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martes, 9 de noviembre de 2010

Las estelas de Cabeza de Águila posteriores a la derrota en Calderón


Vista de Guadalajara a principios del siglo XIX, por alguno de esos caminos seguiría el derrotado ejército Insurgente siguiendo, unos, a Hidalgo, otros, a Allende

Como lo hemos visto a lo largo del recorrido, hay zonas en la ruta que llevó el cura Hidalgo en donde se vuelve muy complicado ubicarlas, esto es debido a que no hay un registro exacto o, en todo caso, no se ha estudiado a profundidad el recorrido, paso a paso que el ejército Insurgente llevó. Eso lo vimos desde un principio, cuando, el día 27 de Septiembre estando en la Hacienda de Burras, se marcaron lugares como Venta de la Purísima, Puentecillas, Estanco del Pulque, El Retiro, Marfil y la Yerbabuena como sitio en donde se debió haber puesto una estela. Este "debió" lo tomo en la base del ya citado libro que, si bien, no es oficial, es el único al que he tenido acceso en donde se marca una a una la ruta llevada en 1810-1811.

Entre la Batalla del Monte de las Cruces el 30 de octubre de 1810 y la derrota en Aculco el 7 de noviembre, vuelve a presentarse un discrepancia en la ruta y en el lugar en donde, supuestamente se instalaron las estelas. Luego del único sitio en Querétaro donde debería haber una estela, Amealco, la ruta que el profesor Jiménez de la Rosa establece, son una serie de comunidades en donde no existen Cabezas de Aguila, sin embargo las ennumera. Esto es desde la entrada que hace a la Intendencia de Guanajuato por Molino de Caballero hasta Celaya, pasando por Santa Margarita, Salitrillo, Coroneo y la Hacienda de Juan Martín. En Celaya hace poco se acaba de instalar una Cabeza de Águila, bastante fea y un poco distante del modelo original, por cierto, pero solo existe una y en el libro en el que me baso se contabiliza en dos ocasiones el paso de Hidalgo por Celaya. Más aun, en Salamanca, lugar en donde vivo acutalmente, en el cual el paso del ejéricto Insurgente al frente con Miguel Hidalgo es contabilizado en tres ocasiones en el total de las 260 estelas de Cabeza de Águila y solamente existe una. Creo que con estos ejemplos nos damos perfectamente cuenta de las enormes discrepancias que hay en cuanto al número exacto de Cabezas instaladas.

Se sabe, y asi lo reza la estela número uno, la instalada en Dolores Hidalgo, justo entre la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores y la Presidencia Municipal, en donde puntualmente se anota que son 260. A este punto, que sería, según mi conteo el justo medio aritmético -130- pero que, de acuerdo al conteo del profesor Jiménez de la Rosa 152, es decir, llevamos una discrepancia de 52.

Sin embargo, en el recorrido que he hecho físicamente hasta el momento, he ido encontrando estelas en lugares en donde el profesor no las marca, tal es el caso de el Panteón de San Sebastián y la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato y la de Zacapu en Michoacán. En algunos sitios que se dá por hecho que hay estelas, no las hay; en fin, a este punto, justo a la mitad del camino nos enfrentamos a esa, digamos, segunda parte de la Ruta de Hidalgo en donde se vuelve más complicado aun el definir por donde siguió el contingente y, sobre todo, en donde, efectivamente hay estelas de Cabeza de Águila.

Hasta la fecha he ido recibiendo algunos comentarios de las personas que han tenido a bien seguir este blog, desde aquí les agradezco todos y cada uno de los datos que me han enviado, más aun, a las personas que se han tomado el tiempo para enviarme fotografías que me ayudan a documentar cabalmente los artículos.

Tanto este como los siguientes dos artículos carecerán de fotografías pues me ha sido imposibe llegar a esos lugares o hacer contacto con alguien que viva en las cercanías y me ayude a localizar los monumentos, por lo tanto, si alguien que lee esto sabe de la existencia de Cabezas de Águila en los siguientes puntos del estado de Jalisco, le agradeceré me lo confirme, y, de ser posible, me haga llegar algunas fotografías.

