lunes, 26 de abril de 2010

El Camino Real, esencial en la Ruta de la Libertad de Miguel Hidalgo

Fue tan importante el Camino Real, que aun hoy día lo seguimos usando como referencia, esto es en Arroyo Zarco, Estado de México.


Hay un dicho que aun se oye en nuestros días, cuando nos lo dicen quiere decir que “de aquí en adelante” y la forma de decirlo es “di'ai p’al real”, cada que lo oímos debemos recordar que hubo una vez en la que por Real se entendía una población que no fuera de indios, o un lugar en donde hubiera una mina, una población que existe y que es real, no porque sea del rey, sino porque es una realidad. Y por Camino Real se entendía a la red carretera que a finales del siglo XVI se extendía por buena parte de la Nueva España. Siendo un camino principal, el llamado Camino Real de Tierra Adentro y varios caminos que comunicaban a una y otra población y usaban el genérico de Camino Real.


En este mapa franciscano podemos ver buena parte de la red de Caminos Reales que había a principios del XIX.


El Camino Real de Tierra Adentro era el más rico, pues unía los principales centros mineros con la Ciudad de México, de donde iniciaba rumbo norte a Querétaro, allí continuaba hacia San Miguel, donde estaba una aduana, de Querétaro se iniciaba otro más que comunicaba a todo el Bajío hasta Lagos y de allí a Guadalajara, mientras que de San Miguel seguía a Dolores, San Felipe, de donde salía un ramal a las minas de San Luís Potosí; continuaba Ojuelos, donde se guardaban las riquezas extraídas en Zacatecas antes de ser enviadas a México. Zacatecas era importante, de allí continuaba a Sombrerete y Durango para seguir a Chihuahua y terminar en Santa Fe, en la que pensaron en algún momento serían las míticas ciudades de Cíbola y Quivira.


El afamado Puente Tresguerras en Celaya, aunque no fue paso de la Ruta de Hidalgo, si era paso obligado para entrar por “la puerta de oro” al Bajío.


“En 1531, Sebastián de Aparicio convirtió el camino de México a Veracruz en una verdadera carretera. A él se debe el uso de las carretas tiradas por bueyes, transportadoras de las mercancías que hasta entonces habían sido acarreadas por Tamemes. Su primer biógrafo, el padre Letona, escribió en 1632: “nuestro gran Aparicio fue el inventor de esta grande comodidad, utilísima a todos en el reino”.


En esta escena tomada en Arroyo Zarco, nos damos cuenta de la tremenda belleza que el Camino Real tenía.


Ya conquistadas más tierras hacia el Norte, Aparicio hizo llegar sus carretas a Querétaro, en los linderos de las tribus Chichimecas, más tarde prosiguió hasta Zacatecas, recibiendo órdenes, además de empedrar el camino real que llevaba hasta este rico asiento minero. La bondad y la sencillez de Aparicio ganaron a los chichimecas, sin los cuales su obra hubiera sido imposible. Por esta ruta transitaban continuamente las carretas cargadas de plata; venían a la capital de la Nueva España para entregar su carga a la Real Casa de Moneda de México fundada en 1535.


Zinapécuaro, en Michoacá, lugar por donde pasaran las tropas Insurgentes de Valladolid rumbo a la Ciudad de México.


Después de mucho viajar Aparicio decidió retirarse a la vida sedentaria. Vendió su flotilla de carretas, se dedicó a la labranza y contrajo su primer matrimonio con una joven que murió poco tiempo después. Dos años más tarde volvió a casarse. El visitador franciscano fray Alonso Ponce, relata: “un día su mujer se quedó en casa con tres o cuatro doncellas y a todas se les antojó comer fruta de albaricoque, (Prunus armeniaca) cuando estaban más descuidadas se desgajaron las ramas del chabacano y todas vinieron al suelo”. A causa de los golpes la mujer de Aparicio murió. Este a los sesenta y un años tomó el hábito de San Francisco y, después de obrar muchos milagros, murió en 1600. Durante 1789, por medio de un decreto Pontificio, fray Sebastián de Aparicio fue declarado Beato. Su cuerpo se conserva incorrupto en la iglesia de San Francisco, Puebla, y es venerado por gran número de fieles entre los que sobresale el grupo que más le hubiese complacido: el gremio de Conductores de Vehículos que han hecho de é su patrón. (1)


En Xilotepec, Estado de México, fue el lugar que los franciscanos determinaron como inicio del Camino Real de Tierra Adentro, para ello instalaron la Cruz del Humilladero.


