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lunes, 11 de marzo de 2019

La entrada triunfal de Calleja en la Ciudad de México luego del triunfo en Zitácuaro, 1812.

   En base al comentario que hice en el artículo anterior, continuamos ahora con una relatoria de los hechos acontecidos en la Ciudad de México luego de la Batalla de Zitácuaro en la que la Junta Soberana fue atacada y casi desaparecida:

  La descripción de la entrada de Calleja á la capital hecha por Bustamante y Alamán, merece ser conocida del lector por las apreciaciones que ambos hacen de los sucesos ocurridos en ella.

   Bustamante dice lo siguiente" Concluido el saqueo de la villa de Zitácuaro, y hecha presa de la bárbara soldadesca y de las llamas, en cuyos hogares se vio con escándalo atizar la estatua, de un santo con otro, Calleja distribuyó parte de su fuerza para lo interior, y se aprestó para entrar con la restante en México, de donde se le mandaron muchos uniformes y armas para dar á su ejército brillantez. Venegas dispuso para alojamiento de la columna de granaderos, el convento de San Agustín y aún en persona pasó la tarde del cuatro á reconocer el edificio. Recibióle el provincial con toque de órgano y vuelta de esquirla, estimando la visita como Un favor inapreciable. Trazó la entrada del ejército de modo que fuese el mismo día de San Felipe de Jesús, después de la procesión que se hace de la Catedral á San Francisco, para que las colgaduras y adornos de las calles sirviesen á esplendorizar la marcha de las tropas. Todo lo combinó el gobierno para herir nuestro amor patrio.

   Sonó el cañón de entrada en el paseo de Bucareli y respondió la plaza. Precedía en la marcha Calleja con su escolta, costosamente vestida y montada en caballos prietos todos iguales: mas, ¡oh chasco digno de Garatuza! Apenas se presenta Calleja montado sobre un fogoso prieto, cuando Da. María Gertrudis Bustos, hermana de la marquesa de Rayas, que estaba en la carrera, desde un coche exclamaba he allí mi caballo él es, y no es otro, no conoció Sancho Panza mejor su asno; cuando vio caballero sobre él á Ginés de Pasa-montes su robador en Sierra Morena. Efectivamente este caballo era robado entre muchos de los que requirió Calleja en Guanajuato. El perseguidor (que se decía) de los ladrones, bien merecía que se le persiguiera por cuatrero. En torno de Calleja, venia una turba de muchachos gritándole vivas, pero no nacidos del corazón sino estimulados por los dineros que les repartió Don Joaquín Urquijo, cura de Acayucan, vizcaíno de los irreconciliables enemigos nuestros. Entonces se presentó en mi fantasía el famoso manchego, que allá en sus delirios se prometía entrar en la corte de un grupo de rey, el cual asomándose á las fenestras de su palacio gritaba.. "La marcha del general Calleja." (Obra del Dr. Corejares, sujeto fundido en la misma turquesa, que el cura Urquijo, y de su mismo fuero.) .

   El hombre reflexivo notaba en el aspecto lívido y mirar sombrío de Calleja en aquel continente amenazante y taciturno, y en aquellos ojos revueltos y verdosos, un leopardo que cubierto de sangre salía del bosque y se preparaba para lanzarse segunda vez sobre otros rediles de inocentes ovejas. Gozábase entonces así mismo con la grita y aplausos como Agripa en los juegos de Casárea, herido con los rayos del sol que reflectaban sobre sus vestiduras de oro y púrpura y se creía el mayor de los hombres, cuando he aquí que un acontecimiento inesperado recuerda á éste hombrecillo fatuo, que es menos que nada. El mariscal de artillería D. Judas Tadeo Tornos, se acerca en su caballo para saludarlo, más al quitarse el sombrero y revolotearlo le levantó la rienda, el bruto lastimado de los asientos del bocado se para en dos manos, se lanza con fuerza sobre Calleja, le da dos fuertes manotadas en la cara, lo arroja del caballo y cae á los pies de la estatua de San Felipe de Jesús, en cuyo altar lo había colocado el piadoso platero Rodallega. Calleja es llevado en peso á un camaranchón que allí le franqueó, el dueño de la casa, se recobra un tanto con auxilios que se le ministran pero muestra la mayor confusión y vergüenza. De éste modo impide el cielo que vaya á solemnizar con un Te Deum (á que concurrió el Virrey, con toda la oficialidad á catedral á las dos la de tarde) el triunfo que había conseguido sobre nuestra libertad y á tributar gracias á María Santísima de los Remedios, cuyo templo erigido bajo ésta misma advocación acababa de dar á las llamas. El cielo no quiere las oblaciones de los impíos, ni se aplaca su cólera con las exterioridades con que se insulta á su divinidad; quiere inocencia de manos y pureza de corazón, que no había en este general victorioso.

   Precedia al ejército de Calleja, más número de mujeres que de soldados; algunos de estos traían cinco. Estas eran las Harpías que en tierra adentro se habían cebado desnudando los cadáveres, en los combates. Venían cargadas de preciosidades &c.

 Alamán hace la descripción en los términos siguientes:

   "Señalóse para la entrada triunfal del ejército del centro en México el día cinco de Febrero en el que aquella ciudad, celebra la fiesta de su patrono, el mártir mexicano San Felipe de Jesús, cuya función se solemnizaba entonces con una procesión, que después de la misa salía de la catedral é iba á San Francisco en la que se presentaba en diversas andas ó pasos la historia del santo, la carrera se adornaba con esmero en las calles de Plateros, cuyo oficio empezó á ejercer el mismo Santo, en la parte más temprana de su vida, se ponían suntuosos altares por los individuos de éste arte, floreciente en aquel tiempo. Como en todo se buscaban interpretaciones siniestras, se dijo por los afectos á la revolución, que se había escogido aquel día, para que el adorno de las calles destinado á la función de está, sirviese para ostentar un recibimiento solemne al ejército, que de otro modo no se habría hecho. Desde la garita del Paseo nuevo, por la que las tropas debían hacer su entrada, se pusieron arcos de flores, y antes de llegar á ella, al paso por el lindero de la pequeña hacienda de Becerra, cuyo dueño D. José Ignacio Vizcaya fue capitán de la compañía de gastadores de la columna de granaderos (y murió de enfermedad en San Luis, habiéndose distinguido en toda la campaña su tío el arcediano Beristain, hizo poner un arco con una inscripción honrosa al difunto y al cuerpo en que había militado. A las doce y media de la mañana, una salva de artillería anunció la llegada de la vanguardia á la garita, donde esperaban al general para acompañarle los jefes principales de la plaza y otros militares de distinción. Marchaba al frente Calleja con su estado mayor y una lucida escolta, seguían por su orden los cuerpos, formando la cabeza de la columna los granaderos, en cuya primera fila se hacía notar D. Domingo Mioño, español, natural de Galicia y avecindado en Colima, donde había gozado de comodidades, quien para dar ejemplo á sus paisanos de la decisión con que debían obrar en su propia defensa, servía como soldado, y nunca quiso ser más que el primer granadero de la columna, como Latour Auvergne lo había sido en Francia de la República. México presentaba por la primera vez un espectáculo militar imponente, el concurso del inmenso y la gente veía con admiración aquellos soldados cuyas proezas había leído, y en especial aquellos cuerpos levantados por Calleja en San Luis, que había hecho de una manera tan bizarra la campaña, y á cuya aproximación había debido la capital, un año antes, no haber sido desbastada por la muchedumbre que Hidalgo condujo hasta las Cruces, estimulada por el deseo del pillaje y la desolación. Un accidente inopinado turbó la solemnidad de la entrada. 

