miércoles, 17 de noviembre de 2010

Juchipila, Zacatecas. Cabeza número 144

Entramos a Zacatecas y seguimos en una especie de nube que nos confunde un poco en ir anotando con precisión los puntos por donde existen las estelas de Cabeza de Águila, esto debido a dos cosas, una que no me fue posible ir físicamente a recorrer esa zona debido a la carencia de fondos para hacerlo -que no de ganas- y, segunda, a que la literatura existente no es muy amplia en relatar cuál fue el recorrido que hizo el cura Hidalgo luego de la derrota de Puente de Calderón. Así pues, una vez más nos apoyaremos en lo investigado y escrito por el profesor Federico Jiménez de la Rosa. La fotografía que vemos me la hizo llegar el profesor Fedrico Guzmán y corresponde a la estela en Juchipila, Zacatecas.


Enero 18 de 1811. El cura Hidalgo procedente de Cuquío, Jalisco, y puntos intermedios del propio municipio inicia su recorrido por Zacatecas, según el guión del licenciado Jorge Gurría Locroix recorre: Yahualica, Nochistlán, Teocaltiche, Tequexquite, Encarnación, Peñuelas, Aguascalientes, Hacienda de Pabellón, San Pedro, Tlacote, Convento de Guadalupe, Zacatecas y Ojo Caliente.


Amaya, al respecto traza la siguiente: Ixtlahuiacán del Río, Cuquío, Yahualica y Teocaltiche en Jalisco, que conduce a Aguascalientes, rectificando después desde Yahualica lo hace atravesar la sierra entre Cuquío y Moyahua, prosiguiendo por Nochistlán, Teocaltiche, Peñuelas y Aguascalientes. Itinerario rechazado, en virtud de que el padre Hidalgo no estuvo en Peñuelas ni en Aguascalientes.


José T. Vela Salas, señala partiendo de Cuquío siguió a: Apozol, Jalpa, San Pedro, Teocaltichillo, San Jacinto y Tecongo, Zacatecas; adentrándose a Aguascalientes por Presa de los Serna, Cuesta de la Mora, Cerro Balnco, La Boquilla, Barranca de Ánimas, Calvillo, San Nicolás, Tepezalilla, El Puente, Cerro Prieto, Cebolletas, El Maguey, Mesa de los Pozos Montoro, Santa Rosa, Potrero de los López, Mesa de las Cebolletas, El Reventón, Presa del Alto, San José de Gracia, Cieneguita, Arroyo de la Vaca, Las Alajitas, Ex Hacienda de Pabellón, Arámbula, Ojo de Agua, Rincón de Romo, Escaleras, Las Rosas, Laguna de Piedra y Chiquihuitillo; para adentrarlo a Zacatecas por Tierra Colorada.


El doctor José Avilés Solares acepta como ruta lógica en Zacatecas, la señalada por los historiógrafos Pérez Verdía, Páez Brotchie y Castilló Ledón, partiendo del vado de San Cristobal de la Barranca, Jalisco, por considerar dicha región a la entrada natural al Cañón de Juchipila, manifestando que el itinerario fue: La Silleta, Estanzuela, Mezquital del Oro, Moyahua, Juchipila, San José de los Osotes, Apozol, Jalpa, Valle de Huajúcar y San José de Gracia.


Por su parte el profesor Salvador Vidal, residente en Zacatecas, afirma que la ruta por el párroco de Dolores fue por (Abril 28, 1960): Estanzuela, Mezquital del Oro, Juchipila, Pabellón, San Salvador, El Cerro, Hacienda de los Griegos y Ojo Caliente. Por último el erudito profesor Salvador Topete del Valle (Abril 21, 1960), partiendo de Cuquío, marca la siguiente: Moyahua, Juchipila, Apozol, San José de los Osotes. Y según Avilés Solares: Jalpa, Calvillo, San José de Gracia y Hacienda de San Blas del Pabellón.


Como se podrá apreciar, en la mayoría de las exposiciones históricas reseñadas, el cura Hidalgo salió Cuquío el 18 de enero de 1811 al amanecer, internándose al estado de Zacatecas por moyahua después de atravesar algunos lugares intermedios: Palmarejo, Tecajete, Santa Rosa, Mezquite Redondo. En los que aun no se ponen de acuerdo los historióigrafos ya que otros refieres que el párroco de Dolores pasó por la Silleta, Estanzuela, Mezquital del Oro (J.A.S.), para llegar a Moyahua, Juchipila, San José de los Osotes, Apozol, Jalpa, Calvillo, San José de Gracia y Pabellón.


Como se observará en principio, concuerdan en señalar como ruta seguida por Hidalgo en Zacatecas, la que a continuación se expresa, apoyada en testimonios fehacientes y tradiciones inmortales que a pesar del tiempo palpitan en el corazón y pensamiento de los descendientes de aquella histórica etapa: Moyahua, Juchipila, Apozol, San José de los Osotes y Jalpa, todos en el estado de Zacatecas.


El padre Hidalgo llega a la jurisdicción de Moyahua y acampa unas cuantas horas en el sitio conocido en toda la región como el Cerro del Campamento, para dar descanso al reducido y exahusto grupo de personas que lo acompañan y a las bestias que utilizan en su fatigosa jornada.