No. Lugar
137 Manatán o Tactán, Jalisco.
138 Las Calabazas, Jalisco
139 Tepetates, Jalisco
140 Tepeposco, Jalisco
141 Cuquío -de esta ya recibí una fotografía-
142 Las Cruces, Jalisco
143 Tebaida, Jalisco

Sigamos pues, en medida de lo posible, recorriendo la Ruta de Hidalgo y sus Estelas de Cabeza de Águila...

lunes, 19 de julio de 2010

Cuajimapla, Ciudad de México. Cabeza número 71



Desconozco la razón por la cual cada vez que se habla de la Ruta de Hidalgo se dice de 11 estados, solo que, si contamos en realidad cuantos fueron los tocados por la ruta, nos damos cuenta de que son 13, pues aunque solamente haya tocado un punto de la Ciudad de México, debemos considerar al Distrito Federal como parte de la ruta, cosa que igual sucede con Querétaro, en donde su paso fue por Amealco y nunca se menciona a estas dos entidades como integrantes de la histórica marcha.



Siendo Cuajimalpa parte de la enorme ciudad de México, tiene ese ritmo característico de las prisas, habituales en la gran ciudad, pero su aspecto es más bien de un pueblo, un pueblo congestionado de autos en donde no hay un monumento de Cabeza de Águila, pero si existe un pequeñísimo museo precisamente en el lugar en donde estuvieran alojados los principales del ejército Insurgente.




“Mientras los prisioneros españoles y entre ellos García Conde llegaron a la una de la noche a La Venta donde curaron sus heridas. La noche estrellada en el cielo parecía reflejarse en el suelo de Cuajimalpa, con miles de fogatas que hicieron los Insurgentes para mitigar el frío típico de la región. Este paisaje visto desde la ciudad a los citadinos les debió parecer un incendio por la llegada de las hordas insurrectas. A otros alegró la presencia de los insurgentes en las montañas de México.



Este 31 fue el descanso para las tropas rebeldes, abastecerse de alimentos, misas, intentar reparar sus armas y cañones, de revista militar; y a la espera de algún representante del virrey que fuera a dialogar con los caudillos del movimiento. Con el calor del sol, después de varios días de desvelos seguramente los indios y soldados insurgentes trataron de descansar durmiendo para estar listos a la hora de la inminente lucha que se avecinaba con el avance sobre la ciudad.



Las tropas estaban nerviosas y la gente corría a esconderse pero con la llegada de la noche nuevamente se veían desde la ciudad las numerosas luminarias de los insurgentes en la región de Cuajimalpa y con ello la calma de saber que no bajarían a la ciudad”. (1)



Fuentes:


1.- Contreras Esquivel, Otoniel. Miguel Hidalgo y los Insurgentes en Cuajimalpa 1810. Edición del Autor. México, 2009.



Monte de las Cruces, Distrito Federal. Cabeza de Águila número 70

Para la década de los cuarenta del siglo XX, el obelisco que recordaba la hazaña de Hidalgo y su ejército Insurgente mostraba esta reja.

Así lucía el obelisco en la Marquesa en 1909, cuando fue tomada esta fotografía durante el recorrido que el historiador Luis Castillo Ledón realizó al lado del fotógrafo Gustavo F. Solís.


Es en el Monte de las Cruces donde se juntan el Estado de México con el Distrito Federal en su delegación de Cuajimalpa. Dentro de lo que es el Parque Nacional Miguel Hidalgo y Costilla existen varios monumentos, en el artículo anterior dábamos fe del monumento muy al estilo de las Cabezas de Águila que contuvo en su momento un asta bandera.


