lunes, 21 de febrero de 2011

Hacienda de Laguna Seca, municipio de Charcas, San Luis Potosí. Cabeza número 168

Seguimos recorriendo el altiplano potosino de mano del licenciado Rafael Reyes, cronista vitalicio de Moctezma, San Luis Potosí, estamos siguiendo las huellas del cura don Miguel Hidalgo que seguía internándose en zonas cada vez más inhóspitas y totalmente nuevas para él. Don Miguel fue, casi con seguridad lo podría decir, un magnífico jinete, ya que en su muy activa vida, incluía el ir y venir de San Felipe Torresmochas a su hacienda de Jaripeo en la antigua Taxiamora, o ese ir y venir continuo de Dolores a San Miguel y Querétaro.

Solo que, debemos considerar una cosa. Ese andar del cura fue siempre en la zona centro de la Nueva España, por las bondadosas tierras del Bajío y las de la zona lacustre michoacana, siempre en el verde, junto a manantiales, ríos, lagos y lagunas, siempre en zona pródiga en donde no faltaba nada, además del beneficio que implica tener un clima templado. Ahora, en el altiplano potosino las circunstancias eran totalmente distintas, si bien la moral baja, pero, sobre todo, un panorama un tanto cuanto hinóspito.

Al ver con atención las imágenes de lo que actualmente es la Hacienda de Laguna Seca, nos da una idea de lo que, en ese momento, el 15 de febrero de 1811, Hidalgo y los demás Insurgentes estaban enfrentando: un clima nada agradable, caluroso de día y frío de noche; falta de agua y... haciendas localizadas a larga distancia la una de la otra. Cinco leguas distaban, aproximadamente, de la población de las Charcas a la hacienda de Laguna Seca, lo más seguro fue que al llegar allí se hayan solo refrescado, solicitado algún apoyo en cuanto alimento tanto para ellos como para sus bestias y luego continuaron 4 leguas más para terminar la jornada en la siguiente hacienda, la de Solís.

De la historia de la Hacienda de Laguna Seca hemos podido encontrar realmente pocos datos, uno de ellos, el más importante de todos, es que, desde siglos atrás una de las funciones que realizaba, además de la agrícola y ganadera, era la producción de mezcal, del entonces llamado vino de mezcal, producción que aun hoy día se sigue realizando.

Recuerdo que hasta hace poco tuve la oportunidad de ver la película que sobre Hidalgo se filmó como parte de los festejos del Bicentenario, la de Hidalgo, la historia jamás contada. Hay una escena que, sabiendo bien que la historia es una libertad literaria que se tomó el argumentista para recrear un personaje histórico y darnos una visión, la más próxima, de la realidad, pero novelada, es decir, endulzada... en este caso no se endulzó, sino tequilizó. ¿Por qué lo digo?

Pues porque dentro de la trama hay una escena en donde los familiares de Hidalgo que llegan a asentarse luego de que el cura fue movido de Colima a San Felipe, ellos dicen que encontraron en el camino a unos productores de Tequila, y sacan varias botellas del elixir, solo que... mejor hubiera sido sacar unas botellas de mezcal, dado que, en las proximidades de San Felipe había un gran productor de ese vino, en la hacienda de Jaral de Berrio y, no muy lejos de allí, más al norte, se localizaba otro magnífico productor de mezcal: Laguna Seca.

Quizá esta observación se preste a una discusión, pues la Casa Cuervo se fundó en 1795, pero su producción no comenzó sino hasta 1812... El cura Hidalgo llegó a San Felipe el 23 de enero de 1792, consecuentemente, sus hermanos llegarían meses después. Este dato no es de relevante importancia, tampoco es una crítica a la película, muy por el contrario, es solo para rectificar ciertos detalles que, en ocasiones, se nos van perdiendo y luego se vuelven aseveraciones, como lo que apenas ayer vimos de lo que sucedió a consecuencia de la novela del Insurgente de Juan Díaz Covarrubias.

Que mejor que en tierra agreste brindar con una bebida acorde al entorno, en este caso, el delicioso vino de mezcal, el auténtico mezcal, el de Laguna Seca, San Luis Potosí.

