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martes, 29 de noviembre de 2016

Un árbol más en la Ruta de Hidalgo: El mito de Hidalgo y los mezquites

  La Historia siempre está envuelta más que en misterios, en mitos, en el caso de Miguel Hidalgo, el Pater Patri de México, además de no ser la excepción es, quizá, la que mayor número de mitos hay en su rededor. Que si era inquieto en su adolescencia, que si era el Zorro, que si jugaba, que si bebía en abundancia, que si gustaba de las damas, que si tuvo hijos y una larga lista de etcéteras. 

  Con el tiempo más mitos fueron creándose en torno a su imagen y a su paso por una buena cantidad de ciudades, villas, pueblos, haciendas y ranchos, por lo que conocemos como Ruta de Hidalgo o Ruta de la Libertad. Hay mitos en torno a la comida, o, específicamente, a lo que comió en ciertos lugares, como aquel rancho en el que, la noche de la derrota de Puente de Calderón, comió aguacates como único alimento, quizá no del día sino de varios días. Hay el mito de que ofició la misa dominical (el 16 de septiembre de 1810 fue un domingo), en la Hacienda de la Erre, que si ofició en monte de las Cruces... a sabiendas que él ya estando en Dolores, no acostumbraba oficiar.

  Y un mito más, o si lo quieres ver como un elemento más en la Ruta de Hidalgo son los árboles. Varios de ellos, vivos, a punto de morir o ya como troncos, son conservados pues se dice que ahí estuvo, sea oficiando una misa que descansando que atado a él. Se dice, como lo acabamos de mencionar, que debajo de un mezquite, en La Erre, ofició el oficio que no pudo realizar en la misa "prima" de la parroquia de Dolores. Se dice que aquel fatídico 28 de septiembre de 1810, antes de que ocurriera la (sangrienta) Toma de Granaditas, ofició bajo un mezquite en la Hacienda de Burras. Se cree que luego de la batalla de Aculco, el 7 de noviembre de 1810, el cura Hidalgo ofició debajo de un árbol, también mezquite; al árbol se le conoce como "El Palo Bendito", incluso, en el Bicentenario se sacaron "hijos" de él para trasplantarlos en los jardines principales de los 120 y tantos municipios del Estado de México. 

  El 17 de enero de 1811 ocurrió la derrota de Calderón, Hidalgo cruza la barranca del río Verde por algún punto que aun no sabemos cuál fue, entra en el actual estado de Zacatecas y, en Juchipila, existe un árbol llamado El Gumúchil del Cura. Luego pasó lo de Acatita y, en calidad de preso, Hidalgo llega a Monclova, en donde descansa debajo de un árbol, quizá también era un mezquite, eso no lo sabemos, se le conoce como "El Tronco de Hidalgo". Por Álamo de Viesca, al inicio de la Semana Mayor de 1811, Hidalgo pasa encadenado rumbo a la prisión en Chihuahua, ahí también existe un árbol a cuya sobra descansa. Uno más que tenemos documentado es el llamado Mezquite de Hidalgo que se localiza en La Cruz Chihuahua.

  Ahora sabemos de un árbol más, el que vemos en la imagen la cual tomé del artículo llamado El paso de Don Miguel Hidalgo por la laguna de Durango, el cual dice: "... Su arribo a tierras duranguenses aconteció el 8 de abril, precisamente en las tierras de San Sebastián, donde el Padre de la Patria fue encadenado a un árbol, que se encuentra en el poblado de Bella Unión, del municipio de Gómez Palacio. Esa noche pernoctaron en el Rancho San Fernando, en la actual Ciudad Lerdo, para avanzar al amanecer del día 9 hacia San Isidro...". Así pues, la relación de Hidalgo con los árboles es intensa en esta historia mitificada, especialmente con los mezquites. 

jueves, 29 de octubre de 2015

El árbol de Hidalgo en la Hacienda de Burras, Guanajuato

  Hace cinco años estábamos en el año del Bicentenario, y fue en ese año cuando hice un recorrido por buena parte de la Ruta de Hidalgo en busca de las estelas Cabeza de Águila que lo marcan. Fue andar del tingo al tango, fue pedir aventones y perderme en los caminos, fue caminar mucho y consultar en libros, revistas, periódicos y preguntar a mucha gente, prácticamente toda la que me encontraba en esos caminos, si sabían en dónde estaba una de esas estelas. La respuesta casi siempre que el tradicional "no sé", la mayoría, por no decir que todos mis entrevistados, no tenían la menor idea de lo que yo buscaba, les explicaba y alguno, ya con la idea más clara me decía si la había visto y así fue, digamos que "hilvanando" la ruta. Aclaro que no la hice religiosamente siguiendo la número 1, 2, 3, 4... etc., sino lo hice a como buenamente lo pude hacer, fue así como llegué hasta San Luis Potosí, luego el recorrido se volvió virtual.

