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viernes, 18 de noviembre de 2016

La noticia del levantamiento de insurrección en Veracruz

   Para quienes somos del Bajío el tema del inicio de la guerra de Independencia es cosa habitual, lo hemos visto desde niños, al igual que vimos las estelas de Cabeza de Águila por una buena cantidad de poblaciones del estado y, en la etapa de la educación primaria, la visita a Guanajuato a recorrer la Alhóndiga de Granaditas nos reafirma todas esas ideas que emanan de la figura de Hidalgo, Allende y demás iniciadores del movimiento pero no es así en otros lugares. En la península de Baja California es un tema prácticamente ajeno, en Sonora de no haber sido por el cambio de nombre de la capital de Pitic a Hermosillo, no se sabría mucho de la participación del insurgente en Sonora y Sinaloa, ni que decir de la otra península, la de Yucatán, o en Chiapas… es por eso que, encontrar documentos que nos digan lo que ocurrió en otros sitios más allá del centro de México adquieren una relevancia pues nos dice claramente cómo afecto en lugares distantes a donde se comenzaban a dar los enfrentamientos. Este que a continuación comparto da cuenta de la reacción del ayuntamiento de Veracruz a la insurrección de Hidalgo en octubre 6 de 1810.

 “El excelentísimo señor virrey de esta Nueva España ha recibido del nobilísimo ayuntamiento de Veracruz el siguiente oficio:

Excelentísimo Señor: =en vista de los dos ejemplares del bando que vuestra excelencia se sirvió mandar publicar en 27 del pasado septiembre ofreciendo premios a los que entreguen vivos o muertos a los infames D. Miguel Hidalgo, D. Ignacio Allende y D. Juan Aldama, que nos acompañó vuestra excelencia en su superior orden del mismo día, y de la proclama que vuestra excelencia se sirvió dirigir a los habitantes de esta Nueva España en 23 del mismo septiembre que vino adjunta, acordó este ayuntamiento en cabildo celebrado ayer tributar a vuestra excelencia las más íntimas y expresivas gracias por su especial vigilancia, su infatigable celo y por el acierto de sus prontas enérgicas disposiciones. =Acordó también manifestar a vuestra excelencia que en esta ciudad y su provincia deben a Dios entre otros muchos singulares beneficios, el de no conocerse en ellos la preocupación, la división, la rivalidad, ni los partidos que tan loablemente desea extinguir vuestra excelencia como tan bochornosos a los que tienen la desgracia de seguirlos y fomentarlos, cuanto perjudiciales a la causa pública, a la fraternidad de unos y otros españoles, a la unidad de los hijos de una misma madre, a la conservación de los vasallos de un mismo monarca y a los derechos de los miembros de una sola sociedad. =Bajo este principio aseguramos a vuestra excelencia que no encontramos expresiones con que demostrar el intimo dolor con que hemos entendido el inesperado extravío y los abominables desórdenes en que han incurrido esos miserables faccionarios [sic], pues aunque estamos bien ciertos de que en la realidad, no son más que malhechores de los que por desgracia del género humano ha habido en todos los tiempos, sin que pueda garantizarse tan vergonzoso atentado de una subversión, capaz de infundir recelos sobre la infidencia de esta Nueva España, ni de una sola villa o ciudad, ni de cuerpo alguno público, es sin embargo en las circunstancias una mancha que jamás temimos cayera sobre ninguno de los habitantes de este fidelísimo reino. =¿cuál será el valor qu le darán nuestros alevosos enemigos a la noticia de un suceso tan religioso, tan inhumano, tan descabellado y tan torpe y facinerosamente emprendido, y qué concepto hará el mundo entero de un manejo tan escandaloso cuando los conflictos de la metrópoli exigen toda clase de sacrificios para conservar la unidad, que es la sola áncora de nuestras esperanzas y cuando y la distancia y la perversidad abultarán el crimen de tres hombres inicuos, y lo aumentarán pintándolo como un plan de los deseos de alguna parte de las gentes sensatas de estas provincias? =Este ayuntamiento, no obstante, ve con inexplicable complacencia detestada generalmente la brutalidad de estos malévolos contempla que por las oportunas resoluciones de vuestra excelencia habrán ya expiado su delito, y que estarán restablecidos el orden y la tranquilidad, y ganada la vindicación de los buenos americanos a que con tanta justicia como sabiduría ha conseguido la alta previsión de vuestra excelencia. =Vive en la inalterable confianza de que la Nueva España es inseparable de la justa causa que espontáneamente abrazó, y ha protestado innumerables ocasiones seguir a costa de la última gota de su sangre. =A pesar de tan firme y debida esperanza no excusa repetir que en todo evento y conforme a su acuerdo de 26 de mayo de 1809 inserto en el poder conferido al excelentísimo señor vocal de este reino en la junta central y referido en el otorgado al señor diputado en Cortes que si no lo son, fueran capaces los demás habitantes de este continente de faltar a sus deberes, la ciudad sola de Veracruz y su provincia, resistirían a los enemigos interiores y exteriores hasta dejar de existir antes de separarse de las sagradas obligaciones que le han impuesto la naturaleza como la religión, la lealtad, el patriotismo y su franca y espontanea voluntad. = Con ella y los más sinceros y muy reconocidos sentimientos, renovamos a vuestra excelencia los de nuestra imperturbable fidelidad, prontos a sacrificarnos en servicio de la patria y en cumplimiento de las órdenes del gobierno nacional de que es vuestra excelencia tan digno como benemérito representante: Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Sala capitular de Veracruz 6 de octubre de 1810: =Excelentísimo Señor. =Carlos de Urrutia. =José Mariano de Almanza. =Ángel González. =Pedro del Paso y Troncoso. =Juan Bautista y Lobo. =Pedro Antonio de Garay. =Manuel de Villa y Givaxa. =Martín María de Cos. =Mateo Lorenzo Murphy. =Francisco Antonio de la Sierra. =Alberto Herrero. =Francisco Luis Septién. =Valentín Revilla. =Francisco García Puertas. 

