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lunes, 11 de marzo de 2019

La entrada triunfal de Calleja en la Ciudad de México luego del triunfo en Zitácuaro, 1812.

   En base al comentario que hice en el artículo anterior, continuamos ahora con una relatoria de los hechos acontecidos en la Ciudad de México luego de la Batalla de Zitácuaro en la que la Junta Soberana fue atacada y casi desaparecida:

  La descripción de la entrada de Calleja á la capital hecha por Bustamante y Alamán, merece ser conocida del lector por las apreciaciones que ambos hacen de los sucesos ocurridos en ella.

   Bustamante dice lo siguiente" Concluido el saqueo de la villa de Zitácuaro, y hecha presa de la bárbara soldadesca y de las llamas, en cuyos hogares se vio con escándalo atizar la estatua, de un santo con otro, Calleja distribuyó parte de su fuerza para lo interior, y se aprestó para entrar con la restante en México, de donde se le mandaron muchos uniformes y armas para dar á su ejército brillantez. Venegas dispuso para alojamiento de la columna de granaderos, el convento de San Agustín y aún en persona pasó la tarde del cuatro á reconocer el edificio. Recibióle el provincial con toque de órgano y vuelta de esquirla, estimando la visita como Un favor inapreciable. Trazó la entrada del ejército de modo que fuese el mismo día de San Felipe de Jesús, después de la procesión que se hace de la Catedral á San Francisco, para que las colgaduras y adornos de las calles sirviesen á esplendorizar la marcha de las tropas. Todo lo combinó el gobierno para herir nuestro amor patrio.

   Sonó el cañón de entrada en el paseo de Bucareli y respondió la plaza. Precedía en la marcha Calleja con su escolta, costosamente vestida y montada en caballos prietos todos iguales: mas, ¡oh chasco digno de Garatuza! Apenas se presenta Calleja montado sobre un fogoso prieto, cuando Da. María Gertrudis Bustos, hermana de la marquesa de Rayas, que estaba en la carrera, desde un coche exclamaba he allí mi caballo él es, y no es otro, no conoció Sancho Panza mejor su asno; cuando vio caballero sobre él á Ginés de Pasa-montes su robador en Sierra Morena. Efectivamente este caballo era robado entre muchos de los que requirió Calleja en Guanajuato. El perseguidor (que se decía) de los ladrones, bien merecía que se le persiguiera por cuatrero. En torno de Calleja, venia una turba de muchachos gritándole vivas, pero no nacidos del corazón sino estimulados por los dineros que les repartió Don Joaquín Urquijo, cura de Acayucan, vizcaíno de los irreconciliables enemigos nuestros. Entonces se presentó en mi fantasía el famoso manchego, que allá en sus delirios se prometía entrar en la corte de un grupo de rey, el cual asomándose á las fenestras de su palacio gritaba.. "La marcha del general Calleja." (Obra del Dr. Corejares, sujeto fundido en la misma turquesa, que el cura Urquijo, y de su mismo fuero.) .

   El hombre reflexivo notaba en el aspecto lívido y mirar sombrío de Calleja en aquel continente amenazante y taciturno, y en aquellos ojos revueltos y verdosos, un leopardo que cubierto de sangre salía del bosque y se preparaba para lanzarse segunda vez sobre otros rediles de inocentes ovejas. Gozábase entonces así mismo con la grita y aplausos como Agripa en los juegos de Casárea, herido con los rayos del sol que reflectaban sobre sus vestiduras de oro y púrpura y se creía el mayor de los hombres, cuando he aquí que un acontecimiento inesperado recuerda á éste hombrecillo fatuo, que es menos que nada. El mariscal de artillería D. Judas Tadeo Tornos, se acerca en su caballo para saludarlo, más al quitarse el sombrero y revolotearlo le levantó la rienda, el bruto lastimado de los asientos del bocado se para en dos manos, se lanza con fuerza sobre Calleja, le da dos fuertes manotadas en la cara, lo arroja del caballo y cae á los pies de la estatua de San Felipe de Jesús, en cuyo altar lo había colocado el piadoso platero Rodallega. Calleja es llevado en peso á un camaranchón que allí le franqueó, el dueño de la casa, se recobra un tanto con auxilios que se le ministran pero muestra la mayor confusión y vergüenza. De éste modo impide el cielo que vaya á solemnizar con un Te Deum (á que concurrió el Virrey, con toda la oficialidad á catedral á las dos la de tarde) el triunfo que había conseguido sobre nuestra libertad y á tributar gracias á María Santísima de los Remedios, cuyo templo erigido bajo ésta misma advocación acababa de dar á las llamas. El cielo no quiere las oblaciones de los impíos, ni se aplaca su cólera con las exterioridades con que se insulta á su divinidad; quiere inocencia de manos y pureza de corazón, que no había en este general victorioso.

   Precedia al ejército de Calleja, más número de mujeres que de soldados; algunos de estos traían cinco. Estas eran las Harpías que en tierra adentro se habían cebado desnudando los cadáveres, en los combates. Venían cargadas de preciosidades &c.

