Mostrando entradas con la etiqueta Oaxaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oaxaca. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de agosto de 2019

La toma de Oaxaca por Morelos

  La toma de Oaxaca marcó una época crítica para la dominación española en México. "Tenemos en Oaxaca, -escribía Morelos á Bayon- una provincia que vale por un reino, custodiada de mares por oriente y poniente, y por montañas por el sur en la raja de Guatemala, y por el norte en las "Mixtecas". Y cierto que no eran exageradas las apreciaciones del bravo campeón, pues que la provincia que acababan de conquistar sus armas vencedoras, era fecunda en recursos de toda especie. Pero más que en los resultados inmediatos que este triunfo produjo á la causa de la independencia, fijémonos en la posición ventajosa que hizo adquirir á los ejércitos independientes.

  Situado Morelos en Oaxaca, podía considerarse como en el centro de un inmenso campo atrincherado por la naturaleza misma, y cuyos dos extremos se apoyaban en los países impenetrables por la aspereza del suelo y condición del clima; países que forman el declive de la cordillera Central inicia ambas costas, presentando un frente con pocas y difíciles entradas, por las cuales podía á su elección desembocar con todas sus fuerzas sobre el punto que más le conviniese. Amenazaba desde allí, como desde un centro formidable, á las villas de Orizaba y Córdova y á la carretera de Veracruz, situada hacia el norte, á la provincia de Puebla, y á los valles de Cuautla y Cuernavaca hacia el noroeste. El Sur, en toda su vasta y abrasada extensión desde Tehuantepec hasta los mortíferos pantanos de Colima, estaba en poder de los independientes, pues que las fuerzas realistas que al principiar el año de 1813 se hallaban cercanas á la Costa grande, fueron empujadas desde Jamiltepec hasta Acapulco por el valor, la bizarría y la pericia de los Bravos. Agreguemos que todo el norte de la provincia de Veracruz, reconocía á los jefes independientes que allí habían alzado su gloriosa bandera.

  Tal fue el resultado de la toma de Oaxaca, y remontándonos al origen, tal el fruto de la determinación de Morelos al situarse en Tehuacán, pues que de ahí partió para posesionarse tan felizmente de la antigua Antequera.

  Los enemigos de la independencia, al confesar estos grandiosos resultados, han pretendido en vano amenguar el mérito de Morelos, atribuyéndolos á mero efecto de la casualidad, y á los errores de los jefes realistas á quienes hubo de combatir. ¡La casualidad! pues qué ¿el acaso puede disponer solo una serie de operaciones militares eslabonadas y conexas entre sí de tal manera, que las unas parecen ser la consecuencia de las otras? La casualidad, sosteniendo por tanto tiempo lo que es obra del genio, acabaría por convencer á los detractores de Morelos, que la ciega influencia del acaso se ejercía en todo el orden moral! No: ceda la calumnia á la luminosa é incontrovertible verdad, que le queda á Morelos inmarcesible gloria, aun cuando se admitiera la intervención de la ciega fortuna en sus admirables combinaciones. Y ni siquiera puede amenguarse su mérito aduciendo los errores cometidos por los jefes encargados de combatirle, pues que para aprovecharse de los errores ajenos son precisos un tino y un acierto que no pueden proceder más que del juicio y de la reflexión.

   El virrey entre tanto, dice el historiador Alamán, obligado a resguardar una larga línea sin poder cubrir todos los puntos amenazados, hubiera tenido que perder sucesivamente unos tras de los otros; y una vez ocupadas las villas, Tehuacán, Tepeaca, Cuautla y Cuernavaca, se habrían encontrad o en muy difícil posición Puebla y México; y si para su defensa hubiera tenido el gobierno que llamar las tropas que tenía empleadas en otros lugares, como lo hizo cuando Hidalgo se aproximaba á México, y cuando tuvo que reunir sus fuerzas para el sitio de Cuautla, la revolución hubiera hecho rápidos progresos en los puntos que hubieran quedando desguarnecidos, y el triunfo de ésta podía tenerse por seguro. Morelos conocía la importancia de su posición; y en su correspondencia con Rayón, se le ve indeciso sobre el plan que debía seguir para sacar de ello la mayor ventaja.

  Presentaronsele por aquellos días (Enero de 1813) dos individuos del cabildo de Tlaxcala, con una exposición que "le decidió á mandar á Montaño á ocupar aquella ciudad, mientras podía marchar á ella él mismo, lo que por entonces le impedía el acabar do hacerse dueño de la costa del Sur, vencido el obstáculo de Jamiltepec. Ocupada Tlaxcala, creía seguro posesionarse de Puebla y aun de México, para cuyo fin invitaba á Rayón, para que unido con sus compañeros de la junta, llamase la atención por el lado de Toluca, para que no cayesen sobre él todas las fuerzas del gobierno, como había sucedido en el sitio de Cuautla; ó si esto no podía verificarse, se inclinaba á dirigirse á las villas de Orizaba y Córdova.