Fuente:

Veracruz en armas. La guerra civil 1810-1821. Antología de documentos. Juan Ortiz Escamilla, compilador. Gobierno del Estado de Veracruz, 2010. pp. 25-26

miércoles, 19 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 7ª Parte

   Morelos deja Cuautla, se dirige a Tehuacán, pasando por las inmediaciones de las barrancas de Acutzingo, para luego llegar a Orizaba, con esto lo que vemos es que era un magnífico jinete, pues sea en esa zona en los límites de los actuales estados de Puebla y Veracruz que lo recorrido por la Tierra Caliente michoacana, y buena parte de la sierra guerrerense, solamente alguien que tuviera excelentes cualidades en el control del caballo lo podría hacer con la destreza que presumo tenía José María Morelos. Seguirá hacia Oaxaca, sitio en el que permanecerá por algún tiempo. A esta Ruta de Morelos se conoce como la segunda parte de la Segunda Campaña, aparece en color verde en el mapa.

 Y responde a la novena pregunta y dice:

   (Refiero igualmente todo lo que ocurrió en el ataque y toma de Oaxaca, que causas le obligaron a preferir esta expedición, no obstante la fuerza que allí había y la del ejército real que a las órdenes del brigadier Olazabal llegó a situarse en Tehuacán, que cantidades de dinero, armas y efectos encontró, y si obró de inteligencia con los habitantes de la misma ciudad nombrando los principales…) Dijo: Que habiendo dejado en Orizaba una corta guarnición al mando de Rocha, emprendió su marcha el día 31 para Tehuacán con 800 hombres y a las ocho leguas se encontró en las cumbres de Acutzingo con una división de tropas al mando de Águila, y en aquel paraje se emprendió mudamente una acción de la que resultó que el declarante perdió 4 o 5 cañones, como 40 hombres, y algunas armas, y por parte de las tropas hubo muy poca pérdida. Siguió su marcha para Tehuacán, donde entró al día siguiente con 500 hombres poco más o menos supuesta la pérdida referida, y la dispersión que tuvo el resto de su gente. En Tehuacán permaneció una semana, en la cual se le reunió Matamoros con 2.500 hombres de todas armas, que unidos a los 500 que el declarante introdujo, y 200 que estaban allí de antemano con Miguel Bravo, formaba un grueso de 5000 que consideró necesarios para la expedición de Oaxaca. Con estos, y 40 cañones de todos calibres con sus respectivas municiones, emprendió la marcha para aquella ciudad, sin que en las jornadas que hizo hasta el día 25 de mismo noviembre (1812) hubiera tenido el menor encuentro, a excepción de unas cortas escaramuzas con las avanzadas de Oaxaca. Se acercó a esta ciudad el día 24, cuya noche pasó en una hacienda (llamada Viguería) distante tres leguas, desde la cual puso un correo intimando al comandante de las armas de ella la rendición en el término de tres horas. 

