco se acaba de instalar una Cabeza de Águila, bastante fea y un poco distante del modelo original, por cierto, pero solo existe una y en el libro en el que me baso se contabiliza en dos ocasiones el paso de Hidalgo por Celaya. Más aun, en Salamanca, lugar en donde vivo acutalmente, en el cual el paso del ejéricto Insurgente al frente con Miguel Hidalgo es contabilizado en tres ocasiones en el total de las 260 estelas de Cabeza de Águila y solamente existe una. Creo que con estos ejemplos nos damos perfectamente cuenta de las enormes discrepancias que hay en cuanto al número exacto de Cabezas instaladas.

Se sabe, y asi lo reza la estela número uno, la instalada en Dolores Hidalgo, justo entre la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores y la Presidencia Municipal, en donde puntualmente se anota que son 260. A este punto, que sería, según mi conteo el justo medio aritmético -130- pero que, de acuerdo al conteo del profesor Jiménez de la Rosa 152, es decir, llevamos una discrepancia de 52.

Sin embargo, en el recorrido que he hecho físicamente hasta el momento, he ido encontrando estelas en lugares en donde el profesor no las marca, tal es el caso de el Panteón de San Sebastián y la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato y la de Zacapu en Michoacán. En algunos sitios que se dá por hecho que hay estelas, no las hay; en fin, a este punto, justo a la mitad del camino nos enfrentamos a esa, digamos, segunda parte de la Ruta de Hidalgo en donde se vuelve más complicado aun el definir por donde siguió el contingente y, sobre todo, en donde, efectivamente hay estelas de Cabeza de Águila.

Hasta la fecha he ido recibiendo algunos comentarios de las personas que han tenido a bien seguir este blog, desde aquí les agradezco todos y cada uno de los datos que me han enviado, más aun, a las personas que se han tomado el tiempo para enviarme fotografías que me ayudan a documentar cabalmente los artículos.

Tanto este como los siguientes dos artículos carecerán de fotografías pues me ha sido imposibe llegar a esos lugares o hacer contacto con alguien que viva en las cercanías y me ayude a localizar los monumentos, por lo tanto, si alguien que lee esto sabe de la existencia de Cabezas de Águila en los siguientes puntos del estado de Jalisco, le agradeceré me lo confirme, y, de ser posible, me haga llegar algunas fotografías.

No. Lugar
137 Manatán o Tactán, Jalisco.
138 Las Calabazas, Jalisco
139 Tepetates, Jalisco
140 Tepeposco, Jalisco
141 Cuquío -de esta ya recibí una fotografía-
142 Las Cruces, Jalisco
143 Tebaida, Jalisco

Sigamos pues, en medida de lo posible, recorriendo la Ruta de Hidalgo y sus Estelas de Cabeza de Águila...

lunes, 8 de noviembre de 2010

La consecuencia religiosa de la batalla de Puente de Calderón

Meses más tarde, aprehendido Hidalgo y los demás principales del movimiento Insurgente, “El Cabildo Eclesiático de Guadalajara dispone que se cante una misa solemne con sermón, para solemnizar la batalla de Calderón.

Este cabildo que nada cree tan propio de su instituto, como dar culto a Dios y tributarle humildes gracias en reconocimiento de las que continuamente recibe de su omnipotente mano: que desde su erección ha procurado perpetuar las más notables, haciendo anual memoria de ellas en las fechas de sus respectivos acontecimientos, y celebrándolas con la posible solemnidad para edificación e instrucción del Pueblo Cristiano: y que en el discurso de la revolución actual considera el día 17 de Enero último como el mes más feliz de nuestra edad presente: acordó gustosa y unánimemente por acta del 3 del que rige, que en cada uno de los años venideros hacia el propio día 17 se cante una misa solemnísima con el Señor Sacramentado patente, y en la que se predique Sermón, cuya importante materia será demostrar que la victoria conseguida en Calderón por las armas del Rey contra la obcecación, insolencia y perfidia de los revoltosos, fue un señalado beneficio de la Providencia Divina que por este medio quiso declarar la justicia de la más Santa Causa, restituir a esta ciudad la libertad, y a todo el Reyno el buen orden tan atrozmente invadido por el apóstata Hidalgo, y afirmar los derechos del Trono, y del altar sobre las ruinas de la fuerza, y astucias de sus más encarnizados enemigos.

Y como V.S. reside la respetable Calidad de representante, y Padre de éste Público, a quién esta determinación dar algún testimonio de los sentimientos que nos animan, también resolvimos participarla como los ejecutamos, para su inteligencia.

Dios guarde a V.S. muchos años.

Sala Capitular de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara. 7 de julio de 1811 – Pedro Díaz Escandón – José María Hidalgo – Ignacio Aguilar – Manuel Escoto – Muy venerable Cabildo Justicia y Regimiento de esta Nobilísima Ciudad
. (1)




Puente de Calderón, municipio de Zapotlanejo, Jalisco. Cabeza número 136

La Cabeza de Águila que vemos en la fotografía al parecer no existe más, fue eliminada, en cambio en su lugar se levanta un monumento que recuerda la batalla realizada en el Puente de Calderón. Actualmente la zona se volvió área de recreo y se le dio el nombre de “Parque del Bicentenario”. Esta foto en blanco y negro fue tomada de la Revista Artes de México de 1964.