Curioso es no encontrar mucha información sobre el producto en México, pero si en Alemania.


domingo, 20 de febrero de 2011

Charcas, San Luis Potosí. Cabeza número 167

Llegamos a este oasis enclavado a la mitad del altiplano potosino, lugar que, como la mayoría de las antiguas fundaciones de la zona, fue debido a la existencia de algún mineral, luego vendrían los franciscanos y se formaría un Real o una Villa. Y es aquí en Charcas, donde recordamos ese enfrentamiento que desde siempre hubo entre los dos principales personajes de la insurgencia: Hidalgo y Allende. Sabemos que fueron varios los intentos por envenenar al "cura bribón" por parte de Allende.

Se dice que llegó el momento en que Allende dividió en tres porciones una dosis de veneno, quizá arsénico. Él, su hijo Indalecio y Arias buscarían la oportunidad de verter el veneno en algún alimento que el cura fuera a tomar, cosa que nunca sucedió... Todo esto nos lleva a compaginar un par de ideas, una de ellas, lo que Homero Adame recaba en su libro La Ruta Menos Conocida de Hidalgo en donde recabando el decir de la gente sobre el paso de Hidalgo en esa zona llega a un testimonio en el que le dicen haber oído que al cura lo iban a matar. Esto, si mal no lo recuerdo, lo recabó en Charcas.

La otra parte de la idea la encontré en un antiguo libro publicado originalmente en 1859 y reeditado en distintas ocasiones, actualmente se puede leer en línea. Es la obra de Juan Díaz Covarrubias, el veracruzano que fue el primero en escribir dentro del género romántico, las escenas de la historia entremezcladas con una novela de amor, esto dio por resultado Gil Gómez, el Insurgente, que lleva por sub título el curioso nombre de La hija del Médico. En ella se recrea en ese modo tan meloso propio del romanticismo decimonónico a un joven que, por asares del destino, llega a Dolores justo la madrugada del 16 de septiembre y es él quién llama a misa, sin saberlo estaba convocando al inicio por la Independencia. De ese modo comienza el relato y, cuando están ya en el altiplano la historia, la fantasía, las "oídas" y la leyenda se van entremezclando. Aquí unos extractos del capítulo XV:

El ángel tutelar de Hidalgo.
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"Gil Gómez no había perdido un sólo momento de vista al nuevo misterioso insurgente, según la orden de Hidalgo. Marchaba éste confundido entre la multitud; pero sin hablar con nadie, sin quejarse o alentarse a sí mismo como lo demás. Una mañana Hidalgo dijo en voz alta a Gil Gómez que se encargase en la primera venta por donde pasaren, de hacer que le preparasen un almuerzo, porque hacia algunas horas que no probaba alimento. Acababan de dejar atrás al pueblecillo de Charcas y era muy probable que antes de llegar a Venado se encontrasen una aldehuela o cuando menos alguna posada". Aquí cabrá mencionar que hubo una desubicación geográfica, ya que venían de Venado, llegaron a Charcas y continuarían hacia Matehuala.

"Al poco rato el joven descubrió a la falda de un montecillo, una casa que seguramente debía ser lo que buscaba; corrió a ordenar a Allende de parte de Hidalgo, guiase adelante al ejército, mientras éste se quedaba acompañado de él y de otros oficiales, en la casa para tomar reposo y alimento, después de lo cual le alcanzaría. El ejército siguió adelante; Gil Gómez se adelantó a la venta para hacer disponer lo necesario. Hidalgo acompañado de dos oficiales le seguía a paso lento. Cuando el joven detuvo su caballo delante de la venta, salía de ella lanzándose al golpe el pálido desconocido. Gil Gómez al verle dio un salto como si hubiese visto una serpiente. El caballero lanzó una insultante mirada de desprecio y de satisfacción hacia el camino por donde Hidalgo se acercaba".