Encontramos luego el arco que en los años treintas del siglo XX marcó la división entre ambas entidades con un gran arco amarillo de un estilo arquitectónico muy en boga en esa época y es más adelante que vemos dos monumentos más uno frente al otro, el obelisco sobre la roca y el lugar del sacrificio de Santos Degollado durante la guerra de la Reforma. Del obelisco encontramos una historia muy interesante.


“Por ese tiempo, 1875, se estaba construyendo el camino para las diligencias México – Toluca y fue cuando se colocó el Obelisco del Monte de las Cruces en 1795, diseñado por el arquitecto y escultor español Manuel Tolsá, para adornar dicho camino el cual tenía un reloj de sol. Posteriormente, en este sitio se efectuó la Batalla del Monte de las Cruces el 30 de octubre de 1810 donde salió triunfante el ejército insurgente, por lo que se aprovechó este monumento retirando el reloj de sol, y en su lugar, se colocó en 1852 el escudo de armas del ejército de Don Miguel Hidalgo y Costilla y cuatro placas con leyendas alusivas a la gloriosa batalla”. (1)

“Ese primer avance de los Insurgentes resultó infructuoso y debieron retirarse a su base en el llano de Salazar. Algunos opinan que ello abrió la relación entre Hidalgo y Allende por desacuerdos entre quién dirigiría a las tropas en la batalla.


Esta escena es una de las tantas controversias que hay en torno a la historia de don Miguel Hidalgo y Costilla pues se sabe que él desde que inició el movimiento Insurgente no volvió a oficiar una misa.

Más tarde, el plan de ataque Insurgente fue preparado por Ignacio Allende al reconocer el sitio; lo planteó mandando a Jiménez por la izquierda, él al centro y Aldama por el ala derecha. De tal manera, el siguiente enfrentamiento fue a las once de la mañana. Avanzando por la llanura de Salazar en columna, al frente una gran multitud de indios, atrás cuatro piezas de artillería manejadas y cubiertas por las compañías de infantería de Celaya, Valladolid y Guanajuato; en los costados y retaguardia el regimiento de Dragones de Pátzcuaro, Reina y Príncipe, con toda la caballería compuesta de lanceros y demás paisanos armados.


Esa es una escena ligeramente más apegada a la realidad en la que el oficiante es uno de los capellanes que le acompañaban.

Allende movió sus fuerzas con Jiménez por la izquierda hacia “un monte inaccesible por su espesura de pinos y gran pendiente”, (la Marquesa) donde se encontraron con las tropas realistas bajo el mando del teniente Iturbide. Y la derecha con Juan Aldama que avanzó sobre la planicie cortada por zanjas se ocultaba la caballería realista al mando del capitán Bringas, que del choque resultó gravemente herido.



Al caer la noche y sin luna, era una de esas oscuras de fines de octubre, además fría como es típico en Las Cruces. Avanzaban entre la penumbra miles de insurgentes alumbrándose con antorchas, a lo largo del Camino Real de Toluca, como en una peregrinación, cantando alabanzas religiosas, las carretas iban lentamente y a vuelta de rueda por la dificultad del tránsito”. (2)

Fuentes:

1.- Sitio electrónico local de La Marquesa


http://www.paginasprodigy.com.mx/carlosclr100/

2.- Contreras Esquivel, Otoniel. Miguel Hidalgo y los Insurgentes en Cuajimalpa, 1810. Edición del autor. México, 2009.

viernes, 11 de junio de 2010

Valle de Santiago, Guanajuato. Cabeza número 19



En Valle de Santiago, la ciudad de las Siete Luminarias no existe la estela de Cabeza de Águila. Aquí se sabe muy bien que el cura Hidalgo pasó la noche del 11 de octubre, sin embargo la Cabeza, no se por que razón, no existe en esta ciudad.



Si pensamos que son ya más de veinticinco días de continua cabalgata, de entrar y salir de pueblos, ranchos, villas, haciendas, de hablar y hablar la misma idea, de dirigir, dar órdenes, no tener tiempo suficiente para comer con tranquilidad, mucho menos para dormir. Se dice que don Miguel a lo más llegaba a dormir dos horas, luego de iniciada la lucha armada. Así es como se enfila rumbo sur desde Salamanca, luego de cruzar por primera vez el río Grande, ya llamado “Lerma”, río que, por cierto, será una constante por algo así como dos meses.