   Al pasar el Gral. Calleja delante de la última casa de la primera calle de Plateros, junto al portal de Mercaderes, con los vivas y aplausos del pueblo, se alborotó el caballo que montaba el mariscal de Campo D. Judas Tadeo Tornos, director de artillería, que iba al lado de Calleja, y parándose de manos dio con ellas en la cabeza dé éste, tirándole el sombrero y haciéndole caer en tierra, cuyo golpe fue bastante fuerte; para que fuese menester llevarlo cargado á la casa del platero Rodallega y ponerlo en cama por algún rato, basta que un tanto repuesto, pudo ir en coche á presentarse al Virrey á palacio. Los que se habían burlado del prodigio de las palmas de Zitácuaro, tuvieron ahora ocasión de contra poner agüero por agüero, teniendo por mal anuncio el que Calleja en medio de su triunfo, cayese con el mariscal Tornos, que también fue derribado del caballo, á los pies del altar de un Santo mexicano, en el día de la fiesta de éste y en la misma calle en donde éste había ejercido el oficio de platero.

   El ejército desfiló delante del palacio, saludándole y aplaudiéndolo el Virrey, que salió á los balcones para verlo pasar, su fuerza en éste día era de 2,150 infantes 1,832 caballos que hacía el total de 3,972 hombres, número que parecerá muy corto, atendiendo á las grandes victorias que obtuvo sobre reuniones de gente, aunque indisciplinada, incomparablemente más numerosa, pero entonces se hacía mucho con poco, mientras que después la impericia de los que han mandado, ha sido causa de que nada se haya hecho con mucho. Acompañaban al ejército mil quinientas cargas de víveres, cantidad de parque y la artillería tomada en Zitácuaro, todo lo cual hizo que tardase en entrar desde las doce y media hasta las cuatro de la tarde, seguíanle porción de mujeres y estas llevaban consigo los despojos del saqueo de aquella villa. La plana mayor se presentó en seguida á cumplimentar al Virrey, quien con ella y los empleados superiores y otros individuos que acostumbraban asistir á su corte, se trasladó á la catedral magníficamente iluminada. Recibióle el cabildo eclesiástico y se cantó un Te Deum, para dar gracias á Dios por las victorias obtenidas por aquel ejército."

   Es notable que la "Gaceta y el Diario" de México que se ocupan de referir la entrada de Calleja á la capital, omitan hacer mención de la caída del caballo del jefe realista, sin duda debido á los comentarios desfavorables que luego hicieron los afectos á la independencia de este suceso.  

Fuente:

Zamacois, Niceto. Historia de México. Tomo VI, Cap. XIII. Parrés Editor, México 1888.

domingo, 1 de abril de 2018

5 de febrero de 1812 en la Ciudad de México: la entrada de Calleja

   En este Bicentenario, del cual aun nos quedan cuatro años por conmemorar, han habido muchas fechas que pasaron desapercibidas o no fueron del todo difundidos sus recordatorios. Encuentro un dato más bien curioso, que escribe Lucas Alamán en su Historia de Méjico [con j], que relata la entrada triunfal que hace a la ciudad de México luego de la victoria obtenida en Zitácuaro días atrás. 

  "La batalla de Zitácuaro se libró el 2 de enero de 1812, en Zitácuaro, Michoacán. Las tropas realistas eran dirigidas por Félix María Calleja y el ejército insurgente por Ignacio López Rayón. El virrey Francisco Xavier Venegas ordenó la toma de Zitácuaro pues ahí se situaba la Suprema Junta Nacional Gubernativa, órgano director de la insurgencia. Durante la batalla, Ramón López Rayón perdió un ojo. Tras varias horas de combate, finalmente la ciudad cayó en manos de los realistas, poniendo en fuga a la Suprema Junta Nacional Gubernativa hacia Tlalchapa y Sultepec." (Wikipedia)

Puestos en contexto, veamos lo que escribe Alamán:

  Marchaba al frente Calleja con su estado mayor y una lúcida escolta, seguían por su orden los cuerpos, formando la cabeza de la columna los granaderos, en cuya primera fila se hacía notar D. Domingo Mioño, español, natural de Galicia, y avecindado en Colima, donde había gozado de comodidades, quien para dar ejemplo a sus paisanos de la decisión con que debían obrar en su propia defensa, servía como soldado, y nunca quiso ser más que el primer granadero de la Columna, como Latour d'Auvergne lo había sido en Francia de la república. Méjico presenciaba por la primera vez un espectáculo militar imponente; el concurso era inmenso y la gente veía con admiración aquellos soldados cuyas proezas había leído, y en especial aquellos cuerpos levantados por Calleja en S. Luis, que habían hecho de una manera tan bizarra la campaña, y a cuya aproximación había debido la capital un año antes, no haber sido devastada por la muchedumbre que Hidalgo condujo hasta las Cruces, estimulada por el deseo del pillaje y la desolación.

  Un accidente inopinado turbó la solemnidad de la entrada. Al pasar el general Calleja delante de la última casa de la primera calle de Plateros, junto al portal de Mercaderes, con los vivas y aplausos del pueblo, se alborotó el caballo que montaba el mariscal de campo D. Judas Tadeo Tornos, director de artillería, que iba al lado de Calleja, y parándose de manos dio con ellas en la cabeza de este, tirándole el sombrero y haciéndole caer en tierra, cuyo golpe fue bastante fuerte para que fuese menester llevarlo cargad o a la casa del platero Rodallega y ponerlo en cama por algún rato, hasta que un tanto repuesto, pudo ir en coche a presentarse al virrey a palacio. Los que se habían burlado del prodigio de las palmas de Zitácuaro, tuvieron ahora ocasión de contraponer agüero a agüero, teniendo por mal anuncio el que Calleja en medio de su triunfo, cayese con el mariscal Tornos, que también fue derribado del caballo, a los pies del altar de un santo mejicano, en el día de la fiesta de este y en la misma calle en donde este había ejercido el oficio de platero.

  El ejército desfiló delante del palacio, saludándole y aplaudiéndolo el virrey, que salió a los balcones para verlo pasar. Su fuerza en este día era de 2.150 infantes y 1.852 caballos, que daban el total de 5.982 hombres, número que parecer a muy corto, atendiendo a las grandes victorias que obtuvo sobre reuniones de gente, aunque indisciplinada, incomparablemente más numerosas; pero entonces se hacía mucho con poco, mientras que después la impericia de los que han mandado ha sido causa de que nada se haya hecho con mucho. Acompañaban al ejército mil quinientas cargas de víveres, cantidad de parque y la artillería tomada en Zitácuaro, todo lo cual hizo que tardase en entrar desde las doce y media hasta las cuatro de la tarde. Seguíanle porción de mujeres y estas llevaban consigo los despojos del saqueo de aquella villa. La plana mayor se presentó en seguida á cumplimentar al virrey, quien con ella y los empleados superiores y otros individuos que acostumbraban asistir a su corte, se trasladó a la catedral magníficamente iluminada. Recibiólo el cabildo eclesiástico y se cantó un solemne "Te Deum, "para dar gracias a Dios por las victorias obtenidas por aquel ejército.

