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jueves, 12 de febrero de 2015

El "Grito" en Nuevo México, cuando Nuevo México era parte de México.

    Dentro de las tantas curiosidades que guarda la historia paralela o coloquial a la historia oficial de la Guerra de Independencia de México, encontramos que, en aquellos tiempos, cuando el Nuevo México era no precisamente la parte más norteña del territorio nacional, pero sí estaba bien al norte de la zona más poblada del país, aquellos rumbos eran también mexicanos y por allá ondeaba el pabellón nacional y por allá llegó, aunque muy tarde, el aviso de que el movimiento de insurrección había terminado y que Iturbide había encabezado la última etapa de la guerra y que ahora México era una nación independiente.

   Encuentro un documento interesante, amén de curioso, de una ponencia dada por el profesor norteamericano Estevan Rael-Gálvez, invitado a un coloquio organizado en Michoacán, en donde comparte los resultados de varias investigaciones que, insisto, resultan ser muy interesantes sobre el tema de los festejos  organizados para conmemorar la proclamación de México como nación independiente y luego, los festejos para celebrar eso que llamamos "Ceremonia del Grito", lo transcribo:

   "Algunos documentos no se olvidan fácilmente; y hace pocos días yo entré a la cámara de nuestros archivos. Allí me di cuenta que la Independencia de México no fue una realidad en Nuevo México, pero fue conmemorado allí. La primera evidencia de la celebración de la Independencia de México en Nuevo México aparece en un documento el año siguiente a la Independencia. De este documento sabemos que en la tarde del 10 de diciembre de 1822, llamaron las campanas, hubo fogatas, saludos de artillería y música acompañaron el plantar de un mástil de bandera en el centro de la plaza, en el que voló una bandera blanca inscrita con símbolos de la Independencia Mexicana. Deseo que podamos encontrar esa bandera hoy, y yo mismo la plantaré allí en la plaza como un signo para los mexicanos que viven allí, y que diga “aquí se coloca donde una vez fue México.”

   La colocación de esta bandera en la ciudad del capitolio de Santa Fe anunció tres días de las ceremonias que celebraron la instalación de Agustín de Iturbide como Emperador de México, en que los funcionarios de Nuevo México tomaron un juramento público de la lealtad a su nuevo líder. El informe de la celebración concluyó orgullosamente, “no había el menor desorden en cualquiera de los
entretenimientos, todos estuvieron muy felices con la exaltación del Emperador al trono”. Las actividades documentadas incluyeron los desfiles de funcionarios y dignatarios locales, montaron en caballos, hubo marcha de soldados, músicos, y dos compañías de matachines, presentaciones teatrales y bailes de comunidades indígenas.

    La historia es siempre global, nacional, pero también local. Cuando leí en este documento que estos bailes sucedían, me pregunté si fue trasmitido a estas comunidades indígenas que el Plan de Iguala alteraría los derechos soberanos anteriormente bajo la regla española. Esta celebración de 1822, estaba enfocada a la Independencia Mexicana, pero no conmemoraba necesariamente el 16 de septiembre. Aunque, los Archivos Mexicanos de Nuevo México revelan que cinco años después esta fecha particular pudo haber sido observada localmente. El documento al que me refiero, es de Chihuahua, fechado el 11 de agosto de 1827 y lleva como título “preparativos y ceremonias que deben ser hechos para celebrar las funciones cívicas y religiosas en los días 16 y 17 del mes de septiembre venidero, recomendado por la comisión especial denominada para ese propósito...” Este documento describe varios acontecimientos que funcionarios locales planearon para celebrar “el grito glorioso”. Los planes para la celebración indicaron una misa en honor a los individuos que habían dado su vida por la causa, seguido por los discursos de costumbre, por los saludos de artillería, y por otros acontecimientos “propios a la dignidad de la ocasión”. No está claro si este documento fue para detallar lo que fue planeado para la ciudad de Chihuahua o si la intención era para servir como una guía para las actividades en Santa Fe.

