viernes, 16 de julio de 2010

La Marquesa, municipio de Ocoyoacac, Estado de México. Cabeza número 68

Aquí estamos de nuevo ante el mismo problema que ya te comenté, sobre la pérdida de 50 fotografías en un Internet de Temascalcingo, dentro de ellas están las de la Cabeza de Águila número 61 que se levanta en La Marquesa, justo afuera de una escuela primaria y debajo de lo que es el puente de la carretera libre México-Toluca. Como quiera, doy fe de que si existe esta Cabeza de Águila.


Para quienes vivimos lejos de esa zona asociamos La Marquesa con un lugar de bosque donde hace mucho frío e incluso llega a nevar en algunos días durante el invierno, que allí hay un parque y nada más. Creo es importante saber, en primer lugar que este sito guarda mucha historia, además de estar justo en el Monte de las Cruces, la primera pregunta que se nos viene a la cabeza es ¿por qué el nombre de La Marquesa?


En este interesante mapa que se reproduce como era la zona de los valles y de los lagos del Anahuac, en el siglo XVI, vemos el lago de Tezcoco completo, al norte el de Xaltocan, al sur Xochimilco y Chalco y al este se ve claramente lo que era el lago que formaba el manantial del ahora río Lerma, entre éste y el pueblo de San Ángel se ve la Sierra de las Cruces, lugar donde se enclava La Marquesa.


“Pasada la conquista la zona es otorgada a Hernán Cortés como parte del Marquesado del Valle de Oaxaca hasta que desaparece el Marquesado con la independencia de México. Mientras en 1532 en los llanos de Salazar, Cortés otorga a Juana de Zúñiga la dispensa para fundar una hacienda a la que se nombra de dos maneras en los textos antiguos, La Marquesa o Las Cruces, por la importancia del camino entre la ciudad de México y Toluca se manda abrir el camino real hacia 1573, el cual es el primer camino de peaje del país, y cuya caseta en el valle de México se encontraba en el Contadero de Cuajimalpa y en el Valle de Toluca en el pueblo de Lerma. Este mismo camino fue reparado entre 1793 y 1795 por el ingeniero militar Manuel Agustín Mascaró, el escultor Manuel Tolsá y Sarrión diseña para estas obras el obelisco del monte de Las Cruces que serviría para marcar el límite entre la las demarcaciones de Coyoacán y Lerma”. (1)


Así pues, ahora sabemos el motivo del nombre de La Marquesa, asociado a Juana de Zúñiga Ramírez de Arellano, primera esposa de Cortés, quién, por cierto, tuvo seis. La familia de ella al casarse otorgó a Cortés la cantidad de 10mil ducados como dote, suma que Cortés utilizó en sus avanzadas para añadir más descubrimientos en la Nueva España, acto que no olvidó pues al redactar su testamento en el punto número 4 especifica el devolverle dicha cantidad . Juana de Zúñiga, dentro de las historias rosa que también existen en la propia historia de México tiene una:


“En este marco, en 1532 cuando el conquistador Hernán Cortés tenía poco tiempo de haber sido nombrado Marqués del Valle de Oaxaca, en compañía de la Marquesa del Valle Doña Juana de Zúñiga Ramírez de Arellano quienes se trasladaban del Palacio de Cortés ubicado en la ciudad de Cuernavaca hacia Toluca por el camino real México - Toluca, en el puerto alto de los montes que separaban los valles de Toluca y México detuvieron su marcha porque les llamó la atención la gran cantidad de montículos de tierra que cubrían restos mortuorios de la gente que había muerto en esos sitios por manos de los asaltantes que robaban en la angostura del mencionado camino. Enterado el conquistador del contenido que guardaban los montículos, ordenó se les colocara una cruz sobre cada tumba, de ahí el nombre de Monte de las Cruces. En este sitio después de un breve descanso los marqueses prosiguieron su marcha, y al llegar a los llanos de Salazar, Doña Juana de Zúñiga quedó prendada por la exuberante vegetación y la belleza natural de los paisajes; al ver esto, solicitó a su esposo se detuvieran a tomar un descanso bajo la sombra de un oyamel, el marqués se percató que su esposa estaba encantada como si estuviera en un paraíso terrenal; Don Hernán preguntó a la marquesa si desearía una finca rústica de verano en ese sitio a lo que ella respondió que sí. Su petición fue concedida y ahí se construyó La Hacienda del Monte de las Cruces posteriormente conocida como Hacienda de la Marquesa por ser ella quien más la visitaba durante sus viajes a Toluca”. (2)