  La tropa se alojó en los conventos, habiendo estado la víspera el virrey mismo en el de S. Agustín, destinado a la columna de granaderos, para cuidar de que se dispusiese aquel cuartel con toda comodidad. Calleja se hospedó en la casa del conde de Casa Rul, en la que fueron continuos los convites y obsequios, concurriendo a la mesa  los jefes del ejército y todas las personas distinguidas de la ciudad, y en ella se ensalzaron en los brindis en prosa y verso las victorias del ejército y las hazañas del general, cuyo mérito se calificó superior al de Fabio Máximo y otros capitanes de la antigüedad. Se hicieron en el teatro funciones en obsequio del ejército y su jefe, y cuando este se presentó en él, fueron grandes los aplausos y los vivas.

  Venegas concurrió la primera noche, y viendo que hacia un papel secundario y desairado, no volvió las siguientes. Debió desde entonces ver en Calleja un rival, y persuadirse que el favor popular estaba enteramente de parte de este. En obsequio del ejército, los panaderos que casi todos eran españoles, a quienes se pidieron a prorrata las raciones de pan necesarias, no quisieron cobrar cosa alguna en los días 5 y 6 de Febrero.

  La llegada del ejército a la capital venció la repugnancia del virrey para conceder premios á sus individuos. Calleja había instado repetidas veces, como en otros lugares hemos visto, y en especial después de la batalla de Calderón, sobre la "necesidad que en su concepto había, para reanimar el valor y entusiasmo del ejército, de conceder a la tropa y oficiales algún premio ó distinción, que les hiciese olvidar los riesgos a que se exponían, y apreciar su suerte", contrariando además la idea que los sediciosos esparcían, de que servían a un gobierno que ni estimaba ni recompensaba sus servicios.

  Irónico es imaginar que mientras en la casa del Conde Casa Rul se daban grandes fiestas, él permanecía al frente, en marzo, un mes luego de la entrada de Calleja a la ciudad de México, moría en el sitio de Cuautla.

Fuente

Alamán, Lucas. Historia de Méjico. Tomo II, Imprenta de J.M. Lara, México, 1850, pp. 474-479

jueves, 12 de enero de 2017

Una invitación a la ceremonia del XCIII Aniversario de la Independencia, 1903

 El documento es muy interesante, la duda me surge pues no identifico cuál era el Parque Porfirio Díaz en la ciudad de México, ¿alguien por ahí lo sabe?

viernes, 4 de marzo de 2016

1799: La conspiración de los machetes.

   Esto, a diferencia de muchos eventos que por mera coincidencia han ocurrido en Septiembre y más aun el 15 o el 16, no fue en ese mes sino en Noviembre, el siglo XVIII estaba por terminar, era 1799 y un movimiento que pretendía derrocar a los españoles del gobierno de México se gestaba justo en la ciudad de México, capital del virreino, en el que se planeaba matar a todos aquellos venidos de la península y asentados en la ciudad, además con la característica que debían tener de ser ricos. Ese movimiento pasó a la historia como la Conspiración de los machetes y, para no complicarme la vida, transcribo lo que Wikipedia dice al respecto:

   La conspiración de los machetes fue una rebelión fracasada contra España en el territorio del Virreinato de Nueva España ocurrida en 1799 y liderada por criollos de origen humilde. El nombre hace referencia a lo modesto del armamento utilizado por los rebeldes: apenas cincuenta machetes y dos pistolas. Aunque la conspiración fue sofocada antes de comenzar y no amenazó a la dominación española, tuvo un gran impacto en el virreinato y, ya que ocurrió once años antes del Grito de Dolores, es considerado por los historiadores como uno de los hechos precursores de la Independencia de México. Pedro de la Portilla, de origen criollo y procedente de una familia de escasos recursos, empleado en la Oficina de recaudadores de impuestos de la Nueva España en la Plazuela de Santa Catarina de Ciudad de México, organizó en 1799 una reunión de 20 jóvenes, familiares y amigos, con orígenes similares, en el callejón de Gachupines Nº 7 de la misma ciudad. Algunos de los hombres presentes eran guardias en las plazas de la ciudad y otros trabajaban en las industrias de fabricación de relojes o de la plata.

  La reunión examinó la situación existente entre los criollos, nacidos en América y los «peninsulares», nacidos en España y denominados con el término peyorativo de «gachupines». Los presentes decidieron levantarse en armas para liberar el país de «peninsulares», considerados opresores, mediante un levantamiento popular bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe.
   El plan acordado comenzaba con la liberación de los presos de la ciudad y, con ellos, asaltar el Palacio del virrey, capturando a los altos funcionarios del gobierno y sus fondos. Los conspiradores, a continuación, pretendían proclamar la independencia de México, declarar la guerra a España y matar o expulsar a los «peninsulares». Para lograr sus propósitos, reunieron 1.000 pesos de plata, dos pistolas y unos 50 machetes. Tras el éxito de la rebelión, el plan era hacer un llamamiento a la gente para decidir qué forma de Gobierno debía establecerse en México. Los conspiradores aparentemente preferían un Congreso, basado en el que recientemente se había establecido en los Estados Unidos.

   En la segunda reunión, Isidoro Francisco de Aguirre, un primo de Portilla, se sintió alarmado por los preparativos y denunció la conspiración a las autoridades el 10 de noviembre de 1799. El virrey, Miguel José de Azanza dio órdenes de que fueran detenidos, pero sin revelar los motivos de su conspiración con el fin de evitar un levantamiento entre la población. Todos los conspiradores fueron detenidos y pasaron muchos años en prisión, muriendo algunos de ellos en la cárcel. El juicio fue largo y no llegó a un veredicto. Portilla vivió para ver la independencia de México.

viernes, 16 de enero de 2015

Irónico: Lo que quedaba de Tenochtilan en 1810, se opone al movimiento de insurrección.

    Hay un error, (uno más), recurrente en todos quienes no conocemos a profundidad la Historia de México en su etapa conocida como la Conquista, en el que siempre caemos: decir Ciudad de México a lo que fue la Ciudad Española de México. Justo eso que conocemos en la actualidad por Centro Histórico era la ciudad española, pues, en rededor de ella estaba la República de Indios, es decir, los distintos pueblos en donde los mexicanos vivían. No era un pueblo en sí, sino dos y, para evitar confusiones, pero más bien para tenerlos sujetos y controlados, se les dividió en dos Parcialidades la de Tenochtilan y la de Tlatelolco pero, como ya estaba iniciada la conquista espiritual, entonces se llamaba San Juan Tenoxtitlan y Santiago Tlatelolco. Como Tenochtitlan era tan grande, se dividía en cuatro sectores que no eran otra cosa que los Calpulis o barrios, sus nombres los puedes ver en el diagrama que sigue. Y, en este espacio que tenemos dedicado al inicio de la Guerra de Independencia y la Ruta de Hidalgo, encuentro un documento que me llama la atención debido a que fue emitido por una de esas Parcialidades, la de San Juan que ya se había quitado el apelativo de Tenochtitlan, y que dice:

Exposición de la parcialidad de San Juan contra la revolución iniciada en Dolores.
México, 27 de septiembre de 1810. 

Excelentísimo señor.—

El gobernador, alcalde presidente, gobernadores pasados, y toda la república de la parcialidad de San Juan, han leído la enérgica y juiciosa proclama que vuestra excelencia se ha servido dirigir a todos los habitantes de esta Nueva España con motivo de que algunos de ellos, olvidados de los sagrados juramentos que los ligan, y de sus verdaderos intereses, han levantado el estandarte de la rebelión, y abierto el camino al pillaje, a la devastación y a la ruina total de este preciosísimo reino.