   La evidencia de estos planes para celebrar el día 16 de septiembre en Nuevo México viene específicamente de un 25 de agosto de 1835, documento en que un comité fue el encargado de realizar los acontecimientos para que Santa Fe se celebrara “el aniversario glorioso” de la Independencia Mexicana. Se abrió la celebración a la media noche de 15 con un saludo de fusil, que estaba planeado concluir al amanecer. Con el disparo del cañón, las campanas sonaron por una hora. Los oficiales del ayuntamiento, junto a los funcionarios de gobierno y las tropas se congregaron frente al palacio, acompañados por músicos y una procesión alrededor de la plaza. La procesión paraba para escuchar un discurso patriótico. Todo seguido por diversas actividades como el baile de la lonja. Concluyendo las actividades la tarde del 17, con una corrida de toros en la plaza". (1) 

   El documento continúa, te invito a leerlo completo, en la referencia doy en enlace a la publicación hecha luego del colquio.


Fuente:

1.-  Bicentenario de la Independencia de México. Zacarías Márquez Terrazas, compilador. Coloquio Internacional. Universidad Autónoma de Chihuahua. Chihuahua, 2010. Documento electrónico.

viernes, 11 de octubre de 2013

La Cabalgata de la Ruta de la Independencia Nacional: Su paso por Salamanca, 10 de Octubre de 2013.

   Año con año, desconozco desde hace cuanto tiempo, se organiza entre las distintas asociaciones de charros y de gente del campo y de gente interesada en la Historia de México y en manifestar un amor patrio, en el estado de Guanajuato la Cabalgata de la Independencia. En ella lo que se trata es de volver a caminar, coincidiendo en las fechas que, el cura Hidalgo recorrió los caminos de Guanajuato encabezando el movimiento de insurrección que dio inicio a la Guerra de Independencia.

   La Ruta de Hidalgo, bien lo sabemos, fue marcada en 1960 con las estelas de Cabeza de Águila que, en 260 puntos del país, fueron colocadas para recordar ese camino que, durante siete meses recorrieron los Insurgentes, luego de triunfos, derrotas, vitoreados, apabullados, como rehenes, motivados en ocasiones, deprimidos en otras. La ruta toca 11 estados de la República, además de Guanajuato, en San Luis Potosí tienen esta tradición, la de recorrer las huellas de Hidalgo en las fechas en que él lo hizo.

   En el caso de Guanajuato, la ruta comienza justo el 16 de Septiembre, comenzando en Dolores, para seguir a La Erre, Atotonilco, San Miguel Allende, Comonfort, San Juan de la Vega, Apaseo, Celaya, Villagrán, Sarabia, Salamanca, Irapuato, Burras y Guanajuato. Luego de la ceremonia del fuego que tradicionalmente se realiza en la Alhóndiga de Granaditas el 28 de Septiembre, los jinetes seguirán la ruta histórica en la fecha en que Hidalgo lo hizo, así es como, ayer, 10 de Octubre, el contingente enfila al sur, pasando nuevamente por Irapuato y Salamanca para seguir a Valle de Santiago, Jaral del Progreso, Salvatiera, Acámbaro y Tarandacuao.

   Una emoción especial causan cada vez que entra la Cabalgata por las ciudades en donde, la vida actual nos ha hecho inmunes a los ruidos urbanos, a los motores de vehículos y sus pestilentes humos, a las prisas de la vida cotidiana. De pronto se oye el golpeteo continuo y acompasado de los caballos, una veintena de ellos vienen, formados casi con marcialidad. El tránsito de vehículos se suspende y solo las herraduras golpeando en el pavimento se oyen, sigue luego la formación oficial para hacer los honores a la Bandera, entonar el Himno Nacional  y recordar que por aquí, en esta fecha, hace ya 203 años pasó don Miguel Hidalgo y Costilla buscando materializar esa idea de Independencia, cosa que se llevó once largos años.

   Veo que esta tradición continuará por mucho tiempo, veo en este contingente gente joven, incluso niños, los cuales, seguramente, mantendrán esa idea de manifestar de tan peculiar forma, el amor que hacia la patria debemos tener, especialmente en días tan aciagos como los que últimamente estamos viviendo.










sábado, 14 de septiembre de 2013

¿Desde cuándo celebramos el 15 de Septiembre?