 Alamán hace la descripción en los términos siguientes:

   "Señalóse para la entrada triunfal del ejército del centro en México el día cinco de Febrero en el que aquella ciudad, celebra la fiesta de su patrono, el mártir mexicano San Felipe de Jesús, cuya función se solemnizaba entonces con una procesión, que después de la misa salía de la catedral é iba á San Francisco en la que se presentaba en diversas andas ó pasos la historia del santo, la carrera se adornaba con esmero en las calles de Plateros, cuyo oficio empezó á ejercer el mismo Santo, en la parte más temprana de su vida, se ponían suntuosos altares por los individuos de éste arte, floreciente en aquel tiempo. Como en todo se buscaban interpretaciones siniestras, se dijo por los afectos á la revolución, que se había escogido aquel día, para que el adorno de las calles destinado á la función de está, sirviese para ostentar un recibimiento solemne al ejército, que de otro modo no se habría hecho. Desde la garita del Paseo nuevo, por la que las tropas debían hacer su entrada, se pusieron arcos de flores, y antes de llegar á ella, al paso por el lindero de la pequeña hacienda de Becerra, cuyo dueño D. José Ignacio Vizcaya fue capitán de la compañía de gastadores de la columna de granaderos (y murió de enfermedad en San Luis, habiéndose distinguido en toda la campaña su tío el arcediano Beristain, hizo poner un arco con una inscripción honrosa al difunto y al cuerpo en que había militado. A las doce y media de la mañana, una salva de artillería anunció la llegada de la vanguardia á la garita, donde esperaban al general para acompañarle los jefes principales de la plaza y otros militares de distinción. Marchaba al frente Calleja con su estado mayor y una lucida escolta, seguían por su orden los cuerpos, formando la cabeza de la columna los granaderos, en cuya primera fila se hacía notar D. Domingo Mioño, español, natural de Galicia y avecindado en Colima, donde había gozado de comodidades, quien para dar ejemplo á sus paisanos de la decisión con que debían obrar en su propia defensa, servía como soldado, y nunca quiso ser más que el primer granadero de la columna, como Latour Auvergne lo había sido en Francia de la República. México presentaba por la primera vez un espectáculo militar imponente, el concurso del inmenso y la gente veía con admiración aquellos soldados cuyas proezas había leído, y en especial aquellos cuerpos levantados por Calleja en San Luis, que había hecho de una manera tan bizarra la campaña, y á cuya aproximación había debido la capital, un año antes, no haber sido desbastada por la muchedumbre que Hidalgo condujo hasta las Cruces, estimulada por el deseo del pillaje y la desolación. Un accidente inopinado turbó la solemnidad de la entrada. 

   Al pasar el Gral. Calleja delante de la última casa de la primera calle de Plateros, junto al portal de Mercaderes, con los vivas y aplausos del pueblo, se alborotó el caballo que montaba el mariscal de Campo D. Judas Tadeo Tornos, director de artillería, que iba al lado de Calleja, y parándose de manos dio con ellas en la cabeza dé éste, tirándole el sombrero y haciéndole caer en tierra, cuyo golpe fue bastante fuerte; para que fuese menester llevarlo cargado á la casa del platero Rodallega y ponerlo en cama por algún rato, basta que un tanto repuesto, pudo ir en coche á presentarse al Virrey á palacio. Los que se habían burlado del prodigio de las palmas de Zitácuaro, tuvieron ahora ocasión de contra poner agüero por agüero, teniendo por mal anuncio el que Calleja en medio de su triunfo, cayese con el mariscal Tornos, que también fue derribado del caballo, á los pies del altar de un Santo mexicano, en el día de la fiesta de éste y en la misma calle en donde éste había ejercido el oficio de platero.

   El ejército desfiló delante del palacio, saludándole y aplaudiéndolo el Virrey, que salió á los balcones para verlo pasar, su fuerza en éste día era de 2,150 infantes 1,832 caballos que hacía el total de 3,972 hombres, número que parecerá muy corto, atendiendo á las grandes victorias que obtuvo sobre reuniones de gente, aunque indisciplinada, incomparablemente más numerosa, pero entonces se hacía mucho con poco, mientras que después la impericia de los que han mandado, ha sido causa de que nada se haya hecho con mucho. Acompañaban al ejército mil quinientas cargas de víveres, cantidad de parque y la artillería tomada en Zitácuaro, todo lo cual hizo que tardase en entrar desde las doce y media hasta las cuatro de la tarde, seguíanle porción de mujeres y estas llevaban consigo los despojos del saqueo de aquella villa. La plana mayor se presentó en seguida á cumplimentar al Virrey, quien con ella y los empleados superiores y otros individuos que acostumbraban asistir á su corte, se trasladó á la catedral magníficamente iluminada. Recibióle el cabildo eclesiástico y se cantó un Te Deum, para dar gracias á Dios por las victorias obtenidas por aquel ejército."