El relato continúa cuando, llegados ya en la venta, son atendidos por el Señor huésped, termino que me parece curioso, ya que hoy día lo entendemos totalmente al contrario; Gil Gómez le dice, luego de sondear de parte de quién estaba el huésped, si realista o insurgente, que iban hacia el Saltillo y que por allí seguramente ya habían pasado algunos de la avanzada. Entonces el dialogo continúa:
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- ¡Ah!, ¿conque ha pagado adelantado el almuerzo de unos viajeros? ¡que franco es!
- Sí; pero ha hecho más, me ha dicho que uno de esos viajeros es un anciano muy desganado para comer y que sólo algunos platos que él sabía muy bien, prueba.
- Debe ser muy su amigo.
- Así me lo ha asegurado, de manera que después de haberme preguntado hacia qué parte se hallaba la cocina, ha corrido a ella dejándome como dicen, con la palabra en la boca, para probar él mismo la clase de alimentos que hay , que no son por cierto muy numerosos.
- ¿Pues cuántos platos hay para el almuerzo?
- Dos solamente, señor capitán, mole y frijoles".

Los alimentos fueron pagados por anticipado y el caballero salió rumbo norte. Gil Gómez para cerciorarse de quién habrá sido y con que intenciones lo hizo, preguntó:

- ¿Qué señas tenía?
- Era un señor de mediana edad.
- ¿Con el cabello rojo?
- Sí señor, con el cabello rojo.
- ¿Muy pálido?
- Muy pálido.
- ¿Montado en un caballo negro?
- Sí señor, negro como la noche".
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Mejor descripción de Ignacio Allende no se podría hacer.

- ¿Vamos, ¿qué hace usted, capitán, le disgustan acaso esos platos? -Preguntó sonriendo Hidalgo.
- Un poco señor.
- Pues de un gusto enteramente contrario, porque yo amo con delicia las comidas nacionales. ¡Ea!, no hay tiempo que perder, tomemos alguna cosa que tenemos que alcanzar al ejército antes de llegar al Venado.
- No señor, usted no tocará esos platos -exclamó Gil Gómez.
- ¿No tocaré ninguno de esos platos?, ¿y por qué, capitán?
- ¿Por qué?, porque esos platos están envenenados.
- ¿Envenenados?
- Envenenados, sí señor.
- ¿Pero por quién?
- Por el sospechoso desconocido que ha llegado a esta posada un cuarto de hora antes que yo y partía a todo escape cuando yo me acercaba".

Hidalgo y su "ángel tutelar", Gil Gómez, salieron de la Venta y se dirigieron a Matehuala, aunque en la novela está al revés pues dice que siguieron de Charcas a Venado, en fin, es lo de menos, lo interesante es ver como concluye la escena:
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"Luego tiempo después de que sus huéspedes hubieron partido, el posadero se quedó parado en medio del patio del mesón creyendo que era un sueño cuanto acababa de escuchar. De repente corrió al cuarto y examinó sus guisos; habían tomado éstos un color negruzco demasiado sospechoso que no estaba acostumbrado a observarles. Tomó en sus manos el plato y arrojó su contenido a unos de tantos de esos perros que pululan en todos los mesones. El animal hambriento le devoró en un instante. Pero no había transcurrido ni un cuarto de hora, cuando sus facciones se contrajeron espantosamente, sus ojos giraron horribles y desencajados en sus órbitas, lanzó aullidos lastimeros de dolor, una convulsión contrajo sus miembros, su boca se cubrió de un espumarajo sanguinolento y cayó tieso sobre el suelo... Hidalgo y Gil Gómez, habían alcanzado al ejército antes de llegar al Venado..."

Todo lo que aparece en cursivas ha sido tomado del libro: Gil Gómez, el Insurgente o La hija del Médico. Escrito por Juan Díaz Covarrubias. Editorial Prrúa. México, 1991.

sábado, 19 de febrero de 2011

Venado, San Luis Potosí. Cabeza número 166

Poco tiempo después del inicio del movimiento encabezado por Hidalgo, la ciudad de San Luis Potosí sufrió el saqueo cuantioso y violento ejecutado bajo la dirección de Rafael Iriarte, apodado "El Cabo Leiton". Este acontecimiento fue motivo para que no poca gente abandonara la ciudad de San Luis Potosí. Los desmanes del Cabo Leiton repercutieron en los pueblos cercanos a la capital potosina. Este fue el motivo por el cual los españoles de Venado optaron por salir del pueblo y trasladarse al Saltillo, en donde permanecieron al amparo del coronel Antonio Cordero, gobernador de Coahuila. Este coronel realista fue derrotado por las fuerzas que comandaba Mariano Jiménez, quien adoptó una actitud por demás humana al capturar a Cordero, a quien no sólo le perdonó la vida sino que lo rodeó de atenciones caballerosas. En cuanto a los españoles del Venado, de Cedral, de Catorce y de Matehuala, al ser derrotado Cordero se vieron desamparados, pero el potosino Mariano Jiménez los dejó en libertad y les aconsejó que regresaran a sus lugares de donde procedían, en donde se les darían todas las garantías de que disfrutaban antes de refugiarse en el Saltillo.