  El ir recorriendo la Ruta y, sobre todo, consultando libros locales, historias regionales, fue que supe de los muchos monumentos "itinerantes" que se le han levantado al Padre de la Patria, digo que itinerantes porque, por alguna extraña razón, cuando el cura no lo era y era niño, anduvo por muchos sitios, creo que desde entonces andaba por los caminos, siendo niño, luego, como sacerdote, igual lo movían, regularmente por su mal comportamiento lo mandaban a lugares lejanos, vg, Colima, Apaseo, San Felipe. luego, montado en su caballo o en diligencia, recorrió la ruta que yo andaba recorriendo, al final, desde Monclova el recorrido se volvió una tortuosa caminata. Y allí es donde viene esa cosa extraña pues ya sea en estatua de bronce que de mármol o de fierro, las mueven, siguen de un lado al otro dentro de la población, eso lo he visto en una buena cantidad de poblaciones. Y ni que decir de sus restos...

  Y algo que era, más que sorprendente, curioso fue lo de topar con los árboles asociados a Miguel Hidalgo y el movimiento de insurrección por él iniciado. El primero está justo a una docena kilómetros de Dolores Hidalgo, en la hacienda de La Erre, en donde se dice que ofició una misa por haber sido el 16 de Septiembre un domingo y él, como presbítero que era, oficiaba religiosamente (en el más estricto sentido de la palabra) todos los domingos. Cosa que es mentira pues se sabe bien que él no oficiaba desde hacía algún tiempo, el administraba la parroquia, y tenía a su teniente de cura para el oficio de la misa, como quiera la imagen de Hidalgo está plagada de fantasías, exageraciones y mitos, este es otro más, lo de las misas y... más aun, misas que se oficiaban al aire libre debajo de un árbol.

  La segunda útopica y ya mítica misa y su respectivo árbol es el que vemos en las imágenes, se trata de un Huizache en la ex Hacienda de Burras, que ahora es la comunidad de San José de Llanos, y se dice que ocurrió la mañana del 28 de Septiembre, antes de la Toma de Granaditas. El siguiente árbol mítico hasta nombre tiene: Palo Bendito y hasta el que era Gobernador del Estado de México en el Bicentenario mandó trasplantar "hijos" de ese árbol en cada cabecera municipal de ese estado, el Palo Bendito se encuentra a un costado de la autopista Polotitlán-Atlacomulco, a la altura de Aculco. Y la razón es que la tradición y no la historia, dice que allí ofició misa antes de la derrota del 7 de Noviembre. Seguirá un árbol más luego de la otra derrota, la de Puente de Calderón y a ese árbol se le conoce con el nombre de El Guamuchil del Cura Hidalgo, ese está en Apozol, Zacatecas. Sigue uno más, en Monclova, es un mezquite y se dice que allí estuvo encadenado don Miguel, y el último está en La Cruz, Chihuahua, es otro mezquite.

  Curioso, me parece curioso que todos esos árboles que han sido emblemáticos y, peor aun, los árboles en general, no les demos el respeto debido... así de complicados somos en este país del que somos ciudadanos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

La historia romántica de José María Morelos y Pavón

   Recuerdo que hace 5 años, en la casi, la dizque euforia que vivimos o, mejor dicho, que debimos haber vivido, en torno a las Celebraciones del Bicentenario, surgieron series de televisión, documentales, libros y, especialmente, una película en los que la idea era bajar de la estatua de bronce y del pedestal de mármol en que se colocó durante las Fiestas del Centenario, a don Miguel Hidalgo y Costilla. Todos esos esfuerzos nos dejaron ver que el cura era un bon vivant, por decir lo menos. Que gustaba de la buena mesa, el buen vino, la buena compañía, las buenas tertulias y la buena cama.

  Producto de todo ello, especialmente del último concepto, fue la descendencia que tuvo. Hubo quien se sorprendió, hubo quien no lo acepto, hubo quien no le hizo mayor mella el saber las liviandades del cura. Todo eso lo que nos hizo ver fue a una persona, una persona de carne y hueso con sentimientos tan nobles y tan mundanos como los de cualquiera. Ahora que estamos en el Año de Morelos vemos que el cura Morelos si bien no entra en el concepto del bon vivant, si entra en el de los sentimientos, pasiones, amores y desamores. Y hay datos.

   En la entrevista que la revista Proceso hizo a la historiadora Guadalupe Jiménez Codinach vamos descubriendo ciertos matices de la vida del Generalísimo: “un hombre humilde con una infancia difícil, pues con su madre y su hermana María fue abandonado por su padre, quien se llevó a su hermano más pequeño, Nicolás. No obstante su abuelo, que fue maestro de escuela, le enseñó a leer, escribir y hacer cuentas. Luego se ordenaría sacerdote por vocación”. La historiadora es entrevistada luego del estreno de la película que sobre Morelos en 2012 y dice: “se centra en banalidades y hasta falsedades como su supuesta rivalidad con Carranco por el amor de Francisca Ortiz”, es aquí en donde comenzamos a explorar la otra faceta del caudillo.