   Yo confieso que soy uno de los que han afirmado, a pie juntillas, que desde 1896, cuando don Porfirio Díaz mandó trasladar la campana de Dolores a la ciudad de México se oficializó la ceremonia del Grito no por haber sido ese día el inicio de la Guerra de Independencia, sino por ser el 15 de septiembre su cumpleaños. En alguna ocasión leí, no recuerdo en cuál libro, que las conmemoraciones del 15 de Septiembre se instituyeron cuando Antonio López de Santana gobernaba al país en alguno de sus once periodos presidenciales, pero me pareció más histórico, o en todo caso, teatral, pensar que don Porfirio, cuando estaba en su festejo personal, salió al balcón, acalorado, y la gente al verlo desde el Zócalo lo saludó y le aplaudió; él correspondió y, además, les mandó tacos, garnachas y pambazos, instituyéndose de ese modo la fiesta del 15. Todo esto es mentira.

  Eso lo sé muy bien ahora que, prácticamente, tengo los "pelos de la mula" en la mano. Mejor dicho, tengo un documento que me dice que eso de la fiesta del 15 ya se celebraba, al menos, desde 1864.

  "En la última sesión que ha tenido la Junta Patriótica ha dispuesto drigir a V. el presente invitándolo y que a su nombre lo haga con el nombre del M. I. Ayuntamiento y demás autoridades y empleados para que se sirvan honrar con su asistencia y darles mayor lucimiento a los actos que en conmemoración de nuestra gloriosa Independencia tendrán lugar en la Plaza de la Constitución la noche del 15 y la mañana del 16 del presente.

  Igualmente ha dispuesto mediante el adjunto programa para que, si lo tiene a bien, se sirva darle publicidad por bando según se expresa el mismo.

  Además se a acordado suplicarle que ordene a los serenos que purguen las farolas del alumbrado en los arcos de los portales y los enciendan las noches del 15 y 16: en atención a que los fondos que se han reservado no son suficiente para la iluminación y también por que en ese día no se necesita el alumbrado de las calles por la iluminación que ponen los vecinos.

  Todo lo que tengo ahora de comunicarle recordandole a la vez las patentes de mi consideración y aprecio.

Independencia y Libertad. Septiembre de 1868

Miguel de Echegaray.

  Tengo la duda de que el firmante sea Miguel de Echegaray, ya que él fue el Alcaide de la Cárcel del Estado de Guanajuato que se localizaba en Salamanca y este documento, al parecer, fue remitido de la ciudad de Guanajuato al Jefe Político, precisamente de la villa de Salamanca. Lo que será ahora tarea es de ver el detalle del "programa anexo", para saber que era exactamente lo que sucedía en la noche de Septiembre y si ya se celebraba un Grito. Me llama la atención el detalle de las farolas del alumbrado público, pues, como allí lo menciona, había la costumbre de la gente de iluminar las fachadas de sus casas.

Fuente:

Archivo Histórico Municipal de Salamanca. Cultura y Deportes. Caja 260. Leg. 7

sábado, 17 de marzo de 2012

El Altar de la Patria en la Alhóndiga de Granaditas, Guanajuato.

Dentro de los mitos que aun se mantienen en rededor de la Historia Nacional, más aun, en la Historia de la guerra de Independencia hay uno que es digno de atención y, sobre todo de reflexión: el relacionado a la toma de Granaditas. La historia oficial nos dice que fue la primera batalla que sostiene el recién formado ejército Insurgente contra el realista, nos dice de la heroicidad de Hidalgo y Allende, también la peculiar participación del Pípila; algo menciona del balazo dado en la cara al Intendente Riaño, amigo de Hidalgo, balazo por el cual pierde un ojo y muere en brazos de su hijo. Pero hay algo que se olvida explicar por parte de la oficialidad, ese fue el saqueo a las riquezas que los españoles, ante el pavor que les provocaban los 20mil insurrectos que llegaron a Guanajuato, habían almacenado en la Alhóndiga y, no satisfechos con esto, siguieron el saqueo casa por casa. La reseña que da Lucas Alamán, testigo presencial de los hechos es más que elocuente.