Un día en la primera decena del mes de febrero de 1811 llegaron a Venado varios coches y postas tiradas por caballos, unos y por acémilas otros. Los custodiaba un mermado ejército. De uno de los coches descendió el señor Cura Hidalgo al tiempo que solo mantenía quietos a los semovientes, tanto para facilitar el descenso de los pasajeros como para descargar el equipaje.

Con antelación se había asignado la casa donde habían de alojarse el Sr. Cura Hidalgo y sus acompañantes principales. La casa, de amplio frente, con portón de grandes dimensiones y con ventanas más distantes del piso de la calle de lo que era habitual, se situaba frente al Convento Franciscano anexo a la Parroquia. Esta casa fue propiedad del Sr. José Antonio Gutiérrez y en ella funcionó una fábrica de hilados nombrada "El Venadito". Había otras casas que eran las mejores del pueblo; una de ellas pertenecía a Francisco Fajardo, Intendente o Justicia Mayor, de otra era dueño Ramón Guerrero. Tanto Fajardo como Guerrero eran españoles por lo cual se prefirió que el Sr. Cura Hidalgo no se alojara en alguna de estas dos casas, que eran de mayor categoría.

Después de pasar por las haciendas de Cruces y Guanamé, permaneció 3 días en Venado. Cada día celebró misa en la capilla de San Miguel. Esta capilla, hoy desaparecida, estaba ubicada por el rumbo de la Loma de los Ceniceros, en donde acampó la tropa. El último día que pasó en Venado, en donde convivió fraternalmente con sus habitantes, repartió dinero a los más necesitados. Después reanudó su marcha hacia el norte. Al dirigirse hacia Charcas el viaje lo inició en la loma mencionada, a corta distancia de donde ahora se encuentra el Panteón Municipal. De Charcas partió a Matehuala y de allí a otras poblaciones norteñas.
La Ruta de Hidalgo marca un hito en la historia de la Independencia de México. Por acuerdo presidencial, en 1960 se colocaron 260 monumentos en dicha ruta, el primero de los cuales se encuentra en Dolores Hidalgo y el último en Chihuahua. Uno de estos monumentos se encuentra en Venado. Este es el testimonio que los venadenses de ayer y de hoy guardan respetuosamente en su memoria el alto que en su peregrinar hizo Hidalgo en el pueblo de Venado.


Todo el texto ha sido tomado del libro Venado, estampas de antaño. Escrito por Francisco Padrón Payou. Universidad Autónoma de San Luis Potosí. San Luis Potosí, 1995.

viernes, 18 de febrero de 2011

Hacienda de Guanamé, municipio de Venado, San Luis Potosí. Cabeza número 165

Era el 11 de febrero de 1811 cuando el ejército Insurgente llegó a la Hacienda de Guanamé, lugar de prosperidad en ese entonces. Sabemos muy bien, puesto que lo hemos comentado varias veces, que las circunstancias que se vivían en ese momento no eran favorables, por un lado la desmoralización que cargaban desde hacía tres semanas, por la derrota en el Puente de Calderón, aunado a que el cura Hidalgo, acostumbrado a mandar, dirigir y encabezar, y, sobre todo, protagonizar, ahora marchaba, seguramente con la boca cerrada, como último de la fila. Agregaremos a esto que la zona del altiplano potosino es de clima extremo en el invierno, con agobiantes mañanas de calor y noches de frío del que cala en los huesos.

El agua, la comida y el forraje para mantenerse humanos y bestias comenzaba a escacear, el camino era largo y más se andaba, más árido se volvía. De la hacienda de Guanamé se decía que tenía una extensión de cuatrocientas mil hectáreas, era propiedad del padre Flores, propietario de una rica mina en Real del Catorce, más tarde la hacienda pasó a manos del primer conde de Pérez Gálvez, don Antonio Pérez Adújar de Gálvez, pasando en herencia a su hija Paula, se dice que fue el conde quien, dada la gran devoción que mantenía, aunado a su acaudalada fortuna, mandó construir el sobrebio templo que no sería terminado.

