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jueves, 17 de septiembre de 2020

Cabeza de Águila número 261 ¡Localizada, Rescatada y Colocada!

  Luego de diez años, el recorrido de la Ruta de Hidalgo se nos está complicando un poco. Aunque, en realidad se nos había complicado desde que inicié este blog, hace diez años pues, teniendo los datos que pude obtener, como lo he comentado infinidad de ocasiones, gracias al libro del Prof. de la Rosa, ese que fuera publicado paralelamente a la parte oficial de los festejos del Sesquicentenario, en 1960, año y motivo por el cual fue creada la Ruta de la Libertad, Ruta de Hidalgo 1810-1811.

  La ruta tiene una concepción previa a lo que la Secretaría de Educación Pública dirigida entonces por Jaime Torres Bodet quien junto al Instituto Nacional de las Bellas Artes (SEP-INBA) crearon la mencionada ruta y el antecedente que hay está en el estado de Coahuila en el que, en 1953, en ocasión de Bicentenario del nacimiento de Miguel Hidalgo, colocó, más que unas estelas, una mojonera marcando la ruta que siguió el Padre de la Patria por ese estado, según lo pudimos comprobar cuando fuimos localizando una a una las Cabezas de Águila que por allá se colocaron. Por cierto, sigo pendiente de encontrar las correspondientes al municipio de General Zepeda.


  El concepto de la ruta es por demás fascinante pues el que se haya determinado precisamente colocar 260 estelas no fue una decisión al garete, sino cósmica, ancestral, de profundo conocimiento a los ciclos de la vida y a la propia concepción. Ocurría en el antiguo México, es decir, entre los pueblos prehispánicos que la cuenta del tiempo se hacía sea por calendario lunar, que por solar, ellos manejaban el concepto de trecenas y veintenas, es decir 13 y/o 20 y el número 260 no es otra cosa que 9 lunaciones, nueve lunas llenas, que son 9 ciclos menstruales que se suspenden cuando una mujer está embarazada, así pues 13 meses de 20 días son 260 que en nuestro tiempo, para entender mejor el concepto, 9 meses de 29 días igual a 261... esto es la gestación. En el caso de la Ruta de Hidalgo nos está diciendo de la gestación de una nación: la Nación Mexicana.

   Ese fue el concepto que me enamoró del proyecto Ruta de Hidalgo, que yo decidí titular "Cabezas de Águila" y ocurrió, en abril de 2010 que, mochila al hombro comencé a recorrer lo que me fue posible. Hubo una ocasión que lo hice a pie, fue por el rumbo michoacano de Teremendo... fue maravilloso, incluso lloré en el camino, me sentía imbuido en ese concepto de la gestación, la gesta, etc. Hubo veces que tuve que madrugar (cosa que poco me gusta hacer) para lograr el recorrido por la zona de Ixtlahuaca del Estado de México en donde fueron colocadas una buen cantidad de estelas. Ocurrió, también, que andando por Yuriria tuve una intoxicación estomacal que me robó la energía para localizar las estelas, pero, logré llegar a Amealco, Querétaro, en donde prácticamente la pasé en el "trono" toda una noche, sin embargo, pude averiguar que ahí nunca se había colocado una...


  Andando por Zacatecas, la ciudad, luego de haber recorrido todo Aguascalientes y Zacatecas, pasó que me senté a ver el espectáculo callejero frente al Teatro Calderón y ahí, sin darme cuenta, me extrajeron la cámara, con todas las imágenes que había captado de la Ruta de Hidalgo en ambos estados... tuve que volver a Salamanca, refaccionarme con el poco dinero que me quedaba y regresar a lo ya andado para volver a tomar las fotos, ahora lo veo como anecdótico pero en su momento fue una verdadera catástrofe. Y se me acabó el dinero para seguir andando la ruta...


  Por suerte apareció en el camino mi estimado Rafael Reyes, cronista de Moctezuma, SLP y me proporcionó el material que necesitaba para documentar la ruta por ese estado. Coahuila, Durango y Chihuahua, como lo he comentado varias veces, fue de manera virtual... llegué al punto donde fue fusilado y decapitado don Miguel Hidalgo, sitio en el que se colocó la estela 260. 