En la actualidad la Alhóndiga de Granaditas fue transformada en Museo, todo lleno de simbolismos, uno de ellos, lo primero que vemos al estar dentro del recinto es la Campana de Dolores, una de las 33 réplicas que de ella hay. La original está en el Palacio Nacional en la capital de la República, las réplicas se distribuyeron como parte de las celebraciones del Sesquicentenario en 1960, en cada capital de Estado del país, que entonces eran 29, más los 2 territorios, una más para la Parroquia de Dolores Hidalgo y la última es la que vemos.

Este es el patio central de la Alhóndiga de Granaditas, imagina en 1810, con apenas once meses de haberse estrenado esta que, como su nombre lo indica, era el lugar en donde se almacenaban los granos... recordemos que previo al inicio de la revolución de Independencia hubo una hambruna en el Bajío, cosa que forzó a construir el almacén adecuado y lo suficientemente grande en Guanajuato, la ciudad más rica del virreinato.

La alhóndiga fue diseñada por José del Mazo Avilés y construida por los maestros (máistros) Juan de Dios Trinidad Pérez y Francisco Ortiz de Castro. El encuentro entre Insurgentes y realistas se dio la tarde del 28 de septiembre de 1810, razón por la cual existe una tradición en ese recinto que es la renovación del fuego, otro de los símbolos que allí existen, el fuego perenne para rendirle culto a la memoria de Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama y Jiménez.

Es sobre la que fuera la troje sur donde se ubica el Altar a la Patria que nos recuerda a los principales actores, los que iniciaron el movimiento insurgente. Al centro encontramos un escudo nacional esculpido en cantera y debajo de él la llama, el fuego eterno. Vendrán luego, dispuestas en cada cubículo de esa troje, una enorme cabeza y el nombre del héroe. En buena medida el hecho de estar allí solo las cabezas y no los héroes de cuerpo entero, nos recuerda que en ese sitio estuvieron colgadas, por casi diez años, las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Se incluye además la de Morelos.

Y cada 28 de cada mes hay una ceremonia en este punto, en el cual participan las escuelas primarias de todo el estado de Guanajuato, siendo la ceremonia más importante el 28 de septiembre.







Para ver más de la Ceremonia de Renovación del Fuego de la Libertad de 2011, entra aquí:



miércoles, 28 de septiembre de 2011

La víspera de San Miguel.

No me cansaré nunca de referirme a don Miguel Hidalgo como el "cura bribón", pienso que es la más justa descripción en tan solo dos palabras de su muy interesante personalidad. A nuestro Padre de la Patria fue Ignacio Allende quién lo nombró así y él, Allende lo conoció muy bien, tanto en los toros, como en las jugadas, como en las comidas y, seguramente compartió, al menos, un festejo en una noche como la de hoy, 28 de septiembre en la que, se dice, es cuando "el diablo anda suelto".

Don Miguel Hidalgo llevó varios nombres en su registro, lo conocemos por el de Miguel, pues nació el 8 de mayo, cuando San Miguel se apareció y, según la tradición antigua, uno llevaría el nombre del santo que se venera el día del nacimiento. Llevaba también el nombre de Gregorio, quizá sea porque muy cerca de Corralejo, donde don Cristóbal, su padre, vivió por muchos años hay un cerro, una hacienda y una capilla que está dedicada a ese santo, Doctor de la Iglesia, cuya festividad es el 3 de septiembre, Antonio era el siguiente nombre, en franca referencia al santo más reconocido en la Iglesia universal, cuya fiesta es el 13 de junio; quizá doña Ana María Gallaga era fiel devota de San Antonio de Padua y por eso su primogénito llevaba ese nombre. Por último Ignacio era el otro nombre que portaba, Ignacio de Loyola, el que recordamos cada 31 de julio, fundador de la Compañía de Jesús. Será bueno recordar que uno de los primeros grandes viajes que debe hacer Miguel Hidalgo es cuando, los Jesuitas son expulsados de la Nueva España, y él estaba en un colegio jesuita que tuvo que cerrar sus puertas por este motivo.