Nos duele señor excelentísimo este alucinamiento delincuente que ha trastornado sus cabezas, y llega a lo sumo nuestro pesar, al oír que cuentan en su número con algunos indios que les auxilian.

Nosotros y los que comprenden nuestra parcialidad, entendemos muy bien que FERNANDO VII y sus sucesores de la antigua casa de Borbón, son los únicos dueños de este reino, que el supremo consejo de regencia que por el cautiverio del primero deposita la soberanía, está legítimamente instalado, reconocido y jurado por nosotros; que nuestra santa religión no permite el quebrantamiento de estos juramentos, y nos estrecha a guardar el pacto social, viviendo sujetos a las legítimas potestades, que a nombre de nuestra madre santísima de Guadalupe y del señor DON FERNANDO VII, no son lícitos, antes sí más criminales y horrorosos, el robo, el homicidio y el perjurio; y últimamente, que el que procure la separación de estos dominios de la península, cuando aún existe allá quien resista a la dominación extranjera, no puede ser fiel a FERNANDO VII, sino que imposibilita en cuanto está de su parte su restitución al trono.

Animados, pues, de estos sentimientos, bien persuadidos de que son los únicos que deben gobernar a un católico y fiel vasallo, hemos acordado venir a presentarnos a vuestra excelencia, ofrecerle nuestras personas y asegurarle, que todos los de nuestra parcialidad están prontos a sostenerlos y derramar la última gota de sangre en defensa de ellos.

Dígnese por tanto vuestra excelencia aceptar esta nuestra oferta, ocuparnos en cuanto nos considere útiles para el real servicio, y elevar al supremo consejo de regencia esta representación, para que su majestad sepa y se complazca de que los indios de México, tienen la felicidad de contarse entre el número inmenso de europeos y americanos, que no se han dejado ni se dejarán seducir por el espíritu de partido y rivalidad.

Dios nuestro señor guarde la vida de vuestra excelencia muchos años, y lo conserve a la cabeza de la fidelísima Nueva España para su felicidad.

México 27 de septiembre de 1810.


Excelentísimo señor.
Dionisio Cano y Moctezuma, gobernador.
Francisco Antonio Galicia, ex gobernador.
Ramón Lizalde, alcalde.
Josef Crecencio Cano, alcalde.
Josef Teodoro Mendoza, alcalde.
Francisco Valdés, alcalde.
Domingo Salazar, alcalde.
Miguel Rivera, alcalde.
Josef Manuel García, escribano.

Excelentísimo señor virrey de esta Nueva España don Francisco Xavier Venegas.

  Vemos en este mapa de 1767 la Calle de S. Juan, se trata de la de San Juan de Letrán, que ahora conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas. un poco a la izquierda aparece el "Teypan", que no es otra cosa que el Tecpan de San Juan, ya no era el de Tenochtitlan sino el de Moyota, sitio en donde se asentaba el tribunal de ese sector de la población. 

Fuente:

J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

Versión digitalizada por la UNAM: http://www.pim.unam.mx/catalogos/juanhdzc.html

Tomada de 500 años de documentos. Biblioteca. TV.

lunes, 24 de noviembre de 2014

De cuando las Fiestas Patrias se celebraban en la Alameda Central de México. 1825.

   Gran discusión existe acerca de la fecha del 15 de Septiembre que, por coincidir con la efeméride del nacimiento de Porfirio Díaz, se cree que fue él quien determinó que la Ceremonia del Grito, se hiciera a las 23 horas del 15 de Septiembre y no a las 6 de la mañana del 16, como ocurrió. Se alega que ya desde los festejos que el otro general, borrado de la Historia de México, Antonio López de Santa Anna, las festividades comenzaban desde el 15. Es en esa base, la de si era o no el 15 festejado entre las presidencias de uno y otro de esos personajes, encuentro esta interesante relación que hace José María Marroquí sobre la Alameda Central en la ciudad de México que nos conduce al festejo que allí ocurría para conmemorar el inicio de la guerra de Independencia:

   "En los tiempos en que las cosas del público se respetaban, ninguna fiesta se hacía en la Alameda, y con nada se estorbaba. Hoy no pueden buenamente contarse las fiestas que allí se han hecho, y menos las que cada día por desgracia se inventan, y en ella se introducen. De una sola queremos dar cuenta: la primera, la que dio el mal ejemplo, la más antigua, y que todavía en ella se celebra, y es la patriótica del aniversario de nuestra independencia. El Congreso Constituyente, reunido el año de 1824, por decreto de 27 de Noviembre declaró el día 16 de Septiembre, de fiesta nacional, en conmemoración de haberse oído en la madrugada de ese día, no en la noche del 15, la voz primera que proclamó la rebelión de España. Una reunión de ciudadanos al año siguiente pensó que sería bien hacer una demostración pública de esos sentimiento patrióticos, además de aquella que cada ciudadano por sí hiciera

   Resuelto este primer punto, se acordó igualmente, para que la demostración tuviera mayor lucimiento, convidar a ella a las autoridades municipales, a las del Distrito Federal y aun a las de la Federación. En cuanto al lugar en donde la fiesta  había de hacerse o celebrarse, estimándose pequeños los salones de que pudieran disponer, resolvieron los asociados pedir a la ciudad  permiso para celebrarla en la Alameda, permiso que sin dificultad alcanzaron por la nobleza del objeto a que la función se dirigía. En la Alameda se hizo, pues, el 16 y no el 27 de Septiembre del año de 1825, la primera fiesta cívica, en solemnidad de nuestra Independencia. 

   Peligrosos son los malos ejemplos: dado un caso fácilmente se repiten otros: esto sucedió con la fiesta patriótica celebrada en la Alameda el año 1825, que el año siguiente se repitió quedando desde entonces establecida la costumbre de que  anualmente allí se celebrara. Si el Ayuntamiento hubiera negada el permiso el primer año, aquella reunión de ciudadanos patriotas habría dado a la fiesta forma más notable y más adecuada a su fin". (1)

   Varias son las conclusiones que podemos sacar de este escrito: una de ellas la rivalidad en fechas que hubo luego de la Consumación en donde se festejaba el 16 y el 27, imponiéndose, al poco tiempo (seguramente por el destierro y fusilamiento de Iturbide), la del festejo del 16, así pues, considerando las fechas, la balanza se sigue inclinando más a la idea de que don Porfirio aprovecho una fecha para hacer dos festejos, el propio y el nacional.

Fuente:

1.- Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo I. Imp. y Lit. La Europea. México, 1900. p.272.

martes, 14 de octubre de 2014

El monumento a Morelos que Maximiliano mandó levantar.

   En el olvido, aunque se dice que será intervenido en este año, encontramos un monumento que se levantó a la memoria de José María Morelos y Pavón. Este, como muchos de los monumentos levantados en el siglo XIX, guarda una interesante historia, dado que fue mandado erigir por el Emperador Maximiliano que buscaba rescatar del olvido a los héroes de la Independencia. Gracias a él, al Emperador, se localizó a un pariente próximo al cura de Dolores y se logró hacer una aproximación a los rasgos del Padre de la Patria. En el caso de Morelos, lo que vemos es otra cosa.