El cura Hidalgo y algunos de los principales que comandaban al ejército Insurgente, además de sus seguidores, pasaron la noche de ese 11 de marzo en la hacienda de Guanamé... noches frías, agua escasa, moral baja... un cometa amenazante surcando el cielo, todo se unía y les hacía más pesado el tránsito por la hinóspita región potosina.

jueves, 17 de febrero de 2011

Hacienda de Las Cruces, municipio de Moctezuma, San Luis Potosí. Cabeza número 164

En la plaza ubicada frente a la Parroquia de San Jerónimo se localiza la Cabeza de Aguila de la ex hacienda de Cruces, en el actual municipio de Moctezuma, localidad que anteriormente se llamó San Jerónimo de La Hedionda. En la foto, al centro, vemos al Lic. Rafael Reyes Cronista Vitalicio de Moctezuma, San Luis Potosí autor del siguiente texto:

"El domingo 10 de febrero llegó a la hacienda de Cruces el maltrecho ejército Insurgente que se dirige hacia Tierra Adentro, lo componen 1,200 combatientes que avanzan encabezados por Ignacio Allende, Miguel Hidalgo, Ignacio López Rayón, Mariano Abasolo y Rafael Iriarte, entre otros. En el conglomerado humano vienen familias, mujeres y niños, arrastran la derrota del Puente de Calderón, con la frente en alto pero su talante se asemeja al de los atenienses después dela guerra del Peloponeso. Desde que dejaron la ciudad de Zacatecas el 5 de febrero, han avanzado 24 leguas en 5 jornadas. La caravana está compuesta de carruajes, unas carretas prevenidas con forraje y grandes recipientes de agua , varios cañones y mucha caballería. El calor era infernal a la hora que llegó lo que quedaba del derrotado ejército Insurgente a esta hacienda situada en terminos de La Hedionda, a 5 leguas de la cabecera.


"La Hedionda cumplió el pasado 18 de diciembre, 258 años de existencia. Según un censo del 6 de agosto de 173, recogido por don Ambrosio de Sagarzurieta Garcìa Galvarro y Viana, titular de la Fiscalía de lo Civil de la Audiencia de la Nueva Galicia, "la cabecera del pueblo de La Hedionda tiene 2 mil 442 almas, y con los que habitan en los 64 ranchos y haciendas de su jurisdicción, componen su total de 8 mil 100 vecinos." El reloj de sol de piedra cantera marcaba las doce horas con cincuenta minutos cuando arribaron los Insurgenes a la hacienda de Las Cruces. La noche anterior en el ojo de agua de Santa María había sido tan severamente fría que calaba los huesos, por lo que quemó todo el forraje que traía la caballada, urgía reponerlo y la hacienda algua guardaba, rastrojo viejo, pero útil para la adversa situación de la insurgencia. Además se reclamaba remudar a las bestias y saciar el hambre y la sed de las huestes independentistas.


Los aposenteros habían pasado por aquí dos días antes y la gente ya los esperaba. El administrador es el capitán realista Juan Nepomuceno de Oviedo que anda en campaña de 180 dependientes a los que llamaron "Los Tamarindos", por el color gamuza de sus vestidos, pero el encargado, su hermano Eugenio, y los dependientes de confianza habían puesto pies en polvorosa hacia la Hacienda de Espíritu Santo, Jurisdicción de Pinos, resguardada por un piquete realista a la expectativa. El cura Hidalgo no viene en la comitiva principal, viene en un brioso caballo negro a la retaguardia, desdeñado y casi "a fuerzas". Se rumora que ya no tiene el mando y que está degradado, lo acompañan los "señores del degüello" Viente Loya y Agustín Marroquín, y se refrescó el cuerpo ajado en el ojo de agua termal de Las Cruces.

