miércoles, 16 de marzo de 2011

Monclova, Coahuila. Cabeza número 200


El resultado de la emboscada perpetrada por Ignacio Elizondo fue el asesinato de 40 personas, entre ellas Indalecio Allende y Joaquín Arias; 893 individuos presos de toda denominación, desde el Generalísimo Allende, el ya no Generalísimo pero, el iniciador del movimiento Insurgente, don Miguel Hidalgo y Costilla, Aldama y Jiménez. Varios clérigos también, entre ellos Mariano Balleza, Ignacio Hidalgo y fray Gregorio de la Concepción. Todos fueron trasladados a Monclova para allí determinar el sitio al que se deberían trasladar. Los realistas encargados de la custodia de los rehenes fueron el capitán Pedro Carrasco y el coronel Manuel Salcedo. En la fotografía de 1909 vemos el árbol en donde se dice estuvieron encadenados los jefes Insurgentes.


Otra fotografía histórica de las tomadas por el fotógrafo que acompañaba a don Luis Castillo Ledón en el recorrido que hizo por la Ruta de Hidalgo en 1909, se ve la casa en donde estuvieron presos la primera noche que pasaron en Monclova los Insurgentes. “Los presos fueron conducidos a Monclova, a donde llegaron el 23 de marzo, ante un pueblo expectante, a su entrada, se hicieron salvas con la artillería que se había capturado, entre las vivas de la gente a Fernando VII y un "mueran los traidores" de quienes pedían a gritos sus cabezas. Aquel odio popular lo habían creado las fuerzas realistas, que les hicieron creer, que los insurgentes era gente de Napoleón, concepto fundado en gran parte por los cordones de sus divisas que llevaban sobre sus casacas al más puro estilo francés. En Monclova los jefes fueron puestos en una casa particular arreglada para prisión, y los demás fueron llevados al hospital y encerrados en una estancia reducidísima bajo un clima de incomodidad y suciedad”. (1)


La fotografía del árbol, ya más reciente, en los años setenta del siglo X en donde se ve ya solamente la base del tronco en donde estuvo encadenado don Miguel Hidalgo.



“Relación de los individuos aprehendidos en la derrota que padecieron los insurgentes en el paraje llamado de Bajan, el día 21 de marzo de 1811, por las tropas del rey de la provincia de Coahuila



RELIGIOSOS:



Fray Bernardo Conde, franciscano; fray Gregorio de la Concepción, carmelita; fray Pedro Bustamante, mercedario.



CLÉRIGOS:



Don Miguel Hidalgo, ex-generalísimo; don Mariano Balleza, teniente general; don Francisco Olmedo, don Nicolás Nava, don José María Salcido, don Antonio Ruiz, don Antonio Belan, don Ignacio Hidalgo.


SECULARES:



Don Ignacio José Allende, generalísimo. (Debía ser I. María); don Mariano Jiménez, capitán general; don Juan de Aldama, teniente general; don Manuel Santa María, mariscal; don Mariano Abasolo, mariscal; don Ignacio Camargo, mariscal; don Nicolás Zapata, mariscal; don Francisco Lanzagorta, mariscal; don Vicente Valencia, director de ingenieros; don Manuel Ignacio Solís, intendente de ejército, con 22 de servicio; don Onofre Portugal, brigadier, don Juan Bautista Carrasco ídem; don Juan Ignacio Ramón ídem; don José Santos Villa, coronel; don Manuel Chico, coronel retirado; don Pedro León, mayor de plaza; don Vicente Saldierna, teniente, coronel retirado; don José Miguel Arroyo, don Antonio Álvarez Vega, sargento mayor retirado; don Vicente Acosta, sargento mayor; don Mariano Olivares, teniente coronel; don José María Echais, don Carlos Zepeda, coronel; don José de los Ángeles, teniente; don Mariano Hidalgo, don Valentín Fernández, alférez; don Ignacio Chávez, capitán honorario; don José Antonio Narváez, alférez; licenciado don Ramón Garcés, licenciado don Manuel Garcés, don Antonio Nieva, don Jerónimo Balleza, don Joaquín Jiménez, don Teodoro Chabell, don Francisco Pastor, don José María Canal, don Vicente Frías, don Pedro Taboada, don Juan Echais, don Sebastián Conejo, don Manuel María Lanzagorta, licenciado don José María Chico, don Luis Maulas, Lic. don José María Letona, don Jacobo Amado, teniente coronel; don Luis Malo, coronel; don José María Segura, sargento mayor; don Francisco Mascareñas, coronel; don Luis Lara, teniente coronel.