   "La pasión de Maximiliano por los monumentos, así como por otros menesteres semejantes, fue bien conocida; nunca lucieron más bellos los jardines del Castillo de Chapultepec como antes los de Miramar en Trieste; combinaba en ellos flores exóticas y las plantas más diversas, así como árboles que hizo traer de los cinco continentes. Incluso mandó tapizar sus aposentos, como ya lo había hecho en su castillo europeo, con dibujos de piñas confeccionados en las fábricas parisinas; curioso que convirtiera en su preferida esa fruta tropical que descubrió en su viaje a Brasil.

   "No todas sus iniciativas fueron bien recibidas; en particular, los conservadores rechazaron los emplazamientos que el emperador buscó para la estatua de José María Morelos realizado por Antonio Piatti. La familia de los condes de Orizaba, que habitaban la Casa de los Azulejos, protestó porque la escultura fue colocada en la Plaza de Guardiola, visible desde la residencia. También molestó a la familia Escandón, que vivía en la que popularmente se conocía como la Casa de los Perros, justo fuente a la mencionada. Los conservadores no estaban de acuerdo con la frase que el liberal emperador le hizo colocar: "Al ínclito Morelos quien dejó el altar para combatir, vencer y morir por la libertad de su patria. Maximiliano Emperador, 1865". (1)


   Será bueno recordar que uno de los personajes que participó en el proyecto de un Segundo Imperio, quizá el más influyente luego de Gutiérrez Estrada, fue Juan Nepomuceno Almonte, cuyo verdadero nombre era Juan Nepomuceno Morelos Almonte, hijo del cura de Carácuaro, que para mantener la sana distancia a las habladurías prefirió usar el apellido materno para no desviar la atención a las virtudes y participación de su padre en la causa insurgente y en el proceso de liberación de México de la Corona española.

   En buena medida podemos pensar que él ejerció cierta influencia para que el Emperador decidiera levantar el monumento en cuestión. Monumento que, al igual que tantos otros, se volvió itinerante, pues, caído el Imperio, la estatua fue trasladada de la Plaza Guardiola a la explanada del Templo de la Veracruz para luego ser enviado a una glorieta en la recién creada Colonia Morelos, sitio en el que permaneció durante muchos años.

   Y sigue allí, en la Colonia Morelos pero ya arrinconado dado el crecimiento que ha tenido la ciudad de México, especialmente en las zonas populares como es el caso de la colonia que lleva el nombre del prócer de la Independencia Nacional.

   Pocos recuerdan que  allí, en la que ahora es la terraza el Banco de México, frente a la Torre Latinoamericana, estuvo el Edificio Guardiola, que fue hotel, entre otras cosas, y que fuera objeto de tantas críticas cuando se colocó allí el monumento. En dónde ahora está la Torre, se localizaba, orginalmente, la esquina sur-poniente del Convento "Grande" de San Francisco. "Un cuadrilongo de corta extensión, formado al Oriente por la casa de los condes del Valle, (Casa de los Azulejos, actual Samborn's), al Occidente por un pedazo de la calle de Santa Isabel (actual Eje Central Lázaro Cárdenas), al Norte por la Casa del Señor Escandón (actual Banco de México), y al Sur por la pared de la capilla del Señor de Burgos, perteneciente al convento de San Francisco (actual Torre Latinoamericana); he aquí lo que se llama en México la Plazuela de Guardiola. Esta plazuela recibió su nombre de los marqueses de Guardiola, fundadores de la casa que hoy pertenece a la familia Escandón". (2)

   En la actualidad el Monumento a Morelos se localiza en el barrio de Tepito en una plaza sobre las calles Eje 1 Oriente (Avenida del Trabajo) y Jarciería, entre Alfarería y Mecánicos.

Fuentes:

1.- Martínez Assaud, Carlos. La patria en el Paseo de la Reforma. UNAM-FCE. México, 2005. pp.29.31

2.- México y sus alrededores. Bajo la dirección de Decaen. Establecimiento Litográfico de Decaen, Editor. México, 1855-56 pp.24-25

sábado, 12 de enero de 2013

Los Carmelitas, temerosos por sus vidas, piden ayuda al Virrey.

 "Exmo Sr.:

Desde que supieron los Religiosos de este Colegio de Carmelitas la aproximacion de los insurgentes á Tolúca; y muchos mas, desde que el Domingo y ayer han visto entrar en él á los de nuestro convento de dicha Ciudad de Tolúca, me instan fuertemente para que todos nos bayamos á México. Yo, que me hayo con las veces de Provincial por ausencia suya, los hé contenido con arto trabajo: pero ya con la noticia que hemos tenido hoy, de que dichos insurgentes, por Santiago Tianguistengo venian acia el Monte de las Cruces, de donde es de presumir se aparezcan en este Pueblo de San Angel esta noche ó mañana: ya parece imposible, y aun contra razon el querer precisarlos á esperar aquí al enemigo: pues ya por la fama que tenemos de ricos; y ya porque quasi todos somos Europeos, corremos el riesgo que dexo á la consideracion de V.E.

Sin embargo, conciderando la mocion que puede causar en México ver entrar una comunidad tan numerosa como la de este Colegio, y mas en el dia, suplico á V.E. se sirva imponerme sus superiores ordenes, significándome lo que debo hacer en el caso: en la inteligencia que todos los Carmelitas estamos prontos para ejecutar lo que V.E. nos mande.

Dios guarde á V.E. muchos años.- Colegio de Carmelitas de San Angel y Octubre 30 de 1810.- Exmo. Sr.- Fr. Manuel de la Anunciacion. Rubrica.- Exmo. Sr. Virrey D. Franisco Xavier de Venegas.

Es copia de su original que existe en el tomo 108 del ramo de historia.
México, Setiembre 20 de 1871.- J.Dominguez
Al márgen. Un sello que dice: Archivo general y púbico de la nacion. (1)

Cabe hacer mención que poco antes de entrar en Toluca, el Ejército Insurgente pasó por la Hacienda de San Nicolás Peralta, (Cabeza de Águila No. 54) propiedad de los Carmelitas, y en Toluca se corrió el rumor de que la mencionada hacienda estaba siendo repartida entre los seguidores de Hidalgo, razón por la cual en el Convento de San Ángel se enteraron al día siguiente y sabían bien que estaban ya acantonados en Monte de las Cruces. Con esto comprobamos que, cuando hay miedo, las comunicaciones se dan en tiempo y forma.

Fuente:

Hernández y Dávalos, J. E. Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México. Tomo I. Número109. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia. México, 1985.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Chihuahua. Chihuahua. Cabeza número 260

Hoy, 22 de mayo de 2011, llegamos al final de la Ruta de Hidalgo. Hemos aprendido mucho. Hemos visto mucho y visualizado más. Una de las cosas que, indudablemente notamos al llegar a ésta, la estela número 260 es que, sabemos muy poco de nuestra Historia nacional y esto nos ha ido conduciendo a repetir una y otra vez más los mismos errores. Hemos visto a lo largo de los que creo son 3,500 kilómetros una constante: el fallido sistema educativo que tenemos y los severos problemas que eso, ahora, en este siglo XXI estamos viviendo, México no ha podido ser totalmente independiente. Al recorrer las 260 estelas de Cabeza de Águila puedo concluir algo que lo sabemos, lo vivimos, lo notamos todos los días, pero que... tan existente es, que nos hemos [malamente] acostumbrado a él: el Valemadrismo.