   Pasó el tiempo y los lectores que iban encontrando las estelas que me había sido imposible documentar, me dijeron o en dónde fueron colocadas o me enviaron imágenes, cosa de lo que estoy altamente agradecido, incluso un italiano, que trabajando temporalmente en alguna empresa de Coahuila me contactó porque había encontrado una estela en una hacienda abandonada. Aportes de ese tipo hubo varios, el de mi buen Motoso (así se hace llamar) cuando localizó desde el satélite una medio escondida en un rancho de el sur de Zacatecas y el norte de Jalisco... o cuando David comenzó a buscar las que tenía como "perdidas" en el Estado de México y me envió fotos y ubicaciones; todo eso me motivó para mantener vigente este espacio. Y continuar en la Ruta.


  Y ahora, mi estimado Matadamas (así es el apellido), anoche me comentó que había una nueva, es decir una "nueva" en Dolores Hidalgo y que previo a la Ceremonia del Grito, el Gobernador la había desvelado... no me digas que encontraron la del Monumento a los Héroes, pregunté. Sí, esa misma, respondió.


  La historia esta por demás cubierta con el manto del misterio. Nadie sabe, al menos hasta ahora (checar fecha de publicación), por qué estaba una escultura de Cabeza de Águila, original "nueva de paquete" como dicen por la Florida, ahí, entre escondida pero que era secreto a voces. Yo supe de ella hace cosa de tres años... o un poco menos. Un día me llegó un mensaje de un lector, creo era más bien lectora, que me decía que "dicen" que en el Monumento a los Héroes en Dolores Hidalgo hay una Cabeza de Águila dentro del monumento. A otro lector que es de Dolores (creo) le pregunté si eso era cierto, no sé, lo voy a investigar, me dijo pero nunca me volvió a contactar, la duda me quedó y cuando tuve la oportunidad de ir a Dolores, en compañía de un buen amigo, Carlos E., recorrimos el monumento y al tratar de entrar por uno de esos tenebrosos pasillos, una agresiva voz salió de esa oscuridad y pestilencia.... Váyanse a la &%#, no estén *#&& aquí, nos dijo.


  Resultó que las entrañas del Monumento a los Héroes era guarida de chemos, teporochos y todo tipo de malvivientes, así que ahí quedó la pesquisa de esa estela. Ahora sé que, en efecto, ahí, dentro del monumento había una, la 261... los números, luego de 60 años, confirman que, la gestación actual es de 261 días... y que la gestación de México, se marcó precisamente con ese número de estelas, a lo largo de la más que nunca emblemática Ruta de Hidalgo 1810-1811.




 

domingo, 18 de marzo de 2018

El pozo de Hidalgo en San Miguel el Grande, Guanajuato

  Estamos en San Miguel de Allende y estamos topando con algo de lo que nunca antes había oído, la existencia de un pozo en el que... de acuerdo a la leyenda [más que a la historia], el Padre de la Patria sacó agua de un pozo [o alguien lo hizo por él] y bebió refrescante agua.

 La placa dice [cuál historia romántica] que don Miguel Hidalgo acampó en este lugar, de ahí que el abastecimiento de agua haya sido en el pozo. Hasta ahí vamos bien con el romanticismo [propio de muchas de las anécdotas que se crearon en torno a los primeros meses del movimiento insurgente] pero, al enfrentarnos a la historia documentada, las cosas no coinciden... ¿por qué?

  Dudo que el cura Hidalgo haya acampado, siendo que él llevaba varios años viviendo en el pueblo de Dolores y era bastante sociable, por lo que conocía a mucha gente en la región, especialmente los entonces llamados "principales" de cada población, por lo que, más bien se hospedó en la casa de uno de ellos, y no acampando con la tropa...

  Si se hospedó o acampo, es irrelevante, el punto está con el agua del pozo, lo cual quizá ocurrió, pero, de haber sucedido, no fue el 20 de septiembre, sino el 17 o 18 de Septiembre de 1810, dado que el contingente llegó ya en la tarde, quizá en la noche, del 16, y el 19 en la madrugada partieron rumbo a Chamacuero.