   Sabemos del pasaje en que, cuando Morelos es detenido, quien lo hace es precisamente José Matías Carranco y hay entre ellos un pequeño diálogo, ese que, palabras más, palabras menos dice: “parece que nos conocemos”, acto seguido, Morelos le obsequia su reloj. Carranco era el marido de Francisca Ortiz, ella fue la amante de del Generalísimo Morelos. Y antes que ella, nuestro personaje estuvo –dicen- perdidamente enamorado de Brígida, Brígida Almonte, con quien procreó a Juan Nepomuceno Almonte. Habrá que recordar que en aquellos tiempos los curas eran jueces, jueces eclesiásticos, y tenían a su cargo los registros de bautismos, matrimonios y defunciones, eso que ahora hace el Registro Civil y Morelos manipuló la información a sabiendas que lo de él con Brígida estaba prohibido. El apellido lo alteró, en realidad se llamaba Brígida Montes, y ocurrió que murió al parir, pero Morelos la siguió registrando en los Padrones y Relaciones del Partido como si estuviera viva.

   De su hijo, bien lo sabemos, ya dimos cuenta de ello, lo tuvo siempre junto a él y lo llevó en la primera, segunda y tercera Campaña, fue luego del Sitio de Cuautla que lo envía a Nueva Orleáns, junto al padre Herrera que iba a comprar armas en los Estados Unidos con la consigna de dejar allá, estudiando, a Juan Nepomuceno. El hijo de Brígida Almonte y Morelos nace el 15 de mayo de 1802, doce años después nacerá un segundo hijo del cura, esta vez con Pachita, en Oaxaca, en 1814. Llevará por nombre no el de la madre, mucho menos el del padre, sino el del abuelo: José Ortiz, mismo que es reconocido por Carranco, por lo que la descendencia de don José María Morelos y Pavón, en esta rama llevan por apellidos los de Carranco Ortiz.

   “Y ya que se está en el tema -mujeres, mujeres, mujeres-, el 13 de febrero de 1812, en plena gloria de su carrera militar, apareció en Puebla una señora llamada Ramona Galván y declaró haber tenido un hijo de Morelos el 5 de septiembre de 1808, en Nocupétaro, bautizado con el nombre de José Victoriano; siendo sus padrinos Juan Garrido y María Antonia, la hermana del cura. Según ella, el niño había quedado al cuidado de un cuñado de Antonia llamado José María Flores, residente en Guanajuato.” (1)

  Se dice que el templo de Nocupétaro pueblo contiguo a Carácuaro, en la Tierra Caliente de Michoacán, es un edificio al amor, al amor que le tenía Morelos a Brígida Almonte.

   Me llama la atención esto, gracias a las fotos que Thefinalboss subió, estoy viendo que en Nocupétaro hay un árbol de cuajilote en donde, de acuerdo a la tradición, era el sitio en donde el cura Morelos solía sentarse a descansar. Curioso encontrar otro árbol más, asociado a los héroes de la Independencia. Si el tema te interesa, da clic abajo en la etiqueta árboles.


Fuente:

1.- Herrera Peña, José. Maestro y discípulo. Capítulo X. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, 1995.  Para leer completo el capítulo, entra aquí.

sábado, 14 de mayo de 2011

La Cruz, Chihuahua. Cabeza número 249

Finalmente encontramos una estela de Cabeza de Águila, de las diez y ocho asignadas a este estado. Se localiza en La Cruz, casi a mitad de la parte sur del estado, es decir, considerando que la ciudad de Chihuahua se ubica al centro, de allí hacia el sur, encontramos, justo a la mitad, esta población.

Y es aquí que encontramos algo que, curiosamente, ha estado presente a todo lo largo de la Ruta de Hidalgo: un árbol. En este caso es un mezquite en donde, de acuerdo a la conseja popular, fue el lugar que el Padre de la Patria descansó el 16 de Abril de 1811. Este dato nos conduce a deducir que, lo dicho por el profesor Jiménez de la Rosa no es preciso. Él anota como el tránsito de los aprehendidos en Acatita se realizó del 21 al 23 de abril. Quizá dedujo la fecha considerando que el edicto de don Nemesio Salcedo avisó de la llegada de los rehenes a Chihuahua justo el 21 de Abril, sin embargo, él no tenía una fecha precisa de dicho arribo, consecuentemente hay más credibilidad a que fue el 16 de abril cuando cruzaban por esta parte del actual territorio chihuahuense.