Pero es hoy, 28 de septiembre la noche en que, posiblemente el diablo se suelte, pues mañana, 29 de septiembre, San Miguel estará muy ocupado, pues es su celebración. Así que, si don Miguel Hidalgo llevaba cuatro nombres, seguro que tenía cuatro fiestas por ser el "día de su santo" solo que, a San Miguel se le celebra dos veces y él, el cura de Dolores, dado a los fandangos, tenía cinco pretextos para festejarse.

Pero hubo un 28 de septiembre que de seguro no festejó, ese fue el de 1810, pues fue el día en que se dio uno de los más sangrientos enfrentamientos entre Realistas e Insurgentes, de hecho, fue el primero de los que hubo a lo largo de once años, ese 28 de septiembre de 1810 fue la toma de Granaditas.

Hay muchas maneras de ver la Historia, una que he encontrado, a sabiendas que durante la colonia, esos tres siglos la vida giraba en torno a la religión, por lo tanto, la Historia vista desde el punto de vista de las tradiciones religiosas nos da otro aspecto de los acontecimientos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Villa de Guadalupe, antes Represadero; San Luis Potosí. Cabeza número 170

Llegamos a ésta que, según mi conteo es la Cabeza 170, sí bien tendremos que hacer un ajuste al final del recorrido pues una persona de la parte sur oeste de Zacatecas me comentó de la existencia de una de ellas en un lugar que no aparece registrado en la lista "oficial" del profesor Jiménez de la Rosa, como quiera, ninguno de los listados emitidos lleva una precisión absoluta, pero lo que sí se ha seguido con la mayor puntualidad es el rumbo por el que enfiló el ejército Insurgente.

Estamos en el altiplano y ya al norte, en el horizonte, comenzamos a ver las primeras laderas que forman parte del inicio de la Sierra de Catorce, lugar al que, incluso alguno de los Insurgentes, Jiménez, llegó en busca de financiamiento para continuar la causa. Estamos en la cercanía de la tierra sagrada de la Wirikuta del pueblo Wixárica; efectivamente, nos referimos a los Huicholes.

Aquí, en el altiplano potosino se celebra en Febrero, en Guanajuato se hace en Septiembre, en Michoacán durante el mes de Octubre y, así, cada región va dándole una fecha específica, de acuerdo al calendario histórico de lo que fue el paso de Hidalgo y sus seguidores, 20 mil por Celaya, 80 mil por Toluca, 7 mil entrando en Guadalajara y ahora, por Represadero, apenas un millar en aquel entonces. La escena que vemos me parece de lo más representativa, el paso de los jinetes por un agreste camino, el que luego se convertiría en la Ruta de la Libertad.

Las Cabalgatas de la Independencia son tradiciones que en algunas partes van teniendo más arraigo y, en otras, van decreciendo en su número de participantes, pero, como quiera, sigue vivo el recuedo, ese gusto por recordar el acontecimiento que marcó el cambio en el rumo de México, cambio que incluso fue de nombre pues antes se le denominaba la Nueva España.

Hemos visto por lo largo de la geografía nacional, por esos lugares en donde hace doscientos años pasó en ocasiones victorioso y entusiasmado, otras decaído, otras agobiado y también, en otras, derrotado, el ejército Insurgente. La celebración tomó especial relevancia durante los festejos del Bicentenario, Bicentenario que, por cierto se festeja en este mes de febrero precisamente allí en San Luis Potosí.

El nombre original del pueblo era el de Represadero, la tradición lo conviritó luego en Villa de Guadalupe y es ese el que en la actualidad sigue llevando oficialmente. Es justo más adelante de allí en donde el Camino Real antes y ahora la Carretera 62 van enfilando rumbo norte, hacia el Saltillo.