  Indeciso entre estos diversos planes, acabó por adoptar otro enteramente diverso, y que no podía producirle ventaja alguna, abandonando el teatro de sus recientes triunfos para trasladarse al punto más remoto y por entonces, menos importante del vasto territorio que dominaba, con el fin de proseguir por sí mismo el sitio de Acapulco: empresa lenta, de dudoso éxito, y que aun obtenido el resultado que se proponía, en nada ó en muy poco contribuía al objeto importante de sus miras, no pudiendo de ningún modo compensar la adquisición de aquel puerto, el tiempo que era menester para lograrla, dando á su enemigo el que necesitaba para reunir fuerzas, y combinar mejor sus planes para la siguiente campaña.

  Juzgada hoy la expedición de Morelos á Acapulco en 1813, debe considerarse indudablemente como un fatal error que acarreó en lo sucesivo grandes desastres al caudillo y á la causa do la independencia. Pero esta falta no autoriza á sus detractores, para atribuir á la casualidad la larga y brillante serie de sus anteriores victorias, en el curso de 1811 y 1812.

  Además, coloquémonos por un momento en aquella época, hagamos un esfuerzo y pongámonos en lugar de los hombres de ese tiempo; revistamos por un momento sus preocupaciones, sus falsas ideas respecto de muchos hechos, sus apreciaciones erróneas—culpa, no de su escaso mérito, sino de la poca instrucción que concedía á los hijos del país una dominación suspicaz, brutal y estúpida—y entonces, y solo entonces podremos apreciar con estricta justicia muchos de los actos de nuestros héroes.

  Morelos, al recibir su nombramiento de coronel en Charo, de manos de Hidalgo, recibió también del generalísimo el encargo especial de apoderarse del puerto y fortaleza de Acapulco, y ya hemos visto que su primera campaña, al terminar el año de 1810 y durante los primeros meses del siguiente, no tuvo otro objeto que cumplir las instrucciones del jefe de la revolución. Los escasos elementos de guerra no le concedieron entonces el triunfo; pero una vez fuerte y dueño de Oaxaca, creyó que era llegado el momento de ejecutar las ordenes de Hidalgo, cuya memoria fue siempre en nuestro héroe objeto de un culto constante. Pero hay más en abono de Morelos: entraba en sus planes poseer aquel punto como elemento muy necesario para sus miras; y si le daba la importancia que no tenía, era nacida su creencia de errores que no estaba en su mano evitar. En una carta que escribió desde Yanhuitlán al intendente Ayala, están expresadas sus ideas y revelados los cálculos que le indujeron á marchar sobre Acapulco por segunda vez.

  Es indispensable, decía Morelos á Ayala, que tengamos cuanto antes un puerto, pues de su posesión obtendremos inmensas ventajas. El francés ya está en Cádiz, pero tan gastado, que no se repone en dos años que nos faltan, y entonces ya lo esperaremos en Veracruz. El inglés europeo me escribe como proponiéndome que ayudará, si nos obligamos á pagarles los millones que le deben los gachupines comerciantes de México, Veracruz y Cádiz. El anglo-americano me lía escrito á favor, pero me han interceptado los pliegos; y estoy al abrir comunicación con él y será puramente de comercio, á feria de grana y otros efectos por fusiles, pues no tenemos necesidad de obligar á la nación apagar dependencias viejas, ilegítimamente contraídas y á favor de nuestros enemigos. Ya estamos en predicamento firme: Oaxaca es el pie de la conquista del reino: Acapulco es una de las puertas que debemos adquirir y cuidar como segunda después de Veracruz; pues aunque la tercera es San Blas, adquiridas las dos primeras ríase V. S. de la tercera. De suerte que una apreciación errónea, pero de ningún modo el acaso ni la falta de un plan militar, le impulsó á la conquista de Acapulco.

  Morelos salió de Oaxaca el 7 de Febrero de 1813, habiéndole precedido dos días los generales Galeana y Matamoros al frente de sus respectivas divisiones. En Yanhuitlán, punto de la provincia de Oaxaca sobre el camino de Huajuápan, quedó de observación el segundo de estos jefes por orden de Morelos, continuando éste su marcha con la división que estaba á sus inmediatas órdenes unida á la del intrépido Galeana.  


Fuente:

Eduardo L. Gallo, Editor. Biografías de los personajes notables dese ante de la Conquista hasta nuestros días. Tomo IV. Imprenta de I. Cumplido, México. 1874. pp 99-105

sábado, 10 de agosto de 2019

La participación de Oaxaca en los primeros años de la Guerra de Independencia

   Quizá el pasaje del Sitio de Cuautla, especialmente su inicio, con la participación de Narciso Mendoza, el Niño Artillero, sea la página más conocida del movimiento de insurrección por la zona sur de México, esto aunado a la presencia del Generalísimo Morelos; es por eso que ahora, que camino por las calles de la ciudad de Oaxaca y veo las placas que recuerdan la participación de oaxaqueños en el movimiento libertario, me obliga a saber más del tema, razón por la cual comparto el siguiente texto:

   No debemos olvidar entre los héroes de aquel día al teniente-coronel Guadalupe Victoria, quien doce años más tarde fue el primer presidente de la República mexicana. En tanto que los demás jefes independientes, Matamoros, Galeana, Mier y Terán y Bravo, se cubrían de gloria asaltando y tomando las fuertes posiciones de los realistas, Victoria, que atacaba por el lado del Juego de pelota, defendido por profundo foso, se vio detenido por un horrible fuego, que le dirigía el enemigo desde las troneras de aquel edificio. Llegaban hasta Victoria los alegres repiques de Santo Domingo y el Carmen, anunciándole que sus compañeros de armas habían penetrado hasta el centro de Oaxaca; ardía de impaciencia y animaba á sus soldados que retrocedían ante aquel fuego espantoso á que servían de blanco de repente Victoria arroja su acero hasta donde se hallaban los españoles, y gritándoles: "Va mi espada en prenda; voy por ella”, se echa al foso, y pasándolo á nado llega á la opuesta orilla envuelto en el humo de las descargas. Momentos después era dueño de la fortificación enemiga.