Sin embargo, la duda vuelve a surgir. Se afirma que fue el 23 de abril que entraron, todos los prisioneros a Chihuahua. De La Cruz a Chihuahua hay 85 kilómetros, más o menos; consecuentemente es difícil de creer que tardaron 7 días en llegar a su destino. Todo indica que la noche anterior de la llegada a la capital de la provincia, la pasaron en la Hacienda de Bachimba, por lo tanto el paso del cura Hidalgo por La Cruz y ese descanso mítico que existe en torno a los árboles fue más bien el 22 de abril.


sábado, 19 de marzo de 2011

Álamo de Viesca, Coahuila. Cabeza número 219

Seguimos en la Ruta de Hidalgo, esta vez casi a la par de la fecha histórica, pues hoy 6 de abril de 2011 sería, según algunos autores, el día en que pasarían por Álamo de Viesca. Y es aquí en donde se divide en dos el grupo de rehenes, unos, los sacerdotes y religiosos seguirán rumbo a Durango y los demás, los civiles, rumbo a Chihuahua. La excepción es el cura Hidalgo, pues siendo sacerdote será remitido para su juicio a Chihuahua. Y es por esta desolada zona que encontramos un árbol más que forma parte de esos árboles históricos que entre el mito, la leyenda y la historia, se han ido entretejiendo para decirnos que aquí, también en Viesca el cura Hidalgo descansó debajo de un árbol. Esta relación de los árboles con el cura don Miguel Hidalgo se inicia desde el mismo 16 de septiembre de 1810, cuando, de acuerdo a las narraciones, a tan solo un centenar de metros de la Hacienda de la Erre, debajo de un árbol, un mezquite, en este caso, se ofició una misa. El árbol ha sido preservado y ha resistido incendios, inundaciones y el paso del tiempo. Aparecerá más adelante el llamado Palo Bendito, en las inmediaciones de Aculco, en donde, de acuerdo a la leyenda, se celebró, debajo de un árbol una misa. Por los rumbos de Jalpa, Zacatecas, encontramos la historia del Guamúchil del Cura, donde también, se dice, descansó. El siguiente está en Monclova, en donde se dice fue encadenado Hidalgo luego de la aprehensión en Acatita. Y ahora, en Viesca estamos frente a otro de esos árboles con historia, en donde se relaciona la presencia de Hidalgo en su Ruta por la Libertad. Así lucía el árbol en los años cuarenta, si bien la fotografía no es muy clara, nos remite a la idea de los niños recordando el paso del cura rumbo a su prisión en Chihuahua. En la siguiente fotografía veremos en fecha más reciente, como luce el mismo árbol que guarda esa leyenda. Los sacerdotes y religiosos seguirán hacia Ahuichila, Pozo de Calvo, Paso de Guadalupe, Cuencamé y llegarán a Durango; los civiles seguirán hacia la Hacienda de Hornos, lugar a donde seguiremos mañana las huellas del cura Hidalgo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Monclova, Coahuila. Cabeza número 200


El resultado de la emboscada perpetrada por Ignacio Elizondo fue el asesinato de 40 personas, entre ellas Indalecio Allende y Joaquín Arias; 893 individuos presos de toda denominación, desde el Generalísimo Allende, el ya no Generalísimo pero, el iniciador del movimiento Insurgente, don Miguel Hidalgo y Costilla, Aldama y Jiménez. Varios clérigos también, entre ellos Mariano Balleza, Ignacio Hidalgo y fray Gregorio de la Concepción. Todos fueron trasladados a Monclova para allí determinar el sitio al que se deberían trasladar. Los realistas encargados de la custodia de los rehenes fueron el capitán Pedro Carrasco y el coronel Manuel Salcedo. En la fotografía de 1909 vemos el árbol en donde se dice estuvieron encadenados los jefes Insurgentes.


Otra fotografía histórica de las tomadas por el fotógrafo que acompañaba a don Luis Castillo Ledón en el recorrido que hizo por la Ruta de Hidalgo en 1909, se ve la casa en donde estuvieron presos la primera noche que pasaron en Monclova los Insurgentes. “Los presos fueron conducidos a Monclova, a donde llegaron el 23 de marzo, ante un pueblo expectante, a su entrada, se hicieron salvas con la artillería que se había capturado, entre las vivas de la gente a Fernando VII y un "mueran los traidores" de quienes pedían a gritos sus cabezas. Aquel odio popular lo habían creado las fuerzas realistas, que les hicieron creer, que los insurgentes era gente de Napoleón, concepto fundado en gran parte por los cordones de sus divisas que llevaban sobre sus casacas al más puro estilo francés. En Monclova los jefes fueron puestos en una casa particular arreglada para prisión, y los demás fueron llevados al hospital y encerrados en una estancia reducidísima bajo un clima de incomodidad y suciedad”. (1)


La fotografía del árbol, ya más reciente, en los años setenta del siglo X en donde se ve ya solamente la base del tronco en donde estuvo encadenado don Miguel Hidalgo.



“Relación de los individuos aprehendidos en la derrota que padecieron los insurgentes en el paraje llamado de Bajan, el día 21 de marzo de 1811, por las tropas del rey de la provincia de Coahuila



RELIGIOSOS:



Fray Bernardo Conde, franciscano; fray Gregorio de la Concepción, carmelita; fray Pedro Bustamante, mercedario.



CLÉRIGOS:



Don Miguel Hidalgo, ex-generalísimo; don Mariano Balleza, teniente general; don Francisco Olmedo, don Nicolás Nava, don José María Salcido, don Antonio Ruiz, don Antonio Belan, don Ignacio Hidalgo.