 Marchó desde la hacienda la mañana del 25 de noviembre para acercarse a saber la resolución de la plaza; y no habiendo recibido respuesta, pasadas dos horas más del término que le prefijó, rompió sus fuegos a las once de la misma mañana, y dispuso el ataque, dividiendo en seis trozos su gente con el objeto de que dos cortasen la retirada: Uno que atacase el fortín de la Soledad: otro, que entrase por calle real: otro, que quedó custodiando los pertrechos y retaguardia, y el último de reserva a las órdenes del que declara. En este estado tomaron su dirección los comandantes de los referidos trozos; y habiendo tomado D. Ramón Sesma el fortín que fue el punto que le dedicó, avanzaron los demás sobre la ciudad, y el grueso de Matamoros y Galeana que iban por el camino á tomar la calle del Marquesado, apoderaron de la ciudad después de solo dos horas de fuego; en tales términos que a las dos de la tarde ya el declarante estaba en la plaza mayor, y a las tres comiendo en la casa de un europeo llamado D. Simón Gutiérrez de Villegas. A corto rato le presentaron al declarante hecho prisionero al comandante Regules, y a los dos o tres días hicieron lo mismo con el teniente general Sarabia, Bonavia y Aristi, con la circunstancia de que el Sr. Sarabia estuvo oculto estos días en la ciudad, y en el que le cogieron fue por haber salido oculto disfrazado con una sábana. 

 También les sucedió lo mismo en esos propios días a unos 200 y más europeos, unos sanos, y otros heridos, a estos los mandó al hospital; y a los otros con los 4 prisioneros referidos, los puso en la cárcel con sus guardias necesarias. Se interesaron por la vida de todos los europeos el canónigo Moreno su maestro, algunos otros individuos de aquel clero y las familias de aquellos que las tenía por estos respetos les concedió aquella gracia a los 200 y mas que ya ha dicho, confinados para Zacatula, a unos 30 que le pareció que le podrían dañar en lo sucesivo, y a los demás los dejó en la propia ciudad bajo las respectivas fianzas, porque unos eran viejos; porque otros creyó que no le harían perjuicio sin mando; y porque con la muerte de todos no iba a conseguir ninguna ventaja; no sucedió así con el Sr. Sarabia, Regules, Bonavia y Aristi: con un muchacho guatemalteco criado de dicho Sr. Sarabia; porque a pesar de los empeños de su maestro, y de algunos de aquel Clero, y de los ruegos y súplicas de las familias, principalmente de la del Sr. Bonavia, los mandó fusilar en dos parajes de la propia Oaxaca, previo el tiempo necesario para disponerse en la capilla que les concedió. También hizo como 300 americanos prisioneros, de los cuales se agregaron a sus armas los que consideró útiles, toda la artillería que había en la Ciudad que fueron como 60 cañones con 100 fusiles poco más o menos que quedaron en su poder, sin agregar otra igual cantidad de esta arma que cogieron por todas aquellas inmediaciones basta Tehuantepec las partidas que destacó para atacar los puntos fortificados por las tronas del rey. 

 Desde Chilapa escribió el declarante a su maestro el canónigo D. Jacinto Moreno uno de los días del mes de septiembre de 1811, comunicándole las ideas que tenía de acercarse con su gente a aquella ciudad y aunque este le contestó, que le tenía lástima por verlo metido en el partido de la rebelión, nada le dijo sobre que se acercase o no; esta contestación la recibió el declarante en Tlapa en noviembre del mismo año; y aunque desde allí propio le repitió otra carta al expresado su maestro, no le volvió a contestar este. Sin otro antecedente y no más que por las noticias que iba adquiriendo en las marchas que hizo desde Tehuacán para Oaxaca, emprendió  esta marcha, sin que para ello hubiese tenido de ningún otro individuo la más mínima contestación e inteligencia con el que declara.