   A la una de la tarde había concluido el combate, y Morelos, que durante todo el asalto se expuso con temerario valor á los tiros de los defensores, entró á la ciudad vencida al ruido marcial de las dianas, y de las entusiastas aclamaciones que lanzaban sus soldados. Cuatro horas de sangrienta lucha costó la toma de Oaxaca, cuyos defensores cayeron todos prisioneros en manos de los independientes. Régules, el cruel sitiador de Huajuápan, fue aprehendido por el general Matamoros en el interior del convento del Carmen; igual suerte corrieron á pocas leguas de la ciudad, el teniente-general González Saravia y el brigadier Bonavia, que fueron conducidos á la ciudad por el coronel Montano, y fusilados, lo mismo que Régules, en el mismo lugar en que fueron inmolados los patriotas López y Armenta, primeros mártires que tuvo en Oaxaca la causa de la independencia.

Después de estas crueles ejecuciones, sobre todo la de González Saravia, hombre valiente, honrado y de magnánimo corazón, después de esta orden de Morelos, que apenas bastan á disculpar la efervescencia y los odios de aquellos tiempos de sangre, siguió el saqueo á que se entregaron los soldados vencedores desnudos, hambrientos, agobiados por la miseria, aquellos hombres, después de haber regado con su sangre los parapetos de la ciudad, se hallaron de súbito en medio de la abundancia; y nadie, ni el mismo Morelos, que se esforzó en contener el desorden, pudo evitar el saqueo que se prolongó por varios días. No justificamos estos excesos; pero los comprendemos inevitables en aquella época, y los consideramos como una venganza cruel, pero necesaria, de los oprimidos que vieron entonces rendidos á sus pies á los inexorables opresores de la patria. La guerra de independencia fue la explosión de muchos dolores concentrados en el alma de un pueblo, y si no todos sus actos fueron conformes á los principios de la justicia, sí se dirigieron á alcanzar la libertad de la patria. Nosotros, descendientes de aquellos hombres, no tenemos el derecho de censurar los errores de los que nos dieron el suelo que hoy pisamos, y sobre el cual ruedan las cunas de nuestros hijos.

  Pero si los vencidos sufrieron entonces todo el rigor de la adversa fortuna, la victoria de los independientes enjugó también muchas lágrimas y dio término á crueles dolores. 

   Henchidas estaban las cárceles de Oaxaca, á la entrada de Morelos, de presos políticos, víctimas en su mayor parte de la suspicacia de los españoles; allí los había hacinado desde mucho tiempo atrás; allí sufrieron espantosos martirios. Momentos antes de la completa derrota de los realistas, sus carceleros hicieron fuego por las puertas de las celdillas, y algunos de los presos quedaron heridos. La victoriosa espada de Morelos rompió al fin sus cadenas; y no satisfecho con esto mandó demoler los calabozos en que habían gemido por tanto tiempo las víctimas de la tiranía española.

  Cumplido este acto de reparación y de justicia, se dedicó Morelos á organizar la administración del país que habían conquistado sus armas triunfantes. Convocó al pueblo á una junta, y en ella se eligió al Sr. José María Murguía para el cargo de intendente de toda la provincia de Oaxaca; estableció una gran maestranza en el convento de la Concepción, y puso al frente de ella al distinguido oficial Mier y Terán; acopió gran número de armas, é hizo componer todo el armamento de sus divisiones; vistió á sus soldados, que en su mayor parte estaban casi desnudos; levantó dos regimientos provinciales, uno de infantería y otro de caballería; fundó un periódico llamado el Correo del Sur, cuya redacción confió al Sr. Manuel de Herrera; arregló la acuñación de moneda, y dictó otras muchas disposiciones que indican su actividad infatigable, y revelan el genio de aquel hombre extraordinario.

   Quiso rendir un homenaje público de gratitud á la memoria de López, Armenta y Tinoco, primeras víctimas de la independencia en Oaxaca, y al efecto ordenó la exhumación de sus restos para darles honrosa sepultura en la catedral. Celebró con fiestas solemnes el juramento de obediencia á la Junta suprema nacional de Zítácuaro, de la cual era miembro, y que entonces debía considerarse como el centro de unión de todos los jefes que combatían por la independencia, asistiendo Morelos á las funciones que tuvieron lugar por ese motivo con el uniforme y distintivos de capitán general, grado que le había conferido por aquella época ese mismo gobierno de Zítácuaro.

  En los últimos días de Diciembre de 1812, año glorioso para Morelos y que éste cerró tan felizmente con la brillante toma de Oaxaca, salieron los Bravos de la ciudad con orden de batir á diversos jefes realistas, situados en la zona que se extiende al oriente de Acapulco. Esta expedición fue llevada á cabo con el mayor éxito, y limpió de enemigos todo aquel territorio, obligándoles á guarecerse en el puerto y fortaleza de San Diego.


