jueves, 12 de febrero de 2015
El "Grito" en Nuevo México, cuando Nuevo México era parte de México.
viernes, 11 de octubre de 2013
La Cabalgata de la Ruta de la Independencia Nacional: Su paso por Salamanca, 10 de Octubre de 2013.
sábado, 14 de septiembre de 2013
¿Desde cuándo celebramos el 15 de Septiembre?
Independencia y Libertad. Septiembre de 1868
Miguel de Echegaray.
Fuente:
Archivo Histórico Municipal de Salamanca. Cultura y Deportes. Caja 260. Leg. 7
sábado, 17 de marzo de 2012
El Altar de la Patria en la Alhóndiga de Granaditas, Guanajuato.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La víspera de San Miguel.
Don Miguel Hidalgo llevó varios nombres en su registro, lo conocemos por el de Miguel, pues nació el 8 de mayo, cuando San Miguel se apareció y, según la tradición antigua, uno llevaría el nombre del santo que se venera el día del nacimiento. Llevaba también el nombre de Gregorio, quizá sea porque muy cerca de Corralejo, donde don Cristóbal, su padre, vivió por muchos años hay un cerro, una hacienda y una capilla que está dedicada a ese santo, Doctor de la Iglesia, cuya festividad es el 3 de septiembre, Antonio era el siguiente nombre, en franca referencia al santo más reconocido en la Iglesia universal, cuya fiesta es el 13 de junio; quizá doña Ana María Gallaga era fiel devota de San Antonio de Padua y por eso su primogénito llevaba ese nombre. Por último Ignacio era el otro nombre que portaba, Ignacio de Loyola, el que recordamos cada 31 de julio, fundador de la Compañía de Jesús. Será bueno recordar que uno de los primeros grandes viajes que debe hacer Miguel Hidalgo es cuando, los Jesuitas son expulsados de la Nueva España, y él estaba en un colegio jesuita que tuvo que cerrar sus puertas por este motivo.
Pero hubo un 28 de septiembre que de seguro no festejó, ese fue el de 1810, pues fue el día en que se dio uno de los más sangrientos enfrentamientos entre Realistas e Insurgentes, de hecho, fue el primero de los que hubo a lo largo de once años, ese 28 de septiembre de 1810 fue la toma de Granaditas.
Hay muchas maneras de ver la Historia, una que he encontrado, a sabiendas que durante la colonia, esos tres siglos la vida giraba en torno a la religión, por lo tanto, la Historia vista desde el punto de vista de las tradiciones religiosas nos da otro aspecto de los acontecimientos.miércoles, 23 de febrero de 2011
Villa de Guadalupe, antes Represadero; San Luis Potosí. Cabeza número 170
Fue el 16 de febrero de 1811 cuando las empolvadas calles de Represadero vieron pasar a Hidalgo y los demás Insurgentes, al día siguiente enfilarían hacia el Arroyo Seco para luego llegar a la Biznaga y terminar la jornada en la Hacienda de la Presita. domingo, 12 de diciembre de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Del Tianguis al Supermercado, una herencia casi perdida
Mercado en Actopan, Hidalgo.
De algo que nos podemos engalanar en México es del colorido de los mercados, los cuales, más que mercados, los deberíamos de llamar con su nombre original: Tianguis. Lamentablemente, hoy día, por Tianguis entendemos algo que dista mucho, de ser lo que en realidad fue un Tianguis.
Mercado en Pueblo Nuevo, Guanajuato.
No hubo un solo europeo a principios del siglo XVI, que a su llegada a
Mercado en Valle de Santiago, Guanajuato.
Dista eso mucho de lo que fue, en su momento, el majestuoso Parián, idea de mercado traída, precisamente de China, o de las Filipinas, para ser más precisos, cuando el territorio de
Mercado en Tula, Hidalgo.
El maestro Eduardo Matos Moctezuma escribe en Arqueología Mexicana: “Por otra parte, contaban con un mercado, que causó fuerte impresión entre los conquistadores, lugar de intercambio de productos diversos tanto locales como llegados de otras latitudes. Al principio, bajo el gobierno de Cuacuauhpitzáhuac, sólo comerciaban plumas de papagayo, como lo señala Sahagún: “Cuando los mercaderes comenzaron en Tlatelulco, de México, a tratar, era señor uno que se llamaba Quaquapizauac, y los principales tratantes eran dos. El uno se llamaba Itzcoatzin y el otro Tziutecatzin. La mercadería de éstos, por entonces eran plumas de papagayos…” (Sahagún, 1956, t. 2, p. 339)”.
Mercado en Chilcuautla, Hidalgo.