   Y responde a la décima pregunta que dice.... ¿Si precedió capitulación para la toma de Oaxaca, cuál fue, si la cumplió, y si a pesar de ella mandó fusilar a los Sres. Sarabia, Bonavia, Regules, y otros de las tropas del rey expresando su número.... Dijo: Que con lo que ha expuesto en la anterior satisface los particulares que comprende esta; asegurando nuevamente que no hubo capitulación, y sí solo la intimación referida. (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825. pp.20-23

viernes, 7 de marzo de 2014

Participación de veracruzanos en el inicio de la guerra de Independencia.

   Sabía de que el puerto de San Blas era importante para los insurgentes, al grado de que hasta allá llegó el padre Mercado para controlarlo a favor del movimiento de insurrección. Lo propio haría el generalísimo Morelos con el puerto de Acapulco, pero del otro puerto, el más importante de Nueva España nunca había oído de que hubiera sido escenario de un movimiento a favor de la insurgencia en los primeros años del estallido social. Más concretamente, los hechos ocurrieron el 29 de julio de 1812 y los personajes fueron: Cayetano Pérez, Bartolomé Flores, José Ignacio Murillo, José Evaristo Molina, José Nicasio Arismendi y José Prudencio Silva. Son estos nombres que aparecen en la placa colocada en el Baluarte de Santiago del puerto de Veracruz, colocada durante los festejos del Centenario de 1910, vemos que, efectivamente, en este, el puerto más importante, también se luchó por la libertad de México.

   Y la participación de los veracruzanos no fue solo esta que recuerda la placa, ya antes, en 1808, cuando se pretendió liberar a México y crear una Junta Gubernativa, sucedió que "algo que poco se menciona y debemos recordar es que Diego Leño, Síndico del Ayuntamiento de Xalapa , es considerado al lado de Francisco Primo Verdad como uno de los precursores de la Independencia de México. Las ideas de Diego Leño influyeron grandemente en los integrantes del Ayuntamiento de la ciudad de México, Primo Verdad y Juan Francisco de Azcárate, quienes pretendieron instalar una Junta Gubernativa independiente en la capital de la Nueva España, en 1808, mismo año en que Ignacio Allende estuvo en Xalapa, haciendo promoción de la causa libertaria". (1)

  Y aparece un personaje más, veracruzano también que justo es conocerlo: Antonio Merino. "Merino nació en la nueva Veracruz en 1792 y desde los 17 años fue empleado de un conocido comerciante del puerto llamado Manuel Serapio Calvo. En esta situación Merino conoció a don Ignacio Allende, quien en aquel momento se desempeñaba como comerciante y de acuerdo con el autor, el futuro insurgente bajaba a la costa para arreglar sus negocios con sus homólogos porteños. De esta manera, Merino se entero por casualidad –según él– de los proyectos de independencia. Así las cosas, a partir de ese momento se hizo a la tarea de atraer adeptos a la causa, encontrándolos en dos amigos, empleados de la contaduría de la aduana: Cayetano Pérez y José Evaristo Molina. Los jóvenes insurgentes se reunían en una jacal de palma atrás de la capilla del Cristo en donde planeaban la manera de hacerse de la ciudad a favor de la causa insurgente. Según los datos proporcionados por Merino, el plan se reducía en sustancia a “ganar los corazones del pueblo, seducir al batallón del fijo de Veracruz, la artillería y Castillo de San Juan de Ulúa”, en fin en teoría se lograría todo esto sin derramar una sola gota de sangre, sin embargo la realidad fue otra, pues pasaron más de 15 meses delineando el plan, hasta que alguien se le ocurrió invitar a los miembros de la Compañía Provincial; de este cuerpo militar salieron los traidores que delataron a los jóvenes insurgentes". (2)

  Y Veracruz, a pesar de su lejanía con Guanajuato, lugar donde comenzó el movimiento de insurrección, igual recibió la información del alzamiento y, siendo este el puerto más importante del reino, el temor creció. "Los oficiales reales nunca imaginaron la posibilidad de una guerra civil y menos con la magnitud con que se dio. Por lo tanto, las defensas construidas a lo largo del litoral del Golfo de México tuvieron que hacer un giro de ciento ochenta grados para defender a Veracruz del peligro que ahora venía del interior y no desde los mares. Cuando inició la guerra, los militares de inmediato aseguraron la fortaleza de San Carlos, en Perote, porque en ella se guardaba el principal arsenal del virreinato y el gobierno no descartaba la posibilidad de que Hidalgo intentase apoderarse de ella, tomar el control del camino real, de las poblaciones que cruzaba y atacar el puerto de Veracruz. Sin embargo, las autoridades locales estaban convencidas de que en la intendencia de Veracruz no pasaría nada, todo estaba tranquilo". (3)