Fuente:

Eduardo L. Gallo, Editor. Biografías de los personajes notables dese ante de la Conquista hasta nuestros días. Tomo IV. Imprenta de I. Cumplido, México. 1874. pp 95-99

viernes, 9 de agosto de 2019

Placas con la presencia oaxaqueña en la Guerra de Independencia

   Ahora que tengo la oportunidad de caminar por las calles de la ciudad de Oaxaca, veo algunas placas que recuerdan algunos acontecimientos aquí ocurridos durante la Guerra de Independencia que son poco conocidos, al menos para quienes somos del centro del país, bueno será adentraros en los actos de estos primeros mártires por este rumbo de México, cosa que haré dentro de poco, por ahora veamos esas placas.





jueves, 3 de septiembre de 2015

La historia romántica de José María Morelos y Pavón

   Recuerdo que hace 5 años, en la casi, la dizque euforia que vivimos o, mejor dicho, que debimos haber vivido, en torno a las Celebraciones del Bicentenario, surgieron series de televisión, documentales, libros y, especialmente, una película en los que la idea era bajar de la estatua de bronce y del pedestal de mármol en que se colocó durante las Fiestas del Centenario, a don Miguel Hidalgo y Costilla. Todos esos esfuerzos nos dejaron ver que el cura era un bon vivant, por decir lo menos. Que gustaba de la buena mesa, el buen vino, la buena compañía, las buenas tertulias y la buena cama.

  Producto de todo ello, especialmente del último concepto, fue la descendencia que tuvo. Hubo quien se sorprendió, hubo quien no lo acepto, hubo quien no le hizo mayor mella el saber las liviandades del cura. Todo eso lo que nos hizo ver fue a una persona, una persona de carne y hueso con sentimientos tan nobles y tan mundanos como los de cualquiera. Ahora que estamos en el Año de Morelos vemos que el cura Morelos si bien no entra en el concepto del bon vivant, si entra en el de los sentimientos, pasiones, amores y desamores. Y hay datos.

   En la entrevista que la revista Proceso hizo a la historiadora Guadalupe Jiménez Codinach vamos descubriendo ciertos matices de la vida del Generalísimo: “un hombre humilde con una infancia difícil, pues con su madre y su hermana María fue abandonado por su padre, quien se llevó a su hermano más pequeño, Nicolás. No obstante su abuelo, que fue maestro de escuela, le enseñó a leer, escribir y hacer cuentas. Luego se ordenaría sacerdote por vocación”. La historiadora es entrevistada luego del estreno de la película que sobre Morelos en 2012 y dice: “se centra en banalidades y hasta falsedades como su supuesta rivalidad con Carranco por el amor de Francisca Ortiz”, es aquí en donde comenzamos a explorar la otra faceta del caudillo.

   Sabemos del pasaje en que, cuando Morelos es detenido, quien lo hace es precisamente José Matías Carranco y hay entre ellos un pequeño diálogo, ese que, palabras más, palabras menos dice: “parece que nos conocemos”, acto seguido, Morelos le obsequia su reloj. Carranco era el marido de Francisca Ortiz, ella fue la amante de del Generalísimo Morelos. Y antes que ella, nuestro personaje estuvo –dicen- perdidamente enamorado de Brígida, Brígida Almonte, con quien procreó a Juan Nepomuceno Almonte. Habrá que recordar que en aquellos tiempos los curas eran jueces, jueces eclesiásticos, y tenían a su cargo los registros de bautismos, matrimonios y defunciones, eso que ahora hace el Registro Civil y Morelos manipuló la información a sabiendas que lo de él con Brígida estaba prohibido. El apellido lo alteró, en realidad se llamaba Brígida Montes, y ocurrió que murió al parir, pero Morelos la siguió registrando en los Padrones y Relaciones del Partido como si estuviera viva.

   De su hijo, bien lo sabemos, ya dimos cuenta de ello, lo tuvo siempre junto a él y lo llevó en la primera, segunda y tercera Campaña, fue luego del Sitio de Cuautla que lo envía a Nueva Orleáns, junto al padre Herrera que iba a comprar armas en los Estados Unidos con la consigna de dejar allá, estudiando, a Juan Nepomuceno. El hijo de Brígida Almonte y Morelos nace el 15 de mayo de 1802, doce años después nacerá un segundo hijo del cura, esta vez con Pachita, en Oaxaca, en 1814. Llevará por nombre no el de la madre, mucho menos el del padre, sino el del abuelo: José Ortiz, mismo que es reconocido por Carranco, por lo que la descendencia de don José María Morelos y Pavón, en esta rama llevan por apellidos los de Carranco Ortiz.

   “Y ya que se está en el tema -mujeres, mujeres, mujeres-, el 13 de febrero de 1812, en plena gloria de su carrera militar, apareció en Puebla una señora llamada Ramona Galván y declaró haber tenido un hijo de Morelos el 5 de septiembre de 1808, en Nocupétaro, bautizado con el nombre de José Victoriano; siendo sus padrinos Juan Garrido y María Antonia, la hermana del cura. Según ella, el niño había quedado al cuidado de un cuñado de Antonia llamado José María Flores, residente en Guanajuato.” (1)

  Se dice que el templo de Nocupétaro pueblo contiguo a Carácuaro, en la Tierra Caliente de Michoacán, es un edificio al amor, al amor que le tenía Morelos a Brígida Almonte.