Monclova 28 de marzo de 1811.— Herrera.— Es copia.— Bernardo Villamil. (2)


La que fuera la prisión el resto de la semana que pasaron en Monclova, según fotografía de 1909.



Fuentes:



1.- Contreras Palacios, Gildardo. Artículo publicado en El Diario de Coahuila “El recorrido que realizó de Baján a Chihuahua. La ruta de Hidalgo después del prendimento.” 13 de julio, 2010.



2.- Juan E. Hernández Dávalos. Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México. Dirección de Virginia Guedea. Alfredo Ávila. No. 216. "Noticia de los prisioneros hechos el 21 de Marzo de 1811 en Cuatic de Bajan" Tomo II. Universidad Nacional Autónoma de México. 2007.



http://www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDII/HYDII216.pdf

Santa Cecilia de Castaño, actual Castaños, Coahuila. Cabeza número 199


Ayer comentaba con un amigo de que al parecer es en Coahuila el estado en donde menos Cabezas de Águila se colocaron, a pesar de que los puntos están bien determinados y son, en buena medida, los mejor documentados, dado que fue aquí donde fueron aprehendidos los líderes del movimiento Insurgente. Hasta ahora, en lo que es, el rumbo norte de la ruta, desde La Ventura hasta Moncolova, han sido en realidad pocas las estelas de Cabeza de Águila que hemos podido documentar. En la foto vemos como lucía la Cabeza de Águila en Castaños durante los años setenta.


Será bueno que anote, una vez más, que no me fue posible hacer la visita al estado de Coahuila, no por falta de ganas, sino de recursos para pasar al menos diez días en esa zona que, según veo a través de Internet, tiene una rica y abundante historia.


Hay algo que me llama mucho la atención, son precisamente estos pilones o mojones o pequeñas estelas que fueron colocadas en el Estado de Coahuila. Veo que tienen una flecha marcando ambos sentidos, pensé que solo en Anhelo se había diseñado así, pero ahora, en Castaños, veo que fue el diseño genérico. Veo también la fecha que indica el Bicentenario del nacimiento de don Miguel Hidalgo 1753-1953 y la emblemática fecha del Bicentenario coahuilense de 1811, año del paso de Hidalgo por su territorio.


Aunque a distancia y de forma electrónica, el recorrer la Ruta de Hidalgo por Coahuila, es, sin lugar a dudas, una experiencia enriquecedora y una ventana para ver y quizá entender lo que son las bajezas y vanidades humanas… (lo digo por Ignacio Elizondo).



“El año de 1960, con motivo de la conmemoración de los 150 años del inicio de la Independencia, el entonces presidente de México A. López Mateos hizo una invitación a la ciudadanía para que enviara "sugerencias" sobre la ruta de Hidalgo. Una vez que se tuvieron las "propuestas" se decidió colocar una serie de 260 monumentos por las que según los "sugerentes", había pasado Hidalgo en su movimiento independentista. En Coahuila en el año de 1953, con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Hidalgo, el Gobierno del Estado bajo el mando de Román Cepeda Flores, fueron colocados una serie de monumentos haciendo alusión a dicho acontecimiento, de los cuales todavía sobreviven algunos de ellos. En el primero de los casos se tuvo como resultado de que ni eran todos los que se colocaron, ni todos los que se colocaron correspondían a la realidad. En fin así es nuestra historia”. (1)