Pero la intención de esta página no es la novela o la historia rosa, sino seguir a don Miguel Hidalgo en su ruta que tiempo después condujo a la libertad de México, estamos en el segundo día crucial, luego de la toma de Granaditas, el recuerdo de las atrocidades sucedidas apenas hace un mes seguramente estaba vigente y “el 30 de octubre de 1810 en los llanos La Marquesa, frente a una fábrica de aguardiente se llevo a cabo la Batalla del Monte de las Cruces entre las huestes insurgentes y las fuerzas Realistas del general Torcuato Trujillo…” (3)



“Entretanto, las fuerzas de Hidalgo se hacían presentes en Lerma e iniciaban su avance para entretener a los realistas. Trujillo hizo salir al Capitán de Regimiento Provincial de Tres Villas, Pedro Pino, con su compañía que los ahuyentó, matando a algunos y haciéndoles prisioneros. Luego, el Capitán de Dragones de España, Francisco Bringas, también los hizo retroceder y atrapó a algunos. Pero al saber Trujillo del paso de los Insurgentes por San Mateo, ordenó a las dos compañías provinciales de México, que iban a reforzarlo, retroceder al Monte de las Cruces para cubrir su retirada. Comenzaron los Realistas a desalojar la villa de Lerma, quedándose en la vanguardia el Sargento Mayor José Mendívil con uno de los batallones de Tres Villas. Trujillo, a marcha rápida, llegó a las 4 pm al sitio de la marquesa; luego comenzaron a llegar las fuerzas de Mendívil y de Francisco Bringas, dejando en Lerma al capitán Pedro Pino con una veintena de hombres que abandonaron su puesto ya bien entrada la noche”. (3)


Fuentes:


1.-Wikipedia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Nacional_Insurgente_Miguel_Hidalgo_y_Costilla


2.- Sitio electrónico local de La Marquesa

http://www.paginasprodigy.com.mx/carlosclr100/


3.- Wikipedia.


4.- Contreras Esquivel, Otoniel. Miguel Hidalgo y los Insurgentes en Cuajimalpa, 1810. Edición del autor. México, 2009.

El traslado de la Virgen de los Remedios a la Catedral Metropolitana, 29 de octubre de 1810

“En la expedición de conquista que partió de cuba al mando de Hernán Cortés, venía un soldado llamado Juan Rodríguez Villafeurte; traía consigo una imagen de la Virgen María, advocada en Nuestra Señora de los Remedios, una copia de la existente en España, en las provincias vascongadas de Tolosa, que mide apenas 27 centímetros de altura, sosteniendo al niño en el brazo izquierdo.


Cuando llegaron a las playas de Veracruz, fue colocada en un improvisado altar donde se efectuó el 21 de abril de 1519, la primera misa en tierras mexicanas ofreciendo el mercedario fray Bartolomé de Olmedo.


Después del desastre sufrido por los españoles en el lugar conocido por el de la “noche triste”, en su huída y ante el pánico de la derrota, la imagen de la virgen maría fue abandonada entre unos magueyes, en un terreno llamado Atancapulco perteneciente a las lomas de Coajimalpa, ahora conocido por Los Remedios.


Los llanos de Coajimalpa, lugar donde se levanta la Ermita a la Virgen de los Remedios (al fondo)


En 1540 fue descubierta por el cacique indio Juan Aguilatabar a quien se le apareció la madre de Dios, conduciendo su imagen a una ermita, donde hoy se levanta su santuario.


En los años de 1576 y 1577 cuando la Nueva España fue asolada por la peste, fue traída su imagen a la Catedral Metropolitana, siendo recibida con gran suntuosidad por las órdenes religiosas, el cabildo y actos dignatarios. Habiendo hecho su recorrido por las calles de Tacaba, por los mismos lugares que hacía cincuenta y cinco años había cruzado durante la jornada de la derrota de los conquistadores el 30 de junio de 1520”. (1)


Un pasaje que se vuelve interesante es el relacionado a lo que la gente, los civiles de la ciudad de México sentían en ese momento, sabedores que el numerosísimo contingente encabezado por don Miguel Hidalgo se encontraba ya en las proximidades de la capital de


El día 30 de octubre de 1810, mientras en Monte de las Cruces a pocas leguas de distancia de la ciudad de México se libraba la batalla entre la tropa Insurgente y el ejército Realista, el miedo seguía cundiendo en la ciudad. Aparecían en escena un grupo de mujeres que, formando parte de las encumbradas familias españolas y algunas criollas, desde su óptica trataban de defender sus intereses, y, como la Religión era un tema de suma importancia, ellas, hacían defensa a la misma. Nos referimos a Las Patriotas Marianas.