Fue el 16 de febrero de 1811 cuando las empolvadas calles de Represadero vieron pasar a Hidalgo y los demás Insurgentes, al día siguiente enfilarían hacia el Arroyo Seco para luego llegar a la Biznaga y terminar la jornada en la Hacienda de la Presita.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Día de Guadalupe, Bicentenario. Diciembre 12, 2010.

10 de mayo, 16 de septiembre, 12 de diciembre... todo junto. Indudablemente que todo está dicho. Indudablemente que el todo es uno.

jueves, 22 de abril de 2010

Del Tianguis al Supermercado, una herencia casi perdida


Mercado en Actopan, Hidalgo.



De algo que nos podemos engalanar en México es del colorido de los mercados, los cuales, más que mercados, los deberíamos de llamar con su nombre original: Tianguis. Lamentablemente, hoy día, por Tianguis entendemos algo que dista mucho, de ser lo que en realidad fue un Tianguis.








Mercado en Pueblo Nuevo, Guanajuato.


No hubo un solo europeo a principios del siglo XVI, que a su llegada a la Gran Tenochtitlán no se sorprendiera de la magnificencia, eficacia, orden, belleza, colorido y aroma de los Tianguis. Bernal Díaz del Castillo y Bernardino de Sahagún hacen largos relatos de lo que ven en los Tianguis, años más tarde lo haría Francisco Javier Clavijero. Y es gracias a ellos que tenemos viva la imagen de lo que fue el Tianguis en su momento. No eso que suelen llamar en la actualidad Tianguis y que no es otra cosa mas que una oda a la ingobernabilidad, al ver la piratería y el contrabando de todo tipo de piezas, o basura, para ser más claros, que desde la remota China nos traen a vender.











Mercado en Valle de Santiago, Guanajuato.




Dista eso mucho de lo que fue, en su momento, el majestuoso Parián, idea de mercado traída, precisamente de China, o de las Filipinas, para ser más precisos, cuando el territorio de la Nueva España abarcaba hasta esas islas orientales y se incluían en los 7 millones de kilómetros cuadrados que desde la Ciudad de México se pretendían administrar.



Mercado en Tula, Hidalgo.




El maestro Eduardo Matos Moctezuma escribe en Arqueología Mexicana: “Por otra parte, contaban con un mercado, que causó fuerte impresión entre los conquistadores, lugar de intercambio de productos diversos tanto locales como llegados de otras latitudes. Al principio, bajo el gobierno de Cuacuauhpitzáhuac, sólo comerciaban plumas de papagayo, como lo señala Sahagún: “Cuando los mercaderes comenzaron en Tlatelulco, de México, a tratar, era señor uno que se llamaba Quaquapizauac, y los principales tratantes eran dos. El uno se llamaba Itzcoatzin y el otro Tziutecatzin. La mercadería de éstos, por entonces eran plumas de papagayos…” (Sahagún, 1956, t. 2, p. 339)”.



Mercado en Chilcuautla, Hidalgo.




Continúa el Arqueólogo Matos: “El mercado fue cobrando importancia, a tal grado que se convirtió al paso del tiempo en el principal sitio de intercambio. De sobra conocidos son los relatos que nos han dejado tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo, de los que cabe destacar varias cosas: por un lado, la organización que se guardaba en los distintos sectores, en los que se ofrecían productos como cerámica, mantas, cestería, comida, animales, etc., y por otro, la manera en que se dirimían las controversias que pudieran surgir del intercambio y la adquisición de productos, resueltas por los jueces. A esto hay que añadir la enorme cantidad de personas que acudían al mercado, según señala Díaz del Castillo (1943, t. 1, p. 281): “…quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en ello tenían”.











Mercado en Jilotepec, Estado de México.



Así pues, agregamos a la lista, ya dada, de Bernal Díaz del Castillo y Fray Bernardino de Sahagún, al Conquistador Anónimo y a Hernán Cortés, quienes describieron los tianguis. Y tomamos lo que el jesuita, Francisco Javier Clavijero escribiría en Bolonia, Italia, a finales del Siglo XVIII, luego de la expulsión de su orden de los territorios de la Corona española. A esto no está de más puntualizar que, en buena medida, esa expulsión fomentó en mucho la idea de liberación de México del yugo hispano. Escribe Clavijero:



Mercado en Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajuato.