Fuentes:



1.- Contreras Palacios, Gildardo. Artículo publicado en El Diario de Coahuila “El recorrido que realizó de Baján a Chihuahua. La ruta de Hidalgo después del prendimento.” 13 de julio, 2010.



http://www.eldiariodecoahuila.com.mx/notas/2010/6/13/locales-183008.asp



martes, 15 de marzo de 2011

Hacienda Estanque del Marqués, municipio de Castaños, Coahuila. Cabeza número 198


Dice el profesor Jiménez de la Rosa: “…el paraje de la Loma del Prendimentos ha sido cubierto por el manto de la noche y… en Baján junto al brocal del que todavía existen vestigios, se organizan las fuerzas realistas que custodiarán a los prisioneros…” (1). Era ya el viernes 22 de marzo, muy lejos de allí, en Valle del Maíz, San Luis Potosí, se libraba una enfrentamiento entre realistas e Insurgentes. Es el plano de ese acontecimiento el que estamos viendo. Será bueno recordar que fue allí en donde hubo ese degüello del que Villarguide salió milagrosamente a salvo.



“En la madrugada del día 22, todos en general, ni se quejaban de sed, ni de hambre ni de cansancio y por parejo, en un continuo movimiento, porque se estuvo amarrando a los peladillos y de este modo se pasó la noche hasta que al amanecer se buscaron lazos y cabestros entre los arrieros y soldados, para que todos marcharan a Monclova en collera.



De esta suerte salieron el 22 por la mañana, los generalísimos, padres, clérigos y mujeres, en catorce coches que se les quitaron, quedando solo unos 20 oficiales en la casa de Baján, con su guardia respectiva, a cargo de don Nicolás Elizondo, mientras que se les mandaba más tropa para que los llevase.


Caminaron también cosa de doscientas cartas de plata y cajones de reales, un atajo solo empleado solo en los baúles y maletones que traían todos los generales, sin otra porción de carga de cargas de plata que quedaron depositadas en la casa del juez Santos Pérez y Gaytán, por falta de mulas, de modo que por lo que se vio el que expone, según su propio conocimiento, pasaban de un millón de pesos el valor de la plata y los reales represados allí el día anterior y es de creerse también, que en los baúles y equipaje, no dejaría de ir considerable porción de oro y alhajas de estimación, porque las onzas de oro hasta en las bolsas se les encontraron algunas a los que iban en la collera, pues es cierto que alguno de estos, llamado Agustín Marroquín, se le recogieron al llegar a Monclova setenta y tantas onzas, porque así lo aseguró el que suscribe, una persona de verdad.” (2)



Fuente:



1.- Jiménez de la Rosa, Felipe. Ruta de Hidalgo 1810-1811. Lápiz y Papel de México. México, 1960.



2.- Canales Álvarez, Santos, citado por Schober, Otto. Artículo en el periódico Zócalo Saltillo (sin fecha) “El tesoro de los Insurgentes”.



http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/el-tesoro-de-los-insurgentes1/

Acatita de Baján, municipio de Castaños, Coahuila. Cabeza número 197.

En el Ejido de Acatita de Baján se encuentra, dentro del terreno de la escuela rural, la estela correspondiente a este sitio.


Fue en 1852 cuando, relativamente “frescos” aun los acontecimientos el guanajuatense, de San Miguel ya de Allende, Benito A. Arteaga escribe que “No es posible decir hasta que punto es verdadero el relato que antecede (se refiere a lo escrito por Alamán y que vimos en el artículo anterior), pues como observa juiciosamente el señor Orozco y Berra, hablando de la acción del punto de Cruces en el Diccionario Geográfico Universal; que una de las mayores dificultades que existen para escribir con exactitud las cosas tocantes a la guerra de Independencia, es la falta de documentos que aclaren y corrijan los publicados por el gobierno español en sus periódicos…