Con este cansancio acumulado “pernoctaron en Valle de Santiago, donde encontraron los caudillos bondadosa acogida de la parte de un español, don Benito González, que mucho simpatizaba con el movimiento libertador, desde sus inicios, conforme a lo que de él nos dice el estimable escritor vallense don Saturnino Araiza. “Don Benito González era originario de España, de un pueblo de las provincias levantinas; quizá a ello se debió que fueron conocidos él y sus hijos por “los moros” en verdad que su tipo no desdecía de los abencerrajes: fuerte, ágil y de líneas faciales que denunciaban su descendencia moruna, al verle, por su porte arrogante, recordaba aquel famoso Abindarráez, capitán de Alora, cuando fue a Málaga a celebrar bodas con la bella jarifa” (1)




Saturnino Araiza continúa, según lo vemos en la obra de Vargas: “Don Benito amó a esta tierra de verdad, a la vez que fue un benefactor que hizo el bien a todos los menesterosos… fue un entusiasta simpatizador de la Independencia; como comprobación, las tertulias que celebraba en su casa, sita en la hoy avenida Ocampo 156, donde se hablaba con gran calor de los sucesos que se desarrollaban en la capital de la Colonia en el año de 1808, con motivo de la caída del virrey don José Iturrigaray… Cuando el movimiento insurgente estalló en Dolores, don Benito estaba radiante de alegría, y en charla con sus amistades, se deshacía de entusiasmo por el avance triunfal de los revolucionarios, y así lo demostró personalmente al Cura Hidalgo cuando de paso para Valladolid, lo hospedó en su casa, proporcionándole toda clase de atenciones y manifestándole la satisfacción que sentía por el triunfo de la causa”. (2)




Este hecho de don Benito, de hospedar al cura Hidalgo en su casa, le traería fatales consecuencias más adelante ya que él “y sus dos hijos varones apodados Los Moros, vecinos del Valle de Santiago, ricos propietarios de unas 1,200 hectáreas de riego, honestos labradores asegura vargas, simpatizantes de la Independencia, quienes alojaron en su casa del portal ahora Guerrero, la noche del 11 de octubre de 1810 al cura Hidalgo. Además, posteriormente brindaron apoyo económico a la causa insurgente en las personas de numerosos guerrilleros locales y regionales. El 25 de julio de 1812, día del Santo Patrono Santiago Apóstol en los precisos momentos que los González asistían, acompañados de sus familias, a la misa de función en la parroquia del pueblo, Agustín de Iturbide, un joven ambicioso oficial realista, dueño militar de la plaza, ordenó a la tropa que los sacaran del templo y los fusilaran en la plaza, frente a la iglesia y a la vista de una feligresía concurrente a su fiesta mayor”. (3)




“Se ofreció a Iturbide por el rescate de los prisioneros su peso en oro, pero fueron inútiles las proposiciones; tratábase de partidarios incondicionales de la bendita causa de la Independencia, y el perdón y los ofrecimientos fueron inmediatamente rechazados”



“En la plaza principal del pueblo, frente a frente de la iglesia, que horas antes había sido atropellada, formóse el lúgubre cuadro, en cuyo centro colocáronse los ajusticiados, sin dar a conocer en su semblante el más mínimo rasgo de temor o apocamiento: el espíritu había dominado a la materia, y en breve el suelo de México se tiñó de sangre redentora”.



“! Tres nuevos mártires habían pagado con su caída el inmenso amor a la patria y el culto singular a sus libertadores! (4)



Concluimos dos cosas muy importantes, uno, que efectivamente don Miguel Hidalgo durmió la noche del 10 de octubre en Salamanca, y segunda, que seguimos encontrando héroes desconocidos que en este Bicentenario, reclaman ser dados a conocer con su importante participación en el movimiento libertario de México.