Según tradición recogida por don Estaban Vázquez Godoy, vecino caracterizado de Cucxpala del municipio de Moyahua, expuesta en un artículo periodístico con el rubro de "Un campamento en la nueva ruta de Hidalgo" publicado por el señor Vázquez Godoy en mayo 30 de 1953, Semanario Provincia, editado en la ciudad de Zacatecas, con el número 476 y corroborada por el prfesor A. Toepte del Valle, en visita que hizo a Juchipila a fines de enero de 1956.


El mismo día 18 de enero de 1811, el inmortal párroco de Dolores sigue rumbo a Juchipila llegando ya bien entrada la tarde según lo refiere el culto vecino del lugar Manuel Meza Zarza en "Gajos de Historia" del ingeniero Vito Alesio Robles. Aquí descansa en una modesta casa anexa a la parroquia de cuyos balcones arengó al pueblo allí congregado, para que se sumara al movimiento libertador.


Después de tal acto emprende su marcha tocando Apozol, para llegar ya muy avanzada la noche a San José de los Osotes 3 kilómetros adelante de Juchipila, pernoctando aquí; oye misa a temprana hora y reanuda su viaje. (1)


Esta confusión en cuanto a la ubicación de las estelas de Cabeza de Águila en la parte sur del estado de Zacatecas será en el artículo del día de mañana en donde aclararemos los puntos que, al parecer, fueron los señalados para colocar cada una de ellas.


Don Jaime Quezada Sandoval da una conferencia el 10 de junio 2010, en donde, entre otras cosas dice lo siguiente: "En cuanto a la tendencia regionalista a que me refiero al principio, sobre todo en la ruta que tomó el Libertador rumbo a la Hacienda de Pabellón, Ags., después de la derrota del Puente de Calderón muchos aseguran que pasó por la Barranca de San Cristóbal, La Estanzuela, para llegar al Mezquital del Oro, Cuxpala, Moyahua, Juchipila, etc.; otros que por el Puente Grande, Tlacotlán, Ixtlahuacán, Cuquío, Yahualica, pero la más viable es la ruta por Ixtlahuacán, Juchipila, Jalpa, Calvillo por ser la más corta y ser un camino legendario; además, debió contar con un buen guía. Viene también el hecho de que algunos pueblos de la región se adjudican el honor de haber albergado a D. Miguel Hidalgo por una noche en su largo peregrinar; que si durmió aquí, que si durmió allá; a veces la hora y la fecha no coinciden por la jornada tan larga. Como forma ilustrativa, transcribo aquí sintetizada, una carta que escribió el juchipilense señor don Manuel Meza Zarza y que envió al historiador y periodista Vito Alessio Robles que a su vez publicó en la columna que escribía en un periódico en 1953 y que dice así:


“En el rancho llamado Caballería de San José de los Osotes, tres kilómetros al norte de Juchipila, existe el “Guamúchil del Cura”, un viejo árbol a cuyo pie ofició Misa el Cura Hidalgo a la mañana siguiente de haber pernoctado en el citado rancho”, continuando luego hacia Apozol y Jalpa, donde dicen también que allí durmió la noche del 18 al 19, por lo que hay una placa conmemorativa. Dice también el señor Meza Zarza que no quiso dormir en Juchipila, pero que si arengó al pueblo desde una modesta casa que ya no existe. Sin embargo, la versión anterior de que dijo Misa, desmerece en su credibilidad cuando se lee la respuesta número 11 de uno de los interrogatorios que se le hicieron al Padre de la Patria, donde manifestó que no había usado el púlpito a favor de la causa y que “ni había vuelto a celebrar misa por considerarse inhábil” dadas las acciones que había llevado a cabo desde que inició su movimiento. Y por lo que a nosotros toca, si el Sr. Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla no durmió en nuestro pueblo, nos queda la satisfacción de que sí pasó por estas tierras nuestras que encierran tanta y tan variada historia en las diferentes etapas de nuestra vida nacional. Esto es todo señores, muchas gracias por haberme escuchado". (2)

Fuentes:


1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960


Don Miguel Hidalgo y Costilla, sus monumentos -6-

126.- Miguel Hidalgo representado a propósito del Bicentenario en el Día de Muertos en trabajo de cartonería por Osvaldo Ruelas en Salamanca, Guanajuato.

127.- Una representación más de Hidalgo en la idea de la Calavera creada por el aguascalentense José Guadalupe Posadas en el museo del Bicentenario de Salamanca, Guanajuato, obra de José de Jesús Villamil.

128.- El monumento que a Hidalgo se levanta en Pénjamo, Guanajuato, nos lo muestra en una pose poco común.

129.- Este fue el modelo utilizado para el monumento de Hidalgo en Pénjamo.

130.- Busto de Miguel Hidalgo creado en 1864, el segundo en México. Lo encontramos en el Rancho de San Vicente, municipio de Abasolo, Guanajuato.

131.- Relieve de cuerpo entero de don Miguel Hidalgo en el Rancho de San Vicente.

132.- Esta es la columna que los penxamenses le levantaron a Hidalgo en 1864.

133.- En la Expo Bicentenario de Guanajuato encontramos el alto relieve que nos muestra a Miguel Hidalgo.

134.- Litografia con el retrato de Hidalgo hecha en 1849, autor desconocido.

135.- Hidalgo visto por el pintor mexicano Raúl Anguiano.

136.- Hidalgo en una litografía de 1959 hecha por Leopoldo Méndez.