Continuamos leyendo tan interesante número de Artes de México: “Durante la Colonia, las principales arterias de comunicación entre la capital de la Nueva España y las ciudades más importantes de provincia, eran conocidas como “caminos reales”. Posiblemente este nombre se derive de la frase “camino al real” o sitio donde habían sentado sus “reales” los conquistadores y colonizadores, más bien que de una vía dedicada a la realeza. De estos “caminos reales” –anchos y bien empedrados-.


Una verdadera sinfonía de verdes encontramos en las inmediaciones de Aculco, lugar de paso del Camino Real y del Ejéercito Insurgente.


A menudo en el altiplano, los “caminos reales” estaban bordeados de árboles del Perú o pirules (Schinus molle). Es curioso que estos árboles, que tan mexicanos nos parecen, fueran traídos en el siglo XVII por un virrey, quien ordenó que los correos fueran tirando puñados de semillas importadas de dicho país y que debían llevar forzosamente en sus alforjas. Esta medida fue tomada para reforestar y dar sombra al caminante y al ganado”. (2)


Luego de Querétaro el Camino Real se bifurcaba, este puente lo vemos cerca de Apaseo el Grande, Guanajuato.


A lo largo de los caminos reales fueron surgiendo haciendas, ventas, posadas, ranchos, pueblos, congregaciones y fue por esos caminos reales que el cura Hidalgo enfiló sus tropas con la idea de terminar el dominio de la Corona española sobre México, es por buena parte de los caminos reales que ahora encontramos algunas de las 260 estelas de la Ruta de la Libertad, de la Ruta de Hidalgo, ven, te invito a que, dentro de poco comencemos a recorrer ese camino que nos conducirá a una visión más objetiva de ese periodo de la historia de México.


Entre Ixtlahuaca y San Felipe, en el Estado de México se encuentra la Hacienda Dolores Hidalgo, emblemático lugar, por su nombre, para éste blog.


Adentrándonos a los diarios de los viajeros que llegaron a México en plan de turistas o “espías” antes del movimiento de Independencia, vemos que, especialmente aquellos interesados en la minería, que eran la gran mayoría, hacen mención del Camino Real, de cómo luego de salir de la Ciudad de México, regularmente la primera escala la hacían en alguna venta en la región de Arroyo Zarco, en las cercanías de San Jerónimo Aculco, lugar que más tarde significaría una derrota para el ejército Insurgente y la materialización de la ruptura de Hidalgo con Allende. El concepto de Venta (establecimiento), por cierto, sigue aun vigente en España.


Esto que vemos en Nopala, Hidalgo, por aquí no pasó el ejército de Hidalgo, pero si un Insurgente: Villagrán. Nos da una idea de lo que bien pudieron ser las zonas urbanas del Camino Real.


Si nos referimos a la Posada (establecimiento), entonces nuestra referencia se va aún más atrás pues la posada tiene su origen en el Imperio Romano, el cual desarrolló un sistema de caminos por todo su territorio, y al igual que en la Nueva España, al ser distancias tan largas las que había que recorrer, se establecieron a lo largo, lugares donde dormir, lugar en donde se daba posada. Hubo también el Figón y la Fonda, lugares en donde se preparaba comida. (Por cierto, la palabra fonda viene del… ¡árabe!). Es interesante ubicarnos en 1810 y sopesar los problemas que Hidalgo y sus ya 40 mil seguidores luego de un mes se enfrentaban, además del armamento y pertrechos de guerra, en lo que significaba el comer, beber y dormir. Quizá entonces entendamos el porqué a lo largo de ese camino había saqueos. En fin, la historia es interesantísima es solo salir un poco de “la historia oficial” y adentrarnos, en medida de lo posible, a la historia real.


Al pasar por Jaripitío, la tropa de Hidalgo vio este tipo de paisaje, se enfilaban a la Hacienda de Burras y de allí a Guanajuato.


Fuentes


1.- Martínez del Río de Redo Marita. Senderos de México. Artes de México. Número 141. México, 1971.


2.- Ibid.


Una pequeña referencia que podrás encontrar sobre los testimonios de viajeros del siglo XVII en su paso por Salamanca, Guanajuato, lugar por donde el cura Hidalgo también pasó, lo encontrarás aquí:


http://elsenordelhospital.blogspot.com/2009/12/testimonios-de-viajeros-que-pasaron-por.html



1 comentario:

  1. Hola mi estimado Benja, te pido permiso para reproducir este articulo. Saludos y ojala pronto nos visites

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