Él y solo él decía lo que pasaba, exigía que se le creyera, reconvenía a los incrédulos, y hoy a duras penas se puede indagar en que proporciones están mezclados lo verdadero y lo falso en los partes infinitos de sus comandantes… por tanto, mientras el tiempo puede aclarar un poco más estos sucesos (que lo dudamos) sólo debemos añadir, conformándonos con la tradición, que Indalecio, porque es el mismo de que Herrera habla en su parte, no permaneció indiferente en la resistencia que hizo Allende a Elizondo, pues apenas lo vio con las pistolas en las manos, el también tomó las suyas, y se disponía a salir del coche, cuando recibió un balazo en el corazón, del que murió en el acto, y cayó en los brazos de su padre, quien al tomarlo en ellos, dijo a Jiménez: “Estar era la más preciosa víctima que yo tenía que inmolar en las artes de mi patria. Falta, por último, la de mi vida, de la que ya no hago ningún caso; voy a morir y a consumar de una vez el sacrificio”.

Antes que él, que se detuvo en reclinar el cadáver ensangrentado de su hijo, salió Jiménez del coche, conmovido hasta el extremo a la vista de aquella escena dolorosa. Suplicó, como dice el parte, se suspendiera el fuego, así como a Allende, que no hiciera uso de sus armas por ser tan segura como tan inútil su muerte, y ambos aprovechándose los soldados de la inacción de Allende, fueron hechos prisioneros y atados de manos, lo mismo que los demás jefes al llegarles su turno.

Más quizá, habría valido para don Ignacio Allende haber sido atravesado por mil balas en manos de aquellos infames traidores, que el dejarse amarrar y conservar su vida, pues desde aquel instante se le ultrajó y se le trató con la mayor indignación posible, siendo esto tan más sensible para él, cuanto que todos los que esto hacían eran mexicanos, y ellos, por cuya libertad habría abandonado su familia, sus amigos, su país natal que le era tan querido, sus intereses, y entonces, la suya personal y su propia existencia; pero ya se ve, su alma en aquellos momentos estaba destrozada por la ira que le causara la villanía de sus propios paisanos; por el dolor que le originara su hijo muerto, en la flor de sus años; por la cruel certidumbre que ya no tenía en lo humano recurso alguno para triunfar de sus contrarios; y por el ascendiente que siempre tuvo en su corazón la voz de sus amigos; él debía, pues, envolverse en el manto del César y ponerse, como lo hizo, en manos de su destino terrible.” (1)

Fuente:

1.- Arteaga Benito A. Rasgos biográficos de don Ignacio Allende. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.

Noria de Baján, municipio de Castaños, Coahuila. Cabeza número 196.


Para tratar de entender los acontecimientos, esta vez nos apoyamos en dos obras, una muy difundida, la de Lucas Alamán, y otra no tanto, la de Benito A. Arteaga, él, Arteaga, menciona a Alamán y nos da ciertos detalles de las Funes de información de este modo: “Respecto del modo con que se verificó la prisión de los generales, nosotros no tenemos más que insignificantes datos y creemos que por escrito no habrá más que lo que aparece en el periódico titulado “Fanal”, de Chihuahua, número 51, Tomo I, de 22 de diciembre de 1835, que compa don Carlos Bustamante, y el parte oficial de Herrera, inserto en la Gaceta extraordinaria de 25 de abril, número 49, de las que tomó sus apuntes don Lucas Alamán; ambos documentos en le fondo, y por lo tanto en obsequio de la verdad, extractaremos del expresado Alamán lo que creamos más conducente a aquél efecto”. (1)

“Tratóse inmediatamente de tomar las medidas oportunas para prender a Allende y su comitiva, y sabiendo que este había de llegar, según el itinerario que traía, el día 21 a las norias de Bajan, o Acatita de Bajan, por ser el único aguaje que en toda aquella comarca había, se dispuso que Elizondo le fuese al encuentro, con todas las apariencias de un recibimiento obsequioso, de que se dió aviso anticipado a Jiménez, tomando al mismo tiempo todas las precauciones convenientes para que no tuviese noticia de lo acaecido en Monclova.