   Es notable que la "Gaceta y el Diario" de México que se ocupan de referir la entrada de Calleja á la capital, omitan hacer mención de la caída del caballo del jefe realista, sin duda debido á los comentarios desfavorables que luego hicieron los afectos á la independencia de este suceso.  

Fuente:

Zamacois, Niceto. Historia de México. Tomo VI, Cap. XIII. Parrés Editor, México 1888.

miércoles, 9 de marzo de 2016

La campana de Hidalgo en Tlatelolco

   Si has visitado la ciudad de México seguramente has visto, al pasar por Insurgentes norte la que fuera Torre Banobras que también se llamó Torre Emblema y Torre Independencia. Banobras porque el proyecto de urbanización Nonoalco-Tlatelolco fue financiado por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos y en ese lugar estuvieron sus oficinas. Emblema porque se convirtió en el emblema de Tlatelolco y lo de Independencia es debido a que se levantó durante el tiempo en que se estaba comenzando a celebrar el Sesquicentenario de la Independencia.

   Seguro es que lo más conocido de Tlatelolco es la Plaza de las Tres Culturas, más que por el contraste de construcciones que le dan su nombre, al ver en un solo espacio vestigios prehispánicos, un templo católico de los más primitivos que sobreviven en México y una moderna torre diseñada por el célebre Ramírez Vázquez; por lo sucedido allí en 1968.

   Y ocurrió que, luego del Sesquicentenario, en 1962, el gobierno belga, encabezado por el rey Balduino, regala a la ciudad de México un carrillón que fue colocado justo en la parte alta de la emblemática torre de Banobras y una de las campanas, fundidas allá en Europa, tiene el nombre de Hidalgo, creo es la principal de las 47 que forman el carrillón. 

   Las campanas no fueron hechas en Bélgica, sino en Holanda, pues la compañía, tradicional por demás, que fabrica los carrillones desde 1660 fue la de Petit & Fritsen. Luego el edificio fue cerrado, prácticamente abandonado, puesto a la venta, adquirido por una inmobiliaria norteamericana y ahora se le conoce como Corporativo Tlatelolco (creo), el carrillón recuperado y puesto en funcionamiento nuevamente según leí en algunas crónicas.

  Para leer más al respecto, entra aquí. Excélsior publicó un interesante artículo sobre la Torre, lo puedes ver aquí. Otro interesante artículo sobre la obra, está aquí.

viernes, 16 de enero de 2015

Irónico: Lo que quedaba de Tenochtilan en 1810, se opone al movimiento de insurrección.

    Hay un error, (uno más), recurrente en todos quienes no conocemos a profundidad la Historia de México en su etapa conocida como la Conquista, en el que siempre caemos: decir Ciudad de México a lo que fue la Ciudad Española de México. Justo eso que conocemos en la actualidad por Centro Histórico era la ciudad española, pues, en rededor de ella estaba la República de Indios, es decir, los distintos pueblos en donde los mexicanos vivían. No era un pueblo en sí, sino dos y, para evitar confusiones, pero más bien para tenerlos sujetos y controlados, se les dividió en dos Parcialidades la de Tenochtilan y la de Tlatelolco pero, como ya estaba iniciada la conquista espiritual, entonces se llamaba San Juan Tenoxtitlan y Santiago Tlatelolco. Como Tenochtitlan era tan grande, se dividía en cuatro sectores que no eran otra cosa que los Calpulis o barrios, sus nombres los puedes ver en el diagrama que sigue. Y, en este espacio que tenemos dedicado al inicio de la Guerra de Independencia y la Ruta de Hidalgo, encuentro un documento que me llama la atención debido a que fue emitido por una de esas Parcialidades, la de San Juan que ya se había quitado el apelativo de Tenochtitlan, y que dice:

Exposición de la parcialidad de San Juan contra la revolución iniciada en Dolores.
México, 27 de septiembre de 1810. 

Excelentísimo señor.—

El gobernador, alcalde presidente, gobernadores pasados, y toda la república de la parcialidad de San Juan, han leído la enérgica y juiciosa proclama que vuestra excelencia se ha servido dirigir a todos los habitantes de esta Nueva España con motivo de que algunos de ellos, olvidados de los sagrados juramentos que los ligan, y de sus verdaderos intereses, han levantado el estandarte de la rebelión, y abierto el camino al pillaje, a la devastación y a la ruina total de este preciosísimo reino.

Nos duele señor excelentísimo este alucinamiento delincuente que ha trastornado sus cabezas, y llega a lo sumo nuestro pesar, al oír que cuentan en su número con algunos indios que les auxilian.