Don Pablo José Calvillo, capellán del ejército Insurgente ya no viene con ellos y, sabrá Dios quién ofició la misa dominical, porque clérigos sí traen. El capitán general Juan Aldama, estuvo bromeando toda la tarde con los soldados, tiene un genio alegre y parece llevarse bien con todos. Ese carácter festivo del caudillo hace menos pesado el desaliento y el miedo que muchos arrastran y que no lo dicen. Gélida era la noche de nueva cuenta y calentándose con fogatas vieron el gran cometa cruzar en la noche despertándoles una gran inquietud y los peores augurios. A Nicolás Quilty Valois, contador de las Cajas Reales de Zacatecas que viene prisionero, se le cimbró toda su francesa humanidad esperando lo peor.

Es apenas el primer trecho de los terregosos y suelos secos del altiplano, la primera incursión de la cansina travesía por el desierto potosino y la desconfianza y el tiento campean entre ellos. No hay animosidad de "la buena". En los albores del siglo XVIII Las Cruces y Bocas pertenecían al marqués Rivas Cacho y a partir de 1725, al doctor José de Torres y Vergara, abogado de la Real Audiencia de México, ambas conforman una obra pía, un patronato laico creado por éste".

Agradecemos enormemente al Licenciado Rafael Reyes Gómez, por su valiosa colaboración.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Salinas del Peñón Blanco, San Luis Potosí. Cabeza número 163

Gracias a la colaboración de varias personas, en este caso el profesor Federico Guzmán y el Lic. Rafael Reyes, hemos podido documentar cabalmente las estelas de Cabeza de Águila en algunos lugares en donde no me ha sido posible llegar. Estamos en Salinas del Peñón Blanco, conocido actualmente como Salinas Hidalgo, San Luis Potosí.

Finalmente llegamos frente a la primera estela de Cabeza de Áuguila, la correspondiente a Santa María de las Salinas, que ahora lleva el nombre de Salinas Hidalgo, en el estado de San Luis Potosí. La cabeza, como sucede en muchos otros sitios ha sido pintada, resaltando los colores patrios y delineándole los ojos.
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El que los españoles hayan descubierto las minas de Zacatecas fue todo un prodigio, pero el que tuvieran en una mediana cercanía, a unas tres o cuatro jornadas de distancia las salinas del Peñón Blanco fue, definitivamente una bendición, ya que en el siglo XVI y los siguientes, el proceso de extracción implicaba el uso de dos elementos indispensables, uno el azogue, el otro el cloruro de sodio, es decir, la sal.

El azogue era obtenido en otras minas, una de ellas en el gran tunar, lo que hoy es Mineral de Pozos, en el estado de Guanajuato, esto y la sal eran llevados a las prósperas minas de Zacatecas para de allí sacar la plata que luego recorrería el Camino Real, en la llamada Ruta de la Plata, pero en esta ocasión Hidalgo iba en pos de llegar al país del norte, a la Federación Norte Americana.

Es el 8 de febrero de 1811 cuando el cura Hidalgo en una especie de avanzada pasa por esta zona, las rencillas seguían vigentes entre él y Allende. Hidalgo seguía apareciendo ante el público como el cudillo al frente del movimiento, la realidad era otra, Hidalgo había sido ya destituído, esa feria de vanidades se acercentaba y se hacía patente día a día, cuando se cruzaba el desolado altiplano potosino.



martes, 15 de febrero de 2011

Cuando la Ruta de Hidalgo se entreteje con el Camino Real

Al ir caminando la Ruta de Hidalgo, siguiendo las 260 metas que pretendo cubrir, llegé hace poco tiempo a una conclusión: que la ruta que siguió el cura Hidalgo, la cual nunca fue planeada sino que se fue haciendo según se fueron presentando las circunstancias; la podemos dividir en dos constantes, la primera, esa que va de Dolores a Guadalajara observa continuamente la presencia del Río Grande, el que actualmente conocemos como Río Lerma y luego de sobrevivir al desastre de Calderón y la consecuente destitución de mando del ejército Insurgente en la Hacienda de San Blas del Pabellón, la constante del recorrido se vuelve el Camino Real.