   
 Dos años más tarde, Veracruz se volvería escenario de algunos enfrentamientos. "En síntesis, desde septiembre de 1812, toda la intendencia de Veracruz se encontraba inmersa en una verdadera guerra civil y el gobierno de Veracruz perdió todo contacto con sus poblaciones sujetas y con el resto de Nueva España. El puerto solo mantuvo comunicación con Tampico y Tuxpan, hacia el norte, y con Alvarado, Tlacotalpan, Tuxtla y Acayucan, hacia el sur. Todos sus habitantes rodeados de insurgentes, sin poder salir más allá de su entorno por el temor de convertirse en prisioneros de los rebeldes. Nada se sabía de manera oficial de Xalapa, de Córdoba, de Orizaba y de Perote. Solo por "oídas" se decía que todos los pueblos de Veracruz se habían declarado enemigos del gobierno español". (4)

   Bueno, pero ¿y qué fue de los personajes cuyos nombres aparecen en la placa que los recuerda y que se encuentra en el baluarte de Santiago del puerto de Veracruz? "En los primeros días del mes de enero de 1812 fueron apresados Cayetano Pérez, José Evaristo Molina, José Ignacio Murillo, Bartolomé Flores, Ignacio Arismendi y José Prudencia Silva, se salvó Antonio Merino, alertado por el ayudante de la plaza el español José María Mojo. Durante más de cinco meses estuvieron detenidos los insurgente veracruzanos, mientras Merino oculto en algún lugar de los médanos a extramuros tenía la esperanza de que el padre de José Evaristo Molina lograra conseguir el indulto para los condenados. Cosas de la vida, el indulto fue expedido por el virrey, pero debido a presiones de los comerciantes veracruzanos, el convoy que venía de México con el vital documento fue detenido en la hacienda de Santa Fe y la ejecución de los jóvenes se llevó acabo el día miércoles 29 de julio de 1812 a las 5:15 horas cerca de la Escuela Práctica de Artillería y del Baluarte Santiago".

  "El holocausto de los primeros héroes insurgentes fue presenciado por Merino desde lo alto de una torre donde se ocultaba. Al poco tiempo después al tratar de huir hacia Estado Unidos, Merino fue detenido y condenado a muerte, pero fue indultado por el virrey Venegas, y se le conmutó la pena capital por el servicio militar en España, donde permaneció hasta el 13 de junio de 1820, cuando regresó de inmediato a México para unirse a las fuerzas de Agustín de Iturbide". (5)



Fuentes:

1.- Discurso pronunciado por el diputado Leopoldo Torres García, presidente del Congreso de Veracruz, durante la Guardia de Honor. Septiembre 21 de 2009.

2.- Merino, Antonio. La conspiración veracruzana de 1812. Editorial Citlalpétl, Veracruz, 1960. Citado por Rodríguez Zazueta, Miguel. Artículo publicado en La Jornada el 25 de julio de 2013.

3.- Ortiz Escamilla, Juan. Los gobiernos realistas de Veracruz. Revisión histórica de la guerra de Independencia en Veracruz. Juan Ortiz Escamilla, Coordinador. Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia. Xalapa, 2010. p.178

4.- Ibid. p.183

5.- Rodriguez Zazueta, Miguel. Artículo de referencia 2.

lunes, 17 de febrero de 2014

Gaspar de Yanga, el precursor de los movimientos de libertad en México.

  De pronto, al leer el nombre de Yanga, pensamos que fue de la invención de alguno de esos escritores de historietas que proliferaron en décadas pasadas por México pero no es así Yanga es el nombre con el que se le conoció a un personaje que, estando por finalizar el siglo XVI puso de cabeza a los españoles asentados en el camino entre Veracruz y México al grado tal que hubo la necesidad de fundar una villa española para protegerse de sus ataques, la villa llevó por nombre Córdoba.