En ejecución de este plan, salió Elizondo de la villa el 19 por la tarde al frente de trescientos cuarenta y dos soldados veteranos, milicianos y vecinos, capitaneados estos por el administrador de rentas D. Tomas Flores, y por el alcalde o justicia de S. Buenaventura D. Antonio Rivas.

En el lugar designado, formó en batalla la mayor parte de su tropa como para hacer los honores militares al paso de Allende y los demás jefes, dejando a su retaguardia, en un recodo que hace allí el camino, un destacamento de cincuenta hombres, y adelantó otro a la vanguardia, compuesto de indios y comanches, mezcaleros de la misión de Peyotes, bien instruidos de lo que debían ejecutar.

En tal disposición esperó Elizondo la llegada de los jefes de los insurgentes, que se verificó a las nueve de la mañana del 21.

Presentóse desde luego el P. Fr. Pedro Bustamante, mercedario, con un teniente y cuatro soldados de los de aquella provincia que se pasaron a Jiménez en Aguanueva; saludáronse mutuamente sin recelar cosa alguna, y siguieron hasta el cuerpo que quedó a la retaguardia donde se les intimó se rindiesen, lo que hicieron sin resistencia.

Seguía a estos un piquete de cosa de sesenta hombres, con quienes se practicó lo mismo, desarmándolos y atándolos sin demora. Venia en pos de ellos un coche con mujeres, escoltado por doce o catorce hombres, los cuales intentaron defenderse y fueron muertos tres de ellos y cogidos los demás.

En este orden siguieron llegando hasta catorce coches, con todos los generales y eclesiásticos que los acompañaban, que fueron aprehendidos sin resistencia, excepto Allende, que tiró un pistoletazo a Elizondo llamándole traidor, y este, escapando el cuerpo de las balas, mandó a sus soldados hacer fuego sobre el coche, quedando muerto de resultas de él el hijo de Allende que era teniente general, y mal herido Arias, aquel mismo Arias, que vimos engañar en Querétaro a todos al principio de la revolución y que había sido ascendido a teniente general, el cual murió poco después.

Entonces Jiménez que acompañaba a Allende en el mismo coche, se arrojó de él dándose preso y suplicando cesase el fuego, lo que se hizo, y atándolo a el mismo y a Allende, fueron remitidos a la retaguardia.

El último de todos venia el Cura Hidalgo, escoltado por Marroquí con veinte hombres que marchaban con las armas presentadas; intimósele que se rindiese como a los demás, lo que hizo sin resistencia.

Caminaba Allende con tal confianza, creyendo que se le recibía respetuosamente por aquella tropa, solo destinada a hacerle honor, que había dejado atrás a alguna distancia la que le acompañaba, que ascendía a mil quinientos hombres, la artillería y todas las cargas y bagajes. Elizondo, dejando suficientemente custodiados a todos los presos, se adelantó a su encuentro con ciento cincuenta hombres y los indios. Dio con ella a un cuarto de hora de camino e intimándole se rindiese, se dispuso a hacer fuego el oficial que mandaba los tres cañones que venían a la vanguardia; Elizondo se echó sobre él y le dio muerte; lo mismo hicieron los indios y se apoderaron de los cañones matando a lanzadas a los artilleros; entonces los soldados desertores en Aguanueva, viendo a sus antiguos compañeros, se pasaron a Elizondo y todos los demás se dispersaron, abandonando veinticuatro cañones de diversos calibres, tres pedreros desmontados, y mas de medio millón de pesos en dinero y barras de plata.