Camino Real es el genérico de lo que ahora entendemos por carreteras. En la Nueva España, cuando estaba por fenecer éste oprobio que era la Colonia, la columna vertebral que comunicaba a todo el virreino era el Camino Real de Tierra Adentro, algo que con el paso de varios siglos se convirtió en el Camino Nacional, luego en la Carretera Federal 45 y, corregida y aumentada, luego se le denominó Carretera Panamericana. La 45 es una de las tantas que existen en la actualidad, igual pasaba con los Caminos Reales, eran varios los que había, uno de ellos, el que ahora nos ocupa, se juntaba a un camino denominado: Camino de la Sal, el cual corría de este a oeste, justo de Santa María de las Salinas del Peñón, lugar por donde el cura Hidalgo llega al primer poblado de lo que actualmente es el estado de San Luis Potosí.

La sal, el tabaco, los alcoholes, el juego, la plata, el oro, todo, todo era controlado por la Corona Española y todo, todo transitaba por los Caminos Reales, que tarde que temprano coincidían con el Camino Real de Tierra Adentro, la "columna vertebral" de la Nueva España. Encontramos que en San Luis Potosí llega el momento en que el derrotero de Hidalgo se une al Camino Real que comunicaba San Luis Potosí con el Saltillo, para hacerlo más claro vemos en el mapa como es que de pronto ambas rutas, la de Hidalgo y el Camino Real, se unen.

Las fotografías que estás viendo corresponden a la zona de la Hacienda de Bocas, que si bien no fue paso del cura Hidalgo, sí era una escala importante en el Camino Real. Sabemos bien que el punto inicial del Camino Real al norte era la Plaza de Santo Domingo en la ciudad de México frente al templo del mismo nombre y al Tribunal de la Santa Inquisición, el camino llegaba, como primera gran escala a Querétaro, allí se dividía en dos grandes opciones, la que continuaba a Zacatcas para luego seguir hasta Santa Fe; y la que continuaba a Santa María de los Lagos para luego seguir a Guadalajara. Esa que partía a Zacatecas pasaba por San Miguel el Grande, Dolores, y San Felipe Torresmochas.

En San Felipe había una nueva desviación, la que conducía a San Luis Potosí pasando por la Hacienda de Jaral de Berrio a 7 leguas de distancia y continuaba por 6 leguas más para llegar al Valle de San Francisco, 12 leguas más adelante se encontraba San Luis Potosí, continuaba durante 12 leguas más hasta llegar a la población de Bocas, para luego seguir otras 11 leguas al Venado.

Es precisamente en Venado donde el cura Hidalgo va siguiendo las poblaciones que conforman este Camino Real Potosino, si bien llega el momento que se aleja de él, evitando pasar por las cercanías de las ricas minas del Catorce, como quiera, va paralelo a él.

De Venado la diligencia continuaba por 9 leguas hasta llegar a Laguna Seca, 5 leguas más y estaban en Guadalupe, siguiendo 8 leguas más al norte se llegaba a San Cristóbal para continuar por otras 8 leguas hacia La Partida. 10 leguas separan a éste último punto de El Salado y de allí el Camino Real continuará al Saltillo, distante 32 leguas.

La duda surge en cuanto a las equivlencias de una legua, pues bien. La legua era el cálculo de la distancia que se podía recorrer a pie o en cabalgadura durante una hora, pero, dependiendo de la persona y las condiciones geográficas en donde se determine la distancia, ésta variará de 4 a 7 kilómetros. La legua francesa se determinó en 4.44 kilómetros y la legua castellana en 4.19 kilómetros.

Pero como este enfoque lo estamos dando al tiempo del inicio por la guerra de la Indpendencia, más claramente, en Febrero de 1811, cuando Hidalgo pasó por el altiplano potosino; estaba en ese entonces la Real Ordenanza que el 26 de enero de 1801 había dictado el Rey, Carlos IV y que decía:

"Para que la legua corresponda proximamente a lo que en toda España se ha llamado y llama legua (que es el camino que regularmente se anda en una hora) será dicha legua de veinte mil pies, la que se usará en todos los casos que se trate de ella, sea en caminos Reales, en los Tribunales y fuera de ellos".

Nota: las distancias en leguas entre los poblados las tomé del libro Diccionario Universal de Historia y Geografía. Coordinador: Manuel Orozco y Berra, Tomo II. México, 1856. Gracias a Luciano Torres tenemos estas fotografías que nos ilustran el altiplano potosino.