   Me llama la atención esto, gracias a las fotos que Thefinalboss subió, estoy viendo que en Nocupétaro hay un árbol de cuajilote en donde, de acuerdo a la tradición, era el sitio en donde el cura Morelos solía sentarse a descansar. Curioso encontrar otro árbol más, asociado a los héroes de la Independencia. Si el tema te interesa, da clic abajo en la etiqueta árboles.


Fuente:

1.- Herrera Peña, José. Maestro y discípulo. Capítulo X. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, 1995.  Para leer completo el capítulo, entra aquí.

jueves, 20 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 8ª Parte

   Estamos ya en la octava parte del interrogatorio que se le hizo a José María Morelos previo a su ejecución, en buena medida, este interrogatorio era requisito indispensable para hacerle los cargos de sedición –entre otros- motivo suficiente para mandarlo al cadalso. En esta parte relata lo acontecido en Oaxaca una vez comenzado el año de 1813 así como los preparativos para la toma del “Castillo”, como denominaban entonces al Fuerte de San Diego en Acapulco que era el objetivo marcado por el cura Hidalgo para la insurrección de Morelos en el sur de la Nueva España.

  Y responde a la undécima que dice.... ¿Diga lo ocurrido en el sitio y toma de Acapulco: que gente perdió allí, y si obró con inteligencia con el gobernador D. Pablo Antonio Veles, u otras personas del castillo que expresara, manifestando el motivo de la diferente conducta que siguió allí cumpliendo la capitulación... 

   Dijo: Que salió de Oaxaca el día 9 de febrero de 1813 con 300 hombres, porque en aquella ciudad dejó 100 a las órdenes de Rocha, y los 100 restantes de la fuerza que introdujo los había despachado antes por pertenecer a las partidas sueltas de D. Eugenio Montaño Sánchez y demás que concurrieron a aquella acción. Tomó el camino de Yanhuitlan en donde dejó a Matamoros con 1.500 hombres, y con el resto marchó por Tlaxiaco, Zacatepec, Ometepec, la Palizada, y a las cercanías de Acapulco sin que en este tránsito tuviera particular novedad, a pesar de que el comandante de las tropas reales recuerda que estaba en las inmediaciones de la Palizada se le hubiera presentado. Que el día 6 de abril del mismo año (de 1813) dio principio a sus fuegos contra el castillo quien se los correspondía diariamente; y después de ocho o nueve días que tardó para tomar la población, habiendo despreciado al gobernador del castillo D. Pedro Vélez la intimación que le hizo el día 6 para que se rindiera, con las expresiones de que solo los bárbaros capitulaban, prosiguió sus fuegos en correspondencia de los del castillo; pero advierte, que junto con la respuesta expresada que Vélez le mandó por oficio, también recibid dentro de este un papelito sin firma, pero de la misma letra de Vélez que a la letra decía.... Políticas y acertadas medidas le harán llegar a V. al fin que desea. Ningún aprecio hizo el declarante ni su secretario Rosains de estas expresiones, y a consecuencia continuó no solo bloqueando el castillo, sino que emprendió hacer una mina por el padrastro que deforma aquella fortaleza por el lado de la población; cuya obra empezó en el mes de mayo y la siguió sin lograr avanzarla más que hasta faltarle cien vara s para llegar a la contra escarpa del foso

 En este intermedio, y en el que pasó hasta el 17 de agosto, tuvo varias contestaciones por escribo, y aun verbales con los del castillo; entendiéndose las primeras directamente con el gobernador, y las segundas que las hicieron Rosains y Velasco con un oficial que no conoció, ni sabe cómo se llama, excepto una sola vez que contestó Reguera que estaba dentro del castillo con el capitán del que declara Mongoy. Esto solo se redujo a que Reguera pidió que fuera a hablar otro de mayor graduación, y a pocos días mandó el exponente al canónigo Velasco, quien por haber salido ya Reguera por el mar para la Palizada, contestó con el oficial que lleva citado, y no sabe cómo se llama; pero así esta contestación como las demás que en diversas veces se hicieron como ha expuesto, por ser dirigidas a que se capitulase, las despreció Vélez, y el oficial asegurando que estaban dispuestos a defended. Últimamente por un movimiento que hizo Galeana de cercar el castillo con alguna infantería la noche del 17 de agosto, resultó que al día siguiente dijesen desde el castillo que tenían que hablar, y entonces fue cuando se trató de la capitulación en los términos que expondrá.... Aquí se suspendió la declaración por ser las nueve y cuarto de la noche, y se continuó al día siguiente 30 de noviembre en la ciudadela.