137.- Hidalgo visto por el pintor mexicano Fernando Leal Audirac.

138.- Una visión un tanto cuanto particular de Hidalgo en los pendones de Pénjamo que se denominaron El Bicentenario Pop.

139.- Pintura de Hidalgo hecha por el pintor originario de Pátzcuaro, Alfredo Zalce.

140.- Litografía que representa a Hidalgo por Antonio Vanegas Arroyo durante las celebraciones del Centenario.

141.- Un Hidalgo que apareció en la revista Letras Libres de Septiembre 2010, número 141.

142.- Una litografía más del taller Vanegas Arroyo de la ciudad de México, 1910.

143.- La moneda conmemorativa de $ 5.00 pesos del Bicentenario

144.- Fotografía del templete levantado a Hidalgo en Dolores, al parecer de 1885.

145.- Seguramente esta fue la imagen de Hidalgo más difundida durante el Bicentenario, la elaborada por el chihuahuense Jesús Helguera, aquí en el billete conmemorativo de $ 200.00 pesos.

146.- Hidalgo visto por el silaoense José Chávez Morado.

147.- Miguel Hidalgo visto por el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros.

148.- Una litografía más de autor desconocido que nos muestra al cura de Dolores.

149.- Claudio Linati, el dibujante italiano que visitó México en el primer cuarto del siglo XIX idealizó a don Miguel Hidalgo y Costilla de esta forma.

En esta fotografía, tomada en el museo del Bicentenario de Salamanca, vemos de frente la "Calaca de Hidalgo" hecha en cartón por Osvaldo Ruelas.


martes, 16 de noviembre de 2010

El monumento más antiguo levantado a Hidalgo

Son cientos, más bien miles las estatuas que del cura don Miguel Hidalgo y Costilla se han levantado a lo largo y ancho del país, los hay en los lugares más insólitos; en ranchos como en San Vicente, municipio de Abasolo, Guanajuato. En cruces carreteros como en Acámbaro, Guanajuato, en plazas y jardines, como seguramente habrá uno en el lugar en donde me estás leyendo ahora. Y son varios los monumentos que se dicen ser "el más antiguo" que se levantó en su honor en nuestro país. Tal es el caso del de Tenancingo, en el Estado de México, del cual estamos viendo la copia que se hizo para ser exhibida en la Expo Guanajuato Bicentenario. Dicho monumento fue levantado en 1851.

"La historiadora Esther Acevedo refiere en el apartado de 200 años de festejo, en el libro que editó la Universidad Autónoma del Estado de México bajo el nombre “Bicentenario de la Independencia. Estado de México”, que la primera escultura al cura Miguel Hidalgo y Costilla fue controvertida. Esto debido a que el escultor español Manuel Vilar, quien fuera maestro de la Academia de San Carlos, se negó a hacer dos esculturas de Hidalgo que estarían destinadas para los poblados de Pénjamo y Dolores. La primera estatua al padre de la patria se hizo en el taller de Joaquín Solache y fue inaugurada el 16 de septiembre de 1851 en la ciudad de Toluca, en lo que hoy es la plaza de los Mártires, aunque la idea original del gobernador Mariano Riva Palacio era ubicarla en el Monte de las Cruces, donde hoy hay jinetes a caballo".

"La estatua sufrió un pequeño cambio. Los habitantes de Tenancingo relatan que cuando el maestro esculpía la piedra, ésta se fragmentó y por ello Hidalgo no quedó totalmente erguido y está recargado sobre su mano izquierda, ligeramente de lado. El cronista relata que todos quedaron satisfechos de esta obra, tanto que el escultor recibe otros mil pesos y se llevan la estatua a Toluca, frente a la sede del Poder Legislativo, donde la inauguró el gobernador el 16 de septiembre de 1851. La estatua estuvo durante 33 años en Toluca, fue parte de la escenografía hasta que en 1884 el gobernador decide regresarla a su lugar de origen. Para ello manda a hacer un nuevo diseño en Florencia Italia, donde pagan 25 mil francos en oro por la efigie que hoy está en la plaza de los Mártires donde ha permanecido por más de 126 años". (1)


Algo curioso hay en las esculturas de Hidalgo, pues al igual que él, que andubo desde su niñéz de un lugar a otro, sea por la muerte de su madre, que por la escuela, continuamente se movía, igual pasó en el largo recorrido que en este espacio estamos siguiendo, ahora vemos que sus monumentos también se mueven de un lugar al otro, de una ciudad a otra, de una glorieta a la otra.

Esta copia de la escultura de Tenancingo no se cual será su paradero, por lo pronto hasta el 31 de enero del 2011 que permanecerá abierta la Expo Bicentenario la podrás admirar en el pabellón denominado "Un paseo por la historia"... si es que no lo puedes hacer en la original de la ciudad Mexiquense.


Fuente:

Artículo publicado en Milenio.com de fecha 13 de julio de 2010, "La primera estatua de Hidalgo"
http://www.milenio.com/node/486660

miércoles, 10 de noviembre de 2010

José Antonio Torres, el Padre -no confundirlo con el Amo Torres-

Son homónimos pero su obra es muy distinta, ambos participaron en la lucha por la Independencia, José Antonio Torres "el Amo Torres", fue quien tomó Guadalajara pacíficamente, luego sería sacrificado, en cambio, años más tarde apareció otro José Antonio Torres cuya reputación e ideales dejaron muchas dudas sobre la autenticidad de su incorporación al movimiento Insurgente, veamos pues, la vida de José Antonio Torres, "el Padre Torres".