Fuentes:


1.- Vargas, Fulgencio. Camino de la Insurgencia. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.


2.- Ibid


3.- Lara González, Benjamín. En el mero Bajío. Microhistoria Regional. Edición del Autor. Guadalajara, 1999.


4.- Vargas, Fulgencio. La insurrección de 1810 en el Estado de Guanajuato. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2001.



sábado, 5 de junio de 2010

La ruta que siguió el cura Hidalgo desde Hacienda de Burras hasta Santa Fe de Guanajuato.

En el artículo anterior vimos lo sucedido la tarde del viernes 28 de septiembre de 1810, cuando se dio el asalto y toma de la Alhóndiga de Granaditas, dimos cuenta de los sangrientos sucesos, de los asaltos, robos y saqueos que sucedieron luego de la toma, pero, ¿Qué pasó en la mañana de ese día 28? Para ello recurrimos al historiador Castillo Ledón:


“Desde su salida de la hacienda de Burras, el Cura y sus huestes pasaron sucesivamente por la venta de la Purísima, Santiaguillo, Puentecillas, Estanco del Pulque, Retiro y Marfil, siguiendo toda la cañada de este nombre, y poco antes de la una de la tarde, la avanzada compuesta por indios provistos de lanzas, hondas, flechas y garrotes, comenzó a entrar en la ciudad por la calzada de Nuestra Señora de Guanajuato. Esta porción del ejército pasó el puente que remata la calzada y llegó hasta la trinchera próxima. El Intendente tenía parte del batallón y de los paisanos armados, en la azotea de la Alhóndiga, con bandera de guerra enarbolada; abajo, en la puerta, una fuerte guardia y reservas en el interior del edificio; la caballería del Regimiento del Príncipe, dentro de las trincheras Se había distribuido municiones y un corto refresco entre la tropa”. (1)


Era este el camino que conectaba a la Hacienda de Burras con la Hacienda de Puentecillas, el Mineral de Marfil y Santa Fe de Guanajuato.


De lo que es nuestro objetivo, el recorrer, reconocer y rescatar la Ruta de Hidalgo; nos hemos topado con algunas discrepancias, ya vimos la primera en Apaseo, ahora estamos ante una más fuerte pues, de acuerdo al Profesor Felipe Jiménez de la Rosa en cada uno de los lugares mencionados se colocó una estela de Cabeza de Águila, cosa que, precisamente hoy que recorrí esa parte, no vi ninguna.


“Entretanto el cura Hidalgo le envía la segunda intimación, la cual también es rechazada, por lo que dispone desde luego el avance sobre la plaza.


Septiembre 28 de 1810.- Las huestes insurgentes llegan a Guanajuato considerada como la metrópoli de la Independencia, pasando por los siguientes puntos:


Venta de la Purísima

Puentecillas

Estanco del Pluque

El Retiro

Marfil y

La Yerbabuena. (2)


En la actualidad La Venta de la Purísima se ha convertido en un rancho y por Purísima entendemos, los que por acá vivimos, que es una presa que existe, seguramente construida por los hacendados de la zona en el siglo XVII. En el caso de Hacienda de Puertecillas, esta ha sido ya dividida, como es el caso de prácticamente todas las Haciendas de México, la que fuera su extraordinaria obra de ingeniería hidráulica, su Caja de Agua es ahora una ladrillera y por donde se contenían las aguas en el pasado, es ahora un camino vecinal, como quiera los vestigios están allí.