“Al mediodía, Hidalgo sale de Guadalajara con su ejército, rumbo a Zapotlanejo, al encuentro de las fuerzas del brigadier Félix María Calleja del Rey. Poco antes el Generalísimo le envía a González Hermosillo un mensaje en el que le agradece una remisión en metálico:

Con el pie en el estribo para atacar el ejército de Calleja, que se halla en Tepatitlán, sólo ha lugar para decirle a usted que quedo bien satisfecho de todas sus operaciones, aprobándolas como corresponde; que he recibido los 14 marcos de oro que como primicia del su buen celo me acompaña: que realice a la mayor brevedad cuanto pueda para el socorro de las tropas que se necesitan; que esfuerce usted, como aguardo su celo, a posesionarse cuanto antes de Cosalá, y que de todas sus incidencias, me dé oportunamente aviso en derechura a mi general Ejército, desde donde más pormenores contestaré lo que falte a su oficio de nueve de éste.

Por la noche acampan en el llano de San Martín”.
(1)

Martes 15 de enero, 1811. Se sitúan las tropas insurgentes en el Puente de Calderón, ubicado en el camino de Guadalajara a Tepatitlán, con la mira de presentar batalla al ejército realista, que se aproxima desde la ciudad de Guanajuato, tras arrebatársela a Allende.

Miércoles 16 de enero, 1811. Llega el ejército de Calleja al paraje La Joya, sobre el camino a Guadalajara, dispuesto a hacer frente a las tropas insurgentes de Hidalgo.

Jueves 17 de enero, 1811. – Día de San Antonio Abad, abogado contra los incendios- Ocho mil hombres bien armados y disciplinados al mando de Calleja, infligen a las huestes insurgentes -93,000 indios “con groseras armas e indisciplinados”- una severa derrota en el Puente de Calderón. (2)

“17 de enero, 1811. Las fuerzas Insurgentes ya situadas en las alturas circunvecinas suman en total 80,000 hombres; Calleja, avanza con sus fuerzas, viene de San Juan de los Lagos, Tepatitlán y llega a la Joya el 16, punto cercano al Puente de Calderón, ya ocupado por los Insurgentes. El ejército realista asciende a 8,000 soldados, dispuestos en tres columnas.

El combate se inicia a las nueve de la mañana, ambos ejércitos luchan con bravura; las columnas realistas al mando del Conde de la Cadena es rechazada con fuertes pérdidas; la de Amparan, también se encuentra en situación muy comprometida; la suerte está favoreciendo a los Insurgentes, cuando en forma inesperada cae una granada en un carro de municiones, situado en medio de las tropas de Hidalgo, haciéndolo estallar con gran estruendo, lo cual provoca inusitado pavor entre las masas que presas del terror huyen en completo desorden por todas partes al propagarse el fuego del pasto que arde como la yesca y que con el humo y las llamas ciega a las fuerzas de la insurgencia, situación que aprovecha Calleja y ordena el contraataque con lo que logra una inesperada victoria, quedándose dueño del campo y con todos los pertrechos de guerra a eso de las tres de la tarde
.

La Caballería realista emprende la persecución de los dispersos fugitivos, muriendo en esta acción el Conde de la Cadena, rodeado de los mismos perseguidos”. (3)

Nos volvemos a encontrar con una casualidad que favorece a Calleja y deja a Hidalgo sin posibilidades de reintegrar un ejército que haga frente a los Realistas. Dos meses atrás, el 7 de noviembre en Aculco, luego de estallar una granada y volarle la cabeza a un jinete y el caballo corriendo despavorido entre la tropa de Hidalgo, los indios que lo acompañaban pensaron fuera una manifestación demoniaca y huyen. Esta vez la granada hace estallar un carro de municiones y provoca un incendio con las mismas fatales consecuencias, la huida y la consecuente derrota. Incendio que se da precisamente el día de San Antón, es decir, San Antonio el Grande… mera casualidad que me llama la atención.

Consecuente a esta batalla Félix María Calleja del Rey obtendría el título de Conde de Calderón y quedaría como fuerte candidato para ocupar el trono virreinal.

Al caer la tarde el movimiento insurgente se encontraría deprimido, quebrantado y sin saber que paso dar y adonde seguir…

Fuentes:

1.- Martínez Álvarez, José Antonio. Miguel Hidalgo, marcha de la libertad. Consejo Consultivo Editorial del Bajío. Celaya, 2008.

2.- Martínez, Álvarez, José Antonio. Miguel Hidalgo, marcha…

3.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960

Zapotlanejo, Jalisco. Cabeza número 135

Es el 14 de enero de 1811, el cura Hidalgo desde la mañana comenzó a desplazar sus tropas hacia el encuentro con Calleja. Contaba ya con un total de cien mil elementos, en cuanto a número muy superior a los realistas, pero, en cuanto a conocimientos de las artes de la guerra… muy limitados.

De Guadalajara se dirigen hacia la población de La Laja, para luego continuar a Puente Grande y luego a Zapotlanejo, estarían ya muy cerca de su fatal destino en el Puente de Calderón.