El número de prisioneros llegó a ochocientos noventa y tres y unos cuarenta muertos; entre los primeros se contaron muchos coroneles, mayores, y oficiales de todas graduaciones. Los jefes principales cogidos en los coches fueron Hidalgo y Allende; Jiménez, capitán general; D. Juan Aldama y el P. Balleza, tenientes generales; Abasolo y Camargo, que intimaron la rendición al intendente Riaño en Guanajuato; Santa María, gobernador que fue de Monterrey; Zapata y Lanzagorta, todos mariscales de campo; D. Mariano Hidalgo, hermano del cura y tesorero general; D. Vicente Valencia, director de ingenieros; D. Juan Ignacio Ramón, capitán de la compañía de la punta de Lampazos en Nuevo León, ascendido a brigadier; D. José Santos Villa, que había concurrido a dar principio a la revolución en Dolores, y desde entonces seguía a Hidalgo; con otra porción de brigadieres, coroneles y otros jefes militares y empleados civiles, entre estos el ministro de justicia D. José María Chico, el intendente de ejército D. Manuel Ignacio Solís y muchos clérigos y frailes .

Escapóse solo Iriarte, y aunque Elizondo envió tropa en su seguimiento, no pudieron darle alcance”. (2)

Fuentes:

1.- Arteaga, Benito A. Rasgos biográficos de don Ignacio Allende. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.

2.- Alamán Lucas. Historia de México. Capítulo VIII, primera parte. Biblioteca Virtual Antorcha.

Loma del Prendimento, municipio de Castaños, Coahuila. Cabeza número 195

El agua era escasa o nula, la sed abrumadora “… en esta situación se supo que ya estábamos cerca de Baján. Esta noticia reanimó un poco a aquella gente, y entonces Hidalgo y Allende con cosa de seis hombres, se adelantaron con objeto de disponer que en la noria hubiera agua prevenida para la llegada de la tropa. Parecía que las mismas víctimas ayudaran en gran manera a la sabia y admirable combinación que para nuestra aprehensión había estudiado nuestros verdugos, que les salía tan bien, que se adelantó a sus esperanzas. Faltaría cosa de legua y media (7 kms) para llegar a Baján cuando advertimos a la izquierda de nuestro camino a poca distancia dos partidas de caballería, distante gran trecho una de otra, cuyo número no pasaría de veinte hombres cada una, formadas y batiendo marcha.

Luego entendimos que aquéllos serían honores que hacían a Hidalgo, suponiendo que iba en los coches que marchaban por delante. Nada de este aparato nos hizo impresión ni mucho menos ninguna sospecha. Advertimos, sí, que una de las partidas se acercaba a los diez carruajes, y entre ellos parecía tomar empeño en rodear como escolta a uno solo. Con esto nos reíamos del equívoco, porque sabíamos que el señor Hidalgo iba adelante. Paramos un poco rato y se observó que los coches violentaban el paso, y como a una milla, poco más o menos de distancia, se advirtió una descarga muy inmediata a los carruajes, y todavía se entendió era en honor de los generales que en ellos caminaban.

Lo que esto significaba era lo siguiente: el acercase los veinte soldados a un carruaje no era otra cosa que intimar rendición a los que iban dentro, mandándolos bajar a tierra. Esto sucedió con el general Arias y el hijo de Allende, Indalecio, que iban juntos. Este joven, tan resulto y valiente, no pudo sufrir semejante intimación. Por de pronto creyó ser una chanza, como algunas veces había sucedido, más luego que salió de su error tomó una pistola y desde dentro dirigió un tiro al soldado que más se acercaba, en consecuencia de lo cual los veinte soldados dirigieron sus tiros a la caja del coche, dando por resultado la muerte de Indalecio y el romper una pierna al general Arias, que al fin murió aquella noche”. (1)

Fuente:

1.- García, Pedro. Con el cura Hidalgo en la guerra de Independencia. FCE-SEP. México, 1982.

Santa Isabel de la Hoya, actual La Joya, municipio de Castaños, Coahuila. Cabeza número 194.

La Cabeza de Águila en el Ejido de La Joya se localiza dentro del terreno de la escuela rural. Me llama la atención que a es a pie del monumento que dejan los bancos ya en desuso..

Como quiera, el monumento se encuentra en buenas condiciones.