“El caso de las Patriotas Marianas, otro ejemplo de iniciativa femenina, muestra como las actividades relacionas con la guerra empezaron a modificar el comportamiento político de las mujeres. Este grupo Realista, que es la primera organización femenina secular conocida en la ciudad de México fue fundado por doña Ana Iraeta de Mier, viuda de un oidor, cuando los rebeldes de Hidalgo rodearon la capital en octubre de 1810.


Su propósito inicial era proteger la Virgen de los Remedios, patrona del ejército realista. Mientras la ciudad era presa del pánico ante los insurgentes, esa asociación de damas guardaba la imagen de la Virgen en la Catedral y las cosía en las banderas del ejército, para contrarrestar los estandartes de la Virgen de Guadalupe que llevaban los Insurgentes.


Las Patriotas colaboraron con la propaganda española publicando panfletos en que proclamaban su lealtad a España y Fernando VII. Además de esas actividades destinadas principalmente a elevar la moral, recolectaron fondos, destinando pare de ellos a ayudar a las familias necesitadas de soldados realistas, contratando a sus mujeres para que ayudaran a guardar la estatua de la Virgen de la Catedral.


Este grupo, sumamente visible en la ciudad de México, en su apogeo incluía supuestamente a alrededor de 2500 mujeres. Las Patriotas Marianas no se desbandaron de inmediato después de la derrota de los realistas en el Monte de las Cruces: un año más tarde, en 1811, dona Ana pidió formalmente al cabildo que conmemorara la batalla, y la organización continuó activa durante los años siguientes”. (3)


Al leer en las Cartas de Bustamante (Carlos María de Bustamante) sobre este episodio, el nos remite a la “aparición milagrosa” que tuvieron los españoles en el ya mítico enfrentamiento con los Aztecas, conocido como Noche Triste: “Aparecióse nuestra Señora de los Remedios; pero no por los aires como cuentan las leyendas de ahora tres siglos, echando tierra a los indios mexicanos en los ojos, sino en coche y en manos del padre capellán de su santuario”.


Púsosele a este bendito eclesiástico en la cabeza que el cura Hidalgo pudiera venir a tomarse aquel simulacro de María Santísima, y con él sus alhajas, y así es que emprendió trasladarlo muy luego a esta catedral, librándolo de unas manos sacrílegas. Cuatro meses antes se había trasladado la imagen a su santuario, después de haber visitado todos los monasterios de México mientras se componía la torre de su templo, destruida por un rayo; había recibido los más justos homenajes de nuestros corazones y dejado una impresión profunda en ellos. México se enloqueció religiosamente en aquellos días (si puedo usar de estas expresiones) y todos vimos aquellas demostraciones desde un punto de vista que nos hacía temer mucho en lo futuro.


Pisábamos sobre un suelo volcanizado, conocíamos el ferocísimo carácter de nuestros enemigos, y cada uno vaticinaba una serie de desgracias. Por semejantes motivos, la llegada de nuestra Señora de los Remedios se tuvo por un agüero feliz de su protección contra los insurgentes. Tomó cuerpo esta patraña cuando el público supo que Venegas, en secreto y en compañía de varias personas, pasó a la catedral, le hizo un razonamiento devoto, puso a sus pies el bastón y le dijo que ella gobernase y le dirigiese en sus operaciones.


Esta artimaña obró su efecto en muchos, menos en los que le conocían a fondo, los cuales se rieron y compadecieron a una nación que semejaba a los antiguos pueblos, capitaneados por un Sila (Lucio Cornelio Sila) que consultaba sus operaciones con una estatuita de Minerva , o con un Sertorius (Quinto Sertorio) que oía los oráculos de la boca de una cervatilla blanca... ¡Venegas a los pies de María Santísima de los Remedios, implorando el mejor modo de asesinar a un pueblo que trataba de romper las cadenas de su ominosa servidumbre! ... ¡J a, ja, ja! ¡Este espectáculo hizo reír sin duda al mismo Satanás y compañía diablesca! (4)


Al leer este pie de nota del maestro Dionisio Victoria Moreno, reflexionamos mucho sobre el tema de las advocaciones marianas: “Es sabida la devoción que profesaban los españoles ala Virgen de los Remedios, a quien pedían los protegiera de los insurgentes que se acercaban a México protegidos por la Virgen de Guadalupe, como si estas imágenes no representaran a la misma persona.” (5)


“Jueves 3 de julio de 1823 (lluvioso).