  El 20 de septiembre el cura Hidalgo estaba ya en Celaya según lo comprobamos arriba con lo escrito por don Carlos Herrejón sobre la Ruta de Hidalgo.

El pozo se encuentra en el lobby del hotel Real de Minas en San Miguel de Allende, Guanajuato.

jueves, 25 de febrero de 2016

Del control que había en los caballos del ejército realista

  Dentro de la infinidad de detalles que hubo durante los largos once años que duró la Guerra de Independencia, uno de ellos fue éste que nos dice del control que había con los caballos.

Circular del Ministerio de la Guerra. Manda S. M. que en lugar de cortar la punta de la oreja izquierda á los caballos de los regimientos del ejército, se les marque en el anca derecha poniéndose las iniciales del instituto. Mayo 26 de 1815. (Recibida en México en 22 de Marzo de 1816.) 

Al Inspector general interino de caballería digo con esta fecha de orden del Rey lo que sigue:

  He dado cuenta al Rey del oficio de V. S. de 26 de Abril último, en que hace presente que el Comisario de Guerra, D. Isidoro Asaguirre, en conformidad de la Real orden de 4 de Septiembre del año de 1776, al tiempo de pasar la revista mensual al regimiento de caballería de Alcántara, había exigido se cortase la oreja izquierda á todos los caballos del regimiento, cuya operación se habían suspendido hasta la resolución de S. M., respecto á que los referidos caballos tenían una manera particular que podría excusar mutilarlos; y enterado S. M., como también de cuanto V. S. ha expuesto en el particular, y teniendo en consideración que la providencia de que se cortase la punta de la oreja izquierda á los caballos de los regimientos de la caballería del ejército, fue dada con el objeto de que siempre se conociesen los que les pertenecían, y reclamar la propiedad en cualquiera parte, ha tenido á bien el Rey mandar que en lugar de esta señal se marquen respectivamente en cada regimiento todos los caballos, poniéndoles en el anca derecha las letras iniciales del instituto á que corresponden, á saber:

  A los de Línea L, á los Dragones D, á los de Cazadores C, y á los Húsares H, uniendo á estas letras el número del regimiento á que pertenecen.

  De Real orden lo comunico á V. S. para su inteligencia y cumplimiento; en el concepto de que hasta tanto que no se verifique el arreglo de la caballería, no se procederá á marcar los caballos en la forma expresada.

Lo que de orden de S. M. traslado á Vd. para su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca.

Dios guarde á Vd. muchos años.

Madrid, 26 de Mayo de 1815.

Fuente:

Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República. Ordenada por los licenciados Manuel Dublán y José María Lozano.

http://www.biblioweb.dgsca.unam.mx/dublanylozano/


martes, 1 de marzo de 2011

¿Realmente existió María Inés Navarro?

El tema que hemos venido desarrollando paralelamente a lo largo de la Ruta de Hidalgo ha sido el del rescate de las biografías de las mujeres que, hasta hace poso, estaban olvidadas de tan importante pasaje de la historia mexicana y de tan importante participación. Todos aprendimos en la escuela los nombres de Josefa Ortiz de Domínguez y de Leona Vicario, pero nos olvidamos de averiguar por las demás. Esta tarea que ha sido no del todo fácil me ha llevado por los más intrincados caminos que ahora, en tiempos modernos en que lo virtual se vuelve real, encuentro en el sitio menos pensado, uno llamado Buscadores de Tesoros, la aportación que nos regala con el peculiar pseudónimo de Carabino, persona originaria de Poncitlán, Jalisco unos muy interesantes datos sobre la jalisciense María Inés Navarro.

“No se sabe cuando nació esta historia, en todo caso es el pueblo que en alguna de sus generaciones anteriores vivió o imagino sucesos que se fueron modificando por su misma fantasía, dándole a esto un cariz de suceso histórico. La figura de María Inés Navarro se pierde en la noche de los tiempos envuelta en la niebla de la leyenda allá por los azarosos momentos de la Guerra de la Independencia.