Nosotros y los que comprenden nuestra parcialidad, entendemos muy bien que FERNANDO VII y sus sucesores de la antigua casa de Borbón, son los únicos dueños de este reino, que el supremo consejo de regencia que por el cautiverio del primero deposita la soberanía, está legítimamente instalado, reconocido y jurado por nosotros; que nuestra santa religión no permite el quebrantamiento de estos juramentos, y nos estrecha a guardar el pacto social, viviendo sujetos a las legítimas potestades, que a nombre de nuestra madre santísima de Guadalupe y del señor DON FERNANDO VII, no son lícitos, antes sí más criminales y horrorosos, el robo, el homicidio y el perjurio; y últimamente, que el que procure la separación de estos dominios de la península, cuando aún existe allá quien resista a la dominación extranjera, no puede ser fiel a FERNANDO VII, sino que imposibilita en cuanto está de su parte su restitución al trono.

Animados, pues, de estos sentimientos, bien persuadidos de que son los únicos que deben gobernar a un católico y fiel vasallo, hemos acordado venir a presentarnos a vuestra excelencia, ofrecerle nuestras personas y asegurarle, que todos los de nuestra parcialidad están prontos a sostenerlos y derramar la última gota de sangre en defensa de ellos.

Dígnese por tanto vuestra excelencia aceptar esta nuestra oferta, ocuparnos en cuanto nos considere útiles para el real servicio, y elevar al supremo consejo de regencia esta representación, para que su majestad sepa y se complazca de que los indios de México, tienen la felicidad de contarse entre el número inmenso de europeos y americanos, que no se han dejado ni se dejarán seducir por el espíritu de partido y rivalidad.

Dios nuestro señor guarde la vida de vuestra excelencia muchos años, y lo conserve a la cabeza de la fidelísima Nueva España para su felicidad.

México 27 de septiembre de 1810.


Excelentísimo señor.
Dionisio Cano y Moctezuma, gobernador.
Francisco Antonio Galicia, ex gobernador.
Ramón Lizalde, alcalde.
Josef Crecencio Cano, alcalde.
Josef Teodoro Mendoza, alcalde.
Francisco Valdés, alcalde.
Domingo Salazar, alcalde.
Miguel Rivera, alcalde.
Josef Manuel García, escribano.

Excelentísimo señor virrey de esta Nueva España don Francisco Xavier Venegas.

  Vemos en este mapa de 1767 la Calle de S. Juan, se trata de la de San Juan de Letrán, que ahora conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas. un poco a la izquierda aparece el "Teypan", que no es otra cosa que el Tecpan de San Juan, ya no era el de Tenochtitlan sino el de Moyota, sitio en donde se asentaba el tribunal de ese sector de la población. 

Fuente:

J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

Versión digitalizada por la UNAM: http://www.pim.unam.mx/catalogos/juanhdzc.html

Tomada de 500 años de documentos. Biblioteca. TV.

lunes, 24 de noviembre de 2014

De cuando las Fiestas Patrias se celebraban en la Alameda Central de México. 1825.

   Gran discusión existe acerca de la fecha del 15 de Septiembre que, por coincidir con la efeméride del nacimiento de Porfirio Díaz, se cree que fue él quien determinó que la Ceremonia del Grito, se hiciera a las 23 horas del 15 de Septiembre y no a las 6 de la mañana del 16, como ocurrió. Se alega que ya desde los festejos que el otro general, borrado de la Historia de México, Antonio López de Santa Anna, las festividades comenzaban desde el 15. Es en esa base, la de si era o no el 15 festejado entre las presidencias de uno y otro de esos personajes, encuentro esta interesante relación que hace José María Marroquí sobre la Alameda Central en la ciudad de México que nos conduce al festejo que allí ocurría para conmemorar el inicio de la guerra de Independencia:

   "En los tiempos en que las cosas del público se respetaban, ninguna fiesta se hacía en la Alameda, y con nada se estorbaba. Hoy no pueden buenamente contarse las fiestas que allí se han hecho, y menos las que cada día por desgracia se inventan, y en ella se introducen. De una sola queremos dar cuenta: la primera, la que dio el mal ejemplo, la más antigua, y que todavía en ella se celebra, y es la patriótica del aniversario de nuestra independencia. El Congreso Constituyente, reunido el año de 1824, por decreto de 27 de Noviembre declaró el día 16 de Septiembre, de fiesta nacional, en conmemoración de haberse oído en la madrugada de ese día, no en la noche del 15, la voz primera que proclamó la rebelión de España. Una reunión de ciudadanos al año siguiente pensó que sería bien hacer una demostración pública de esos sentimiento patrióticos, además de aquella que cada ciudadano por sí hiciera

   Resuelto este primer punto, se acordó igualmente, para que la demostración tuviera mayor lucimiento, convidar a ella a las autoridades municipales, a las del Distrito Federal y aun a las de la Federación. En cuanto al lugar en donde la fiesta  había de hacerse o celebrarse, estimándose pequeños los salones de que pudieran disponer, resolvieron los asociados pedir a la ciudad  permiso para celebrarla en la Alameda, permiso que sin dificultad alcanzaron por la nobleza del objeto a que la función se dirigía. En la Alameda se hizo, pues, el 16 y no el 27 de Septiembre del año de 1825, la primera fiesta cívica, en solemnidad de nuestra Independencia. 