Hoy se retira Nuestra Señora de los Remedios de la Iglesia catedral, a su Santuario. Ha permanecido en esta iglesia el espacio de trece años, menos tres meses, pues se la trajo a México la tarde del ataque del Monte de las Cruces, ocurrido el 29 de octubre de 1810. Como la mucha comunicación es causa de menosprecio, el que hacían de esta imagen los mexicanos era casi escandaloso en estos últimos tiempos. También la Virgen ha padecido en sus alhajas, pues en su santuario le han robado entre otras cosas preciosas, un diamante de extraordinaria magnitud que tenía en la corona, en la parte superior…” (6)


Una interesante conclusión a este caso la encontramos con el maestro Otoniel Contreras: “Así que en los siguientes días, para la gente que se evidenció que la guerra de independencia adquiría una mayor dimensión, y no solo era una lucha en el plano terrenal, sino en el divino, porque los Insurgentes de Hidalgo traían como su bandera la imagen de la Virgen de Guadalupe; y los españoles tomaron como su protectora a la virgen de los Remedios. Así que dice Alamán “vino a levantarse bandera contra bandera y altar contra altar”. O como dice Zavala “una especie de guerra de los dioses” mejor dicho vírgenes”. (7)


Fuentes:


1.- Casasola, Gustavo. 6 siglos de historia gráfica de México, 1325-1976. Editorial Gustavo Casasola. México, 1978.


2.- Bustamante, Carlos María. Hidalgo, las primeras siete cartas del Cuadro histórico de la revolución mexicana. Tercera Carta. Biblioteca Virtual Antorcha.


3.- Arrom, Silvia Mariana. Las mujeres de la ciudad de México 1790-1857. Editorial Siglo XXI. México, 1988


Mucha de la información de Arrom está basada en la tesis doctoral de Janet Kentner de la Loyola University titulada “The socio political role of women in the Mexican wars of Independence. 1975.


4.- Bustamante, Carlos María. Hidalgo, las primeras siete cartas del Cuadro histórico de la revolución mexicana. Carta Cuarta. Biblioteca Virtual Antorcha.

www.antorcha.net


5.- Victoria Moreno, Dionisio. La guerra de Independencia en el Estado de México. Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Toluca, 2007.


6.- Bustamante, Carlos María. Diario Histórico de México. T.I. INAH. México 1981. Citado por Victoria Moreno.


7.- Contreras Esquivel, Otoniel. Miguel Hidalgo y los Insurgentes en Cuajimalpa 1810. Edición del Autor. México, 2009.


Sobre el tema, habíamos ya publicado un artículo, lo puedes ver aquí:


http://cabezasdeaguila.blogspot.com/2010/04/virgen-de-guadalupe-vs-virgen-de-los.html



Llanos de Salazar, Municipio de Lerma. Cabeza número 67



Estamos ya en lo que propiamente es la zona donde se desarrolló la Batalla del Monte de las Cruces, la Cabeza de Águila que marca el paso de la Ruta de Hidalgo está prácticamente escondida junto a una pista de cuadrimotores, esos nuevos vehículos que son ahora la diversión de muchos, pues, sí, en efecto, el lugar donde se librara esta que bien pudo haber sido la batalla decisiva y que la guerra de Independencia se hubiera reducido de los 11 años que duró a 45 días, fecha marcada con el 30 de octubre, día en que el ejército Insurgente estaba ya acantonado en los Llanos de Salazar.



Esa tarde y noche los Insurgentes lentamente fueron agrupándose en el llano de Salazar. En tan solo mes y medio de iniciada la lucha los dos ejércitos se colocaron uno frente al otro. 80 mil rebeldes contra casi 4 mil realistas. Ambos pasaron la noche iluminados con fogatas, comieron y descansaron. Del lado independentista realizaron misas y se animaban entonando canciones religiosas alrededor de la luminarias. En tanto, los dirigentes de uno y otro bando debieron reorganizar sus fuerzas y prepararse lo mejor posible para la inevitable lucha que se avecinaba.




Geográficamente, el lugar es un área montañosa cubierta de pinos, surcada por algunas cañadas, con dos amplias planicies despobladas de árboles: una llamada La Marquesa con una hacienda y un caserío y la de Salazar con una pendiente más suave. El Camino Real a Toluca subía de Lerma para llega a esa llanura mejor conocida como La Marquesa-Salazar –situada sobre los 3mil metros-; allí convergían otros caminos de los pueblos vecinos. El terreno continuaba por los pinares de las faldas del cerro de la Marquesa, hasta llegar a una curva y una pendiente, para subir a otro sitio desarbolado que es parte del cerro de San Miguel. Este pequeño llano en la cima es reconocido como el de las Cruces –situado a 3,300 metros- siendo la mayor altura del camino. De allí, comienza el descenso de la vía para la ciudad de México. Precisamente uno de los encargados de esa obra, del trazo del camino Real a Toluca en 1793, fue el Teniente Realista Diego García Conde que en esos momentos era prisionero de las fuerzas Insurgentes.