   Morelos continuó… Que la capitulación que hizo con el comandante del castillo de Acapulco D. Pedro Vélez fue en los mismos términos, y bajo de las propias condiciones que expresan los papeles públicos que sobre aquel particular se imprimieron en esta capital, respecto a que Vélez trajo una copia firmada de ambos que se supone suya la que se dio a este público, y el declarante hizo lo mismo en Oaxaca en la imprenta que allí había. Que cumplió todos los particulares que asentaron, principalmente aquellos que tenían correlación con la libertad de los europeos, en darles escolta hasta ponerlos a la orilla del río Mezcala. Que el motivo que tuvo para cumplir con la capitulación de Acapulco, fue porque su comandante Vélez no le faltó en nada de lo estipulado hasta la entrega del castillo; muy al contrario de lo que en Taxco acaeció con el fusilado García Ríos y otros individuos como expresó en la quinta pregunta: advierte que en el castillo de Acapulco encontró 33 cajones de municiones de cañón y fusil, con los víveres de todas clases, que computa el que declara que podría tener para un mes la gente que lo guarnecía. Esta llegaba al número de 200 hombres poco más o menos con artillería etc.; y aunque los más por estar enfermos pidieron pase para Tiztancinco, los demás quedaron sirviendo con sus respectivas armas en el citado castillo. En este tomó igualmente 90 y pico de cañones de todos calibres, y 280 fusiles, entrando en este número algunos que pertenecían al depósito. También se entregaron allí 2 morteros, uno reventado, y el otro bueno, con 2 o 3 bombas.  (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825, pp.23-26

miércoles, 19 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 7ª Parte

   Morelos deja Cuautla, se dirige a Tehuacán, pasando por las inmediaciones de las barrancas de Acutzingo, para luego llegar a Orizaba, con esto lo que vemos es que era un magnífico jinete, pues sea en esa zona en los límites de los actuales estados de Puebla y Veracruz que lo recorrido por la Tierra Caliente michoacana, y buena parte de la sierra guerrerense, solamente alguien que tuviera excelentes cualidades en el control del caballo lo podría hacer con la destreza que presumo tenía José María Morelos. Seguirá hacia Oaxaca, sitio en el que permanecerá por algún tiempo. A esta Ruta de Morelos se conoce como la segunda parte de la Segunda Campaña, aparece en color verde en el mapa.

 Y responde a la novena pregunta y dice:

   (Refiero igualmente todo lo que ocurrió en el ataque y toma de Oaxaca, que causas le obligaron a preferir esta expedición, no obstante la fuerza que allí había y la del ejército real que a las órdenes del brigadier Olazabal llegó a situarse en Tehuacán, que cantidades de dinero, armas y efectos encontró, y si obró de inteligencia con los habitantes de la misma ciudad nombrando los principales…) Dijo: Que habiendo dejado en Orizaba una corta guarnición al mando de Rocha, emprendió su marcha el día 31 para Tehuacán con 800 hombres y a las ocho leguas se encontró en las cumbres de Acutzingo con una división de tropas al mando de Águila, y en aquel paraje se emprendió mudamente una acción de la que resultó que el declarante perdió 4 o 5 cañones, como 40 hombres, y algunas armas, y por parte de las tropas hubo muy poca pérdida. Siguió su marcha para Tehuacán, donde entró al día siguiente con 500 hombres poco más o menos supuesta la pérdida referida, y la dispersión que tuvo el resto de su gente. En Tehuacán permaneció una semana, en la cual se le reunió Matamoros con 2.500 hombres de todas armas, que unidos a los 500 que el declarante introdujo, y 200 que estaban allí de antemano con Miguel Bravo, formaba un grueso de 5000 que consideró necesarios para la expedición de Oaxaca. Con estos, y 40 cañones de todos calibres con sus respectivas municiones, emprendió la marcha para aquella ciudad, sin que en las jornadas que hizo hasta el día 25 de mismo noviembre (1812) hubiera tenido el menor encuentro, a excepción de unas cortas escaramuzas con las avanzadas de Oaxaca. Se acercó a esta ciudad el día 24, cuya noche pasó en una hacienda (llamada Viguería) distante tres leguas, desde la cual puso un correo intimando al comandante de las armas de ella la rendición en el término de tres horas. 

 Marchó desde la hacienda la mañana del 25 de noviembre para acercarse a saber la resolución de la plaza; y no habiendo recibido respuesta, pasadas dos horas más del término que le prefijó, rompió sus fuegos a las once de la misma mañana, y dispuso el ataque, dividiendo en seis trozos su gente con el objeto de que dos cortasen la retirada: Uno que atacase el fortín de la Soledad: otro, que entrase por calle real: otro, que quedó custodiando los pertrechos y retaguardia, y el último de reserva a las órdenes del que declara. En este estado tomaron su dirección los comandantes de los referidos trozos; y habiendo tomado D. Ramón Sesma el fortín que fue el punto que le dedicó, avanzaron los demás sobre la ciudad, y el grueso de Matamoros y Galeana que iban por el camino á tomar la calle del Marquesado, apoderaron de la ciudad después de solo dos horas de fuego; en tales términos que a las dos de la tarde ya el declarante estaba en la plaza mayor, y a las tres comiendo en la casa de un europeo llamado D. Simón Gutiérrez de Villegas. A corto rato le presentaron al declarante hecho prisionero al comandante Regules, y a los dos o tres días hicieron lo mismo con el teniente general Sarabia, Bonavia y Aristi, con la circunstancia de que el Sr. Sarabia estuvo oculto estos días en la ciudad, y en el que le cogieron fue por haber salido oculto disfrazado con una sábana