   Peligrosos son los malos ejemplos: dado un caso fácilmente se repiten otros: esto sucedió con la fiesta patriótica celebrada en la Alameda el año 1825, que el año siguiente se repitió quedando desde entonces establecida la costumbre de que  anualmente allí se celebrara. Si el Ayuntamiento hubiera negada el permiso el primer año, aquella reunión de ciudadanos patriotas habría dado a la fiesta forma más notable y más adecuada a su fin". (1)

   Varias son las conclusiones que podemos sacar de este escrito: una de ellas la rivalidad en fechas que hubo luego de la Consumación en donde se festejaba el 16 y el 27, imponiéndose, al poco tiempo (seguramente por el destierro y fusilamiento de Iturbide), la del festejo del 16, así pues, considerando las fechas, la balanza se sigue inclinando más a la idea de que don Porfirio aprovecho una fecha para hacer dos festejos, el propio y el nacional.

Fuente:

1.- Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo I. Imp. y Lit. La Europea. México, 1900. p.272.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Una escultura obsequiada por Italia a México en las Fiestas del Centenario.

    Caminando por el Centro Histórico de la ciudad de México me entero de que Italia también hizo un presente a México durante las Fiestas del Centenario de la Independencia en 1910. En repetidas ocasiones hemos oído de los varios obsequios que las distintas colonias extranjeras, asentadas en México ofrecieron como homenaje al Centenario, mucho se dice del Reloj Otomano, por ejemplo; pero es hasta ahora que veo que la colonia italiana también fue partícipe de estos obsequios.

   Hubo el obsequio de otro reloj, el de la colonia china. Estados Unidos obsequió el monumento a George Washington, Francia el de Luis Pasteur, Alemania la de Alexander von Humboldt, Italia obsequió dos monumentos, uno el de Giuseppe Garibaldi, el otro este que ahora vemos que representa a San Jorge. Sobre esta escultura, vemos una nota en La Crónica de Hoy: "Más incierta ha sido la suerte del monumento a Giuseppe Garibaldi, ofrecido por la colonia italiana, quien además donó la escultura de San Jorge de la Academia de San Carlos, que hace cinco años cayó al piso cuando los ambulantes de la zona quisieron sujetarse de ella. Apenas en febrero se terminó su restauración. En cuanto a Garibaldi, pensado para colocarse en la colonia Roma, es hoy un busto en la pequeña plaza del cruce de Guaymas y avenida Chapultepec, que, en los últimos tiempos, ha sido liberado del intenso graffiti que padeció durante años". (Para leerla completa, entra aquí.)

     "Fundada bajo el nombre de la "Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España" en el año de 1781 por el entonces Rey de España, Carlos III y a petición de las autoridades de la Casa de Moneda de la Nueva España, quienes veían en dicho fin principal el establecer una escuela de grabado en el entonces virreinato novohispano con la intención de mejorar la producción y acuñación de moneda al establecer dicha academia. Se inspiró su fundación en el modelo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y fue la primera Academia levantada en el continente americano, y también tuvo en sus instalaciones al primer Museo de Arte que se inauguró en Latinoamérica".

    "Las ramas principales que se impartieron en la academia fueron las de arquitectura, pintura y escultura. Tuvo una vida azarosa a lo largo del siglo XIX entre las revoluciones y guerras que sacudieron al país hasta comienzos del siglo XX y la actualidad, en que forma parte de la Universidad Nacional Autónoma de México. En sus instalaciones impartieron clases y estudiaron los más prestigiosos arquitectos, pintores y escultores del país educados bajo los modelos que predominaron en su momento. Se encuentra localizada en la Calle de Academia número 22 esquina con la Calle de Moneda, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El edificio actual fue levantado sobre otro que perteneciera al Antiguo Hospital del Amor de Dios y remodelado en su aspecto actual a mediadios del siglo XIX. Pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de México y hoy alberga a la División de Estudios de Posgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de dicha institución".

    Desde la puerta principal de la Academia de San Carlos se ve este panorama. La cúpula corresponde al templo de Santa Inés.


martes, 14 de octubre de 2014

El monumento a Morelos que Maximiliano mandó levantar.

   En el olvido, aunque se dice que será intervenido en este año, encontramos un monumento que se levantó a la memoria de José María Morelos y Pavón. Este, como muchos de los monumentos levantados en el siglo XIX, guarda una interesante historia, dado que fue mandado erigir por el Emperador Maximiliano que buscaba rescatar del olvido a los héroes de la Independencia. Gracias a él, al Emperador, se localizó a un pariente próximo al cura de Dolores y se logró hacer una aproximación a los rasgos del Padre de la Patria. En el caso de Morelos, lo que vemos es otra cosa.

   "La pasión de Maximiliano por los monumentos, así como por otros menesteres semejantes, fue bien conocida; nunca lucieron más bellos los jardines del Castillo de Chapultepec como antes los de Miramar en Trieste; combinaba en ellos flores exóticas y las plantas más diversas, así como árboles que hizo traer de los cinco continentes. Incluso mandó tapizar sus aposentos, como ya lo había hecho en su castillo europeo, con dibujos de piñas confeccionados en las fábricas parisinas; curioso que convirtiera en su preferida esa fruta tropical que descubrió en su viaje a Brasil.