En cuanto al Estanco del Pulque, de este no queda vestigio alguno. Normal será encontrarnos con un Estanco de Pulque en las proximidades de una ciudad rica con una considerable cantidad de consumidores de la bebida. Es interesante saber que “El virrey representaba al Estado absolutista de los reyes de Castilla en el México colonial. Por medio de la Real Hacienda, el sistema de estancos y los Consulados de Comercio, se regulaban las actividades económica y social. Los estancos eran monopolios estatales de pulque, pólvora, naipes y tabaco, principalmente”. (3)


De El Retiro no se sabe nada tampoco, en cambio Marfil es bien conocido. Fundado originalmente como Real de Santiago de Marfil en 1556, rápidamente progresó debido a las varias Haciendas de Beneficio que allí se instalaron.


El poblado de la Yerbabuena es en la actualidad un barrio de la ciudad de Guanajuato. En todo ese trayecto no hay ni una sola Cabeza de Águila, de las personas interrogadas ninguna dio testimonio de haber visto u oído alguna vez sobre estos monumentos. La Ruta de Hidalgo continuaría luego hacia la entrada de la ciudad de Guanajuato. Era ya el mediodía, en una hora más comenzaría el cruel primer encuentro armado de los Insurgentes con los Realistas.


Fuentes:


1.- Castillo Ledón, Luis. Hidalgo. La vida del héroe. Frente de Afirmación Humanista. México, 2003.


2.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Pluma y Lápiz de México. México, 1960.


3.- Garza, Gustavo. Servicios generales de la producción en la Ciudad de México. Estudios Demográficos y Urbanos. Volumen 21, Número 2. El Colegio de México.



lunes, 24 de mayo de 2010

Hacienda de Burras, Guanajuato. (Sin Cabeza de Águila)

“Conocida también como San José de Llanos, propiedad de don José Sardaneta y Llorente, segundo Marqués de Rayas, partidario del movimiento de la Independencia. En este lugar la madrugada del 26 de septiembre de 1810 el Señor Cura don Miguel Hidalgo y Costilla, al frente del ejército libertador redactó y envió las cartas de intimación al Intendente Juan Antonio Riaño y Bárcena, pidiendo rendición de la plaza de Guanajuato sin derramamiento de sangre. Al no obtener respuesta afirmativa planeó el asedio de la ciudad siendo su principal objetivo el edificio conocido como Alhondiga de Granaditas donde se hallaban fortificados el ejército y los españoles fieles a la corona”. (1)


Esto que acabamos de leer es una de las tantas discrepancias que hemos ido encontrando a lo largo de la Ruta de Hidalgo. El texto fue copiado de la placa que en la plaza que aparece en la primera fotografía, firmado por INAH el 27 de septiembre de 1991, solo que, el cura Hidalgo aun se encontraba en Irapuato el día 26, el 27 llega a la Hacienda de Burras y es hasta el 28 que envía la carta de intimación, según se dice, las redactó debajo del árbol que ahora forma parte esencial del recién construido jardín de San José de Llanos.


Aquí Hidalgo pasó una noche, parte de su ejército se encontraba en Silao y enfilaría de allí a Guanajuato. Don Miguel fue atendido por el Marqués de Rayas, que al igual que a muchos de los nobles y ricos hacendados de la zona, le era conocido. Es desde aquí que manda la carta de Intimación.


“Un poco antes de las nueve de la mañana del día 28 de septiembre, se presentaron montados en briosos caballos en la trinchera que daba frente a la calle de Belén de la ciudad de Guanajuato, o sea la que estaba entre la Hacienda de Dolores y el templo de los Betlemitas, los Insurgentes coronel Mariano Abasolo y el teniente coronel Ignacio Camargo, acompañado de dos Dragones y dos criados con lanzas, quienes traían para el intendente de Guanajuato, don Juan Antonio Riaño y Barcena, una comunicación de don Miguel Hidalgo y Costilla, máximo caudillo de los insurrectos, quien se encontraba en la cercana Hacienda de Burras. En dicha misiva le decía a Riaño” (2):


Cuartel General de la Hacienda de Burras, 28 de Septiembre de 1810.