Valemadrismo a todo. Civismo, cultura, conocimiento, interés. He constatado a lo largo de esos 3,500 kilómetros una constante: basura. Basura física, basura auditiva, basura ambiental. El país es bello en extremo, pero muchos se empeñan en destruirlo... creo que las pruebas te las mostré en más de una ocasión. Es más, te confieso algo: muchas de las fotos pasaron por arreglos para quitarles la basura, la física. La basura auditiva que nos encapsula es, en verdad abominable. En más de dos bibliotecas a las que fui a consultar a lo largo de la Ruta de Hidalgo, tuve que gritar para que, apagaran la música o, en todo caso, bajaran el volumen. Esto en una biblioteca, lo que hay en las calles, todos lo sabemos.

La idea original era recorrer toda la ruta desde Dolores hasta Chihuahua, no me fue posible. Vivimos en una tremenda crisis económica. Vivimos en una tremenda crisis de valores. Vivimos en el temor. Mas de dos personas, [por decir] me dijeron que mejor ni fuera a Durango ni a Chihuahua, que la cosa está "caliente". La verdad, al menos en todo lo que recorrí no padecí nada, aunque sí vi que los hoteles en Michoacán están practicamente vacíos. Me hubiera sido de lo más satisfactorio haber recorrido a pie, de aventón, en colectivo o, incluso, en taxi, lo que no pude hacer en Coahuila, Durango y Chihuahua... las ganas siempre estuvieron, los recursos no. Como quiera, valiéndome de las modernidades de Internet, pudimos llegar, estamos llegando al final. Hay algo que ya comenté: México es tan grande que nos da miedo adentrarnos en él. Esto incluye, claro es, la Historia. Ya no hay que celebrar el 15 de septiembre con una cena y una "peda". Mejor hay que reflexionar a dónde vamos y que es lo que queremos, no en lo personal, sino como comunidad... sé que está en chino, en chino está el día más mexicano de los 365 en que se divide el calendario. Comunidad es algo que no hemos acabado de asimiliar, de digerir. Mantenemos vicios que no son Bicentenarios, sino que, agregandoles el Tricentenario de vida Colonial, nos da la abrumadora suma de 500 años de no saber para donde vamos o de no saber para donde queremos ir... como comunidad. En lo personal todos queremos vivir bien, pero... en lo colectivo?

"Finalmente hace su entrada el ejemplar Padre de la Patria a la ciudad de Chihuahua a eso de las dos de la tarde del 23 de Abril de 1811. La jornada física llega a su término. El grupo de cautivos se encuentran en un estado lamentable: sus vestiduras desgarradas, llenas de polvo y sudor, su cuerpo llagado debido a lo engrillado de sus pies y manos, pero a pesar de ello, sus espíritus no decaen en ningún momento.

Allende, Aldama, Jiménez, y demás Insurgentes quedan encerrados en el Hospital, y el padre Hidalgo en el Colegio de los Jesuitas, ocupando la Torre, que aun se encontraba en construcción. Dos días después, se inicia el proceso de todos ellos..." (1)

260 estelas de Cabeza de Águila, 3,500 kilómetros, un año de recorrido me llevó hacerlo, solo que, a ti que me has seguido por este espacio te comento una cosa. No hemos terminado aun, muy pronto continuaremos. La grandiosidad del cura Hidalgo y su presencia seguirá recorriendo los caminos de México, nos seguirá recordando una sola cosa: México es Grandioso!



Fuente:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo, 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.

domingo, 15 de mayo de 2011

Plaza Zaragoza, Chihuahua. Cabeza número 257

Aunque esta Cabeza de Águila, de acuerdo a mi conteo es la número 257, es la penúltima del recorrido, es una de las dos que existen en Chihuahua, lugar que considero qué, si a Guanajuato le asignaron cuatro estelas, a Chihuahua le deberían también sido asignadas cuatro, dados los hechos tan importantes que en ambos sitios sucedieron. De acuerdo al mapa que aparece a continuación, los puntos más importantes por donde pasaron los prisioneros fueron el Templo de Santa Rita, la Alameda de Santa Rita, la Catedral y las Casas Consistoriales, el Colegio Jesuita y el Templo de San Francisco.

A lo largo de la ruta hemos ido aprendiendo cual fue la importancia que tuvo Ignacio Allende y como fue que, debido a vanidades, el movimiento Insurgente no llegó a buen fin en este inicio de la insurrección, muy por el contrario, esas diferencias existentes entre los caudillos los hizo llegar hasta aquí en calidad de rehenes y en la conciencia de que pronto serían ajusticiados. Sobre estas situaciones veremos lo que Benito A. Arteaga escribió:

"Ninguno de los escritores de la insurrección, a lo menos que nosotros sepamos, entra en pormenores relativos al tiempo en que Allende permaneció preso, por ignorarse tal vez, o por que, como lo hemos manifestado desde el principio de estos rasgos biográficos, siempre fue considerado por ellos como una persona muy secundaria en la insurrección; ni nosotros podemos hacerlo por el primero de estos dos motivos; por lo tanto, y a firmes siempre en nuestro propósito de no escribir sino lo que nos parece absolutamente cierto, sólo diremos que Allende, bien asegurado con cadenas y esposas, fue encerrado en un cuarto oscuro y húmedo del Hospital Militar de dicha ciudad de Chihuahua, en el que sufrió grandes padecimientos.

Fue comisionado para que le instruyese su causa D. Ángel Aveya, administrador que fue de Correos en Zacatecas. Este individuo, según dicen, era muy versado en las fórmulas de la ordenanza militar, en materia criminal; pero sin duda también muy orgulloso, como lo eran la mayor parte de los empleados españoles de aquella época, pues igualmente se asegura por personas imparciales, y es arreglado a lo que hemos oído decir de esta ciudad, desde nuestra infancia, que, abusando de la posición en que lo había colocado su comisión, y seguro de que Allende había sido el principal motor de la independencia, así como de que en aquella vez, encadenado y rodeado de centinelas, no podía hacer uso de sus puños robustos, lo insultó y aun amenazó con los suyos, cosa que no toleró Allende, pues llevado de la cólera y haciendo un esfuerzo violento, rompió las esposas con que estaba atado,y con la cadena que quedó pendiente le dio un fuerte golpe en la cabeza.

Es de extrañarse, y de sentirse al mismo tiempo, que ya que se han publicado varios fragmentos de las causas de Hidalgo, del licenciado Aldama, de don Mariano Abasolo y otros, en los que aparecen su arrepentimiento, su debilidad y sus lágrimas, no se hayan publicado también algunos de los que siguieron contra don Ignacio Allende, contra don Juan Aldama y contra don Luis Malo, que como hemos visto, fueron los primeros que pensaron en la independencia y la promovieron; nosotros estamos cierto de que en documentos tales aparecerían, si no sus verdaderas respuestas, porque en la perversidad e imprudencia de sus jueces, o diremos mejor, de sus implacables enemigos, cabía la adulteración de ellas, y aun estaban en el interés de hacerlo; más si se rebelarían desde luego la firmeza de su carácter y la profundidad de sus convicciones en orden a la grande empresa que comenzaron. Por eso sin duda, guiado Allende de estos verdaderos, pero amargos sentimientos, y siempre persuadido de la justicia de dicha empresa, solía, en su soledad y abandono, escribir con una astilla de carbón en las paredes de su cuarto, varias estrofas que el tiempo borró, y de las que sólo quedó la siguiente:


Triste y obscura prisión
donde inocente yo habito;
si eres casa del delito,
por qué eres hoy mi mansión?