"Nació en el pueblo de Cocupano, en la antigua provincia de Michoacán, alrededor de 1770. Estudió en Valladolid la carrera eclesiástica con muy poco provecho y, sin duda, con menos vocación, aunque en su disculpa hay el hecho de que fueron sus padres quienes lo impusaron al sacerdocio. En 1810, al producirse la revolución, estaba como vicario en el pueblo de Cuitzeo del Porvenir y se adhirió a ella sin destacar mucho ni manifestarse en ningún aspecto, de los múltiples que tendrá como Insurgente en el trascurso de la guerra. Más bien aparece entonces en segundo término entre los hombres de Albino García con quien lucha en este período. Unido a él, sus campañas iniciales casi no existen; son, más bien, acciones de García a las cuales está subordinado, como ejemplo en el asalto a la antigua ciudad de Valladolid en junio de 1811. En algunos partes realistas también es citado en actuaciones desarrolladas, principalmente, en la antigua provincia de Guanajuato en la cual habrá de destacar en lo futuro.


Después de la captura y muerte de Albino García va cobrando el Padre Torres personalidad y audacia; en 1814, a raíz del regreso de Fernando VII a España, los realistas le mandan una comunicación prometiéndole el cese de hostilidades ya que el motivo -se afirma en el documento- "ha cesado". La ingenuidad del texto implica además confusión, y el padre Torres contestó en un tono muy ponderado, cortés incluso, y manteniendo los puntos de vista de la insurgencia al margen del regreso o el cautiverio de Fernando VII. El texto nos evidencia, además, ya que de otro modo no se hubiera intentado hacerlo desistir de su actitud. Se ha afirmado que la respuestadel padre Torres fue debida al doctor José María Cos, quien se encontraba con él en aquella oportunidad.


Muy perseguido por Agustín de Itrubide, no realizó en aquel año acción notable y más bien hubo de retirarse de diversos sitios ante el acoso realista, como el que hubo de efectuar, asociado a Lucas Flores, a las puertas de Acámbaro, en febrero de 1815. Con anterioridad, simulando ir a reunirse con Morelos a Pátzcuaro, atacó el pueblo de La Piedad, pero fue dispersado por Pedro Celestino Negrete. Esto sucedía a últimos de octubre y la persecución de que en aquellos días se le hacía objeto, se acentuó todavía por parte de Agustín de Iturbide y de Pedro Celestino Negrete, quienes tuvieron una reunión en el pueblo de La Piedad a fin de acabar -según comunicado realista- "con el mal presbítero Torres..."


En diciembre fue atacado en la hacienda de Cuerámaro por las fuerzas de Itrubide, las cuales desbarataron completamente a las diversas partidas insurgentes allí reunidas, haciendo prisionero, entre otros, al padre Sáenz, quien tenía el grado de brigadier, y se le fusiló allí mismo con otros nueve prisioneros. El padre Torres con varios jefes, consiguió huir. En marzo de 1815 atacó Irapuato y, más tarde, La Piedad, en cuya acción los realistas perdieron algunos oficiales. En aquellas fechas Iturbide comunicaba al virrey la necesidad de acabar con el padre Torres que constituía peligro constante para muchos pueblos de la antigua provincia de Guanajuato. A pesar de sus acciones diversas y de la preocupación que éstas producían a los realistas, el padre Torres no tenía mucha aptitud para el ataque y quizá, debido a esto, fortificose en el cerro de Los Remedios, cerca de Pénjamo, refugio, admás de Insurgentes destacados que habían constituído una unidad de combate bajo la autoridad de la Junta de Jaujilla, de la cual el padre Torres era vocal. A la llegada a la Nueva España de Martín Francisco Xavier Mina, éste conferenció en el fuerte de Los Remedios con el padre Torres acerca de los planes futuros; el hecho de haberse dado el mando a Mina disgustó mucho al padre Torres, orgulloso de su grado de Teniente General, otorgado por la Junta de Jaujilla.


A este pequeña vanidad se debió, probablemente, su malquerencia por Mina, quien hubo de soportar el odio de los españoles y el recelos de algunos mexicanos, influenciados por el padre Torres. A raíz del asalto del Fuerte del Sombrero cuando las fuerzas insurgentes que allí había se refugiaron en el de Los Remedios, el padre Torres aumentó sus precauciones y no pudo llegar a una inteligencia con el jefe español, quien deseaba aligerar el cerco realista a la fortaleza de Los Remedios, a base de obligar a las fuerzas sitiadoras a alejarse del lugar ante el peligro de una operación importante sobre otro punto, en este caso, Guanajuato, cuya población era el objeto de Mina. Esta táctica resultaba, a todas luces, mucho más beneficiosa que la de aguardar, en Los Remedios, como así sucedió, el asalto trágico y cruel ya conocido por los insurgentes en la fortaleza de El Sombrero. La Junta de Jaujilla, ante estas dos tácticas, se inclinó por la del padre Torres y Mina se encontró sin hombres para realizar sus operaciones que, de llevarse a cabo, hubieran obligado a Pascual Liñán a abandonar el cerco. En este aspecto hubo una tendencia a no variar el sistema de lucha, que consistía principalmente en escaramuzas en lugar de batallas y en protegerse en reductos inexpugnables que nunca tuvieron esta virtud: Cóporo, El Sombrero, Jaujilla, Los Remedios.