Entre tanto, las filas insurgentes situadas en el llano de Salazar; con el amanecer los capellanes y seguramente el cura Miguel Hidalgo celebraban misa, como era común. Una vez concluidas inició la primera ofensiva que fue a las 8 am, y consistió en el avance de los casi 40mil indígenas por el Camino Real, movidos más por las ansias que por la dirección de los caudillos”. (1)



Fuentes:


1.- Contreras Esquivel, Otoniel. Miguel Hidalgo y los Insurgentes en Cuajimalpa 1810. Colección Cuajimalpa ayer y hoy. México, 2008.



El Camino Real de México a Toluca.


Los llanos de Salazar era más o menos la mita de esta ruta, seguramente fue punto de descanso, hay un artículo muy interesante que nos da la historia de cómo fue construido, si te interesa, lo puedes encontrar aquí:


http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-123.htm



Xalatlaco y Ocoyoacac, Estado de México. Cabezas 65 y 66

Estela de Cabeza de Águila de la Ruta de Hidalgo 1810-1811, en Xalatlaco, Estado de México.


-->
Antigua hacienda de Xalatlaco, fotografía de los primeros años del siglo XX.


De la existencia de este par de Cabezas de Águila me consta, pues ambas las vi. En Xalatlaco está en una explanada alta pues el pueblo se levanta en una colina, está frente a un templo, luego la explanada y después otro templo, la Parroquia, solo que, lamentablemente soy muy confiado y al llevar la cámara con la memoria totalmente usada para que me grabaran, “quemar” como ahora se dice, las fotografías que iba haciendo en un café Internet, de esos cafés en donde no hay café pero si computadoras y resultó que la persona que trató de “quemarlas” hizo precisamente eso: tratar. 50 de ellas, las correspondientes a Xalatlaco y Ocoyoacac no fueron incluidas en el disco y de eso me di cuenta casi un mes después de pasar por allí.



-->
Como soy parte de este país, en consecuencia vivo la crisis económica, no me es posible volver al Estado de México y volver a retratar estos lugares, así que uso una foto, que encontré en la red, para dar fe de la Cabeza en Ocoyoacac, localizada a un costado de la Parroquia, pintada muy alegóricamente, como se puede apreciar.
Si llegara a recuperar, cosa que veo no difícil sino imposible, las fotos que en ese Internet de Temascalcingo me fueron perdidas, con mucho gusto reharé este artículo, de lo contrario daremos por asentado que sí, en efecto, hay estelas de Cabeza de Águila en estos dos lugares.


Santa María Rayón, San Juan la Isla; Estado de México. Cabezas 63 y 64


“Me pregunto ¿dónde habrán quedado las docenas de águilas que señalaban la ruta de la Independencia?”

De este modo comienza Felipe González, una disertación sobre las estelas de las Cabezas de Águila que al llegar a este punto de la geografía del Estado de México quiero analizar. En todas las poblaciones la zona aledaña a la Sierra de las Cruces, al leer sus monografías aparece la leyenda de que “se unieron a las tropas Insurgentes”, en consecuencia deberían tener una Cabeza de Águila.

¿Hay una en Santa María Rayón y otra más en San Juan la Isla?


Continúa Felipe: “Cuando era un chilpayate, allá por la década de los setentas, en esos viajes fuera de lo ordinario que hacíamos a esa metrópoli llamada Toluca, veía por la ventanilla del Maverick propiedad de mi abuelita, los monumentos en forma de cabeza de águila que algún gobernante decidió poner por todo el camino que la historia señalaba como ruta del padre Hidalgo en pos de la Independencia nacional. Se contaban por docenas….Pero algo les pasó. Estorbaron. Llegó otro gobierno y borró todo lo que había hecho el anterior —un clásico mexicano—. Se los robaron algunos coleccionistas. Los quitaron para que nos olvidáramos de que somos independientes. Están en las casas de algunos patriotas funcionarios o exfuncionarios públicos. Las tumbó una epidemia de borrachazos. Quedaron fuera del trazo de las actuales autopistas.”
El texto fue tomado del Blog: http://felipegonzalez.blogspot.com/

   Encuentro la fotografía de la estela de Cabeza de Águila número 63 de Santa María Rayón, quedó justo en el límite de la reja que, seguramente, separa la escuela de la calle.