  Es por todos conocidos que una de las características presentadas al poco tiempo de la presencia de españoles en los pueblos indígenas fue la proliferación de enfermedades de las que, los pueblos originarios aun no habían desarrollado los anticuerpos para resistirlas, la población local, se dice, murió al extremo de que escasamente un 15% sobrevivió, por consecuencia la mano de obra se vio afectada y hubo la necesidad de importarla. Se dice que fue precisamente un negro el que trajo la viruela a México al llegar en la nave de Pánfilo de Narváez.

  Los negros esclavos llegaron por Veracruz, un grupo de ellos venia, se dice, de lo que hoy conocemos como Gabón y pertenecía a una familia real. En un principio los esclavos negros eran forzados a trabajar en las haciendas azucareras que se habían instalado en la región cercana al Citlalpétl o Pico de Orizaba, fue allí en donde Yanga organizó a un grupo de seguidores, que, seguramente venían todos juntos desde ese punto marcado en África; escaparon y se ocultaron haciendo su vida asaltando a las conductas y carretas que por el camino que apenas se había trazado, se volvieron el temor más grande en la región, al grado que hubo la necesidad de que los españoles se organizaran para obtener la merced para la fundación de una villa en la cual vivirían juntos  se protegerían de los ataques del grupo comandado por Yanga.

    Cimarrones es el nombre con el que se identificaban a los negros que huían de la esclavitud, cosa que no solo llegó a suceder en México, sino en muchos de los países sudamericanos a donde eran enviados. "Lo poco que se sabe de Yanga es que fue apresado en la región de "Brang" o "Brong de Atabubu", también llamados "Bore" de la "Nación Brong" al parecer de la Guinea alguna vez perteneciente al Imperio de Ghana. Siguiendo la ruta hacia Cabo Verde otro principal centro comercial de esclavos, de dominio portugués. Este grupo étnico originario de Ghana lo desmarcarían en 1579 en la antigua Veracruz, y fue conducido encadenado a una de las fincas azucareras y de alcohol, en la provincia que tiene su nombre. Su descripción era la de un hombre alto, más de lo común, fuerte e inteligente, quien dominaba bien el español, quien pronto huiría de sus amos, y por treinta años encabezaría la rebelión, siendo caudillo de los cimarrones.El movimiento libertario consumado con Yanga empezaría en 1537, con la huida de los cimarrones. En 1546 el virrey Antonio de Mendoza ordenó ahorcar en la Plaza Mayor de la Ciudad de México a dos "negros fugitivos" llamados Juan Román y Juan Venegas. La cacería de negros ya llevaba tiempo y con cualquier mínimo pretexto podían ser ejecutados. En esta cacería muchos de los cimarrones huyeron por el Istmo de Tehuantepec hasta lugares remotos del Perú.En 1609 corrió la noticia de que los negros pretendían matar a los capitalinos y coronar a uno de los suyos (Yanga), así el virrey tomo medidas extremas contra los rebeldes. Tres años después llegarían los rumores de que muchos negros habían sido vencidos, quienes fueron descuartizados y clavados sus cuerpos en picas por los caminos principales, para que sirviera de escarmiento a los sublevados". (1)

  Con el fin de controlar a este grupo de insurrectos, el gobierno virreinal aprueba la fundación de un pueblo en donde serían concentrados y vivirían en libertad, se le dio el nombre de San Lorenzo de los Negros. "La población se fundó entre los años 1609 y fue reconocida oficialmente en 1630, siendo virrey de la Nueva España, Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo, quien otorgó el acta de fundación". (2). La población cambiaría luego de nombre por el de San Lorenzo de Cerralvo y, ya en el México independiente obtuvo el nombre oficial de Yanga. 

  "Yanga, municipio que se ubica al centro del estado de Veracruz. Su clima es cálido-húmedo propicia la existencia de especias animales como conejo, ardilla, liebre, tuza, tejón y vívoras. Los ríos Atoyac y Seco constituyen sus fuentes hidrológicas. La cabecera se llama igualmente Yanga. Ese nombre le rinde honores al esclavo negro hijo del rey de la tribu africana Yang-Bara, quien fue el primer libertador de su pueblo y significa príncipe. La población adoptó el nombre de San Lorenzo de los Negros o San Lorenzo Cerralvo, pues allí se asentaron los negros cimarrones. El comercio y los servicios constituyen las actividades económicas más importantes. Desde 1976 el Club Yang Bara inició los días precedentes al 10 de agosto, en el que se festeja a los negros con carros alegóricos y comparsas que representan la huida de aquellos para refugiarse en este poblado". (3)