SECULARES:



Don Ignacio José Allende, generalísimo. (Debía ser I. María); don Mariano Jiménez, capitán general; don Juan de Aldama, teniente general; don Manuel Santa María, mariscal; don Mariano Abasolo, mariscal; don Ignacio Camargo, mariscal; don Nicolás Zapata, mariscal; don Francisco Lanzagorta, mariscal; don Vicente Valencia, director de ingenieros; don Manuel Ignacio Solís, intendente de ejército, con 22 de servicio; don Onofre Portugal, brigadier, don Juan Bautista Carrasco ídem; don Juan Ignacio Ramón ídem; don José Santos Villa, coronel; don Manuel Chico, coronel retirado; don Pedro León, mayor de plaza; don Vicente Saldierna, teniente, coronel retirado; don José Miguel Arroyo, don Antonio Álvarez Vega, sargento mayor retirado; don Vicente Acosta, sargento mayor; don Mariano Olivares, teniente coronel; don José María Echais, don Carlos Zepeda, coronel; don José de los Ángeles, teniente; don Mariano Hidalgo, don Valentín Fernández, alférez; don Ignacio Chávez, capitán honorario; don José Antonio Narváez, alférez; licenciado don Ramón Garcés, licenciado don Manuel Garcés, don Antonio Nieva, don Jerónimo Balleza, don Joaquín Jiménez, don Teodoro Chabell, don Francisco Pastor, don José María Canal, don Vicente Frías, don Pedro Taboada, don Juan Echais, don Sebastián Conejo, don Manuel María Lanzagorta, licenciado don José María Chico, don Luis Maulas, Lic. don José María Letona, don Jacobo Amado, teniente coronel; don Luis Malo, coronel; don José María Segura, sargento mayor; don Francisco Mascareñas, coronel; don Luis Lara, teniente coronel.



Monclova 28 de marzo de 1811.— Herrera.— Es copia.— Bernardo Villamil. (2)


La que fuera la prisión el resto de la semana que pasaron en Monclova, según fotografía de 1909.



Fuentes:



1.- Contreras Palacios, Gildardo. Artículo publicado en El Diario de Coahuila “El recorrido que realizó de Baján a Chihuahua. La ruta de Hidalgo después del prendimento.” 13 de julio, 2010.



2.- Juan E. Hernández Dávalos. Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México. Dirección de Virginia Guedea. Alfredo Ávila. No. 216. "Noticia de los prisioneros hechos el 21 de Marzo de 1811 en Cuatic de Bajan" Tomo II. Universidad Nacional Autónoma de México. 2007.



http://www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDII/HYDII216.pdf

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Apozol, Zacatecas. Cabeza número 145

Seguramente notaste el brinco que dimos en el conteo de las estelas de Cabeza de Águila que llevamos en este espacio. En Tebaida, Jalisco, anotamos que esa, en caso de existir, sería la Cabeza número 136, de allí dimos un salto hasta la 142 que existe en Juchipila, Zacatecas; nos quedan 5 por encontrar entre la una y la otra y, en su caso, documentar. Estas serían las de:

137 Palmarejo, Zacatecas.

138 Atecajete, Zacatecas.

139 Santa Rosa, Zacatecas.

140 Mezquitre, Zacatecas

141 Moyahua, Zacatecas


De todas ellas, sí tu que lees esto sabes de su existencia y tienes la oportunidad de enviarme una fotografía, te lo agradeceré grandemente. De la Cabeza siguiente, la que se encuentra en Juchipila, ayer dimos cuenta, sigamos con la ruta:


Sábado 19 de enero de 1811. "Al amanecer de este día después de oir misa al pie de "un guamúchil" que la tradición ha bautizado con el nombre de El Guamúchil del Cura, oficiando según versión del padre Calvillo, que por ser gran conocedor de la región, guía a la agobiada cravana con dirección a Jalpa, arribando por la mañana, descansa en la casa No. 1 de la hoy calle de Hidalgo, propiedad que perteneció hace años a don Vicente Ornelas. Aquí arenga al pueblo que se congregó al tener conocimiento de su llegada, cuya información la proporcionó por tradición don José María Flores, curandero y médico que fue del maltrecho grupo de insurgentes, bisabuelo de don Teódulo Flores que vive actualmente en Aguascalientes.


Testimonios vivientes de tal tradición, también lo son el señor Ángel Nieves Muñóz, Presidente Municipal de Jalpa y su diligente secretario, Élfego Romero Medina. El propio día 19 de enero de 1811, al medio día continúa su recorrido con dirección al estado de Aguascalientes, adentrándose por Calvillo. (Topete del Valle afirma que llegó a la media noche)". (1)



Llama la atención encontrar un árbol más en la Ruta de Hidalgo, el primero lo encontramos en la Hacienda de la Erre, luego de su salida de Dolores; más adelante, según la tradición, después de la derrota de Aculco, en el llamado "Palo Bendito" y ahora en éste que llaman "El guamúchil del cura". Sabemos bien, que el cura Hidalgo no ofició misa alguna a lo largo de la ruta, y vemos una ligera discrepancia. El 19 de enero fue un sábado y, en ese entonces, la única misa autorizada era la del domingo; amén de las que diariamente se oficiaban, pero creo, que en este caso, no aplica. Veremos que logramos encontrar al recorrer el estado de Aguascalientes.