Desde la fortaleza y como resultado de esta táctica fatal, el padre Torres pudo ver el día 11 de noviembre de 1817 el fusilamiento en el cerro del Bellaco, de Javier Mina. No había, pues, esperanza de ayuda y, los sitiados decidieron, después de acciones diversas, el día 1 de enero de 1818 con resultados fatales, repitiéndose las escenas de horror que habían ya tenido lugar en el Sombrero, ya que los fugitivos, a los cuales no dieron cuartel, ni al día siguiente persiguiendo a los que habían andado de noche por caminos extraviados. Pocos se salvaron y, entre ellos, el padre Torres con muy poca gente, y algún oficial distinguido de las fuerzas expedicionarias de Mina, como Erdozain. Fuera de su fortaleza, acosado por los realistas, tuvo muy pocas acciones brillantes y, al cabo de poco, debido a su crueldad, mal visto por los mismos Insurgentes, más que recelosos de su proceder, ya que abusando de su autoridad y por motivos ignorados, hizo fusilar a Lucas Flores y a Remigio Yarza, compañeros que habían resistido las tentadoras ofertas del indulto en aquel momento en que la causa Insurgente especialmente en la antigua provincia de Guanajuato, estaba casi totalmente perdida.


Esto creó una reacción desfavorable para el padre Torres, quien vio desconocida su autoridad por casi todos los rebeldes que aun existían, los cuales, reunidos en Puruándiro, designaron como jefe a Aragó. Además la junta insurgente aprobó la designación de Aragó, cosa que desalentó a Torres, si bien no quizo someterse y se retiró con algunas partidas fieles, al Rincón de los Martínez. Poco tiempo después acababa, sufriendo la pérdida de muchos hombres y resultando derrotado, a Anastasio Bustamante, en el rancho de Los Frijoles.


Las desavenencias entre Aragó y el padre Torres llegaron a su punto álgido en una acción habida entre las fuerzas Insurgentes de los dos jefes y en la cual el padre Torres estuvo en peligro de caer prisionero. Retiróse entonces a la sierra, constantemente perseguido por los realistas que querían apoderarse de él, ya que, al poco tiempo de las rivalidades anotadas entre los jefes de la rebeldía, Aragó se acogió a indulto, Andrés Delgado había muerto, José María Liceaga también y el padre Torres era el único que mantenía tenazmente la prueba de fidelidad a la causa de la Independencia.


A últimos del año 1818, hallándose en una hacienda de Silao con un capitán llamado Juan Zamora, éste perdió más de mil pesos en un juego empeñado con el padre Torres; como no los traía consigo, dejó su caballo. Al día siguiente regresó Zamora con dicha cantidad, pero el padre Tores no quiso devolverle el caballo, del que quería apoderarse; esto motivó una agria discusión que terminó, mientras todos iban de camino, con un lanzazo de Zamora al padre Torres. Sus acompañantes respondieron a la agresión matando al capitán, pero el padre Torres, trasladado al rancho de Las Cabras de la hacienda de La Tlachiquera, falleció poco rato después y allí mismo se le sepultó.


La mayor parte de los historiadores han destacado el carácter cruel de este insurgente y la desconfiuanza, en él innata, que sin duad contribuyó mucho al fracaso de Javier Mina. Hay, en cambio, un mérito de constancia digno de señalarse, ya que constituye casi una excepción entre los jefes insurgentes que lucharon en el año de 1818". (1)


Será bueno anotar algo que el cronista de Yuriria, don José de Jesús Guzmán Cíntora escribio en su Monografía de Yuririapúndaro:


"Por el proceder tan brutal de Iturbide tanto en Yuriria como en Salvatierra, y por el hecho de que siempre que llegaba a Yuriria se hospedaba en el Convento; aunque siempre lo encontraba abandonado pues el cura Quintana se remontaba al cerro, temeroso de este troglodita, el jefe de una partida que se decía Insurgente, y que era el cura Cooperador de Huanímaro, don Antonio Torres, en el año de 1814 llegó a Yuriria y dando rienda suelta a sus instinto de pirómano, quemó el Templo y el Convento por ser el alojamiento ocasional de Iturbide, constituyendo este acto de vandalismo un descalabro irreparable para la ciudad..." (2)



Fuentes:


1.- Miquel i Verguís, José María. Diccionario de Insurgentes. Editorial Porrúa, México. 1980


2.- Guzmán Cíntora, J. Jesús. Yuririapúndaro. B. Costa-Amic Editor. México, 1978

El Cabo Leiton, más que un héroe, un villano de la Insurgencia


Si bien este no es el dibujo del Cabo Leiton, si nos da una cuenta de como luciría, pues este era el insituido a los Capitanes a finales del siglo XVIII.


Don Rafael Iriarte se hallaba en el mineral de Marfil, en Guanajuato, antes de que estallara la insurrección y había sido soldado veterano cuando don Félix Calleja mandaba la 10a brigada del ejército realista en San Luis Potosí, en cuyo tiempo sirvió de amanuense a dicho jefe y desde entonces se le conocía ya con el sobrenombre de Cabo Leiton.