Continúa el Arqueólogo Matos: “El mercado fue cobrando importancia, a tal grado que se convirtió al paso del tiempo en el principal sitio de intercambio. De sobra conocidos son los relatos que nos han dejado tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo, de los que cabe destacar varias cosas: por un lado, la organización que se guardaba en los distintos sectores, en los que se ofrecían productos como cerámica, mantas, cestería, comida, animales, etc., y por otro, la manera en que se dirimían las controversias que pudieran surgir del intercambio y la adquisición de productos, resueltas por los jueces. A esto hay que añadir la enorme cantidad de personas que acudían al mercado, según señala Díaz del Castillo (1943, t. 1, p. 281): “…quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en ello tenían”.
Mercado en Jilotepec, Estado de México.
Así pues, agregamos a la lista, ya dada, de Bernal Díaz del Castillo y Fray Bernardino de Sahagún, al Conquistador Anónimo y a Hernán Cortés, quienes describieron los tianguis. Y tomamos lo que el jesuita, Francisco Javier Clavijero escribiría en Bolonia, Italia, a finales del Siglo XVIII, luego de la expulsión de su orden de los territorios de
Mercado en Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajuato.
“Para dar laguna idea de estos mercados, tan celebrados por los historiadores de aquel reino, bastará decir lo que era el de la capital. Este hasta el tiempo del rey Axayácatl se había tenido, a lo que parece, en una plaza, que había delante del palacio real; pero después que Tlatelolco entró en la corona de México; se pasó a aquella nueva parte de la gran capital. La plaza de Tlatelolco era, según testifica Cortés, dos veces mayor que la de Salamanca, cuadrada y rodeada toda de pórticos para la comodidad de los comerciantes. Cada renglón del comercio tenía su puesto señalado por los intendentes del mercado. En un puesto se vendían las cosas de oro, plata y piedras preciosas; en otros las obras de pluma, en otro los tejidos de algodón y así de lo demás, y a nadie se le permitía mudar de lugar; y por si no cabían en aquella gran plaza todas las cosas venales sin embarazar a los comerciantes, había la providencia de que las cosas de mayor volumen, como vigas, piedras y semejantes, se quedaran en las calles o acequias inmediatas. El número de contratantes que diariamente concurrían a aquella plaza era, según el mismo Cortés, de más de 50mil”.
Mercado en Salamanca, Guanajuato.
“Las cosas que allí se vendían eran tantas y tan varias, que los historiadores que las vieron después de hacer una larga y prolija enumeración, concluyen diciendo que es imposible expresarlas todas. Yo procuraré decirlas en pocas palabras para excusar la molestia de los lectores. Lo que se llevaba a vender y a permutar al mercado era de cuanto había en el imperio mexicano y en las provincias y reinos vecinos (quién leyere la descripción que hacen Cortés, Bernal y el Conquistador Anónimo, reconocerá que no hay exageración alguna en lo que digo), que pudiese servir a las necesidades de la vida, a la comodidad y regalo, a la vanidad y curiosidad de los hombres; innumerables especies de animales, así muertos como vivos; todo género de comestibles usados en aquella tierra, todos los metales y piedras preciosas allí conocidas, todo los simples medicinales y hierbas útiles, resinas, aceites y tierras minerales y todo género de obras y manufacturas de pita, algodón pluma, pelo de animales, madera, oro, plata, cobre y piedra”.
Mercado en Araró, Michoacán.
Vendíanse también esclavos y aun canoas enteras de excremento humano para curtir las pieles de animales. En una palabra, vendíase en aquella plaza cuanto podía venderse en toda la ciudad; porque, a excepción de los comestibles, que había venales en otros mercadillos de la ciudad, ninguna cosa se vendía fuera de la plaza del gran mercado. Allí concurrían los alfareros y lapidarios de Cholula, los plateros de Azcapotzalco, los pintores de Texcoco, los estereros de Cuahhtitlán, los ramilleteros de Xochimilco, los pesacaodres de Cuitlahuac, los cazadores de Xilotepec y los canteros de Tenayuca”.
Mercado Zaragoza en Puebla, Puebla.
Un momento más de reflexión. En este México del Bicentenario será bueno darle una mirada a los Mercados en toda su magnificencia que son, con toda la representatividad que encierran. Dignificar los Tianguis, recuperarlos y volverlos, más que en un lugar de corrupción, en un lugar netamente mexicano en donde se lleva la dulce tarea de comprar todos los productos que requerimos para llevar a casa, ponerlos en la mesa y disfrutar la riqueza que Nuestra Madre Tierra nos da.
Mercado en Atlixco, Puebla.
Fuentes:
Bernal Díaz del Castillo.Historia Verdadera de
Francisco Javier Clavijero. Historia Antigua de México. Editorial Porrúa. Mexico 1974
Hernán Cortés. Cartas de Relación. Editorial Porrúa. México, 1974.
Eduardo Matos Moctezuma. Revista Arqueología Mexicana. Número 89.
Tianguis en Tecozautla, Hidalgo.