   "No todas sus iniciativas fueron bien recibidas; en particular, los conservadores rechazaron los emplazamientos que el emperador buscó para la estatua de José María Morelos realizado por Antonio Piatti. La familia de los condes de Orizaba, que habitaban la Casa de los Azulejos, protestó porque la escultura fue colocada en la Plaza de Guardiola, visible desde la residencia. También molestó a la familia Escandón, que vivía en la que popularmente se conocía como la Casa de los Perros, justo fuente a la mencionada. Los conservadores no estaban de acuerdo con la frase que el liberal emperador le hizo colocar: "Al ínclito Morelos quien dejó el altar para combatir, vencer y morir por la libertad de su patria. Maximiliano Emperador, 1865". (1)


   Será bueno recordar que uno de los personajes que participó en el proyecto de un Segundo Imperio, quizá el más influyente luego de Gutiérrez Estrada, fue Juan Nepomuceno Almonte, cuyo verdadero nombre era Juan Nepomuceno Morelos Almonte, hijo del cura de Carácuaro, que para mantener la sana distancia a las habladurías prefirió usar el apellido materno para no desviar la atención a las virtudes y participación de su padre en la causa insurgente y en el proceso de liberación de México de la Corona española.

   En buena medida podemos pensar que él ejerció cierta influencia para que el Emperador decidiera levantar el monumento en cuestión. Monumento que, al igual que tantos otros, se volvió itinerante, pues, caído el Imperio, la estatua fue trasladada de la Plaza Guardiola a la explanada del Templo de la Veracruz para luego ser enviado a una glorieta en la recién creada Colonia Morelos, sitio en el que permaneció durante muchos años.

   Y sigue allí, en la Colonia Morelos pero ya arrinconado dado el crecimiento que ha tenido la ciudad de México, especialmente en las zonas populares como es el caso de la colonia que lleva el nombre del prócer de la Independencia Nacional.

   Pocos recuerdan que  allí, en la que ahora es la terraza el Banco de México, frente a la Torre Latinoamericana, estuvo el Edificio Guardiola, que fue hotel, entre otras cosas, y que fuera objeto de tantas críticas cuando se colocó allí el monumento. En dónde ahora está la Torre, se localizaba, orginalmente, la esquina sur-poniente del Convento "Grande" de San Francisco. "Un cuadrilongo de corta extensión, formado al Oriente por la casa de los condes del Valle, (Casa de los Azulejos, actual Samborn's), al Occidente por un pedazo de la calle de Santa Isabel (actual Eje Central Lázaro Cárdenas), al Norte por la Casa del Señor Escandón (actual Banco de México), y al Sur por la pared de la capilla del Señor de Burgos, perteneciente al convento de San Francisco (actual Torre Latinoamericana); he aquí lo que se llama en México la Plazuela de Guardiola. Esta plazuela recibió su nombre de los marqueses de Guardiola, fundadores de la casa que hoy pertenece a la familia Escandón". (2)

   En la actualidad el Monumento a Morelos se localiza en el barrio de Tepito en una plaza sobre las calles Eje 1 Oriente (Avenida del Trabajo) y Jarciería, entre Alfarería y Mecánicos.

Fuentes:

1.- Martínez Assaud, Carlos. La patria en el Paseo de la Reforma. UNAM-FCE. México, 2005. pp.29.31

2.- México y sus alrededores. Bajo la dirección de Decaen. Establecimiento Litográfico de Decaen, Editor. México, 1855-56 pp.24-25

domingo, 10 de marzo de 2013

Los monumentos levantados en la Ruta de Hidalgo en La Marquesa, Estado de México y Distrito Federal.

   Esta es la Cabeza de Águila número 68 que se localiza en la comunidad conocida como La Marquesa en el Estado de México su pico señala rumbo al bosque, lo que ahora se conoce como Parque Nacional Miguel Hidalgo. El ejército Insurgente se encontraba allí reunido con el mayor número que concentró en los once años que el movimiento de insurrección duró, 100 mil elementos se dice que lo conformaba. Era el 30 de octubre de 1810.
    A menos de un kilómetro de donde se colocó la estela, vemos este otro monumento que mantiene el mismo estilo, un triángulo escaleno trunco en donde no se colocó una Cabeza de Águila sino que, al frente, estaba una asta bandera, tenía dos placas, una de cada lado, ambas no existen más por lo que es difícil saber cuándo fue colocada. Si fue parte del programa Ruta de Hidalgo 1810-1811 del Sesquicentenario o si anteriormente se había colocado.

    Me inclino a pensar que este monumento marcaba el final de la primera etapa de la guerra de Independencia y que esa Ruta de Hidalgo tenía como remate esta otra estela. Pienso que sí corresponde al Sesquicentenario pues la forma es muy parecida a la base de todas las estelas, pero hay algo que la diferencia, independientemente de que aquí no existe una Cabeza de Águila.