Fuentes:


1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960

viernes, 6 de agosto de 2010

Palo Bendito, municipio de Aculco, Estado de México. Cabeza número 84

El Juez de Paz de Aculco, Manuel Perfecto Chávez, encargado de dar sepultura a los caídos y recoger a los heridos, informó a sus superiores que “el número de muertos que hubo en la batalla de este campo de Aculco, inclusive los de Arroyozarco, son ochenta y cinco y nada más; los heridos fueron cincuenta y tres; de estos han muerto diez; ... Remito al Sr. Teniente Coronel cuatro fusiles, cuatro pedreros y una bandera, todo lo cual se halló en el monte por la gente á mis expensas determiné saliese a registrarlo.”


Además de lo enviado por Chávez, Calleja capturó en Aculco, entre muchas otras cosas, doce cañones, dos carros de municiones, 120 cajones de pólvora, 40 cartuchos de bala y metralla, tres cajones de municiones, 50 balas de cañón, 10 racimos de metralla, 10 tambores, un carro de víveres, 1250 reses, 1600 carneros, 200 caballos y mulas, 16 coches, 13,550 pesos y 7 banderas más, entre las que pudo hallarse el estandarte de Hidalgo, pues dos de ellas representaban a la Virgen de Guadalupe. Días más tarde, el cura de Aculco remitió al brigadier José de la Cruz otras armas que recogió y las autoridades del pueblo entregaron también tres cajas de pólvora quitadas a los insurgentes. El pueblo fue enseguida saqueado por los realistas, quienes “sin ninguna caridad ni consideración, verificaron un saqueo general, barriendo con alhajas, ropa de uso y todo género de muebles, quedando este vecindario en la más deplorable indigencia y miseria”, según aseguran las Actas de Cabildo.


Los realistas tomaron más de veinte prisioneros que habían pertenecido a las armas reales, destinados por traidores a la pena capital. Empero, Calleja ordenó que fueran quintados, por lo que sólo a cuatro se les condenó a morir arcabuceados una semana más tarde en San Juan del Río. A última hora fue perdonado también Pablo Armenta, del Regimiento de Pátzcuaro, por lo que sólo tres de los prisioneros fueron ajusticiados en ese pueblo y sepultados en la Iglesia de la Tercera Orden de San Francisco. Así, los muertos a consecuencia de este enfrentamiento en ambos bandos no llegaron al centenar, cifra mínima si consideramos que hubo unos 50,000 hombres en batalla. Esto ha servido a algunos historiadores para apoyar la tesis de que la Batalla de Aculco fue sólo una escaramuza planeada por los insurgentes para escapar de Calleja, lo que no se sostiene si tomamos en cuenta el gran botín que les fue arrebatado, pero sobre todo que aquel primer ejército insurgente quedó disperso y que es muy probable que al rehacerse en Guadalajara estuviera formado en su mayoría por personas distintas a las que sufrieron la derrota en este lugar.


En las inmediaciones del casco de la hacienda de Cofradía se construyó en 1960 la siguiente de las estelas del “águila tendida” en territorio de Aculco. Muy bien ubicada pues se halla precisamente en lo que fue el campo de batalla.


Después de la batalla, Allende enfiló hacia el sur, en dirección a San Felipe del Obraje. El itinerario de Hidalgo es más confuso, pues la lista de poblaciones por las que afirman algunos historiadores que pasó en su huida - Villa del Carbón, la Sierra de Ñadó, San Pablo, Arroyozarco, Amealco, La Torre, Molino de Caballeros, Santa Margarita, Salitrillo y la Hacienda de Juan Martín, para arribar el 9 de noviembre a la ciudad de Celaya- habla de un recorrido demasiado extraño: habría tenido que dirigirse unos cuarenta kilómetros hacia el sureste, en dirección a la ciudad de México, para después regresar casi exactamente al punto de partida, continuar por la sierra hacia el noroeste, retornar prácticamente al campo de batalla, retroceder de nueva cuenta hacia el noroeste, dirigirse luego al sur, después al poniente y finalmente hacia el noroeste.


Nosotros creemos que el itinerario tiene errores o que está por lo menos desordenado, ya que un viaje así le habría tomado muchos más días que los dos que parece haber durado; también creemos poco probable su retirada hasta Villa del Carbón y el itinerario más verosímil, a nuestro saber, habría sido de Aculco, por la sierra de Ñadó, al rancho de San Pablo, de ahí a Amealco y hacienda de La Torre para entrar entonces por Molino de Caballeros a la Intendencia de Michoacán y dirigirse de ese punto hacia Celaya.