  El alzamiento de Yanga es el primer movimiento de insurrección que se conoce en México y en todo el Continente Americano, vendría luego el de Guillen Lombardo conocido también como Guillén Lampart. Seguiría aquel motín en el que participio el licenciado Primo Verdad, y otro más, el de Juan Antonio Montenegro. Hay otros personajes, casi olvidados, que pusieron resistencia a la invasión española, uno de ellos -que raya más en la leyenda que en la historia- fue Ignacio Acualmeztli. El otro, ligeramente más conocido lo es sin duda Francisco Tenamaztle.

Para leer más sobre Yanga (en inglés) entra aquí.

Fuentes:

1.- Wikipedia.

2.- Wikipedia.

3.- Enciclopedia de México. Tomo 12. México, 2008.

domingo, 2 de febrero de 2014

Desatemos el nudo sin romperlo: Los Tratados de Córdoba.

   La guerra de Independencia comenzó, bien lo sabemos, a la hora prima del 16 de Septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, intendencia de Guanajuato; fue el cura Hidalgo quién llamó al pueblo para levantarse en contra de los españoles. A las pocas horas el incipiente movimiento se encontraba en la Hacienda de la Erre, a tan solo dos leguas de distancia de Dolores, allí Hidalgo pronunció aquella frase ya célebre de "ya se le ha puesto el cascabel al gato". Once años después, en la villa de Córdoba, intendencia de Veracruz, la frase fue otra, como otro fue el que la pronunció: "desatemos el nudo sin romperlo", lo dijo Agustín de Iturbide, era el 24 de agosto de 1821. La consumación de la Independencia estaba próxima a ocurrir.

  "La historia de Córdoba contiene pasajes muy importantes en la formación del México de nuestros días. Fue en esta región donde surgió Yanga, el esclavo africano que con un grupo de sus compañeros escapó del yugo de los hacendados españoles que los sometían a agotadoras jornadas en el cultivo de la caña de azúcar. Para sobrevivir los negros cimarrones insurrectos atacaban las diligencias, por lo que 30 caballeros de Huatusco, Coscomatepec y Amatlán le pidieron al virrey don Diego Fernández de Córdoba su venia para fundar una villa a la cual a la vera del camino real de Veracruz a México, para protegerse de los asaltos, cual concedió en 1609 tras obtener licencia del Rey de España Felipe III. Posteriormente Yanga se convierte en el primer libertador de América al obtener el indulto y la libertad de sus seguidores y funda el pueblo de San Lorenzo de los Negros, hoy Yanga. 

 "En mayo de 1821, en plena guerra insurgente y al trascender el Plan de Iguala en el que Agustín de Iturbide pactó con Vicente Guerrero la creación del ejército trigarante, los criollos cordobeses que aspiraban a la libertad, se unieron al coronel insurgente José Joaquín Herrera y tomaron la plaza. El coronel realista Francisco Hevia se dispuso recuperarla y atacó a los insurrectos que durante seis días se defendieron con valor. Hevia murió de un balazo en la batalla llamada de la "Casa Quemada". Posteriormente llegaron refuerzos insurgentes comandados por don Francisco de Miranda y lograron la rendición de los realistas el 21 de mayo de 1821 tras de encarnizada batalla. Ese día en Córdoba se escribió una página de gloria en la historia.

 Con la firma de los Tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821 entre Agustín de Iturbide y Juan de Odonojú, en este mismo edificio de Zevallos, se logró al fin la consumación de la independencia de México y el final de 300 años de dominación española, la legitimidad y trascendencia de los Tratados de Córdoba fue la culminación de once años de sangrienta guerra y es tan importante como el inicio del movimiento independentista. (1)






   "La vigorosa resistencia en la villa de Córdoba el 21 de mayo de 1821 fue uno de los más notables episodios y el patriotismo de sus vecinos en esta ocasión , honró justamente su nombre. Córdoba fue elevada a ciudad el 12 de diciembre de 1830 y el 2 de noviembre de 1880 obtuvo el título de Heroica. (2)





Fuentes:

1.- Renaud Ramírez, Enrique. Ficha informativa en la Casa Zevallos. Patronato del Museo de la Historia de Córdoba.

2.- Placa en la plaza de la Casa Quemada.