Refiere don Agustín R. González en su Historia del Estado de Aguascalientes, que Iriarte se encontraba en aquella ciudad cuando estalló en Dolores la insurrección, cuya causa abrazó luego, formando un numeroso ejército.

No me ha sido posible encontrar noticias fehacientes acerca del lugar que Iriarte comenzó la organización de éste ejército, pero sí se refiere en algunas historias que a los pocos días de que Hidalgo proclamó la Indpendencia, contaba ya con una numerosa fuerza, aunque compuesta con gente sin disciplina, sin orden, turbulentas y armadas en su mayor número con lanzas, machetes y flechas, pues en aquella imprevista chusma, andaban más de cinco mil indios que por Huejúcar y Colotlán había reunido el padre José Pablo Calvillo, con los cuales se reunió una parte del regimiento de la Nueva Galicia.

Entre tanto, Zacatecas había secundado el movimiento revolucionario, nombrado el conde de la Laguna, don Miguel Rivero, intendente interino de la provincia como ni él ni las autoridades de la ciudad conocían los verdaderos fines o tendencias de dicho movimiento, resolvieron comisonar al doctor don José María Cos, cura del burgo de San Cosme (hoy Villa de Cos, Zacatecas) para que fuera a conferenciar sobre ese asunto con el Generalísimo del Ejército Grande Americano, don Miguel Hidalgo.

El doctor Cos partió sin pérdida de tiempo a cumplir su importante comisión, dirigiéndose a Guadalajara; pero en Aguascaliente se encontró con don Rafael Iriarte, a quién hizo saber el objeto de la citada comisión y las instrucciones que al efecto se le habían dado; y como el cura Hidalgo se encontrab entonces en Valladolid, el doctor Cos entró en explicaciones y arreglos con Iriarte, resultando de estos que la provincia de Zacatecas, sin escrúpulo alguno, estaba en actitud de adherirse a la causa de la insurrección, y que, por tanto, Iriarte podía ir a aquella ciudad, donde no encontraría ninguna resistencia.

Después de la conferencia que el doctor Cos había celebrado en Aguascalientes con Iriarte, este se dirigió con su ejército a Zacatecas, a cuya ciudad pudo entrar, el 3 de noviembre, sin que se le hubiera hecho ninguna resistencia y antes por el contrario, se le recibió con muestras de agrado y aun de simaptía, pues se hicieron en su honor varias demostraciones públicas y le fue ofrecido un banquete de cien cubiertos, al que concurrieron muchas personas prominentes y aun algunos sacerdortes.

Iriarte permaneció en Zacatecas pocos días, ocupándose de procurar recursos y de equipar y aumentar su tropa, aprovechando los buenos elementos que aquella ciudad pudo proporcionarle. Súpose entonces que en San Luis Potosí había secundado el movimiento de insurrección y que el caudillo don Ignacio Allende andaba a punto de ser atacado por el brigadier Calleja. Estas noticias obligaron a Iriarte a abandonar Zacatecas con intención de unirse a Allende; pero en la hacienda de Muleros varió de pensamiento, pues lejos de apresurar su marcha rumbo a Guanajuato, se encaminó a San Luis Potosí, después de haber preguntado a los caudillos insurgentes de aquella ciudad si podía dirigirse a ella, donde llegó el 16 de noviembre.

Iriarte tomó el rumbo de Ojuelos y allí expidió a fray Juan Salazar un nombramiento de comandante para que levantara gente voluntaria y con ella se le uniera.

El caudillo don Ignacio Allende había comenzado a desconfiar de Iriarte, pues éste recibía mal que se le viera como a un inferior, y manifestándose descortés con aquel jefe a quién daba muestras de cierta superioridad, hizo que saliera de sus propias manos la paga de los soldados de Allende, quién temiendo una tropelía de parte del insubordinado Cabo Leiton, marchó a Guadalajara a unirse con el Generalísimo Hidalgo.

A los pocos días el ejército de Hidalgo era derrotado en Puente de Calderón, y con el resto de la tropa que le quedaba se dirigió a Aguascalientes, donde, según parece, permenecía aun Iriarte, quién siguiendo una conducta voluntariosa y egoista, no se había preocpuado de ayudar con sus tropas a los jefes principales de la insurrección.

De Aguascalientes marcharon Hidalgo y Allende a Zacatecas acompañándolos Iriarte, quién quedó acantonado con su tropa en la inmediata Villa de Guadalupe.

Los caudillos de la revolución, después de permanecer en Zacatecas algunos días, acordaron marchar rumbo norte, dejando a Iriarte en dicha ciudad como para cubrir la retaguardia y con orden de que fuera a incorporárseles en la ruta que seguían; pero el insubordinado cabecilla permaneció en Zacatecas todavía algunos días, y en el interín destacó sobre Fresnillo una fuerza de mando de don Mariano Muciño; la que tuvo un encuentro en el rancho de Tapiar con otro realista que venía de Sombrerete, al mando de don Pedro Ruíz Larramendi, habiendo sido rechazados los insurgentes que tuvieron que replegarse a Zacatecas.

Entre tanto el realista José Manuel Ochoa avanzó sobre dicha ciudad por orden del brigadier don Bernardo Bonavía que se hallaba en Durango. No se puede asegurar acertadamete si Iriarte mismo esperó a Ochoa en Zacatecas, o si aquel se dirigió a Saltillo, dejando a Sotomayor o a Muciño en dicha ciudad, pero lo cierto es que Ochoa atacó a la fuerza insurgente que allí había quedado derrotándola el 17 de febrero de 1811, después de una tenaz resistencia.