Una de ellas se encuentra casi junto al antiguo árbol conocido como el “Palo Bendito”. Según la tradición, en este punto Hidalgo se detuvo en su huída para celebrar una misa bajo las ramas del añoso encino (que según los estudios de Probosque tiene ahora 325 años). Además de no coincidir su ubicación con la ruta más factible, resulta también improbable por el momento, ya que difícilmente habría tomado un descanso a unos cuantos kilómetros del sitio de la batalla y menos para celebrar una de aquellas misas en latín que duraban dos horas. Y, finalmente, aunque la tradición de las misas celebradas en distintos lugares por Hidalgo durante su campaña es muy frecuente (en la misma hacienda de Cofradía existe por ejemplo una piedra empotrada en la capilla con la leyenda “aquí celebrando misa” que fue arrancada de las inmediaciones del Salto y supuestamente habría servido para celebrar el santo sacrificio previo a la batalla), durante el juicio que se le Hidalgo aseguró no haber celebrado ninguna de ellas por “por considerarse inhábil para ello” ya que había asumido un mando militar incompatible con el carácter sacerdotal. Las misas eran celebradas por los numerosos capellanes que acompañaban al ejército.


Verosímil o no, el caso es que este es uno de los sitios más identificados por los aculquenses con la presencia de Miguel Hidalgo. Es más, las autoridades estatales iniciaron en 2007 su rescate ya que el viento lo tiró sobre un costado, recolectaron semillas para asegurar su reproducción y hace apenas unos días comenzaron a plantar los retoños en todos los municipios del estado, aunque refiriéndose a él en las ceremonias como el “Árbol bendito”, quizá por temor al albur. En fin, el encino de Aculco bien merece tan solo por su edad tanto cuidado y atención.


Todo este interesantísimo relato ha sido escrito por el señor Javier Lara Bayón, indudable es que si sabemos ahora más sobre lo acontecido en esta parte de México en los días 5, 6, 7 y 8 de noviembre de 1810, ha sido gracias a él. Agradecemos en mucho su colaboración.


Fuentes:


Respuesta a un cuestionario sobre estadística, 1820. Secc. Estadística. Caja 1. Exp. 1. Archivo Histórico Municipal de Aculco (AHMA).


Suárez Argüello, Clara Elena. Camino Real y Carrera Larga: la arriería en la Nueva España durante el siglo XVIII. México, 1997. CIESAS.


Respuesta a un cuestionario sobre estadística, 1820. Secc. Estadística. Caja 1. Exp. 1. AHMA.


Cavo, Andrés. Suplemento a la historia de los tres siglos de México, durante el gobierno español. México, 1836. Imprenta de la Testamentaría de D. Alejandro Valdés. Tomo III.


Guerra, José. Historia de la Revolución de Nueva España. Londres, 1813. Imprenta de Guillermo Glindon.


Lastra, Yolanda. Los otomíes: su lengua e Historia. México, 2006. IIA UNAM.


Bustamante, Carlos María de. Campañas del general D. Felix María Calleja. México, 1828. Imprenta del Águila. Pág. 19


Comunicación del Ayuntamiento de Aculco a su superioridad. Aculco, 25 de mayo de 1825. Actas de Cabildo. Exp. 1. AHMA


Hernández y Dávalos, Juan E. Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia. Versión electrónica. México, 2007, Universidad Nacional Autónoma de México.


Alamán, Lucas. Historia de Méjico, desde los primeros movimientos que prepararon so independencia en el año de 1808 hasta la época presente. Tomo III. México, 1849-1850. Imprenta de J.M. Lara.


Bustamante, Carlos María de. Cuadro histórico de la Revolución Mexicana. México, 1961. Comisión Nacional para la Celebración del Sesquicentenario de la Proclamación de la Independencia Nacional y del Cincuentenario de la Revolución Mexicana. Tomo I.


AGN. Operaciones de Guerra. Vol. 141. Exp. 42. F. 76-78.


García, Pedro. Con el cura Hidalgo en la Guerra de Independencia. México, 2002. H. Congreso de La Unión.


“Relación que hizo al virrey Venegas el coronel D. Diego García Conde, de todos los sucesos ocurridos en el ejército de Hidalgo desde el día 7 de octubre...” en Alamán Lucas. Historia de Méjico… Tomo I. Apéndice.


Sotelo, Pedro José. “Memoria del último de los primeros soldados de la independencia” (1874) en Hernández y Dávalos, Juan E. Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. Tomo II. Núm 178. México, 2007. UNAM. Edición electrónica.



viernes, 7 de mayo de 2010

Hacienda de la Erré, Municipio de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Cabeza número 2

Así lucía la hacienda de La Erre en 1909 cuando el historiador Luis Castillo Ledón realizó un recorrido por la Ruta de Hidalgo.

Dar con la Cabeza de Águila en la Hacienda de la Erré, es la cosa más sencilla, se ubica en una planicie, entre las ruinas de la hacienda y el templo que sigue en función y solo abre en domingos y festividades, poco más adelante está el rancho de la Erré. Impresionante llegar allí, luego de caminar varios kilómetros en ese altiplano que se forma en la Sierra, lleno de vegetación propia de las zonas semiáridas.