“Para dar laguna idea de estos mercados, tan celebrados por los historiadores de aquel reino, bastará decir lo que era el de la capital. Este hasta el tiempo del rey Axayácatl se había tenido, a lo que parece, en una plaza, que había delante del palacio real; pero después que Tlatelolco entró en la corona de México; se pasó a aquella nueva parte de la gran capital. La plaza de Tlatelolco era, según testifica Cortés, dos veces mayor que la de Salamanca, cuadrada y rodeada toda de pórticos para la comodidad de los comerciantes. Cada renglón del comercio tenía su puesto señalado por los intendentes del mercado. En un puesto se vendían las cosas de oro, plata y piedras preciosas; en otros las obras de pluma, en otro los tejidos de algodón y así de lo demás, y a nadie se le permitía mudar de lugar; y por si no cabían en aquella gran plaza todas las cosas venales sin embarazar a los comerciantes, había la providencia de que las cosas de mayor volumen, como vigas, piedras y semejantes, se quedaran en las calles o acequias inmediatas. El número de contratantes que diariamente concurrían a aquella plaza era, según el mismo Cortés, de más de 50mil”.



Mercado en Salamanca, Guanajuato.



“Las cosas que allí se vendían eran tantas y tan varias, que los historiadores que las vieron después de hacer una larga y prolija enumeración, concluyen diciendo que es imposible expresarlas todas. Yo procuraré decirlas en pocas palabras para excusar la molestia de los lectores. Lo que se llevaba a vender y a permutar al mercado era de cuanto había en el imperio mexicano y en las provincias y reinos vecinos (quién leyere la descripción que hacen Cortés, Bernal y el Conquistador Anónimo, reconocerá que no hay exageración alguna en lo que digo), que pudiese servir a las necesidades de la vida, a la comodidad y regalo, a la vanidad y curiosidad de los hombres; innumerables especies de animales, así muertos como vivos; todo género de comestibles usados en aquella tierra, todos los metales y piedras preciosas allí conocidas, todo los simples medicinales y hierbas útiles, resinas, aceites y tierras minerales y todo género de obras y manufacturas de pita, algodón pluma, pelo de animales, madera, oro, plata, cobre y piedra”.



Mercado en Araró, Michoacán.




Vendíanse también esclavos y aun canoas enteras de excremento humano para curtir las pieles de animales. En una palabra, vendíase en aquella plaza cuanto podía venderse en toda la ciudad; porque, a excepción de los comestibles, que había venales en otros mercadillos de la ciudad, ninguna cosa se vendía fuera de la plaza del gran mercado. Allí concurrían los alfareros y lapidarios de Cholula, los plateros de Azcapotzalco, los pintores de Texcoco, los estereros de Cuahhtitlán, los ramilleteros de Xochimilco, los pesacaodres de Cuitlahuac, los cazadores de Xilotepec y los canteros de Tenayuca”.



Mercado Zaragoza en Puebla, Puebla.



Un momento más de reflexión. En este México del Bicentenario será bueno darle una mirada a los Mercados en toda su magnificencia que son, con toda la representatividad que encierran. Dignificar los Tianguis, recuperarlos y volverlos, más que en un lugar de corrupción, en un lugar netamente mexicano en donde se lleva la dulce tarea de comprar todos los productos que requerimos para llevar a casa, ponerlos en la mesa y disfrutar la riqueza que Nuestra Madre Tierra nos da.











Mercado en Atlixco, Puebla.



Fuentes:




Bernal Díaz del Castillo.Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Editorial Porrúa. México 1974.






Francisco Javier Clavijero. Historia Antigua de México. Editorial Porrúa. Mexico 1974







Hernán Cortés. Cartas de Relación. Editorial Porrúa. México, 1974.







Eduardo Matos Moctezuma. Revista Arqueología Mexicana. Número 89.



Tianguis en Tecozautla, Hidalgo.