En esa época la Hacienda de Santa Clara que se encontraba cercana a la población de Zula, la cual pertenecía en ese tiempo a la familia Navarro Gaytán. (Según documentos existentes en el archivo parroquial) el 15 de Mayo de 1693 María Navarro Gaytán Cabrera de la Mora y Mendoza se caso con Fernando Gallaga Mandarte que era el alcalde de Ocotlán y de esa unión a la postre, en tercera generación nacería el padre de la Patria Don Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga. En esta misma familia de Santa Clara nacería María Inés Navarro a fines del siglo XVIII, por o tanto se puede considerar familiar del cura de Dolores.

Cuenta la leyenda que cuando el Cura Hidalgo paso por Ocotlán (existe la versión de que el Padre de la Patria viniendo de La Barca paso por la Loma Larga, Rancho Viejo y llego a la Hacienda de Santa Clara (tierra de sus abuelos, para proseguir por la Hacienda de San Juan Chico y llegar a Poncitlán por el antiguo Camino Real). Cuando el Cura Hidalgo estuvo en Santa Clara, María Inés Navarro fue a presentarse con su ¿Primo? Y ponerse al servicio de la Patria, se cuenta que Hidalgo le encomendó que sirviera de voluntaria haciendo reuniones con las gentes principales del pueblo buscando apoyo para la causa de la libertad. A la muerte de Hidalgo, los pueblos ribereños al Lago de Chapala, sobre todo San Pedro Itzican y Mezcala se levantaron en armas y se afortinaron en la Isla de Mezcala.

Platicaban que María Inés Navarro era el corazón de esta revuelta, juntaba víveres en todos los pueblos y los transportaba a la Isla para que sobrevivieran los defensores de la antorcha de la Libertad. Cuentan que la esposa de Encarnación Rosas murió en la guerra de Tizapan y entonces María Inés si hizo amante de Encarnación Rosas y durante algún tiempo estuvieron viviendo en la Isla, pues era perseguida por los realistas.

Cuando Marcos Castellanos pacto rendición de la Isla de Mezcala, la mayoría de los indígenas se sintieron traicionados, entre ellos Encarnación Rosas quien prefirió amarrarse a un cañón y lanzarse a lo mas profundo del Lago de Chapala, así se quedaría para siempre en su amada Isla de Mezcala, y María Inés Navarro después de la capitulación regresa a Ocotlán en franco estado de depresión por haber perdido la guerra y a su gran amor. El resto de su vida estuvo viviendo en Ocotlán alcanzando una edad avanzada, recordando y platicando a los Ocotlenses sus experiencias durante la gesta histórica de Mezcala.

Esto más que historia puede ser un mito. Lo cierto es que de la Hacienda de Santa Clara de Zula solo quedan algunos cimientos, y muchos agujeros producto de los buscadores de tesoros.

Las fotografías que acompañan este artículo las recibí de otro jalisciense, Sergio Adrián Cárdenas, quien nos comparte la belleza de su estado, en este caso de la riviera oriente del lago de Chapala. En la primera fotografía podemos ver la isla de Mezcala. Agradezco a ambos su colaboración para difundir la historia de nuestro país.

sábado, 26 de febrero de 2011

La increíble historia del español Juan Villarguide, el resucitado.

Real de Catorce llegó a ser el punto más importante de la zona norte del actual San Luis Potosí, esto debido a que las riquezas que guardaba en el subsuelo eran enormes, hasta allá llegó un español que, dadas las relaciones que entre todos los peninsulares había se desplazaban de un punto a otro de la Nueva España para trabajar directamente en la mina o la hacienda o para hacerse cargo de alguno de los negocios que el acaudalado poseía, tal es el caso de Juan Villarguide. De él Lucas Alamán, del cual sabemos muy bien que nunca le fue grata la imagen de Hidalgo, pero en esta ocasión, quizá tenga algo de cierto, menciona que "Esta marcha fue sangrienta. Aunque a Hidalgo no le quedase más que la apariencia del pode, hacía uso de ella para la destrucción de los desgraciados españoles que habían quedado en los pueblos de su tránsito. anticipaba las órdenes para que se recogiesen todos, tuviesen o no indulto, y a su llegada eran degollados. El intendente de San Luis, Flores, trató de recogerlos y llevarlos a San Luis, a pretexto de asegurarlos, pero en realidad para preservarlos así de la muerte cierta de que estaban amenazados, y como hemos visto, comisionó a un coronel que fuese a conducirlos a lo que debieron por entonces su vida los vecinos de Catorce que acompañaban a Villarguide, pero no todos tuvieron igual fortuna". (1)