“Los caminos reales nacen en la Ciudad de México, el que viene a Coahuila toma el rumbo de Querétaro, luego a San Luis Potosí hasta llegar a Saltillo, a partir de nuestra hoy capital y rumbo al norte, tocaba las poblaciones de: La hacienda de San Nicolás de la Capellanía (Ramos Arizpe), la Cuesta del Cabrito (ejido Mesón del Norte), la hacienda Santa María, el rancho Mesillas, el rancho San Pedro y San Pablo de Anhelo, la población de Espinazo, Santa Isabel de la Hoya (La Joya), el rancho de Acatita de Baján, la hacienda Estanques del Marqués, el rancho Santa Cecilia de Castaño, Santiago de la Monclova... es de este modo que don Otto Schobber nos indica cual era el derrotero del camino real que conectaba desde Matehualala hasta San Antonio de Béxar, camino que tomarían la tropa Insurgente que en su peregrinar pensaban llegar a Béxar para de allí, luego de reanimarse, continuar hacia terriorio de los Estados Unidos. (1)

Y ese Camino Real continuaba de Monclova tocando lo siguientes pueblos: "... estancia de Sánchez, el rancho Las Adjuntas, el rancho Del Tapado, el rancho Las Hermanas, el rancho Las Encinas, el Sauz, rancho del Álamo de los Borregos, el aguaje de La Lomería o también conocido como San Diego, el arroyo de la Leche, la villa de Gigedo, el arroyo de Los Amoles, Los Juanes, El real presidio de Río Grande (Guerrero), el paso de Francia en el Río Bravo en lo que hoy es nuestro país y en Texas: El aguaje de San Antonio, Río de Las Nueces, el aguaje de Las Lagunitas, Río Frío, La Parrita, La Punta del Encinal, Río Atascoso, La Ranchería, el Río Medina, la misión de La Espada, San Antonio de Bejar (San Antonio), -1790- (Bastrop), El Sabino, (Crockett), Nacogdoches, San Agustín, condado de Sabine (Gaines Balsean), el presidio de Nuestra Señora del Pilar de Los Adaes (Robeline, Louisiana), misión de San Miguel de Cuéllar de Los Adaes. De entre los personajes más famosos, viajaron por este camino: fray Juan Larios en 1674, Teodoro de Croix y fray Agustín de Morfi en 1777, Miguel Hidalgo hasta que lo aprehendieron en Baján en 1811, El Gral. Antonio López de Santana en 1836, Venustiano Carranza en 1914, etc. (2)

“La marcha seria por fuerza lenta y arriesgada, en San Luís Potosí, se encontraba Calleja, otro destacamento importante se encontraba en Parras, aunque la idea y el propósito de los insurgentes era llegar a los Estados Unidos para comprar armas y pólvora para los habitantes de la región pareciera que iban huyendo, pues los jefes principales habían abandonado sus tropas en Saltillo. Allende tenía otras ideas, su propósito era llegar a Monclova, adherirse al indulto y darlo a conocer para los que quisieran aprovecharlo, seguir su camino en compañía de su hijo y al igual que Aldama buscar el anonimato en otra nación y olvidarse del asunto.

El peligro de llevar una gran cantidad de valores que según Fray Gregorio de la Concepción ascendían a siete millones de pesos, los hacían doblemente vulnerables, la codicia de propios y enemigos era un móvil considerable para hacer caer aquel plan en desgracia, Elizondo, José Mª Martínez y otros eran propensos a hacerse de los bienes ajenos, por lo que esperaban que llegar la caravana a Monclova para hacerse con los dineros, además que algunos de los insurgentes también querían echar mano de aquellos reales para garantizar su comodidad y prestigio en el extranjero.” (3)

Fuente:

1 y 2.- Schobber, Otto. Artículo en el periódico Zócalo Saltillo, “El Camino Real”. Sin Fecha.

http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/el-camino-real1/

3.- Bajo el pseudónimo de JRDR en el sitio www.buscadoresdetesoros.com