“A las cinco de la tarde del día 31 salieron de las casas consistoriales la excelentísima diputación, ilustre Ayuntamiento y jefe político, acompañados de todos los empleados públicos y demás personas distinguidas de la ciudad que fueron convidadas, y en medio de un numeroso pueblo se dirigieron a la ermita de San Sebastián.
A su llegada dio la señal el cañon y se exhumaron los cráneos de los ilustres y beneméritos Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez; los que se colocaron en una urna.
La comitiva estaba colocada en el mejor orden.
Abría ésta un número considerable del pueblo con cirios encendidos.
Los balcones y azoteas de todo el tránsito estaban coronados de multitud de gente que había acudido a dar los últimos adioses a los padres de su libertad, y el silencio del dolor que se veía pintado en sus semblantes, era la prueba más auténtica de la veneración y respeto que inspiraron los restos de aquellos mártires.
A las nueve de la mañana del día 1 de septiembre, salió de las casas consistoriales el mismo cortejo, para la iglesia parroquial, donde se cantó una solemne vigilia y misa.
Allí el jefe político puso en manos del oficial conductor don Carlos Luna, la llave de la urna, el oficio de remisión para el excelentísimo señor secretario de Estado, y el itinerario e instrucciones que debía observar en su derrotero.
Después de este acto todos los convidados acompañaron a las autoridades hasta las casas consistoriales, en donde se hizo la despedida en toda forma.”
(El Sol, número 89, del día 11 de septiembre de 1823.)
J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México. # 254, Tomo II.
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