Mariano Jiménez se mostró siempre accesible y pensante, no visceral, él en su avanzada al norte trató con justicia a los que hacía prisioneros, es por eso que Flores, el intendente de San Luis Potosí permitió la agrupación de españoles en el Saltillo, algunos se acogieron al indulto, otros decidieron huir, saliendo por las costas del golf, el personaje que hoy nos ocupa enfiló al Cedral para luego continuar al Saltillo, encontramos que Juan E. Hernández en su Colección incluye la carta en donde Villarguide relata lo que el experimentó en carne propia:

"El día seis de enero de 1811 se presentó en el campo de Agua Nueva (actual Coahuila) el cabecilla Jiménez con 11 000 Insurgentes que ciertamente hubieran sido arrollados por nuestras tropas, (se refiere a los realistas), a no estar ellas seducidas y comprometidas y corrompidas por el enemigo; de manera que sin obedecer las voces de su comandante se pasaron todas con armas, caballos y cuanto tenía el rey, al partido de los Insurgentes. El infeliz Cordero tuvo que correr muchas leguas con el objeto de salvar su persona; más sus amigos dragones lo alcanzaron y entregaron vilmente al enemigo, este entró sin oposición hasta el Nuevo Santander, dejando en su tránsito asolados con sus robos y barbarie, todos los pueblos que habían saldo a recibirle con el palio.

"El día 13 de enero comenzaron todas nuestras desgracias. A las dos de la tarde legamos a un rancho distante dos leguas del Cedral. Nuestras bestias venían muy sedientas y fatigadas, y fue necesario despacharlas con los mozos a un aguaje que había a cosa de media legua. Nosotros entre tanto descansamos; pero viendo que pasaba mucho tiempo y que los mozos no volvían, empezamos a recelar que los habrían sorprendido con todos nuestro avío en el aguaje. En efecto así había sucedido, y en menos de un cuarto de hora nos vimos cercados por más de seiscientos hombres, bien armados, de a caballo y de a pie.

"Mientras unos fueron a robar nuestras cargas, sin dejarnos ropa, alhajas, armas, ni nada de cuanto traíamos, otros inhumanos nos conducían a pie en triunfo para el Cedral. Nos llevaban fuertemente amarrados, cubiertos de sangre y polvo, y casi agonizando de dolor. No cesaban de darnos golpes y de decirnos las palabras más obscenas y denigrativas: "mueran, mueran estos perros gachupines herejes, y viva la América". Así nos metieron al Cedral; se agolpó oda la plebe al vernos y llenarnos de maldiciones, y hasta las mujeres y muchachos pedían sin cesar nuestras cabezas. Creció la gritería y los insultos, y nuestros conductores tuvieron harto que hacer para librarnos y contener el furor de aquellos caribes.

Curioso ver la inclusión de la definición de "caribes" a esos desalmados, según lo anota Villarguide, el cual, junto a tres personajes más: Jacobo María Santos; Manuel Abreu y un tal Pico; todos vecinos del Catorce, y conducidos a Matehuala. "Así pasamos un mes, en cuyo tiempo nos condujeron a Matehuala, en medio de una chusma de indios flecheros. Allí tuvimos también mil sustos y aflicciones, porque en todas partes nos trataban con un lidio implacable... A los dos días (luego de un mes de estancia en Matehuala) recibimos la terrible noticia de que el infame Hidalgo venía a Matehuala, desesperado y furioso por la batalla que tan completamente habían perdido en el puente de Calderón, en donde fue de los primeros que huyeron. Esta noticia nos llenó de pavor, y más cuando dentro de tres días debían llegar a Matehuala los aposentadores de su alteza serenísima, y entonces era inevitable que nos cortaran las cabezas con una sierra, como lo hicieron allí y en el Cedral con los infelices que cogieron a las manos.