“El numeroso ejército que comando, me eligió por Capitán General de la Nación en los campos de Celaya. La misma ciudad a presencia de cincuenta mil hombres ratificó esta elección que han hecho todos los lugares por donde he pasado, lo que dará a conocer a V.S. que estoy legítimamente autorizado por mi nación para los proyectos benéficos que me han parecido necesarios a su favor. Estos son igualmente útiles y favorables a los americanos y a los europeos que se han hecho ánimo de residir en este reino, y se reducen a proclamar la independencia y libertad de la nación; por consiguiente yo no veo a los europeos como enemigos, sino solamente como a un obstáculo, que embaraza el buen éxito de nuestra empresa. V.S. se servirá manifestar estas ideas a los europeos que se han reunido en esa alhóndiga, para que resuelvan si se declaran por enemigos, o convienen en quedar en calidad de prisioneros recibiendo un trato humano y benigno, como lo están experimentando los que tenemos en nuestra compañía, hasta que se consiga la insinuada libertad e independencia, en cuyo caso entrarán en la clase de ciudadanos, quedando con derecho, a que se les restituyan los bienes de que por ahora, para las urgencias de la nación, nos serviremos. Si por el contrario no accedieran a esta solicitud, aplicaré todas las fuerzas, y ardides para destruirlos, sin que les quede esperanza de cuartel.


Dios guarde a V.S. muchos años como desea su atento servidor.


Miguel Hidalgo y Costilla, Capitán General de América.


Cabe recordar que Hidalgo y Calleja eran ya conocidos… “con el intendente de Guanajuato, Juan Antonio Riaño, a quien trataba desde que fungía con igual rango en Valladolid, departía a la mesa con frecuencia. Entonces peroraban no solamente sobre las exquisiteces de los platillos, sino sobre los recientes acontecimientos del Viejo Continente a los pies de Napoleón Bonaparte.” (3) Y la respuesta a la Intimación se da de la siguiente manera:


Sr. Cura del Pueblo de los Dolores

D. Miguel Hidalgo:


No reconozco otra autoridad ni me consta que haya establecido ni otro capitán general en el reino de la Nueva España, que el exmo. Señor don Francisco Xavier de Venegas, virrey de ella, ni más legitimas reformas que aquella que acuerde la nación entera en las cortes generales, que van a verificarse. Mi deber es pelear, como soldado, cuyo noble sentimiento anima a cuantos me rodean.


Guanajuato, 28 de Septiembre de 1810


Juan Antonio de Riaño.


Hay algo que me ha llamado mucho la atención en la Ruta de Hidalgo, no son los monumentos ni las condiciones en que se encuentran las Cabezas de Águila, sino que es, en verdad sorprendente que hay árboles a lo largo de la ruta que van hilando algún suceso del paso del Padre de la Patria por ese lugar y el árbol. Vimos ya que en Dolores Hidalgo fue trasplantado en ocasión al Centenario de la Consumación de la Independencia, un “hijo” el Árbol de la Noche Triste, en la Hacienda de la Erré están esos añosos mezquites bajo cuya sombra fue celebrada la misa del domingo16 de septiembre de 1810, ahora tenemos a este capulín, desde el cual, se dice, fue enviada la última carta de intimación. ¿Cuántos árboles más nos esperan en la Ruta de Hidalgo?

(4)


Fuentes:


1.- 1.- Placa conmemorativa en la Plaza Cívica del poblado, firmada por INAH el 27 de septiembre de 1991.


2.- Rionda Arreguín, Isauro. Contraportada de la edición especial de El Sol del Bajío. Celaya, Octubre 2009.


3.- Martínez Álvarez, José Antonio. Miguel Hidalgo. Marcha de la Libertad. Consejo Consultivo Editorial del Bajío. Celaya, 2008.


4.- La fotografía blanco y negro tomada en 1950 del “Árbol de la Patria” viene del libro: El Bajío de José Zavala Paz, Editorial Frumentum, México, 1955.


Para ver algo más de la Hacienda de Burras, entra aquí:


http://vamonosalbable.blogspot.com/2010/05/hacienda-de-san-jose-de-burras.html