Creemos que si a Allende se le hubiera permitido hacer su defensa, este requisito tan justo, porque lo previenen las leyes; tan natural, porque no ha habido pueblo, aun el más bárbaro en que no haya tenido uso, y tan conveniente al decoro de los tribunales, pues su presencia acaba de justificar y realza sus determinaciones; hoy se tendría un documento precioso que, al mismo tiempo que esclarece su conducto como hombre público (y no hablamos de los motivos y fines de la independencia, por que, aunque pocos y no obstante las diligencias de los realistas para nulificarlos, existen irrecusables datos), diera una idea de lo que él sufrió en su prisión, así de parte de sus jueces como de sus verdugos; más no se le permitió,como tampoco a sus compañaros; y así es que todo quedó entonces en el silencio, así como ahora ha quedado en el olvido.

Nota: Poco tiempo después de la independencia, no reconocía aun y confesaba el mérito de D. Ignacio Allende; el propio soberano congreso de 1823 acordó lo siguiente. 1.- El Gobierno compensará con finca o fincas u otros bienes nacionales a los herederos de D. Igno. Allende el valor del molino de este, que el gobierno español le confiscó. 2.- Esta compensación se entiende del valor líquido percibido por la hacienda pública y también se deducirá el aumento que haya tenido en la venta el justo precio del molino siempre que dicho ecseso haya dimanado de algún privilegio de la hacienda pública. 3.- Siendo esta gracia concedida especialmente en reconocimiento al mérito extraordinario de D. Ignacio Allende, no servirá de ejemplar. Octubre24, 1823.

Fuente:

Arteaga A. Benito. Rasgos Biográficos de don Ignacio Allende. San Miguel Allende, 1852. Edición Conmemorativa. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato, 2003.

miércoles, 20 de abril de 2011

Real de Mapimí, Durango. Cabeza número 232




En Mapimí sí existe una Cabeza de Águila, se encuentra en la Plaza Principal de esta población, lugar en donde hicieron una justa escala para descansar del ya extenuante recorrido que llevaban de 10 días, dicen unos; otros de quince días. Así pues, la duda queda, se afirma que a Mapimí llegaron el día 10 y que partieron el 18, otros dicen que solo estuvieron cuatro días, es decir, del 14 al 18.

"El padre Hidalgo en unión de sus compañeros cautivos arribaron al Real de Mapimí (hoy Villa de Mapimí) a las ocho de la noche, siendo internado en el Curato del pueblo a solicitud de las comunidades religiosas y a Allende, Aldama y Jiménez en el cuartel de Dragones, así como al ex torero Agustín Marroquín, Santos Villa, Mariano Hidalgo y demás personas de alta graduación que también van prisioneros, permanecen aquí hasta el día 17. De este lugar se devuelven las cuatro carretas al Rancho de San Fernando". (1)


Fuente:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960

domingo, 20 de marzo de 2011

Río Aguanaval en la división de Coahuila y Durango. Cabeza número 227

Llegamos al punto donde termina el actual estado de Coahuila y comienza el de Durango, según los cronistas e historiadores de la región lagunera, este es el sitio en donde se ubicaría la ultima de las estelas de Cabezas de Águila correspondientes al estado de Coahuila, sitio por el cual no me fue posible transitar para ir documentando físicamente la existencia de las estelas, pero, ateniéndome a la virtualidad que nos ofrecen los medios electrónicos de comunicación, puedo constatar que más de la mitad de las Cabezas no fueron colocadas en el sitio asignado. Me sigue retumbando en la cabeza un artículo que leí y no tuve la precaución de anotar la referencia, en donde mencionaba de un sitio en el estado coahuilense en el que se dejaron tiradas un buen número de ellas. Al parecer esa fue la suerte que muchas de las cuarenta y tantas estelas de Coahuila tuvieron.

Será bueno agradecer a todas las personas que involuntariamente me han cooperado con sus fotografías para hacer más amenos e indicativos los artículos publicados del paso del cura Hidalgo por Coahuila, si no todas, la gran mayoría de esas fotografías les he dejado el nombre del autor, si alguna falta o tiene algún error desde ya mis disculpas, así como mi agradecimiento por la ayuda pues, de lo contrario, sin material fotográfico, no me hubiera sido posible entender un poco mejor lo acontecido al Ejército Insurgente a su paso por tan agrestes tierras.

La Chona, municipio de Torreón, Coahuila. Cabeza número 226

Hay una discusión que desde hace tiempo se hace y es relacionada al paso de Hidalgo por Coahuila, específicamente por la zona de La Laguna, se dice que don Miguel Hidalgo pasó por Torreón, pero hay quien lo niega diciendo que Torreón aun no estaba fundada como ciudad, lo cual es cierto, como quiera, el paso de Hidalgo fue por un caserío llamado La Chona, seguramente se llamaba Encarnación y la tradición popular decidió darle el nombre coloquial. En la actualidad La Chona forma parte de la zona urbana de Torreón, así que, ambas teorías aplican, Hidalgo no pasó por Torreón, pero pasó por lo que ahora es Torreón. Ese tránsito, penoso seguramente, de los rehenes hacia Chihuahua se dio por esta zona entre el 12 y 13 de abril de 1811, si fue el día 13 era entonces un día de gran fiesta pues se celebraba el Sábado de Gloria, recordemos que en ese entonces la festividad terminaba en Sábado y no en Domingo como lo tenemos establecido, pero, la duda la sigo teniendo... ¿se habrá hecho alguna celebración especial por parte de los rehenes en torno a la Semana Santa? En la primera fotografía vemos la Cabeza de Águila correspondiente a La Chona, que, me informan, se encuentra a espaldas de la Univerisdad Iberoamericana. La segunda fotografía corresponde a la documentación gráfica que Castillo Ledón hizo en 1909 durante su recorrido por la Ruta de Hidalgo. La tercera es un mapa de la zona de la Laguna de mediados del siglo XIX.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Monclova, Coahuila. Cabeza número 200


El resultado de la emboscada perpetrada por Ignacio Elizondo fue el asesinato de 40 personas, entre ellas Indalecio Allende y Joaquín Arias; 893 individuos presos de toda denominación, desde el Generalísimo Allende, el ya no Generalísimo pero, el iniciador del movimiento Insurgente, don Miguel Hidalgo y Costilla, Aldama y Jiménez. Varios clérigos también, entre ellos Mariano Balleza, Ignacio Hidalgo y fray Gregorio de la Concepción. Todos fueron trasladados a Monclova para allí determinar el sitio al que se deberían trasladar. Los realistas encargados de la custodia de los rehenes fueron el capitán Pedro Carrasco y el coronel Manuel Salcedo. En la fotografía de 1909 vemos el árbol en donde se dice estuvieron encadenados los jefes Insurgentes.


Otra fotografía histórica de las tomadas por el fotógrafo que acompañaba a don Luis Castillo Ledón en el recorrido que hizo por la Ruta de Hidalgo en 1909, se ve la casa en donde estuvieron presos la primera noche que pasaron en Monclova los Insurgentes. “Los presos fueron conducidos a Monclova, a donde llegaron el 23 de marzo, ante un pueblo expectante, a su entrada, se hicieron salvas con la artillería que se había capturado, entre las vivas de la gente a Fernando VII y un "mueran los traidores" de quienes pedían a gritos sus cabezas. Aquel odio popular lo habían creado las fuerzas realistas, que les hicieron creer, que los insurgentes era gente de Napoleón, concepto fundado en gran parte por los cordones de sus divisas que llevaban sobre sus casacas al más puro estilo francés. En Monclova los jefes fueron puestos en una casa particular arreglada para prisión, y los demás fueron llevados al hospital y encerrados en una estancia reducidísima bajo un clima de incomodidad y suciedad”. (1)


La fotografía del árbol, ya más reciente, en los años setenta del siglo X en donde se ve ya solamente la base del tronco en donde estuvo encadenado don Miguel Hidalgo.