El intendente de San Luis deseando librarnos del riesgo que nos comenzaba, así que supo los estragos que el cura venía haciendo en su huida, comisionó a un Coronel insurgente, dándole su coche, treinta mulas de tiro y más de quinientos pesos para que trajera a San Luis los europeos que hubiese en Catorce, Cedral y Matehuala, con el pretexto de tenerlos más seguros en la ciudad... Nos sacó de Matehuala un día antes de que entrasen los aposentadores del cura. Caminamos dos días escoltados por indios flecheros, y con muchísimo temor porque teníamos que pasar muy inmediatos a las gentes de Hidalgo. El tercer día nos creímos ya fuera del peligro y llenos de gusto y esperanza llegamos temprano a una legua de San Luis; pero he aquí que recibimos el aviso de que el sanguinario angloamericano había entrado aquella mañana con bastante gente en la ciudad.

La presencia del angloamericano les hizo retomar camino rumbo a la hacienda de Poetillos, siendo allí aprehendidos y trasladados a San Luis en calidad de rehenes por los Insurgentes era un 19 de febrero, Hidalgo estaba ya en Matehuala, Villarguide y los demás en una cárcel instalada en el convento Franciscano. "Eran las tres y media de la tarde y aun no nos habíamos desayunado. Vemos entrar al angloamericano en nuestro calabozo; mis compañeros se echaron a sus pies implorando su piedad. Ustedes son felices, nos dijo, miren el reloj, son las tres y media, a las cuatro debían ustedes salir para el suplicio... ustedes son los primeros que se escapan de este sable, con él degollé yo mismo más de doscientos en Granaditas, y más de mil en Guadalajara... de buena escaparon ustedes hoy".

Los prisioneros fueron conducidos hacia Río Verde en donde permanecieron por algún tiempo, era ya el mes de marzo, el día 20 se encontraban en el valle del Maíz. En la distancia, al día siguiente, Miguel Hidalgo junto a los demás Insurgentes eran aprehendidos por la traición de Elizondo, mientras que, para el día 22 Villarguide viviría el peor de sus días...

"Serían las nueve de la mañana cuando oímos el primer cañonazo y contamos hasta catorce; a este tiempo se abría la puerta de la cárcel y entraron de golpe sobre nosotros los treinta lanceros de nuestra guardia, nos amarraron fuertemente los brazos atrás, y nos despojaron de la mayor parte de la ropa que teníamos puesta. Presentose en seguida el malvado capitán y nos intimó que acababa de recibir orden de sus generales para pasarnos a cuchillo en aquel mismo instante". Once fueron los muertos, de ellos hay evidencia de tres nombres más: un Verdeja, un Molleda y un tal Inguanzo. Todos pasado a cuchillo.

"Yo estaba bañado en mi sangre y me sentía herido mortalmente; pero Dios por sus altos juicios conservaba mi vida. Más de un cuarto de hora estuve tendido desangrándome y encomendando mi alma a su Criador. Abro mis ojos y veo que todos mis asesinos habían huido así que consumaron el sacrificio. Procuro incorporarme con muchísimo trabajo, di dos o tres pasos, pero se puso una espesa nueve delante de mis ojos, me abandonaron las fuerzas y caí sobre los cadáveres de mis compañeros.

Calleja había entrado y dominado, razón de la huida de los Insurgentes. "Poco después llegó el cirujano del ejército don Mariano Güemes; fue necesario cortar con tijeras toda mi ropa porque estaba empapada en sangre y pegada al cuerpo. Reconoció mis heridas y contó veintidós, siendo tres de ellas mortales de necesidad. Les aplicó bálsamos y me vendó perfectamente; intentó darme unas cucharadas de vino generoso y todo se salió por la terrible herida del cuello . El cirujano y todos estaban persuadidos a que yo moría antes del amanecer. Una herida mortal que tenía sobre el corazón me causaba agudísimos dolores; se apoderó de mi una violenta calentura y pasé toda la noche en profundo delirio... por haberme quedado casi sin sangre era tal mi debilidad que me daba treinta gotas de opio, y no fue posible dormir una hora en más de veinte días...