 También les sucedió lo mismo en esos propios días a unos 200 y más europeos, unos sanos, y otros heridos, a estos los mandó al hospital; y a los otros con los 4 prisioneros referidos, los puso en la cárcel con sus guardias necesarias. Se interesaron por la vida de todos los europeos el canónigo Moreno su maestro, algunos otros individuos de aquel clero y las familias de aquellos que las tenía por estos respetos les concedió aquella gracia a los 200 y mas que ya ha dicho, confinados para Zacatula, a unos 30 que le pareció que le podrían dañar en lo sucesivo, y a los demás los dejó en la propia ciudad bajo las respectivas fianzas, porque unos eran viejos; porque otros creyó que no le harían perjuicio sin mando; y porque con la muerte de todos no iba a conseguir ninguna ventaja; no sucedió así con el Sr. Sarabia, Regules, Bonavia y Aristi: con un muchacho guatemalteco criado de dicho Sr. Sarabia; porque a pesar de los empeños de su maestro, y de algunos de aquel Clero, y de los ruegos y súplicas de las familias, principalmente de la del Sr. Bonavia, los mandó fusilar en dos parajes de la propia Oaxaca, previo el tiempo necesario para disponerse en la capilla que les concedió. También hizo como 300 americanos prisioneros, de los cuales se agregaron a sus armas los que consideró útiles, toda la artillería que había en la Ciudad que fueron como 60 cañones con 100 fusiles poco más o menos que quedaron en su poder, sin agregar otra igual cantidad de esta arma que cogieron por todas aquellas inmediaciones basta Tehuantepec las partidas que destacó para atacar los puntos fortificados por las tronas del rey

 Desde Chilapa escribió el declarante a su maestro el canónigo D. Jacinto Moreno uno de los días del mes de septiembre de 1811, comunicándole las ideas que tenía de acercarse con su gente a aquella ciudad y aunque este le contestó, que le tenía lástima por verlo metido en el partido de la rebelión, nada le dijo sobre que se acercase o no; esta contestación la recibió el declarante en Tlapa en noviembre del mismo año; y aunque desde allí propio le repitió otra carta al expresado su maestro, no le volvió a contestar este. Sin otro antecedente y no más que por las noticias que iba adquiriendo en las marchas que hizo desde Tehuacán para Oaxaca, emprendió  esta marcha, sin que para ello hubiese tenido de ningún otro individuo la más mínima contestación e inteligencia con el que declara.

   Y responde a la décima pregunta que dice.... ¿Si precedió capitulación para la toma de Oaxaca, cuál fue, si la cumplió, y si a pesar de ella mandó fusilar a los Sres. Sarabia, Bonavia, Regules, y otros de las tropas del rey expresando su número.... Dijo: Que con lo que ha expuesto en la anterior satisface los particulares que comprende esta; asegurando nuevamente que no hubo capitulación, y sí solo la intimación referida. (1)


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825. pp.20-23

martes, 18 de agosto de 2015

La ruta de Morelos, descrita por el propio Morelos. 6ª Parte

  Creo que al igual que a mi, a todos nos educaron en el tercero de primaria pensando en que uno de los hechos más relevantes del movimiento de Independencia fue el ocurrido en Cuautla durante el sitio y más aun la participación del niño Narciso Mendoza. La idea de difundir el episodio, me queda bien caro, que es la de decirle a un niño de la participación de otro niño en un hecho que pasó a las páginas de la Historia patria, más aun, a las páginas escritas en oro de ese acontecimiento. Me sorprende aun más ver ahora que en el interrogatorio hecho al cura Morelos pocos días antes de su ejecución, es decir, como parte de la causa que se le siguió, al relatar lo acontecido en Cuautla, lo dice en dos o tres párrafos contenidos en la sexta pregunta que en el artículo anterior trascribimos, y en la séptima que hoy transcribimos. me sorprende aun más ver lo que Wikipedia dice en torno a este acontecimiento: 

  "Esa misma noche, se tomó la resolución en el campo insurgente de salir cuanto antes del pueblo, pues no se podían defender con normalidad debido a las epidemias, que habían llegado a afectar a más de la mitad de los soldados insurgentes. Morelos y Galeana enviaron a un emisario a observar el campo realista, y al volver con los insurgentes les informó que muchos soldados españoles ya estaban dormidos y otros estaban guardando el armamento. Fue entonces que ambos militares tomaron la decisión de abandonar Cuautla esa misma noche, y en menos de cuatro horas ya estaban fuera de la villa. Fueron avistados por soldados realistas que habían llegado al campamento de Calleja esa misma noche, quienes de inmediato intentaron detener el avance de Morelos y su tropa. Luego de una lucha de menos de dos horas, alrededor de las cuatro y media de la mañana del 2 de mayo, las fuerzas insurgentes comandadas por José María Morelos habían abandonado Cuautla, atribuyéndose una "victoria" para los insurgentes. Aunque seguidamente el ejército huido de Morelos fue alcanzado y completamente disperso"

 A la séptima pregunta que dice.- ¿A dónde se retiró después de su salida de Cuautla: qué número de gente perdió allí, cómo, y con qué medios volvió a ponerse en estado de salir a campaña? 