Los jefes insurgentes derrotados en Zacatecas se dirigieron a Saltillo y en cuanto a Iriarte, se sabe que Allende, al ir a tomar parte en un combate que se esperaba cerca de aquel lugar, dejó encargado el mando del ejéricto a don Mariano Arias y al mismo Iriarte en Matehuala.

Como no había ido a incorporarse al Saltillo con Allende, este al salir de allí rumbo al norte, y poseído de disgusto y de serias sospechas de infidencia contra Iriarte, dio orden a don Ignacio López Rayón para que lo fusilara en caso de que se le presentase; y como esto aconteció después de la captura de los caudillos Hidalgo, Allende y compañeros en Acatita de Baján, el referido Rayón lo hizo pasar por las armas en Saltillo en cumplimiento de la orden mencionada.

Lástima es, en verdad, que uno de los primeros que se apresuraron a secundar el glorioso Grito de Dolores, logrando reunir en pocos días, bajo las libertadoras banderas un numeroso grupo de defensores de la patria, no hubiera sido guiar a éstos por la senda del orden y del verdadero patriotismo, dándoles personalmente un ejemplo digno y honroso.

Tales son las únicas noticias que he podido adquirir acera del desgraciado Cabo Leiton, de quién no se sabe de donde era originario, aunque algún autor supone que lo fue de Zacatecas. (1)


Fuentes:

1.- Amador, Elías. Noticias biográficas de insurgentes apodados. Zacatecas, 1910. reeditado por la SEP en 1946

Mujeres y niños en la lucha. (Artículo de Juan Ortíz Escamilla)


Como en todas las guerras, las mujeres y los niños desempeñaron un papel importante. Criollas, mestizas, indias, negras, ricas, pobres, esposas, madres, novias, amantes, monjas, y prostitutas, en mayor o menor grado arriesgaron vida, libertad y bienestar por una causa que consideraban legítima. Los niños siguieron también las andanzas de sus padres y corrieron los mismos peligros.

La "Capitana", Manuela Medina o Molina, india de Taxco, gran guerrillera, orgullosa portaba el grado recibido de la Suprema Junta Nacional. Otra Manuela, Manuela Herrera, se ganó el cariño y respeto de su gente y prefirió quemar su hacienda El Venadito antes de permitir que los realistas utilizaran sus recursos. Uno de los princiaples apoyos económicos del español Francisco Javier Mina, fue detenida junto con su hermano en 1817 y logró escapar. María Andrea Martínez alias "la Campanera", esposa del cabecilla insurgente Domingo Martínez, se ganó el respeto por su intrepidez y valentía. Estuvo a punto de ser fusilada junto a su esposo, pero la ejecución se postergó debido a su embarazo. También acompañó a su marido Priscila Marquina de Ocampo, de Taxco, quien aparecía en público "con sus charreteras y sables, llena de tanta vanidad y orgullo". En Guanajuato, Juana Bautista Márquez y su hijo, José María, acompañaron a Hidalgo hasta su aprehensión en Acatita de Baján y fueron ejecutados en la plaza pública de Guanajuato.

En Nueva Galicia, la hermana y la madre de Saturnino Oretga, Ana María y Trinidad, fueron detenidas con las armas en la mano por la patrulla de Pedro Celestino Negrete y permanecieron en prisión hasta 1818, ente ellas Romana Jarquín, Rosa Patiño y Cecilia, Micaela, Pioquinta y Ramona Bustamante.

Hubo acusadas de pretender "seducir" a las topas realistas, como Gertrudis Bocanegra, quien hizo que su marido se pasara al bando insurgente, junto con su hijo de diez años de edad. Muertos en campaña, Gertrudis tomó las armas al lado de su yerno, quien en 1817 la envió a Pátzcuaro a espiar la situación y atraer partidarios; al ser descubierta, fue pasada por las armas. Ana Villegas, de Chicontepec, madre de los cabecillas Lorenzo y José Espinosa, también fue detenida por seducir a los indios de su pueblo y fusilada en Tuxpan. Otras fusiladas fueron Manuela Paz y Luisa Martínez de Engorícuaro, pero algunas lograron que se postergara la ejecución por embarazo y se les conmutara la sentencia por prisión, como Mariana Anaya, esposa de Manuel Villalongín.

Sin embargo en el Bajío, Agustín de Itrubide puso en prisión algunas mujeres por el simple hecho de ser familiares o mantener relaciones estrechas con algún cabecilla, y cuando los rebeldes se negaban a acoger al indulto, mandó fusilar a una mujer por cada población destruída, aunque desistió de esta medida por las protestas de los habitantes. En Puruándiro también fueron a prisión la madre, la hermana y los sobrinos (una niña de 11 años y un niño de 4) del cabecilla José María Sixtos. Rita Pérez, esposa de Pedro Moreno, también estuvo encarcelada hasta que su marido solicitara "la piedad del indulto". Con la detención de mujeres, el gobierno presionó a los rebeldes a pedir el indulto. En la ciudad de México terminaron en prisión las mujeres de la familia Villagrán de Huichapan.