Juan Villarguide recibe ayuda de Rita y Dolores Barragán, es conducido a la ciudad de San Luis en donde se recuperó, fue apoyado por don Vicente Pastor, así como por el regidor y alférez real don Manuel de la Gándara. Con este testimonio podemos ver los excesos a que se llegaron durante el inicio del movimiento de insurrección en México... al parecer, la historia de nuestra nación nunca la acabaremos de entender.

Agradezco profundamente la asistencia del licenciado Rafael Reyes, cronista vitalicio del municipio de Moctezuma, San Luis Potosí, por haberme apuntado hacia tan valioso documento.

Fuentes:

1.- Alamán, Lucas. Historia de Méjico. Capitulo VII, segunda parte. Biblioteca Antorcha Digital.

2.- Hernández y Dávalos, Juan E. Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. Tomo II. Documento número 274. UNAM, México, 2007

lunes, 10 de mayo de 2010

San Miguel de Allende, Guanajuato. Cabeza número 4

La sencillez del diseño de las Cabezas de Águila realizado por el escultor Tomás Chavez Morado, va de acuerdo con la sencillez del concepto creado por don Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación en 1960, año de colocación de las estelas. Sencillez que contrasta en ocasiones, brutalmente, con lo complicado que resultamos ser muchos de nosotros, mexicanos.


Hay muchas, muchas personas a lo largo y ancho del país que, por tradición o por costumbre tienen a bien, en este caso a mal, no saber decir “NO SÉ”. Esta falta de seguridad conlleva a crear historias, a revivir mitos, a fantasear, en fin; lo malo es cuando todo junto nos lleva a una cosa simple: mentir. Mentir es tan malo que va incluido dentro de los 7 mandamientos que en el plan terrenal tenemos todos los que profesamos la religión Católica, solo que es un concepto ya casi arcaico, que, simplemente en la vida diaria lo hacemos: mentir.


Toda esta elucubración en torno a la mentira va relacionada a la Cabeza de Águila que se encuentra en San Miguel de Allende, lugar al cual tenía mucho tiempo de no ir, por lo tanto lo vi cambiado, crecido, pero manteniendo ese encanto tan especial que siempre ha tenido. Sin embargo localizar la estela fue, hasta ahora, la que me ha costado más trabajo ubicar, siendo que está muy a la vista… aparentemente.


Sabemos muy bien que los personajes que saben donde está cada cosa dentro de una ciudad son los policías y los taxistas, pues dada su labor, la recorren todos los días y, en consecuencia, presumimos que ellos conocen todo sobre la población, así que, una vez en la Terminal de autobuses de San Miguel fui directo al sitio de taxis a preguntar:


¿Sabe donde está el monumento de la Cabeza de Águila?


Vino el tradicional rascar de cabeza, el gesto característico de “espérame tantito que estoy pensando” y nada. No hubo respuesta.


El taxista le habló a un colega para preguntarle al respecto, la escena se repitió y vino la respuesta:


Ya no existe.


Como suele suceder en el gremio de taxistas, al poco tiempo eran ya cuatro o cinco los que en grupo alegaban si estaba o no estaba, si la habían cambiado de sitio durante la ampliación del acceso de Celaya. Entonces vino la historia:


- Fíjese que hubo un accidente y en el choque la tumbaron, desde entonces ya no la han vuelto a poner.


Ni hablar, me dije, no habrá Cabeza de Águila que documentar en San Miguel, pero, siendo un lugar trascendental en el inicio de la ruta, ¿será esto posible?


Como la duda me quedó enfilé al centro. En el camino pregunté a varios policías, todos ellos jóvenes. La pregunta fue más que descriptiva. Una cabeza, montada en un pedestal casi triangular, como de uno veinte, y les mostraba físicamente la dimensión extendiendo mis manos. Al hacer la pregunta me volvía un poco teatral. La respuesta fue: no, yo nunca he visto ese monumento.