En el lugar no hay otra cosa, estás tú y la presencia del águila y su letrero que nos dice LIBERTAD. Palabra sencilla, conocida, aparentemente entendida y ejecutada. Y es entonces que pensamos en lo que allí hubo hace más de doscientos años, casi cuatrocientos; uno de los negocios más ricos de la Nueva España, era cuando, efectivamente, se “amarraban los perros con longaniza”, pues los territorios eran vastos, la población escasa y el acaparamiento de riqueza quizá, tan solo quizá, un poco más notorio que en la actualidad.


¿Qué habrá sentido, pensado el cura Hidalgo en ese lugar? Creo que estaba en un estado de tensión elevado. Cuando llamó a misa, que creo no fue el quien lo hizo propiamente pues la presencia del campanero era imprescindible, si nos ubicamos en la época, una Parroquia, con un cura como lo era don Miguel, seguramente habrá tenido personal a su servicio, así pues, se llamó a misa a las 5:30 para comenzar el oficio a las 6, según marcaba la tradición, pero algo había en el pueblo y eso era que el día anterior se había celebrado el festejo de Nuestra Señora de los Dolores, instituido ya para recordar los siete dolores de la Virgen María, así que, quizá no hubo kermés, pero de que el día anterior hubo celebración distinta, sí que la hubo.


Aldama llegó a las dos de la mañana, fueron a las cuatro o cinco a abrir las puertas de la cárcel, a las seis se arengó a la población y a las diez salieron rumbo a la hacienda de La Erré. Dos horas de cabalgata y unas cuantas de espera; la noticia ya se había dado, gente de la población de San Felipe Torresmochas ya venía en camino para unírsele. Era menester esperar, así que, descansando bajo este mezquite, reflexionando a profundidad, seguramente, respirando el aire fresco de un día de mitad de septiembre, siendo domingo, era necesario encomendarse al Altísimo.


Si desde el día anterior no había habido descanso, no había habido tiempo para el Santo oficio, don Miguel Hidalgo se dispuso a hacerlo aquí precisamente. Curioso es, seguir sus pasos y ver que hay árboles que se han vuelto emblemáticos hacia la figura del Padre de la Patria. En Dolores hay, aunque ese no lo vio Hidalgo, hay un ahuehuete, que es el hijo del “árbol de la noche triste”, y aquí tenemos un mezquite. Será bueno sentarnos y reflexionar, así como él, hace ya doscientos años lo hizo.


“Este mezquite centenario creció a la vera del camino de herradura conocido desde 1560 como El Camino de la Plata, entre México y Zacatecas, donde muy cerca de él los Mariscales de Castilla, dueños de la hacienda, habían construido trojes y corrales. Imponente de los templos, la comba del cielo azul de esta comarca. Quitó de su pecho el viejo crucifijo que recibió cuando obtuvo las órdenes de su presbiteriano y colocándolo en el tronco del mezquite, a la vista del ejército ya congregado, comenzó la misa.


Este mezquite ha sobrevivido inundaciones, incendios, talas, hasta un rayo que lo resquebrajó, razón del raro tendido de sus ramas que al ras del suelo han hecho raíces.


Aquí está como testimonio del Padre de la Patria y de su jornada libertaria. Septiembre de 2006”.


De la Hacienda de la Erré no queda mucho, mejor dicho, no queda nada, toda está en ruinas, algunos muros sobreviven, se intuye el lugar que fuera el patio central, los abrevaderos, se ven algunas mojoneras, hay una troje con los techos derrumbados. La maleza ha invadido toda la zona. Se alcanzan a distinguir los arcos que fueron en su momento el acueducto. La hacienda produjo mucho, era uno de los latifundios más grandes del siglo XIV en la Nueva España, ahora es solo un bello recuerdo.


Concluida la misa, reunido el naciente Ejército Insurgente, adheridos ya los vecinos de las haciendas cercanas, don Miguel Hidalgo comió, no se si esta habitación que vemos, la única que se puede considerar en pie con sus cuatro muros y al filo de las 2 de la tarde se dio la orden.


“El 16 de septiembre de 1810, llegó a medio día el Sr. Cura D. Miguel Hidalgo y Costilla, a esta Hacienda de la Erré y comió en la sala de la casa. Terminada la comida y después de haber formado el primer Estado Mayor del Ejército Insurgente, dio la orden de marchar rumbo a Atotonilco y al hacerlo dijo:


Adelante Señores, vámonos, ya se le ha puesto el cascabel al gato, falta ver quienes son los que sobramos.


Septiembre 17 de 1964. Placa donada por el Sr. Felipe Vásquez, siendo presidente Municipal José Azanza Jiménez”.


Para ver algo de la historia de la Hacienda de la Erré, entra aquí:


http://vamonosalbable.blogspot.com/2010/02/senores-ya-le-hemos-puesto-el-cascabel.html


Si quieres saber como llegar a la Hacienda de la Erré, entra aquí:


http://vamonosalbable.blogspot.com/2010/02/y-como-llegamos-la-erre.html