Las amantes también sufrieron penalidades. Tal fue el caso de mujeres como María Josefa Paul "amasia del rebelde Padre Torres", María Gertrudis Guadalupe Bernal, amante de Atilano García; María Trinidad Uribe, remitida a la cárcel de México por sus "tratos amorosos" con José María Villagrán, y María Juana Gutiérrez, detenida por "amancebamiento" con el cabecilla Mariano Osorio. Hubo ocasiones en que la esposa y la amante compartieron la misma prisión, como ocurrió con la esposa y las dos amantes de Vicente Vargas.

Hubo detenidos por mostrar simpatías por los rebeldes, ofrecerles asilo o prestarse a transportar municiones. Tampoco faltaron mujeres de la "vida alegre", como "la Marquina", amante del intendente de Tecpan, "la Empreratriz", que apareció con Albino García cuando intentaba tomar Guanajuato, y terminó fusilada en Colima.

Mujeres de la aristocracia también apoyaron la causa insurgente arriesgando la vida, fortuna y tranquilidad. Junto a Josefa Ortíz de Dominguez destaca Leona Vicario Fernández, quién envió aramas, dinero, medicamentos, ropa y correspondencia a los rebeldes. Al ser descubierta huyó disfrazada de negra y se reunió con su novio Andrés Quintan Roo, y a su lado recorrió todas las sedes del Congreso Nacional Americano. Dspués de muchas penalidades, vagando con una hija en los brazos, se indultaron, pero doña Leona no recuperó sus bienes sino después de la independencia. Otra mujer distinguidoa fue Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín, principal organizadorade la conspiración en Abril de 1811 para aprehender al virrey Venegas. La conspiración fue descubierta y la familia Lazarín fue puesta en prisión hasta diciembre de 1820. Francisca Michelena también sufrió prisión por simpatía a la insurgencia, al igual que Margarita Peimbert y Mercedes y María Piña. (1)


Fuentes:

1.- Ortíz Escamilla Juan. Mujeres y niños en la lucha. La Guerra de Independencia. Gran historia de México ilustrada. tomo III. Planeta DeAgostini. Josefina Zoraida Vázquez, coordinadora. México, 2006.

Las Cruces y Tebaida, municipio de Cuquío, Jalisco. Cabezas 142 y 143

"Viernes 18 de enero d 1811. Al amanecer de este día y sin poder conciliar el sueño por temor a ser sorprendidos por el enemigo emprenden nuevamente su marcha, tocando Las Cruces y Tebaida del mismo municipio de Cuquío, dirigiéndose a Zacatecas por el rumbo de Moyahua; guía la caravana el cura Calvillo, gran conocedor de esos caminos, cambiando de cuando en cuando sus cansadas cabalgaduras.

Como algunos investigadores aseguran que entró por Peñuelas al estado de Aguascalientes y otros a Zacatecas por la Silleta y Estanzuela, en el curos de este estudio se verá cuál de ellos presenta los testimonios dignos de mayor crédito histórico". (1)

De ese modo termina el profesor Jiménez de la Rosa el recorrido de Hidalgo por el estado de Jalisco, seguimos con la duda si en estas comunidades existe o existió una estela de Cabeza de Águila.
Un dato interesante que encontramos, antes de salir del estado de Jalisco, está en el libro de José María Liceaga, el cual no debemos confundir con Liceaga, el romitense que se fortificó en la laguna de Yuriria; Liceaga era un jóven abogado que recién se había titulado en la ciudad de México en agosto de 1810, cuando regresó a su lugar de orígen, el real de minas de Guanajuato y fue testigo presencial de los acontecimientos dados allí. Luego publicó un libro en donde hace ciertas precisiones a lo que el otro testigo de los hechos, Lucas Alamán, publicó en su libro de Historia de Méjico. Así pues en el libro de Liceaga, relacionado a la Batalla de Calderón, leemos que:
"Se duda, que la dispersión y fuga de los insurgentes de la capital de Guadalajara se debises a una granada de a cuatro, que cayendo en un carro de municiones, lo hizo volar, e incendió la grama seca que cubría el campo, llevando al aire, el fuego y el humo contra ellos mismos; pero bien se puede prescindir de la caída de la granada, cuando se asienta, que el incendio siempre se verificó por el fuego continuo de las dos piezas, que Villamil había lelvado en auxilio de la división de Flón, para que se considerara, invitable la pérdida de las baterías, y con tanto mayor fundamento cuanto, a que se esperaba, que en arquel instante atacarían las fuerzas de Cruz por la retaguardia. Oficiales del ejército me aseguraron que el coronel Sota Riva se había valido del arbitrio de hacer, que corriera la voz en todo el campo insurgente, de que acababan de llegar esas tropas, con lo que, al paso que a los sitiados no les quedaba otra esperanza, de salvación, que la de una violenta, y precipitada fuga, cobraron nuevo aliento los sitiadores."
"Detenido Calleja en las inmediaciones de puente de Calderón, no pudo entrar a Guadalajara el 21 de enero y en la tarde del mismo llegó el brigadier Cruz. Con la entrada de los dos ejércitos, salieron de los lugares, en que estaban ocultos, los españoles que habían escapado de los degüellos, y don Roque Abarca, que había sido Presidente e Intendente de la Provincia, a cuayos empleos no se le restituyó; y habiendo emprendido después su viaje para España, murió en Yucatán..." (2)


Fuentes:

1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.

2.- Liceaga, José María. Adiciones y rectificaciones a la historia de México. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Indpendencia Nacional. México, 1985.