    De haber sido parte del programa del Sesquicentenario seguramente se hubieran colocado la placa de cantera que rezaba el nombre con que este trazo se conocía: Ruta de Hidalgo 1810-1811. En cambio vemos que lo que allí existían eran placas de bronce, alcanzamos a notar lo orificios en donde estaban colocados los tornillos que las sujetaban... la duda me queda.

    A unos doscientos metros de distancia encontramos este arco que marca los límites entre el Estado de México y el Distrito Federal, levantado, al parecer, en 1940, caminando otros doscientos metros, encontramos un monumento más.

    Se trata de un obelisco inaugurado el 30 de octubre de 1852, para rendir honor a Hidalgo en su calidad de Jefe Supremo del Ejército Mexicano y, especialmente, al triunfo allí logrado, la placa dice que era entonces el gobernador del Estado de México el C. Luis Madrid.

    Pocas leguas separaba el Monte de las Cruces de la ciudad de México, en ella los españoles allí residentes sabían ya de lasa agresiones en contra de sus paisanos en Guanajuato y, en general, por todo el recorrido que el ejército comandado por Hidalgo habían realizado. Temerosos se escondían, incluso habían ya trasladado a "la Gachupina" de su santuario a la Catedral Metropolitana.

    Y la leyenda se comenzó a tejer. Esa de que Hidalgo había oficiado una misa tumultuaria en la que habían asistido todos los insurrectos, la somera cifra de cien mil, -cuenta la leyenda- estuvieron presentes en ese oficio que se realizó -lo dice la leyenda- encima de una roca. ¿Cuál de ellas? ¿Esta donde se colocó el obelisco a mediados del siglo XIX o la del asta bandera que se colocó a mediados del siglo XX? Seguiremos buscando más datos sobre la construcción de este monumento y quizá podamos aclarar la duda. Para ver algo más sobre el monumento y la leyenda, entra aquí.


martes, 13 de septiembre de 2011

El mito de los niños héroes: sus monumentos.

Viviendo en la, a veces, plácida provincia mexicana, no nos enteramos de todos los rincones que conforman la capital de la República, mucho menos, no logramos conocer todos los monumentos que, en una mancha urbana tan expandida se levantan. Visitar tan solo el Castillo de Chapultepec nos lleva a una presencia, casi constante, del recuerdo a la memoria de los llamados Niños Héroes. Lo que vemos ahora es una toma que hice hace un mes justo en el lugar en donde, de acuerdo a la leyenda, uno de ellos se arrojó envuelto en el lábaro patrio. Allí existen las estatuas de ellos, por cierto.

Vemos ahora la escena de abajo para arriba. Esto significa que, manteniendo lo que la "historia oficial" nos ha dicho desde hace tiempo, fue aquí donde cayó aquel Niño Héroe que se dice fue Juan Escutia, aunque se discute que fue Juan de la Barrera, como quiera, si vemos bien, no fue precisamente una caída libre, pues son muchas las rocas que hay antes de llegar al piso, de ser cierto eso, el cuerpo debió haberse recibido hecho pedazos completmente. En la siguiente fotografía veremos un recuadro dorado, esa es la placa que dice que fue allí, precisamente, donde encontraron el cuerpo envuelto en la bandera. Leemos en Wikipedia que...

"El mito más extendido es el considerarlos niños ya que la mayoría estaba en lo que modernamente consideramos adolescencia y temprana adultez, además de que para la época no era infrecuente que a los 15 años los varones se casaran y formaran una familia propia.El segundo es el mito del suicidio del cadete Juan de la Barrera o Juan Escutia, según sea la fuente que se consulte aunque es más popular el segundo y que en parte da pie para no creerse verídico el relato, que envuelto en la bandera nacional que ondeaba en lo alto del Colegio Militar para evitar que cayera en manos de los estadounidense;, la verdad es que esa bandera fue tomada y al parecer es aún un trofeo de guerra que se encuentra en la Academia Militar de West Ponit en los Estados Unidos, aunque en 1952, con motivo de la inauguración del Altar a la Patria, fueron devueltas a México varias banderas mexicanas tomadas durante la guerra de 1847 y en especial el día 13 de septiembre".

En el jardín cercano al Alcázar del castillo de Chapultepec vemos este monumento que se levantó a la memoria de los niños héroes, este tiene una tendencia muy marcada a ser casi un mausoleo o, en todo caso, un cenotafio que recuerda a estos cadetes. El monumento está lleno de simbolismos de la muerte, con una patria entristecida que recibe en sus manos el cuerpo de uno de los fallecidos. Al parecer fue erigido en la presidencia de Ignacio Comonfort ente 1855-1857.

Años más tarde, 1880 don Porfirio Díaz dispone que se levante un monumento en honor a los Niños Héroes, se levanta un obelisco en donde se anotan los nombres de todos ellos, por cierto, uno de los que participó en los hechos es el mismo que elabora el diseño del monumento, Román Rodríguez Arrangoiti.