“Relación de los individuos aprehendidos en la derrota que padecieron los insurgentes en el paraje llamado de Bajan, el día 21 de marzo de 1811, por las tropas del rey de la provincia de Coahuila



RELIGIOSOS:



Fray Bernardo Conde, franciscano; fray Gregorio de la Concepción, carmelita; fray Pedro Bustamante, mercedario.



CLÉRIGOS:



Don Miguel Hidalgo, ex-generalísimo; don Mariano Balleza, teniente general; don Francisco Olmedo, don Nicolás Nava, don José María Salcido, don Antonio Ruiz, don Antonio Belan, don Ignacio Hidalgo.


SECULARES:



Don Ignacio José Allende, generalísimo. (Debía ser I. María); don Mariano Jiménez, capitán general; don Juan de Aldama, teniente general; don Manuel Santa María, mariscal; don Mariano Abasolo, mariscal; don Ignacio Camargo, mariscal; don Nicolás Zapata, mariscal; don Francisco Lanzagorta, mariscal; don Vicente Valencia, director de ingenieros; don Manuel Ignacio Solís, intendente de ejército, con 22 de servicio; don Onofre Portugal, brigadier, don Juan Bautista Carrasco ídem; don Juan Ignacio Ramón ídem; don José Santos Villa, coronel; don Manuel Chico, coronel retirado; don Pedro León, mayor de plaza; don Vicente Saldierna, teniente, coronel retirado; don José Miguel Arroyo, don Antonio Álvarez Vega, sargento mayor retirado; don Vicente Acosta, sargento mayor; don Mariano Olivares, teniente coronel; don José María Echais, don Carlos Zepeda, coronel; don José de los Ángeles, teniente; don Mariano Hidalgo, don Valentín Fernández, alférez; don Ignacio Chávez, capitán honorario; don José Antonio Narváez, alférez; licenciado don Ramón Garcés, licenciado don Manuel Garcés, don Antonio Nieva, don Jerónimo Balleza, don Joaquín Jiménez, don Teodoro Chabell, don Francisco Pastor, don José María Canal, don Vicente Frías, don Pedro Taboada, don Juan Echais, don Sebastián Conejo, don Manuel María Lanzagorta, licenciado don José María Chico, don Luis Maulas, Lic. don José María Letona, don Jacobo Amado, teniente coronel; don Luis Malo, coronel; don José María Segura, sargento mayor; don Francisco Mascareñas, coronel; don Luis Lara, teniente coronel.



Monclova 28 de marzo de 1811.— Herrera.— Es copia.— Bernardo Villamil. (2)


La que fuera la prisión el resto de la semana que pasaron en Monclova, según fotografía de 1909.



Fuentes:



1.- Contreras Palacios, Gildardo. Artículo publicado en El Diario de Coahuila “El recorrido que realizó de Baján a Chihuahua. La ruta de Hidalgo después del prendimento.” 13 de julio, 2010.



2.- Juan E. Hernández Dávalos. Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México. Dirección de Virginia Guedea. Alfredo Ávila. No. 216. "Noticia de los prisioneros hechos el 21 de Marzo de 1811 en Cuatic de Bajan" Tomo II. Universidad Nacional Autónoma de México. 2007.



http://www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDII/HYDII216.pdf

sábado, 12 de marzo de 2011

Saltillo, Coahuila. Cabeza número 185

Según lo declaró el encargado de la Ciudad Deportiva, Víctor Burciaga Valdéz, había dos estelas de Cabeza de Águila en Saltillo, una fue trasladada a la ciudad Deportiva, la otra, seguramente, se perdió. “Saltillo en los primeros años de la segunda década del siglo 19, en lo que hoy es la zona conurbada Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, contaba con 22 mil 600 habitantes entre españoles, americanos, europeos, indios, mestizos y de las demás castas. Se tenía una villa, 16 haciendas, 34 ranchos y una subdelegación.

En lo eclesiástico contaba con una capilla, 8 parroquias particulares, no contaba con ermitas. Respecto a lo secular tenía 4 curas, 4 tenientes, 4 capellanes, un sacristán, 5 acólitos, 3 sirvientes y 8 demandantes, según el padrón del 13 de octubre de 1813. La población de Saltillo, el 23 de septiembre, se entera con certeza de la lucha popular que inició el cura Miguel Hidalgo y Costilla el 15 de septiembre de 1810 en Guanajuato, y de los acontecimientos de las diferentes batallas en el centro del país, al principio con la victoria para el Ejército de Hidalgo.

En la Hacienda de Buenavista lo esperaba fray Gregorio de la Concepción con un escuadrón para conducirlo a la entrada de la Villa de Santiago del Saltillo. La crónica de don Pedro García dice que el cura Hidalgo pidió que no se le diera ningún recibimiento festivo. Su arribo a la Villa de Santiago del Saltillo fue a las 3 de la mañana entre los días 26 y 27 de febrero; cuenta que llegó enfermo.

Permanecían en lo que hoy es la Plaza Félix U. Gómez, Ignacio Allende, Aldama y otros jefes militares a la espera de Hidalgo para conducirlo a su alojamiento, recorriendo la calle de Huizache, hoy Morelos. En esa época la calle de Huizache fue de gran importancia por estar al sur los mesones que servían de hospedaje a las caravanas de comerciantes. Por la misma calle, en la esquina de Morelos y Ramos Arizpe, existía el mesón de más calidad de la población, a él llegaba la diligencia y en el mismo edificio estaba la oficina de correo.

Los caudillos y los integrantes del Ejército insurgente, en su estancia, vieron un Saltillo de buen trazo, la Plaza de Armas de costados uniformes, buenos edificios, y había ánimo en la población. En las noches los insurgentes en pequeñas tertulias cantaban o leían sus boleras con música de jarabe, tocada por la vihuela –las boleras son el antecedente a las composiciones de los actuales boleros, y la vihuela es el instrumento antecedente a la guitarra–; la población de Saltillo acompañaba a los insurgentes en estas tertulias.

El segundo día en Saltillo, don Miguel Hidalgo y Costilla presenta su renuncia como jefe del Ejército insurgente a una junta oficial de jefes militares, quedando aprobada; después se nombra por unanimidad como jefe del Ejército insurgente a Ignacio Allende, sin que perdiera el cura Hidalgo el trato de generalísimo.

En seguida se convoca al pueblo a la plaza para celebrar este acontecimiento, realizándose en los balcones de las casas reales una ceremonia en la cual se arroja a la multitud 6 mil pesos fuertes. Se anuncian tres días de festejos con misa de gracia y por las noches iluminaciones –fuegos artificiales–; se corren toros por tres días –éstas son las últimas fiestas taurinas que ve don Miguel Hidalgo, ya que como taurino de buena cepa sabía torear, fue ganadero de toros bravos y organizador de festejos taurinos”.

Fuente:

González Gómez, José. Artículo publicado en el periódico Zocalo Saltillo “Héroes de la Independencia en Saltillo”. 18 de Septiembre, 2010.

Las fotografías de la Catedral fueron tomadas del libro de Clara Burgellini La Catedral de Saltillo, UNAM, México, 2005.