lunes, 10 de mayo de 2010

San Miguel de Allende, Guanajuato. Cabeza número 4

La sencillez del diseño de las Cabezas de Águila realizado por el escultor Tomás Chavez Morado, va de acuerdo con la sencillez del concepto creado por don Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación en 1960, año de colocación de las estelas. Sencillez que contrasta en ocasiones, brutalmente, con lo complicado que resultamos ser muchos de nosotros, mexicanos.


Hay muchas, muchas personas a lo largo y ancho del país que, por tradición o por costumbre tienen a bien, en este caso a mal, no saber decir “NO SÉ”. Esta falta de seguridad conlleva a crear historias, a revivir mitos, a fantasear, en fin; lo malo es cuando todo junto nos lleva a una cosa simple: mentir. Mentir es tan malo que va incluido dentro de los 7 mandamientos que en el plan terrenal tenemos todos los que profesamos la religión Católica, solo que es un concepto ya casi arcaico, que, simplemente en la vida diaria lo hacemos: mentir.


Toda esta elucubración en torno a la mentira va relacionada a la Cabeza de Águila que se encuentra en San Miguel de Allende, lugar al cual tenía mucho tiempo de no ir, por lo tanto lo vi cambiado, crecido, pero manteniendo ese encanto tan especial que siempre ha tenido. Sin embargo localizar la estela fue, hasta ahora, la que me ha costado más trabajo ubicar, siendo que está muy a la vista… aparentemente.


Sabemos muy bien que los personajes que saben donde está cada cosa dentro de una ciudad son los policías y los taxistas, pues dada su labor, la recorren todos los días y, en consecuencia, presumimos que ellos conocen todo sobre la población, así que, una vez en la Terminal de autobuses de San Miguel fui directo al sitio de taxis a preguntar:


¿Sabe donde está el monumento de la Cabeza de Águila?


Vino el tradicional rascar de cabeza, el gesto característico de “espérame tantito que estoy pensando” y nada. No hubo respuesta.


El taxista le habló a un colega para preguntarle al respecto, la escena se repitió y vino la respuesta:


Ya no existe.


Como suele suceder en el gremio de taxistas, al poco tiempo eran ya cuatro o cinco los que en grupo alegaban si estaba o no estaba, si la habían cambiado de sitio durante la ampliación del acceso de Celaya. Entonces vino la historia:


- Fíjese que hubo un accidente y en el choque la tumbaron, desde entonces ya no la han vuelto a poner.


Ni hablar, me dije, no habrá Cabeza de Águila que documentar en San Miguel, pero, siendo un lugar trascendental en el inicio de la ruta, ¿será esto posible?


Como la duda me quedó enfilé al centro. En el camino pregunté a varios policías, todos ellos jóvenes. La pregunta fue más que descriptiva. Una cabeza, montada en un pedestal casi triangular, como de uno veinte, y les mostraba físicamente la dimensión extendiendo mis manos. Al hacer la pregunta me volvía un poco teatral. La respuesta fue: no, yo nunca he visto ese monumento.


Llegué al centro maravillándome con tanta belleza que la ciudad encierra, continuaban en el proceso de embellecimiento, para darle un toque aun mayor ahora que son las fiestas del Bicentenario y que San Miguel adquirió hace poco el título de Patrimonio de la Humanidad. Caminé por algunas plazas, entre a un par de templos, quise seguir conociendo más, pero el objetivo era uno solo: encontrar la Cabeza de Águila, así que en uno de los módulos de información turística hice la pregunta:


- ¿Dónde queda el monumento de la Cabeza de Águila?


Era una muchacha muy joven la que atendía el módulo. El mohín no se hizo esperar… (estoy pensando, me decía con la mirada).


Ah, si, creo que está en la Glorieta de la Mega. ¿Si? Pregunté refirmando. Sí, me respondió, allí lo he visto.


La verdad no hice mucho caso y me fui a la oficina Municipal de Información Turística. Pregunte por décima ocasión acerca de la ubicación del museo. La persona que me atendió sacó una guía y trató de ubicarla. ¿Un águila? Me preguntó.


Sí un águila de tal y tal dimensión sobre un pedestal de tal y tal forma, que se levantó en 1960, debido a tal y tal cosa, hice toda la explicación completa.


Hummm… no se. Pero déjeme averiguar.


La edecán tomó el teléfono sacó una larga agenda telefónica y marco a Obras Públicas Municipales, lo supe porque ella me dijo que hablaría a esa dependencia y que allí seguramente habría la información.


Habemus Papa, dirían en el Vaticano.


- Fíjese, me dice, que ya no está ese monumento. Estaba en la glorieta de la Mega, pero hubo un accidente y en el choque la tumbaron.


- Ah si. Alguien me lo había comentado, le dije.


- Pues si, ese monumento lo tienen guardado, están esperando a terminar las remodelaciones para ubicar el sitio adecuado y volverlo a colocar.


Me sonrió, me saludó y atendió a unos muchachos que preguntaron sobre la ubicación de “la calle de los antros”…Uy!, pensé, son las 4 de la tarde y ellos ya buscan antro…


Ni hablar, pensé. Tendré que dejar el artículo de San Miguel sin foto de su Cabeza de Águila… me parece extraño que precisamente aquí no exista.


Me devolví a la Terminal de autobuses.


Estaba un poco cansado y lo que quería era llegar a casa para dormir. Tomé una “flecha” directa, en este caso un “Coordinados”, que para el caso es lo mismo, solo que siendo un martes, con poquísima demanda de pasaje el camión salió de la central a vuelta de rueda. Enfiló por ese libramiento para tomar la carretera a Celaya, llegando a la glorieta de la Mega le tocó alto y por mera casualidad volteé a mi izquierda y si, allí estaba, casi escondida pero estaba allí la Cabeza de Águila. Salté del asiento, fui con el chofer y en dos segundos le hice una explicación que ni entendió pero, dado que lo que el buscaba era más pasaje, accedió a esperar unos minutos mientras, corriendo (cosa que tengo prohibido hacer) crucé al camellón y alcancé a tomar algunas fotos.


Conclusión: la Cabeza de Águila en San Miguel de Allende fue movida del lugar original debido a que hace algunos años, (pocos), el acceso de Celaya lo ampliaron a cuatro carriles y la estela fue desplazada unos metros y quedó sobre la banqueta justo al lado del estacionamiento de la Mega, es decir, del supermercado Comercial Mexicana.


Moraleja: El día en que aprendamos a decir solo la verdad y aceptar que por mínima sea la cosa que no sabemos lo digamos así de simple: no lo se, estaremos del otro lado, en vías del progreso.


Algo importante que olvidaba, uno de los pasajes históricos que creo es importante saber, es que cuando el ejército Insurgente llegó a San Miguel el Grande, la intención era saquear el pueblo, solo que Ignacio Allende se opuso a tal acto. El saqueo se dio a poca escala, poco más adelante el asunto se volvería incontrolable.



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