Y ese obelisco se ubica en una especie de explanada que se forma entre las rocas donde está la placa alusiva al sitio en donde cae el cuerpo envuelto en la bandera que vimos en una fotografía anterior y el obelisco propiamente. Este monumento un poco escondido sigue allí luego de 130 años de que fue construido.

Bajo la presidencia de Miguel Alemán, en 1952, se levantó un nuevo monumento a los Niños Héroes, esta vez se le denominó Altar de la Patria, seis columnas con sedas águilas estilizadas y al centro la Patria. Lo de las águilas no remite al apodo que hay en torno a estos héroes que en ocasiones se les llama "aguiluchos"... pero a mi, en lo personal, me remite a la idea de que el águila ha sido desde hace mucho, el símbolo de la Patria, por eso tenemos esas 260 Cabezas de Águila que recorrimos en su Ruta de Hidalgo el año del Bicentenario.

Otro monumento más, este ubicado sobre la carretera que nos conduce a Cuernavaca, lugar donde se localiza actualmente el Colegio Militar, allí, de nuevo vemos las seis columnas con sus respectivas águilas. Y, nos acabamos de enterar por la prensa de que en el campo militar de Popotla se develó una réplica del obelisco que Arrangoiti diseñó, se sigue cultivando la memoria a los Héroes Niños de Chapultepec...

viernes, 2 de septiembre de 2011

Azcapotzalco, la última batalla de la Guerra de Independencia.

Será la tradición, o el gusto por el jolgorio, que en el mes de septiembre enfocamos toda nuestra artillería de festejos y celebraciones hacia la fecha mítica del 15 de septiembre, dejando claro que por mito entiendo que se creó eso, un mito, en torno al festejo que, se dice, don Porfirio Díaz decidió un buen año de sus largos treinta que estuvo en el poder, celebrar el 15, día de su cumpleaños, y empatar allí la fecha del festejo nacional,e l cual, sabemos bien se debe hacer al día siguiente, el 16. Y de esos olvidos que tenemos dejamos pasar el 27 de septiembre, día de la verdadera independencia, pues es cuando se proclama, finalmente, la consumación de la misma.

Así pues, ni que decir de lo sucedido el 19 de agosto de 1821. De seguro, para dentro de diez años, vendrá otro festejo de un Bicentenario más, esta vez de la Consumación de la Independencia. No es de sorprendernos, pues igual en 1910 se hizo un Centenario encabezado por don Porfirio Díaz y para 1921 hubo otro Centenario más, aunque menos fastuoso, encabezado por el General Álvaro Obregón, el cual dejó su huella al colocar algunas placas, como la que vemos en la primera fotografía, colocada al centro de la barda perimetral del ex convento dominico de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago de Azcapotzalco. En la foto de arriba vemos la misma barda pero del lado en que no está enjarrada.

Ahora que vemos el templo del ex convento recordaremos que es aquí en donde se da la última batalla de la guerra de Independencia que llevaba ya casi once años, diez años y once meses, para ser exactos y es el 19 de agosto de 1821 que hay el último enfrentamiento entre realistas e Insurgentes, del lado de estos últimos el que da su vida en estos hechos fue el llamado "Pachón" o "Pachondo", Encarnación Ortíz, el que tuviera relevante participación en el Bajío y que formara mancuerna algunos meses de 1817 con Xavier Mina.

Dentro de los enlaces que van incluidos en este artículo podrás leer más detalles de lo acontecido durante la batalla, lo que aquí pretendo es, más que nada, compartir contigo las fotografías que logré en esta parte tan olvidada de la historia nacional y sobre todo que sepas que hay ya un monumento, que si bien pequeño, pero monumento al fin, que recuerda la participación de Encarnación Ortíz en esta, la llamada Batalla de Azcapotzalco.

"Los realistas se apresuraron y colocaron una pieza de artillería cerca del cementerio de la parroquia. A su llegada a Azcapotzalco, las fuerzas insurgentes atacaron a los realistas que se encontraban en el atrio y techos de la Parroquia y Convento de los Dominicos. El combate continuó hasta las 11 a.m., cuando el parque insurgente se estaba agotando, Bustamante ordenó enviar un cañón a la entrada del poblado, aumentando la acción de combate. Viendo Bustamante que su ofensiva era infructuosa, decidió la retirada tratando de rescatar la artillería con el fin de no dejarla en poder realista. El soldado insurgente, Encarnación "Pachón" Ortiz, decidió rescatar la artillería atascada en el fango pero una bala acabó con su vida. El acto enardeció a los insurgentes quienes asaltaron el Atrio, enfrentando cuerpo a cuerpo a las fuerzas realistas que derrotaron, forzándolos a huir hasta el Puente del Rosario". (Wikipedia dixit).

Efectivamente, habían pasado ya casi once años, habían muerto ya en combate una buena cantidad de mexicanos y aquí se dio, como reza la placa: La Última Batalla.