Llegué al centro maravillándome con tanta belleza que la ciudad encierra, continuaban en el proceso de embellecimiento, para darle un toque aun mayor ahora que son las fiestas del Bicentenario y que San Miguel adquirió hace poco el título de Patrimonio de la Humanidad. Caminé por algunas plazas, entre a un par de templos, quise seguir conociendo más, pero el objetivo era uno solo: encontrar la Cabeza de Águila, así que en uno de los módulos de información turística hice la pregunta:


- ¿Dónde queda el monumento de la Cabeza de Águila?


Era una muchacha muy joven la que atendía el módulo. El mohín no se hizo esperar… (estoy pensando, me decía con la mirada).


Ah, si, creo que está en la Glorieta de la Mega. ¿Si? Pregunté refirmando. Sí, me respondió, allí lo he visto.


La verdad no hice mucho caso y me fui a la oficina Municipal de Información Turística. Pregunte por décima ocasión acerca de la ubicación del museo. La persona que me atendió sacó una guía y trató de ubicarla. ¿Un águila? Me preguntó.


Sí un águila de tal y tal dimensión sobre un pedestal de tal y tal forma, que se levantó en 1960, debido a tal y tal cosa, hice toda la explicación completa.


Hummm… no se. Pero déjeme averiguar.


La edecán tomó el teléfono sacó una larga agenda telefónica y marco a Obras Públicas Municipales, lo supe porque ella me dijo que hablaría a esa dependencia y que allí seguramente habría la información.


Habemus Papa, dirían en el Vaticano.


- Fíjese, me dice, que ya no está ese monumento. Estaba en la glorieta de la Mega, pero hubo un accidente y en el choque la tumbaron.


- Ah si. Alguien me lo había comentado, le dije.


- Pues si, ese monumento lo tienen guardado, están esperando a terminar las remodelaciones para ubicar el sitio adecuado y volverlo a colocar.


Me sonrió, me saludó y atendió a unos muchachos que preguntaron sobre la ubicación de “la calle de los antros”…Uy!, pensé, son las 4 de la tarde y ellos ya buscan antro…


Ni hablar, pensé. Tendré que dejar el artículo de San Miguel sin foto de su Cabeza de Águila… me parece extraño que precisamente aquí no exista.


Me devolví a la Terminal de autobuses.


Estaba un poco cansado y lo que quería era llegar a casa para dormir. Tomé una “flecha” directa, en este caso un “Coordinados”, que para el caso es lo mismo, solo que siendo un martes, con poquísima demanda de pasaje el camión salió de la central a vuelta de rueda. Enfiló por ese libramiento para tomar la carretera a Celaya, llegando a la glorieta de la Mega le tocó alto y por mera casualidad volteé a mi izquierda y si, allí estaba, casi escondida pero estaba allí la Cabeza de Águila. Salté del asiento, fui con el chofer y en dos segundos le hice una explicación que ni entendió pero, dado que lo que el buscaba era más pasaje, accedió a esperar unos minutos mientras, corriendo (cosa que tengo prohibido hacer) crucé al camellón y alcancé a tomar algunas fotos.


Conclusión: la Cabeza de Águila en San Miguel de Allende fue movida del lugar original debido a que hace algunos años, (pocos), el acceso de Celaya lo ampliaron a cuatro carriles y la estela fue desplazada unos metros y quedó sobre la banqueta justo al lado del estacionamiento de la Mega, es decir, del supermercado Comercial Mexicana.


Moraleja: El día en que aprendamos a decir solo la verdad y aceptar que por mínima sea la cosa que no sabemos lo digamos así de simple: no lo se, estaremos del otro lado, en vías del progreso.


Algo importante que olvidaba, uno de los pasajes históricos que creo es importante saber, es que cuando el ejército Insurgente llegó a San Miguel el Grande, la intención era saquear el pueblo, solo que Ignacio Allende se opuso a tal acto. El saqueo se dio a poca escala, poco más adelante el asunto se volvería incontrolable.