   Respondió.... Que la salida de Cuautla la hizo por Ocuituco, Guayapa, Izucar, Chetla y Chautla, que fue donde hizo alto un mes consecutivo: Que el número de gente que perdió durante los 72 días que estuvo sitiado, fueron como 50 hombres muertos de bala, y 150 de la peste, a más de los que perecieron la noche que salió de aquel pueblo, de cuyo número no puede dar razón más que de 147 que contó el capitán Yañez que le dijo  haber visto desde Ocuituco a la mitad del camino para Cuautla: Que en Chautla durante el mes que estuvo allí se le reunieron como 800 hombres de las partidas de Bravo y Galeana, con los cuales hizo una expedición sobre Chilapa, en donde Galeana atacó al comandante de las armas del rey Cerro, quien de sus resultas se dispersó con cosa de 300 hombres mal armados que tenía, y en poder de Galeana y del que declara que se quedó en Metepec, quedaron algunos machetes, pocas armas de fuego, y unos cuantos prisioneros que mando a Zacatula

 Desde Chilapa retrocedió para Huaxuapan, donde consiguió que las tropas del rey mandadas por Regules, levantasen el sitio que tenían puesto a Valerio Trujano, en cuya acción que duraría dos horas hubo algunos muertos por ambas partes, y como 170 prisioneros: que parte de ellos mandó agregar a sus armas, y los otros los remitió al presidio de Zacatula en de julio de 1812, que fue la acción con 300 hombres que eran los que componían su gavilla en aquella época, dimanados de varias partidas que mandó reunir a los 800 con que entró en Chilapa, marchó para Tehuacán de las Granadas, habiendo además aumentado su fuerza con 600 que tenía Trujano, y libró del sitio á Huaxuapan puesto por Regules, juntamente con 12 piezas de artillería que tomó en distintos puntos, con otras que mandó deshacer de las de Huaxuapan, se internó como ha dicho en Tehuacán en 10 de agosto, y allí permaneció dos meses, durante los cuales mandó a Trujano que fuese al rancho de la Virgen contiguo a Tlacotepec, y en él lo atacó el comandante de las tropas del rey Samaniego; de cuyo resultado murió Trujano con muchos de los suyos, y algunos de la tropa del rey. También mandó a Nicolás Bravo que fuese a atacar al Palmar a una división de 310 hombres mandados por el capitán Labaqui; y habiéndolo ejecutado, los derrotó completamente haciéndole 260 prisioneros y 40 muertos: aquellos se agregaron parte a las armas, y la mayor se destinó a Zacatula. Se tomaron por Bravo 3 cañones, y todas las armas de aquella división que sufrió la expresada derrota con 600 hombres que llevaba el expresado Bravo a sus órdenes. Reunido este con el declarante en Tehuacán, marchó para S. Andrés Chalchicomula el día 12 de octubre, con el objeto de encontrar 100 barras de plata que la junta le había mandado a Osorno le remitiese al deponente de las que había tomado en Pachuca, y después de haberlas hallado en Ozumba se dirigió al Ojo de Agua a atacar el convoy que custodiaba el Sr. Águila, en cuya acción perdió el que expone 3 cañones y alguna gente, entre la cual murió el P. Tapia.

 Y responde a la octava pregunta que dice....

 Refiera su entrada en la villa de Orizaba, si obró de inteligencia con sus habitantes, y cantidades de tabaco que extrajo y quemó, y a quienes pertenecían.... 

  "Morelos respondió: Que la gente con que entró en Orizaba fueron 1.200 hombres poco más o menos, con los cuales atacó aquella villa por la garita del Molino a las ocho de la mañana del día 29 de octubre de 1812; y sin embargo de que la tropa que estaba dentro se defendió como dos horas, se apoderó el declarante de aquella plaza, y mandó perseguir a los dispersos por la garita de Escamola hasta el medio día: Que no tuvo más antecedente para acercarse a Orizaba, que la voz general de algunos que le acompañaban, que decían que todos los más de aquella villa deseaban que se acercase para adherirse a su partido, como en efecto advirtió en algunos de aquel lugar que lo pretendieron visitar con gusto, y le manifestaron complacencia. En esta entrada tomó 6 cañones y porción de armas de fuego. Había en los almacenes del rey porción de tabaco en rama, y 400 cajones labrado; de estos mandó cargar para sí o su gente 200, y el resto con el total en rama, después devuelto a los dueños o cosecheros la parte que reclamaban, previno que se quemase todo lo demás, y no sabe si se verificaría en su total; porque solo estuvo allí cuarenta horas, en las cuales en efecto vio el humo que causaron las hogueras; pero repite que la violencia de su salida no le permitió cerciorarse de si se quemó o no todo, y de si se cumplió la orden de devolver a los muchos individuos que reclamaban la parte que decían ser saya. Añade sobre esto que el todo o lo mas de la guarnición de Orizaba quedó muerta o prisionera con la circunstancia de que los que corrieron esta última suerte, se agregaron al servicio de las armas…"


Fuente:

1.- Historia militar del General Don José María Morelos, sacada en lo conducente a ella de sus declaraciones recibidas de orden del virrey de México cuando estuvo arrestado en la ciudadela de esta Capital. Suplemento al Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, ó sea la historia militar del general D. José María Morelos, sacada literalmente en lo conducente, de la causa que le formó la capitanía general de México. Impreso en la Oficina del Águila. México, 1825.